Jaca es…

Sonrisas. Abrazos. Besos grandes. Carreteras sin arcén. Una casa de cuentos. Un baño sin espejos. La camiseta de las fiestas. Me encanta. Y un vermut. El túnel de Sopor. Francia. Montañas. Tensión. Más risas. Huir a Canfranc. Otro vermut. El ecoparque. La piscina. Un máster en carreteras de montaña. Jotas aragonesas. Escapismo. Un vermut más, para celebrar la vida. Paseos. Conversaciones. Compras. Migas del pastor. MAGIA. El último vermut. Que sean dos. ♥️

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Oxímoron

Dícese de la figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto. Por ejemplo:

Pompas fúnebres

Mesa camilla

Naturaleza Muerta

Plácido Domingo

Envidia sana

Café descafeinado

Democracia española

Lavado en seco

Perfecto imbécil

Parad quietos

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Siete días en Croacia

Este año si que hemos organizado bien las vacaciones, tan bien tan bien que merece la pena compartir el itinerario e invitar a otros viajeros -y un poco turistas- a disfrutar de la Costa Dálmata como hemos hecho nosotros. Así que aquí va nuestra crónica, llena de playas, curiosidades, buena comida y rincones bonitos de Croacia.

Día 1 y 2: DUBROVNIK

El avión  aterrizó a tiempo y aunque había colas largas en el aeropuerto enseguida estábamos recogiendo nuestro coche de alquiler en la empresa Unirent (la experiencia con ellos ha sido fabulosa). Después pusimos rumbo a la ciudad pero como llevábamos todo bien preparado decidimos hacer una parada para comer y darnos un baño en la playa de Cavtat, un pueblecito que nos pillaba de camino. Comimos nuestros primeros Cevapi – carne a la parrilla típica de los Balcanes- a la orilla del mar y no solo nos dinos un baño de escándalo sino que es una playa equipada con deportes de aventura así que alquilamos una tabla ¡e hicimos paddle surf! (Los precios eran súper baratos, media hora por 30 kunas= casi 5 euros).

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Llegamos a la ciudad después de comer y buscamos los apartamentos King, nuestro alojamiento que estaba en el Barrio de Mokosika. Fue un acierto total porque se encuentra en una zona relajada de pescadores, con playa típica de piedras enfrente, un bar ideal para cenar- Vapor Bar-, sitio para aparcar el coche y acceso directo a la parada de autobús que en media hora nos dejaba en la puerta de Pile, la entrada a la ciudad amurallada. En Dubrovnik siempre que podáis prescindir del coche y moveros en autobús mejor, porque es una locura para el tráfico.

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Por la noche dimos la primera vuelta por la ciudad amurallada y nos encantó. Tiene toda la magia de los lugares con Historia, es totalmente paseable y descubres rincones bonitos en todas las calles. Si eres fan de Juego de Tronos disfrutarás el doble porque en la actualidad todo el turismo está enfocado a disfrutar de los escenarios de la serie, comprar souvenirs… Si eres viajero entra en el Palacio Sponza, sube por la muralla, prueba con el teleférico o incluso, por qué no, reserva una ruta en Kayak por los alrededores de la ciudad amurallada que incluye la visita a unas cuevas y a la isla de Lokrum por 250 kunas.

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El segundo día en Dubroknik teníamos que decidir que hacer entre todo el abanico de propuestas: el kayak, coger un barco hasta la Isla de Lokrum o a Kórkula,  reservar alguna de las excursiones de Civitatis… pero decidimos apostar por algo que se olvida mucho durante las vacaciones: disfrutar. Así que pasamos la mañana en nuestra playita de pescadores, bajamos en autobús a comer al Kamenice unos mejillones con ajo deliciosos y arroz negro con calamares, y luego por la tarde nos quedamos en la playa de Banje, en la propia ciudad, con vistas a la isla de Lokrum y unas aguas claritas muy tentadoras. Cenamos en el bar Vapor y nos preparamos para emprender viaje al día siguiente.

