Camino Lebaniego. Tercera etapa.

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Esta mañana amaneció soleada, respiramos hondo, nos metimos un buen desayuno entre pecho y espalda, y emprendimos ruta hacia Castro Cillorigo. De nuevo os recuerdo que somos gente fuera de lo normal y por eso no comenzamos en Cabañes sino que nos ahorramos casi la mitad de la etapa para evitar desfiladeros o pasos complicados, y comenzar directamente en terreno llano.

No pudimos, por tanto, caminar por La Hermida pero qué bonito es el desfiladero, aunque sea desde el autobús. Es uno de esos momentos en los que la naturaleza te sobrecoge con su fuerza y tú te quedas callado y simplemente la observas.

A las 9 empezamos a caminar una etapa que se preveía fácil. De hecho, al juntarnos con el Camino De Santiago comenzamos a caminar con mucha gente y llegamos a Potes con el tiempo suficiente para sellar, ya sabéis que sellar es imprescindible. Muy imprescindible.

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Y después llegaron los tres kilómetros de subidita hasta el monasterio, un poco terribles con sol y con la prisa por llegar a la misa del peregrino pero… misión cumplida. Impresionante la cantidad de gente que había. Si este año sigue así, tendrán que tomar medidas porque la afluencia es increíble, cosa que por otra parte es muy buena. Total, que después de la misa nos fuimos todos tan ricamente a comer a Valdecoro, en Potes.

En el camino de vuelta paramos en Lebeña y la chica que hacía de guía en la iglesia nos devolvió la sonrisa. Nos colamos en una visita que ya había empezado y ella, que más dulce no puede ser, intentó frenarnos pero ya estábamos dentro de la Iglesia y no habia manera. Fernando le decía que solo éramos nueve y que ya estábamos dentro. Ella le decía que teníamos que pagar, al menos, un euro y medio por peregrino normal o solo un duro si veníamos con autobús. Y Fernando, que no acababa de enterarse del todo, le decía que le cobrara la entrada de nieve peregrinos y un autobús. Y mientras Julia, mi madre y yo nos despatarrábamos de la risa, Jesús metía cizaña y decía que lo nuestro no era autobús, que era muy pequeñito. Qué momentos.

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Cuando la guía pudo comenzar a hablar nos contó un montón de anécdotas sobre la iglesia, con esa voz tan dulce que tiene, como la vez que robaron la talla de la Virgen de la Leche y la encontró mucho tiempo después la Guardia Civil en Alicante. La gente de pueblo decía que volvió más morena. O la semana anterior que se les coló una culebra venenosa en la sacristía, y tuvieron que ir hasta los bomberos a levantar el confesionario, porque se había escondido allí. Un show de mujer.

Al final con la tontería salimos de la Iglesia todos con una sonrisa y decidimos irnos a la playa, aunque fuimos un poco por separado porque no queríamos tener que prepararnos en cinco minutos. Así fue como Julia y yo descubrimos una playa interior preciosa, la de Covijeru, y nos dimos un baño como si estuviéramos en el paraíso. No os exagero.

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Y si esto no era suficiente, al llegar al Hostal, Bautista, el dueño (que nos cae genial y nos trata como si fuéramos de la familia) nos había preparado cena especial. Centollas, almejas, sardinas, un festín. Así que se nos ha duplicado la sonrisa. Ya ni nos acordamos de los momentos menos buenos, ¿para qué? Y si se nos vienen a la cabeza, nos ponemos este poema que nos ha recomendado Julia y se nos pasa.

Banda sonora del día:

 

Camino Lebaniego. Segunda Etapa.

