Fiestas de Villaverde

IMG_5408.JPGMe encantan estas fotos que hacen en las orquestas y en las que te das cuenta de que había mucha gente mientras tú pensabas que había poquita.

O a lo mejor es que la gente de Villaverde es muy GRANDE, ya no sé 🙂

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De viaje por Sicilia: 2000 kilómetros en una semana

Dicen que Sicilia está de moda, quizás por eso todo el mundo tiene a algún conocido que ha ido o irá a la isla. Vosotros me tenéis a mi, y aquí va mi crónica de una semana en tierras Sicilianas. Ya sabéis que mis rutas no son las más tradicionales del mundo pero yo las comparto, por si hay por ahí algún ser raro o curioso que quiera viajar un poco más por libre y descubrir la otra parte de la foto que todo el mundo sube pero nadie explica.

Al contrario de lo que recomiendan (dormir en distintas ciudades para poder ver la isla en ruta) nosotros reservamos un hotel cerca de Palermo, el Domina Bay Zagarella, y después de recoger el coche alquilado en el aeropuerto nos pusimos rumbo alli. Un hotelazo, nada más llegar nos colocaron la pulsera y nos tembló un poco el pulso, ¿y si nos recluíamos allí toda la semana? Piscina, acceso directo al mar, Pool Bar… Pero después de pasar allí unas horas se nos quitó el gusanillo.

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Nuestras vacaciones tenian que ser extenuantes, teníamos un coche al que hacerle el rodaje y un montón de kilómetros por delante que recorrer, de lugares bonitos por explorar y de spaguettis con almejas por disfrutar. Así que dormimos bien y así empezó el viaje.

DÍA 1: Castellamare do Golfo, Scopello y Trapani

No madrugamos mucho, para qué os vamos a engañar, pero escogimos lugares bonitos que nos permitieran conocer el Oeste de la isla y además darnos un bañito. La primera parada fue Castellamare do Golfo, llamado así por que tiene casi un castillo en el mar y está en un Golfo. Fin. Es un pueblo bonito, si, pero no tiene mucho más. Su playa es normalita y lo mejor casi las vistas desde la carretera cuando prosigues el camino.

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La siguiente parada fue Scopiello, un pueblo muy pequeño que nos enseñó la primera lección: aparcar el coche en Sicilia siempre cuestas dinero. Lo dejamos en el parking de la entrada y disfrutamos de sus cuatro callecitas antes de bajar a la playa. Comimos en el Vincent Bar en una esquina súper coqueta donde todos los turistas pedían Pani Cunzatu (un bocadillo con tomate, anchoas, queso y aceite) y de postre un Canolo (tubito de masa enrollado con ricotta dentro) que nos sirvió para todo el viaje. No más canoli. No somos de dulce. Después para bajar a la playa cogimos un atajo y llegamos a la Tonnara de Scopiello, una antigua atunera reconvertida en playa a la que puedes acceder por cuatro euros. Las vistas son muy bonitas pero… el contraste de las fotos antiguas del lugar todo lleno de pequeños barcos pesqueros y trabajadores con los yates y barcos de recreo que ocupaban ahora su lugar… da que pensar, la verdad.

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Cogimos de nuevo el coche y después de dos bañitos llegamos a Trapani a media tarde, tiempo suficiente para ver un precioso atardecer y pasear por sus dos calles centrales, Via Garibaldi con sus palacios barrocos o Via Vittorio Emanuele con su recorrido de iglesias. Después de un día intenso pusimos rumbo a Palermo y nos dimos cuenta de que habría que alternar entre ajetreo y descanso, que para eso estábamos de vacaciones.

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Consejo del día: es imposible verlo todo, así que acorta itinerarios y disfruta del viaje 🙂

Banda sonora del día:

Día 2: Agrigento, la Scala dei Turqui y Poggioreale Vecchia

Aunque nos recetamos descanso al día siguiente nos levantamos con ganas y pusimos rumbo al Sur, a descubrir las maravillas de Agrigento. Aquí me vais a permitir un inciso, y es que aunque todo el mundo diga que en Sicilia se conduce fatal y que las carreteras son malas… es todavía mucho peor que eso. A no ser que vayas por autoestrada o autovia, conducir por sus nacionales o comarcal es es un infierno, y ya ni te cuento si encima están en obras y cada dos por tres te cortan carriles, te obligan a cambiarte a al otro lado o vas en caravana con cinco camiones. La parte positiva es que te da tiempo a admirar el paisaje y que que lgente que vaya a la isla dentro de diez años va a disfrutar de unos carreterones de impresión. La negativa es el resto.