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Día 3: BRELA

La idea inicial era llegar a Split pero descubrimos una playa preciosa de camino y teniendo en cuenta que teníamos por delante 3 horas de viaje decidimos parar allí en lugar de llegar a la ciudad. El cruce de la frontera con Bosnia- Herzegovina sin problemas ni colas, enseñas el pasaporte y sigues ruta. Llegamos a la playa de Brela justo para comer y descubrimos un lugar muy bonito, con unas vistas típicas croatas a las que ya nos estábamos acostumbrando: bañarse en aguas cristalinas mientras ves las montañas al fondo. Comimos en un puesto de la playa un plato típico de carne rellena con queso y una ensalada también muy de los Balcanes  con tomate, pepino, aceitunas y queso feta. Lo mejor de Brela es sin duda el atardecer, uno de los más bonitos que he visto en mi vida. Y de lo mejor de Croacia, como íbamos descubriendo, la comida, con un amplio abanico de posibilidades que iba desde los rissottos con marisco a los cevapi pasando por los calamares frescos a la parrilla, muy recomendable todo. Incluso nuestro alojamiento , el Bed and Breakfast Rib, con un dueño súper amable que nos ofreció la posibilidad de desayunar en la habitación disfrutando de las vistas al mar.  Encantador 🙂

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Día 4: SPLIT, KASTELA y SiBENIK

Por la mañana llegamos a la ciudad de Split, también amurallada y con mucho encanto, pero llena hasta atrás de turismo, lo que supone buscar un parking, atravesar cientos de tiendas con bolsitas de lavanda y aceite o camisetas de “Pirates of Croatia” antes de llegar a la zona de las ruinas del Palacio de Diocleciano o el Templo de Júpiter. Es una ciudad bonita para pasear, callejear y bueno, de nuevo si eres fan de Juego de Tronos harás el Agosto, sino, a lo mejor te pasa como a nosotros y te empieza a picar la curiosidad sobre la Historia de Los Balcanes, los orígenes de la terrible guerra que vivieron hace menos de treinta años y las consecuencias. Nos pasamos todo el viaje en coche buscando información sobre el conflicto y ordenando un poco nuestra propia opinión sobre todo esto tan triste pero tan contemporáneo.

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Llegamos en modo turista hasta Kastela, un conjunto de cinco pueblecitos pesqueros con castillo – de ahí el nombre- y con playa para darse un refrescante baño, pero después no alcanzamos a visitar Trogir, aunque nos hubiera encantado porque debe ser una ciudad medieval con mucho encanto.

Hicimos noche en Sibenik, con la intención de visitar la ciudad al día siguiente, y reservamos un alojamiento también muy recomendable a las afueras de la ciudad, Apartment Kata, donde nos recibió un matrimonio alemán muy pintoresco que había reformado una enorme casa como espacio turístico pero con encanto. Además tenían piscina y nos dimos otro baño nocturno ideal. Luego para comer justo frente al mar hay un montón de restaurantes con platos típicos y esa noche apostamos por la pizza en horno de leña. Deliciosa.

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Día 5: PARQUE KRKA, SiBENIK y ZADAR.

La mañana la decidimos a visitar el parque Krka por recomendación de un gran amigo y fue todo un acierto. Esta a menos de veinte kilómetros de Sibenik, y puedes elegir entre varias entradas por distintas ciudades. Nosotros apostamos por Lozovak porque estaba muy cerca de la ruta senderista que te permite bajar a la gran cascada sin autobús ni barcos. Cogimos las entradas en la taquilla – 200 kunas cada uno- sin grandes colas y tardamos diez minutos en llegar al inicio de la ruta más sencilla que te permite disfrutar del entorno del parque en tres- cuatro kilómetros hasta llegar a la gran cascada. Allí puedes bañarte mientras disfrutas de las vistas. De hecho, debes bañarte porque es una experiencia increíble. Lleva escarpines porque si no la entrada al agua será demasiado resbaladiza y regálate un ratito de relax impagable. Bueno, impagable no porque cuesta casi treinta euros pero con la cantidad de gente que hay pagando esos precios (y lo poca respetuosa que es a veces con el viajero) si fuera gratis sería más parecido a la cascada del Infierno que al paraíso que es en realidad 🙂

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Después nos fuimos a comer a Sibenik, otra ciudad con mucho encanto (y mucho turismo). Encontramos un restaurante que nos encantó, el Bistro Luce and Brigitta y comimos los mejores mejillones con espagueti y ajo que he probado en mi vida. Después de la visita pusimos rumbo a Zadar donde llegamos ya de noche.

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Día 6 y 7: ZADAR, LAGOS PLITVICE y ZABREB

Zadar es una ciudad pequeña pero con un encanto irresistible. Pasear por sus calles, darse un baño en mar abierto bajando las escaleras del paseo marítimo, descansar en el impresionante Órgano del Mar o disfrutar por la noche del Saludo al Sol son solo algunas de las cosas más recomendables que cualquier que visite la ciudad debe experimentar.

