Siete claves para escribir bien

Según el maestro Roald Dalh 🙂
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1. Debe tener una imaginación viva.
2. Debe ser capaz de escribir bien. Con eso quiero decir que debe ser capaz de hacer que una escena cobre vida en la mente del lector. No todo el mundo posee esta habilidad. Es un don que sencillamente se tiene o no se tiene.
3. Debe tener resistencia. Dicho de otro modo, debe ser capaz de seguir con lo que hace sin darse jamás por vencido, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.
4. Tiene que ser un perfeccionista. Eso quiere decir que nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya reescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible.
5. Debe poseer una gran autodisciplina. Trabaja usted a solas. Nadie le tiene empleado. Nadie le pondrá de patitas en la calle si no acude al trabajo y nadie le reñirá si hace usted el vago.
6. Es una gran ayuda tener mucho sentido del humor. Esto no es esencial cuando se escribe para adultos, pero es de vital importancia cuando se escribe para niños.
7. Debe tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa, lo pasará mal.”.
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Los poetas de Internet

Gustavo Adolfo Bécquer era un poeta. Rafael Alberti también. Gloria Fuertes, Rosalía de Castro, Antonio Machado, Gabriela Mistral, Miguel Hérnandez. Y ahora conviven en las estanterías de las librerías con Defreds, Carlos Salem Sola, MARWAN,Elvira Sastre, Loreto Sesma, Roy Galán, LUIS RAMIRO, Rayden,Vanesa Martín Oficial, Pablo Benavente, Miguel Gane, Anne Invierns,Saray Alonso Cuando tú ya no, Sara Búho Y a algunos les horroriza la idea de que jóvenes anónimos que se dieron a conocer por sus tweets en Internet o por las letras de sus canciones, publiquen en editoriales y convivan con los clásicos. Pero lo cierto es que los jóvenes han vuelto a abrir la puerta de librerías y bibliotecas y se han reconciliado con la sección de poesía. Y allí descubren a los contemporáneos y, con suerte, a su lado a los atemporales.

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La gente tiene miedo de que en la actualidad todo se desvirtúe: el invierno ya no es lo que era. Las rebajas ya no son lo que eran. La literatura ya no es lo que era. Y la poesía tampoco. Nos empeñamos en ponernos negativos ante los cambios y resistirnos antes de integrarlos como parte de un proceso y  adaptarnos a ellos. No es malo que Roy Galán se lea en los institutos  porque anima a los jóvenes a escribir sus propios textos, a comunicarse a través de escritos mas o menos poéticos donde descubren el poder de las palabras para permitirles gestionar algunos sentimientos. O simplemente por el puro placer de dejar que les invadan. Y disfrutarlas. De ahí a Miguel Hernández, Oliverio Girondo o Ángel González hay un paso.

No son los nuevos poetas de Internet los que deberían darnos miedo. Ellos son el reflejo claro de su tiempo. Lo que debería darnos miedo es la incapacidad de encontrar una idea para crear lectores con ellos.

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Mi estantería

Hace poco me he cambiado de casa y después de un tiempo, mirando estos meses con perspectiva, me da la sensación de que mis años de vida se van convirtiendo en libros, cajas, juegos y tecnología. Por este orden.

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Los libros porque me han acompañado desde muy pequeña, yo crezco con ellos, y ellos crecen conmigo. Son mi tesoro particular, hay algunos que tengo desde que era niña, otros, para niños también, los he comprado hace unos días. Leo literatura juvenil, narrativa actual, poesía… Me encanta leer, y con ellos es muy difícil sentirse sola o perdida.

Las cajas porque creo que son la forma más útil de almacenar recuerdos o proyectos. Los dos igual de importantes. Tengo una caja para coser los descosidos, otra llena de materiales para hacer mis propios libros. Otra en la que guarda cables que no utilizo pero seguro que algún día necesito. Y otras que simplemente se van vacías, de momento, a la espera de otra idea o proyecto.

Los juegos porque tenemos que seguir jugando siempre, solos o con amigos. Nos mantienen despierto y son divertidos, ¿qué mas se puede pedir? Algunos están hechos a mano, otros también son libros. Hay de mil tipos, nuevos y antiguos, pero todos necesarios.

La tecnología porque no queda otro remedio. Siempre he dicho que aunque no se pueda tocar, aunque ocupe poco espacio, la necesitamos para estar al día, para facilitar un montón de cosas de nuestra rutina. Aún asi, rodeados de móviles, portátiles y tabletas, siempre me viene a la mente una frase que dice “la tecnología nos ha hecho más prácticos pero nos ha robado al ilusión”.

En los huecos que quedan pongo cosas que me gustan porque si. Un despertador viejo que encontré en casa mi abuela; el álbum de fotos de todo lo bonito; la cámara y el tiempo para inmortalizar momentos; documentos importantes, porque nunca se sabe.

Y entre todos ellos aire. Mucho aire.

 

Box of colour: PANTONE

Cada vez mas editoriales valoran la capacidad que tienen los más pequeños desde antes de saber leer de disfrutar de los libros con los cinco sentidos. Con el tacto, con la vista, con el gusto- cuando los meten en la boca-, con el oído e incluso con el olfato. Bruno Munari con sus Prelibri ejemplificó a la perfección el concepto de libro-objeto, en el que tanto el formato escogido como el tamaño, el contenido y las posibilidad de manipulación configuraban la experiencia de lectura a través de un objeto al que llamamos libro.