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Llegamos a Agrigento y tardamos tanto que yo creo que en El Valle de los Templos se habían caído algunas piedras más. Aún así pagamos nuestra entrada, hicimos nuestras fotos y disfrutamos con la historia de los dioses de antes que tenían tanto ingenio y ganas de perdurar en el tiempo que sus construcciones llegan hasta nuestros días. Hagamos unos segundos de reflexión, imaginando qué estamos dejando nosotros con Historia y calidad para dentro de unos cientos de años…

 

Me lo temía. Sigamos pues, con el viaje. Nos pusimos rumbo a la Scala dei Turquía, una palYa con rocas blancas también muy mencionada en las guías. Antes hicimos una paradita  para degustar spaguetti con almejas y gnochis a la Siciliana en la Pizzería Mediterráneo, y los dos platos estaban buenísimos. Cuando llegamos a la playa volvimos a repetir el mecanismo, coche en el parking y acceder al lugar siguiente a una marabunta de turistas.

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Al llegar hicimos la foto y nos dimos un baño, planteándonos seriamente si no habría lugares en Sicilia menos transitados que los que intentábamos disfrutar. En el camino de vuelta nos negamos a sufrir la misma carretera así que decidimos dar un pequeño rodeo y fue así como llegamos a Poggioreale Vecchia.

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Este lugar es mágico y yo mandaría a todos los turistas a que pasaran por allí. Era un pueblo normal y corriente hasta que en 1968 un terremoto lo arrasó y todos sus vecinos tuvieron que abandonarlo. Desde entonces, quedó como un pueblo fantasma y aunque ahora mismo está cerrado a los visitantes siempre hay un camino por el que acceder si se quiere visitar (concretamente el que sale por detrás De la Iglesia hasta la carretera de arriba). Es increíble cómo te puede cambiar la perspectiva una historia como esta en medio de todo el turisteo y de coches por tres carriles que no existen o parkings gratuitos que se hacen de pago. Nosotros llegamos ya casi de noche pero de verdad merece la pena acudir con todo el respeto del mundo y hacer una foto que recuerde que un país, por muchas luces que tenga, también tiene sus sombras.

Consejo del día: si construyes algo utiliza buenos materiales y preocúpate bien de los cimientos.

Banda sonora del día:

Día 3: Cefalù

Amanecimos con tranquilidad y decidimos pasar la mañana en las hamacas a pie del mar del hotel. Es un tratamiento para vacaciones que recomiendo a todo el mundo 🙂

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Con las pilas cargadas decidimos comenzar la exploración del Este de la isla y fuimos hasta Cefalù, un pueblo pequeñito y muy recomendado en todas las guías. Merece la pena, la verdad, por sus calles y por la puesta de sol sobre la roca, además del Pantocrator que se esconde en su catedral, pero las playas son arena de otro costal. Al ser tan turístico o pagas tú hamaca o te arriesgas a dormirte la siesta en tu toalla y despertar abrazado al que tienes al lado. En hora punta no hay hueco ni para apoyar la sandalia. Aún así, no dudéis ni por un momento que conseguimos encontrar hueco, darnos un baño y dormir un rato 🙂 Después disfrutamos de la puesta de sol y nos sentimos muuuy afortunados.

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Consejo del día: hagas lo que hagas, ponle cabeza.

Banda sonora del día:

Día 4: Volcán Etna, Catania y Taormina

Tocaba nuevo día de conquista y decidimos madrugar y aprovecharlo para subir al Etna y visitar luego toda la Costa Este de la Isla. Llegar al Refugio Sapienza – donde se coge el funicular- desde Palermo no fue cosa fácil, el último tramo es una carretera de sierra con millones de curvas que superamos con nota. Y al alcanzar el refugio toca decidir cómo subir. No os voy a engañar, es todo una cuestión económica más que física o moral. Puedes subir completamente gratis – pagas el parking, por supuesto- y hacerte los dos tramos -el del funicular y luego el de los autobuses 4×4- andando, en bici o saltando como quieras. Pero o vas bien equipado (con bastones, calzado, agua y tiempo) o si no la aventura se convierte en el infierno. Nosotros subimos -ni lo dudéis por un momento- primero en funicular y luego en autobús cuatro por cuatro. Cada viaje de funicular y cada viaje de autobús sale más o menos a quince euros así que si le añadís el precio del parking esta foto tan bonita que os pongo a continuación cuesta 130 euros.

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Pero es preciosa:-) y puedes pasear entre los cráteres anteriores a la cima y freír un huevo si te has acordado de llevarlo.

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Después de la aventura de Etna (que fuera de bromas es imprescindible) pusimos rumbo a Catania. Como ciudad nos gustó mucho, tiene aires de Cultura y decadencia a partes iguales. Paseamos por  el centro, llegamos al mercado del Pescado por el olor y nos dio pena no tener más tiempo para disfrutarla.