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Esta mañana nos levantamos puntuales a las 7 para desayunar como reyes y ponernos en marcha pronto. Nos gusta el tema de la gastronomía tanto como el del senderismo, está claro 🙂
La segunda etapa discurre entre Cades y Cabañes pero como somos gente fuera de lo normal la acortamos hasta Cicera, porque nos habían avisado que de Cicera a Lebeña el tramo es muy empinado y costoso, y porque habíamos reservado un cocido Lebaniego en Cicera y a ver quién camina después con eso en el cuerpo, para que nos vamos a engañar…

La mañana nos recibió con lluvia y la primera parte la hicimos con chubasquero, paraguas y asfalto pero sin perder la sonrisa. No teníamos la senda del día anterior pero si manteníamos unas vistas privilegiadas. Vi un ciervo y una cabra o rebeco, ¿qué más se puede pedir? 🙂

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Hicimos parada técnica y necesario enLa Fuente, en esa iglesia románica tan honra que tuvimos la suerte de ver por dentro ya que otros peregrinos que estaban en el mismo lugar habían pedido la llave. Ya nos conocimos, hablamos un rato y nos acompañamos el resto de la jornada. Cogimos agua de la “fuente” y reanudamos el camino.

Al salir de La Fuente, con nubes pero sin lluvia, viendo el itinerario ya empezamos a comentar “parece que hay una subidita” pero a medida que subíamos la frase cambiaba “menuda subidita”, “vaya con la subidita” o “este pueblo no debería llamarse Burió sino Subió y ya no bajó”. Menuda subidita. Menos mal que el tiempo nos ha acompañado, y además del tiempo la ilusión por el cocido Lebaniego que habíamos reservado al llegar a Cicera, en el Mesón de Marcelo. ¡Qué rico! ¡Qué garbanzos! ¡Qué tocino! Salimos de allí casi rodando y decidimos pasar la tarde tranquilamente en la playa de La Franca.

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Y es que amigos, parece ser que caminar tiene también algo que ver con parar y disfrutar de cada momento, en movimiento o sin movimiento. Esto implica ser paciente, conseguir no darle importancia a las cosas que no lo merecen y pase lo que pase, seguir caminando cuando corresponde.

Banda sonora del día:

Camino Lebaniego. Primera etapa.

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Cuando nos montamos esta mañana en el autobús para ponernos en marcha hacia el Camino Lebaniego, dentro íbamos nueve, pero todos sabíamos que en realidad éramos alguno más. Es lo bonito de caminar, que lo puedes hacer físicamente mientras llevas a alguien más en la cabeza, y lo piensas con mucha fuerza para que sienta que está ahí, también, caminando. Y por si acaso no os llegan bien nuestros pasos, no os preocupéis, que siempre nos quedan las palabras. Y este año, las mías son todas para vosotros 🙂

Llegamos a San Vicente de la Barquera a las 12 con la intención de recoger las credenciales en la parroquia, pero aprovechamos el paseo y visitamos por dentro la Iglesia, vimos el dedo de un Santo e hicimos pis en el Ayuntamiento. Este grupo es así, y todo lo que es cuento es tan cierto como que os lo estoy contando.

Total, que con credenciales llegamos a Muñorodero a comenzar el Camino. La gente normal lo comienza en San Vicente de la Barquera pero nosotros somos gente fuera de la normal y por eso nos quitamos de un plumazo quince kilómetros y decidimos empezar más abajo, porque entre el viaje desde Salamanca y la comida sino no alcanzábamos a terminarlo.

A las 14:30 nos pusimos en marcha y enseguida todos coincidimos en que la Senda Fluvial del Nansa, donde comenzamos la etapa, era tremendamente bonita. Muy bonita. Preciosa. No os exagero si os digo que todos, aleatoriamente y sin tardar más de diez minutos, hemos ido repitiendo a lo largo de la etapa lo bonita que es la Senda y el regalo que es hacerla.

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Marcada con dificultad media por los pasos resbaladizos de madera o los senderos serpenteantes con piedras muy paralelos al río, merece la pena recorrerlo, sin duda: en qué otro sitio puedes caminar y ver barbos, descubrir ranas enanas, asomarte a una cueva con murciélagos, comer moras directamente de la morera, descubrir un árbol que abraza a otro árbol o varear un nogal para conseguir las primeras nueces…Es un regalo de camino, de verdad.