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Hoy os presento una de mis últimas adquisiciones: se llama PANTONE: BOX OF COLOUR y está publicado por Abrams Appleseed en el año 2012. Es una mini biblioteca compuesta por seis libros en cartoné protagonizados por seis tonos pantone, que pertenecen a un famoso sistema de identificación, comparación y comunicación del color para las artes gráficas.

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Todo un acierto el diseño, cuidado como proponía Bruno Munari; el color, escogido entre los tonos mas representativos del universo pantone; el formato, cartoné con bordes redondeados y agujeros en cada uno de los volúmenes que permiten al pequeño lector interactuar aún mas con cada libro; las propuestas de objetos asociadas a cada color, que invitan a imaginar sin infantilizar el universo de posibilidades que nos rodean desde los primeros años de vida.

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Una mini biblioteca con infinitas posibilidades para explorar con lectores de todas las edades y trabajar el maravilloso objeto que es el libro.

Germano Zullo & Albertine

Germano Zullo es autor. Albertine es ilustradora. A su vez, son marido y mujer. Y esta complementariedad personal se ve tan bien reflejada en sus libros ilustrados que para mi son auténticas obras de arte. Sus creaciones, que abordan desde un día en la playa hasta la construcción de un rascacielos pasando por los ratos sinsentido que pasamos delante de la televisión o el vuelo de los pájaros, son auténticos catálogos de sensaciones y crecimientos que de una u otra manera las personas abordamos, sufrimos, y superamos.

En esta interesante entrevista recogida en Picturebook Makers, Germano afirma que desde que él y Albertine se conocieron en 1992 han intentado plasmar en todo lo que hacen el diálogo. Y tienen razón, estamos tan consumidos por el ego y los monólogos que nos rodean que una apuesta por el diálogo es también un alegato a la imaginación, a la conversación que mantienen el texto y la imagen en un libro; el autor y la ilustradora que lo idean, y el lector y la obra que la disfruta y la recrea al leerla.

Os recomiendo encarecidamente que los localicéis en alguna librería o biblioteca y que dialoguéis con lo que os quieren contar. Además, ejemplificando a la perfección el papel que la tecnología tiene actualmente en nuestras vidas- un recurso complementario- podéis disfrutar de dos de sus obras: Los pájaros y Rascacielos, ambas editadas por Libros del Zorro Rojo, en formato digital a través de Vimeo y Youtube.

 

La historia que no vais a poder encontrar, y es una pena, es “Mi pequeño”, en versión original ” Mon tout petit”, una obra maestra que encantará a pequeños y mayores por su delicadez, la sencillez del trazo y los sentimientos desbordantes que despierta su manera de explicar el proceso del crecimiento, del amor, de la vida, de lo que el lector que la disfruta quiera dialogar con ella. Una auténtica delicia de la que , al menos, podemos disfrutar un pedacito gracias a esta sencilla animación:

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Gracias, Germano Zullo y Albertine.

Rayos de Miqui Otero

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Empecé a leer Rayos de Miqui Otero porque lo veía en todos los sitios. Y soy muy curiosa. Tanta recomendación tendría que llevar a algún sitio, estaba segura, y no me he equivocado.

Las primeras veinte páginas sentí que no merecía la pena. “Otro producto de marketing veraniego”. Pero después como por arte de magia, Fidel Centella me atrapó. Y con él Tinet, los padres gallegos, la cleptómana Bárbara y los Rayos.

Ahora siento que Fidel es un poco yo o yo soy un poco Fidel, no lo tengo claro. Su vida tiene algo de los veintitantos de todos, cuando nos debatíamos, inexorablemente, entre “la ternura autocondescendiente de la resaca y la euforia bachatera de la borrachera”, según las palabras de su autor, Miqui Otero. Un crack.

Decía Ray Bradbury “¡la gente corre como si hubiera llegado la tormenta! (…) ¡Llegó! La tormenta somos nosotros!”. Y es que todos tenemos algo de los cuatro protagonistas, de los Rayos, o lo tuvimos al menos con veinte años cuando buscarse la vida era algo así como dejar que la vida nos buscara a nosotros, y celebrar ser encontrados. Bendita tormenta. Maldita a ratos.

Los personajes de Miqui Otero tienen el realismo del vecino de enfrente, tu compañero de pupitre o el primer novio que tuviste. Esconden una nostalgia que impregna todas y cada una de los páginas del libro, pero es una nostalgia loca y divertida, una pena que te cala la ropa pero por dentro no te moja. Es la vida.

Y es que vivir es como jugar al juego de las sillas.

“Cuando pare la música, todos deberemos correr a sentarnos. Podremos hacerlo todos menos uno, el menos espabilado. Cuando pare la música, solo el menos rápido se quedará plantado como un espantapájaros en día de ventolera. Agitará los brazos, clamará justicia, encajará risas. Y luego el juego de las sillas musicales seguirá.” (Miqui Otero)

Publicada por Blackie Boks, 2016.