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Solo nos quedaba Taormina, y tuvimos la malísima suerte de llegar hasta la Isola Bella y que estuviera tan llena que no pudimos ni aparcar, o intentar ver el Anfiteatro romano y que estuviera cerrado por un concierto. Aún así, para mí Taormina es y será siempre una de las ciudades más bonitas del mundo porque por encima de lo que vemos, hay otras cosas, y la que pasó allí no la olvidaré jamás.

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Consejo del día: Taormina resume en sí todo lo que hay en la Tierra capaz de atraer la vista, la imaginación y el espíritu.

Banda sonora del día:

Día 5: Palermo

Después del Etna si que conviene tomarse un descanso y nosotros volvimos a nuestro plan original de tumbona frente al mar. Con la energía del sol y del agua, decidimos pasar la tarde en Palermo, y haya allí que nos fuimos. De todas las ciudades posiblemente es la que más me ha desencantado, porque exceptuando la zona del centro turístico – Cuatro Canti, la Fontana Pretoria, la catedral o el Teatro Masimo, todo casi en la misma calle- el resto es desastroso e incluso sucio. No visitamos las famosas catacumbas, es cierto, pero tampoco nos quedamos con ganas porque esperábamos una ciudad con más luz, con otra vida.

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Consejo del día: no pierdas el tiempo.

Banda sonora del día:

Día 6: Capo Plaia y Capo d’Orlando

Aquí si que ya nos planteamos y desde por la mañana decidimos apostar por una playa que nos permitiera disfrutar de la isla como tal, sin agobios de turistas ni tiendas de souvenirs. Y la encontramos. Justo antes de Cefalu, paramos en Capo Plaia y disfrutamos de unas playas de más de uno y dos kilómetros de longitud con aguas cristalinas para disfrutar del amar Tirreno. No massagio, no ochiali, no coco bello, solo algunos bañistas y nosotros. Impagable.

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Por la tarde decidimos seguir apostando por esta costa y nos acercamos hasta el Capo d’Orlando, donde encontramo otra playa muy similar que, aunque cambió la arena por piedras, nos regaló uno de los atardeceres más tranquilos y bonitos que yo he visto en mi vida.

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Consejo de día: “Las vacaciones consisten en no tener nada que hacer y disponer de todo el día para hacerlo”. Robert Orben

Banda sonora del día:

Día 7: Monreale y vuelta

Como solo podíamos disfrutar de la mañana, decidimos acercarnos hasta Monreale y dar un paseo por sus callejuelas. Su catedral es uno de los ejemplos más representativos del arte de Sicilia, tan repleto de conquistas y asaltos que uno nunca sabe ya de dónde vino lo que está viendo.

Cuando nos montamos en el avión fuimos conscientes de todo lo que habíamos hecho en solo una semana, casi dos mil kilómetros y muchos rincones increíbles, pero también nos hemos dado cuenta de que las vacaciones no son solo viajes de descubrimientos de lugares sino también de momentos únicos, y que por encima de todo con el tiempo, todos los viajes terminan en el mismo lugar, en casa 🙂

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Lo que yo quiero

Hay días en los que se levanta uno especialmente sensible y solo tiene ganas de dar las gracias, por todo lo bonito que le rodea y por lo que vendrá, seguro, porque cuando uno tiene cerca gente buena no pueden ser las cosas de otra manera.

Quiero a mi familia, que es peculiar pero bonita, y no es perfecta, claro que no, pero entre todos hemos aprendido a estar por encima de todas nuestras imperfecciones. Somos cabezotas, muy trabajadores, hablamos a veces demasiado alto y otras somos excesivamente discretos, o callados, pero también echamos una partida de rumi todas las tardes y nos ayudamos los unos a los otros con todo lo que se nos pone por delante.

Quiero a la persona que tengo al lado, que me cuida y me mima y me hace sentir que soy importante para él, me mira a los ojos y me abraza y sé que si estoy cerca suyo, todo pasa. Yo espero también significar lo mismo para él. Me hace creer en el presente y en el futuro, y con él siempre me salen las palabras.

Quiero a mis frikis, son todas tan distintas y tan valientes… hemos pasado por tantas cosas juntas que sin duda no puedo por menos de admirarlas. A todas. Ha habido enfermedades, rupturas, enfados, muchísimos kilómetros de por medio y por encima de todo un “frikis, ¿qué hacemos?” que nos volvía a juntar en Bérgamo, en Malta, en Gerona, en Villaverde o donde fuera.

Quiero a mis amigos, me encanta hablar con ellos de libros y de destinos para viajar, echarnos una bachata o unas judías, qué más da, crecer juntos, aconsejarnos, compartir cualquier tema de conversación, aunque sean dolores de articulaciones u horas de trabajo o de sueño. Echo de menos a algunos, pero los quiero igual.