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Pero también es interesante ser curioso por eso nosotros visitamos el Museo de la Ilusión y pasamos un rato muy divertido experimentando con nuestra imaginación. Luego pateamos la ciudad por las murallas, curioseamos el Mercado de Pescado y verduras, nos dimos un baño relajante, visitamos San Donato, comimos unos platos de pescado fresco riquísimos y nos empapamos de la cultura croata. Si os gusta el arte además de los rincones históricos de la ciudad os recomiendo descubrir el trabajo de Ana Kolega y Marijana Jakelic, dos artistas croatas que presentan un punto de vista muy curioso de sus ciudades 🙂

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Por la tarde visitamos el pueblo de Nin, que tiene una de las playas de arena más largas del país y por la noche descubrimos un sitio fabuloso para cenar, el 4kantuna, en pleno centro de la ciudad pero con una terraza interior y unos sabores de escándalo.

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A la mañana siguiente pusimos rumbo a los Lagos Plitvice, un lugar de imprescindible visita en Croacia, pero como no teníamos prisa ni habíamos reservado entrada previamente (hacedlo con dos días de antelación en su web si queréis evitar una cola larguísima) pues paramos en el pueblecito de Posedarje y nos dimos un baño para coger fuerzas. Llegamos al entorno de los Lagos a las 15h, escogimos el aparcamiento 1 que es el que está más cerca de los Lagos inferiores e hicimos una hora de cola para conseguir entradas para las 16h, que como ya son solo de media día cuesta  150 kunas en lugar de 250 kunas por persona. Y elegimos la ruta A, la más sencilla, para disfrutar de la cascada Veliki Slap y del entorno del parque durante 2 horas. Tenéis infinidad de rutas y posibilidades para elegir, algunas conectadas por barco y autobuses, así que planificar bien antes si queréis pasar seis horas caminando, cuatro o dos días enteros. A nosotros nos resultó más que suficiente con la ruta A para disfrutar de los Lagos 🙂

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Por la noche llegamos a Zagreb y ojalá hubiésemos tenido un día más porque es la típica ciudad que, si te gusta más viajar que hacer turismo, te enamora. Se acaba el poso artificial que tienen las ciudades de costa, enfocadas tanto a la venta, y llegas a calles y callejones llenos de grafittis, músicos tocando en las plazas, la iluminación justa en los lugares para sentirte un poco como en casa. Todo esto pudimos descubrirlo en solo dos horas gracias al personal del hostel donde nos alojábamos, Swanky Mint, el mejor de todo el viaje. No solo por las habitaciones o el destino continental sino por la bienvenida, el jardín de la piscina, los chupitos de jager y las recomendaciones para una visita express. Gracias a ellos cenamos extraordinariamente bien en el Nokturno – una lasaña de queso deliciosa- y vimos rincones preciosos de la ciudad.

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Ahora ya en el avión de vuelta queda recordar todo lo que hemos disfrutado, agradecer los consejos de otros viajeros como nosotros y compartir lo que hemos descubierto para que pueda seguir funcionando este engranaje tan importante que es conocer otras culturas, otros lugares, llenarse de palabras nuevas, de gestos, rincones y costumbres para descubrir qué diferentes y qué iguales somos todos, en el fondo.

Hvala, Croacia!

 

 

 

 

Bok, Croacia!

El día 1 de agosto empezaron mis vacaciones y me dispuse a cumplir uno de mis objetivos de este año: hacer Paddle surf. Cualquier que me conozca sabe que siempre he querido hacer paddle surf, incluso antes de que le pusieran ese nombre yo sabía que habría una manera divertida de subirse en una tabla de surf sin necesidad de pelearse contra las olas, en plan tranqui.

Como están dejando Salamanca muy bonita con un montón de carril bici y parques y reformas me supuse que en este tema también habrían metido mano, y efectivamente. Llegué a la pesquera de Tejares y había instalado un puesto de deportes acuáticos de aventura con hayan, motos de agua, surf, bananas y otras propuestas. Y además de gestión pública y todo gratis, se llamaba Sal-al- agua- Manca y me encantó. Así que esperé pacientemente mi cola de tres horas (todos los que sois de Salamanca sabéis que las cosas gratis generan cierta demanda y largas colas, esta era algo menor de lo habitual porque algunas actividades tenían límite de edad por arriba). Cogí mi tabla, y a navegar.