Al terminar después de casi cinco horas (lo cierto es que hemos caminado muuuuuuy tranquilos) llegamos a Cades y sellamos en el albergue, para luego marcharnos en dirección Buelna, donde dormimos. No nos ha dado tiempo ni a ver la playa, entre que nos hemos organizado para cenar y para instalarnos, así que mañana nos levantaremos para la segunda etapa, que se prevee más dura y a ver si nos podemos regalar una tarde en la playa después del cocido Lebaniego que ya tenemos reservado:-)

Banda sonora:

Hasta mañana!

Patria

“Más tarde, por el trayecto a casa, posó una mano en el tronco áspero de un árbol y dijo para sí: gracias por tu humanidad. La posó después en la pared de un edificio y repitió la frase. Y lo mismo hizo, sin detenerse, con una papelera, un banco público, es poste de un semáforo y otros objetos del mobiliario urbano que fue encontrando por el camino”.

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Patria. Fernando Aramburu. Tusquets Editores, 2016

Mas que un libro, está Patria de Fernando Aramburu es un retrato del conflicto vasco sin entrar en política, que ya es difícil, y sí ahondando en las emociones de todos y cada uno de los protagonistas.

Todos ellos, construidos con la solidez de alguien que sabe de lo que habla porque lo siente, despiertan en el lector sentimientos encontrados que van desde la compasión hasta la pena, pasando por la ira, la simpatía, el miedo, la cobardía, el odio y la resignación.

No creo que Fernando haya pretendido posicionar a ningún lector frente a su Patria. No es ese su mensaje. Más bien, como explica la reflexión que desde mi punto de vista mejor define al libro, intenta presentar la humanidad, con todos sus matices y sin mayúsculas.

Hay que leerlo.

El verano es un collage de Eugenia Loli

Curioseando por la web he llegado hasta los collages de Eugenia Loli y me tienen fascinada. Antes de investigar nada sobre ella, os diré que me ha llamado mucho la atención cómo juega con imágenes de estilo vintage y las mezcla con un estilo tan actualizado que uno no sabe si son ilustraciones con mucho pasado, presente o futuro. Y es todo junto.

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Después de disfrutar de su arte he descubierto que Eugenia Loli es una talentosa artista del Collage nacida en Grecia, actualmente con sede en California, quien combina fotografías escaneadas de revistas y publicaciones científicas de la década de los 50’s, con un toque de humor y mucha imaginación, que dan como resultado, espectaculares collages surrealistas.

Anteriormente trabajó como enfermera, programadora de computadoras, periodista especializada en tecnología y hasta directora de cine. Hasta que en abril de 2012, después de terminar un video musical animado, se decidió a probar el collage, fue ahí donde encontró su verdadera pasión por este arte, y desde entonces, ha salido en numerosas publicaciones de importantes revistas.

Os invito a compartir sus collages para ilustrar vuestro verano en http://eugenialoli.tumblr.com 🙂

Dobles

Mi hermana y yo de pequeñas casi fuimos dobles. Solo nos llevamos un año así que prácticamente parecíamos gemelas, compartiendo amigos en el pueblo, tardes en la plazuela, clases de inglés en Lenon School y aquellas tardes interminables de catequesis.

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Incluso tomamos juntas la comunión y hoy, en la celebración de estas dos dobles, nuestras pequeñas dobles, me han hecho pensar mucho en nosotras, y he deseado de corazón que se nos parezcan en eso, en ser Hermanas en mayúsculas, cuidarse y contar siempre la una con la otra, en días bonitos como este y en otros que no lo sean tanto.

Ójala que tengan siempre esa sonrisa. Y nosotras la nuestra 🙂