A todos, sin ninguna excepción, me gustaría dedicarles estas palabras de Frida Kahlo, para que si se pasan por aquí se lleven una sonrisa y si no, que no se preocupen, porque también se lo diré sin pantalla de por medio.

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Me da pena el mundo

Tan lleno de violencia y de muerte. Pienso mucho en la gente que da a luz todos los días en un mundo tan oscuro. Y pienso mucho en mis abuelos y en el mundo que no han visto, y en la luna que nos alumbra a todos por igual en cualquier parte del mundo.

Y aunque a mí no me faltan las palabras, y a veces las malgasto en asuntos que no tienen ni importancia, hoy no tengo. Porque no tengo explicación para tan poco amor por la vida ni para semejante fanatismo por una religión que solo lleva a la muerte. No encuentro una manera humana de que se arregle toda esta mierda ni una sola palabra que me ayude a entender por qué ha pasado esto en Barcelona, por qué pasó en París, en Niza, en Bruselas… Es como si el mundo se partiera en pedazos, pero no tengo ni idea de quién va sujetando el hacha.

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No creo que tengamos mundo para mucho tiempo más. Y el que nos queda, me da pena. Así que hoy, solo por esta noche, me marcho.

Mañana a más tardar nos ponemos todos a arreglarlo. A hilvanarle los pedazos 😦

 

Sol y luna

Cada vez que un día termina…

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…otra noche comienza.

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Es así y así tiene que ser, no sirve darle vueltas. La diferencia está en qué hacemos nosotros con ese tiempo que nos regalan, si lo disfrutamos y lo valoramos con todos sus matices o simplemente dejamos que se escape por el horizonte. Tenemos que aprender a fijarnos, amigos. Ni dos días son iguales ni la luna siempre alumbra. De nosotros depende la luz que le queramos poner.

 

EL PASTOR

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Y lo pongo así, en mayúsculas, porque ayer el cine estaba lleno, Miguelón en su papel estuvo inmenso y los cielos de la Armuña no pueden representar mejor la inmensidad.

Tenía muchas ganas de acudir al estreno de esta película rodada en La Armuña -que me ve pasear todos los días y que me regala las estampas más claras, sencillas e intensas que llevo en la retina-. Ayer me emocioné con las palabras de Jonathan Cenzual, el director, que afirmaba “la belleza que tiene la zona radica precisamente en el hecho de que no haya nada. Pero no solo impacta cinematográficamente , sino emocionalmente. Nunca me aburro de esa inmensidad que tiene, y eso lo hay en pocos sitios. No hay ningún sitio de presión por una montaña o por un valle. El horizonte es infinito. A la gente no le parece tan bonito porque la idea de belleza se ha ligado a veces con el paisaje bucólico de La Toscana italiana o de una playa. Esos cielos e inmensidad que ves en La Armuña no los ves en ningún otro sitio.” 

Precisamente es esa NADA que menciona la que me unía a la historia irremediablemente Ese sentimiento de estar en un lugar que no tiene nada pero es inmenso a la vez. Ese contraste entre lo que creemos que es grande y no lo es, y lo pequeño que parece algo que, en realidad, es inmenso.

“El pastor” comienza con unos minutos increíblemente buenos dedicados a la vida de Anselmo, dedicado por completo al cuidado de las ovejas, acompañado por su perro y por algunos libros que descansan en su mesilla y ya nos van rompiendo tópicos. La película se abre como se abre el cielo que acompaña estos planos, y va lenta como un día en un campo armuñés, como las propias ovejas, que no tienen nada más que hacer que seguir el camino marcado.

La vida de Anselmo tendría sentido en un mundo sin prisas ni plásticos ni embargos, pero bien sabemos que ese mundo ya no existe, y cuando la realidad comienza a llamar a su puerta, sus cielos también comienzan a ser más pequeños y más cortos sus paseos. La vida de Anselmo estaba bien para Anselmo, pero nadie permite ya que cada uno haga lo que quiera. Ni mucho menos. No somos Anselmos. Somos ovejas.

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La trama aumenta la tensión y la metáfora, a veces demasiado evidente, va cobrando forma con cada diálogo, con cada enfrentamiento que se va llevando la templanza de un pastor que lee a los clásicos, bebe mucho vino y lava su ropa con extremo cuidado. De toda la película sin dudarlo me quedo con Anselmo, y con todos los Anselmos del mundo, que ven un poco más allá del dinero y de los tiempos que nos ha tocado vivir, donde el horizonte más que disfrutarse se fotografía, y se olvida uno de mirar y de fijarse, pendiente siempre de la prisa, de ir más allá sin saber ni dónde queda eso.

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¿El final? Abrupto. Duro. Seco. Pero también es seca La Armuña y duros sus inviernos.