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Claro, yo nunca ha hecho paddle surf y siempre me ha parecido que tenía que ser por fuerza facilísimo pero una vez que estás en la tabla, de rodillas, la cosa se complica. Mucho. Yo remaba y remaba y todo bien. Pero luego dejaba el remo, ponía un pie delante del otro, la rodilla arriba (como en el saludo al sol), la otra arriba también enseguida y… me entraba el tembleque de piernas y el miedo- que ya verás que me hundo y vete tú a saber que hay en el fondo del Tormes, que si luego me pasa como el día de Huerta y me da un ataque de risa y no puedo subirme de nuevo a la tabla-… total, que me vi desembocando en Fermoselle en el río Duero, y de ahí de rodillas hasta el Atlántico en Oporto, y luego me lié y venga a irme a la izquierda y de rodillas por todo al Atlántico hasta que acabé en el Mar Adriático. Y allí sí que me dije: tienes que levantarte Rebeca.

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Asi que hice lo que todo el mundo sabe que tiene que hacer cuando no sabe hacer algo: preguntarle a Google. Que no os parezca extraño que llevara el móvil conmigo porque todo el mundo que practique o haya practicado deportes acuáticos de aventura sabe que te dan un cubilete hermético para que lleves todo tu lastre: las zapatillas, crema solar, el sombrero, ropa de cambio, un libro. las llaves del coche y el móvil, por supuesto. Así que enseguida – con esto del roaming no os preocupéis por la cobertura que hay datos suficientes para estar conectados todos en todas partes, como siempre hemos deseado-, pues enseguida encontré la respuesta en un foro. Decía así:

  • Colocamos un primer pie a un lado del asa de la tabla, procurando apoyar la mayor parte de la planta posible.
  • Colocamos el segundo pie al otro lado del asa y seguidamente nos levantamos.
  • En el momento en el que nos levantamos ponemos el remo en el agua lo antes posible.
  • Nos levantamos dejando nuestras rodillas flexionadas, la mirada al horizonte y la espalda recta.

Y recordad no dejéis de repetiros cuando estéis sobre la tabla:

PIERNAS FLEXIONADAS, ESPALDA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE, PIERNAS FLEXIONADAS, ESPLADA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE, PIERNAS FLEXIONADAS, ESPALDA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE,……

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Y eso es lo que hice. Y lo conseguí. Me pareció hasta un buen consejo para la vida. Duré un minuto, el tiempo suficiente para pensar que todo merecía la pena y que siempre hay que intentarlo, aunque parezca lo más difícil y acabes en el culo del mundo.

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Luego me hundí. Pero… estaba en Croacia, al lado de la “Ciudad de Juego de Tronos” aka Dubrovnik, concretamente, y me pareció mal volverme sin explorar la Costa Dálmata. Así que estaré por aquí unos días, comiendo mejillones con ajo, explorando playas de piedras preciosas y desconectando en buena compañía.

Bok, Croacia!

 

PD. Os recuerdo que en mi blog cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia 🙂

 

 

 

 

 

Vacaciones de mi otro yo

Durante todo este mes de agosto me receto vacaciones de mi otro yo, el laboral, autónomo, inquieto, controlador, dependiente, disciplinado, concienzudo… y voy a ser yo, sin más, Rebeca, zurda hasta la médula, absurda pero divertida, sensiblona, viejuna, curiosa, felina, friki, malhablada a veces, muy lectora, captadora de momentos, independiente, viajera y curiosa.

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Me podéis seguir aquí, en mi blog, que me acompaña desde antes de que existieran las redes sociales que nos tienen tan absorbidos últimamente. Y si no queréis seguirme, porque tenéis millones de cosas mejores que hacer, hacedlo, que el verano es eso, disfrutar sin más, no para compartirlo a cada momento y mirar cómo lo está pasando el de al lado sino para simplemente disfrutarlo.

 

Una biblioteca con nombres propios

Gala cumplió dos años la semana pasada pero cuando llega a la biblioteca del parque, siempre unos minutos antes de la sesión de cuentos, tiene claro qué libro leer y con quién hacerlo. Con su madre, a la que no le importa que siempre escoja el mismo, o con su abuelo, que le regaló los genes del teatro y del amor por las historias.

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Ängel se jubiló hace años pero durante toda su vida tuvo una tienda, y por las mañanas, antes de que las mesas de la biblioteca se llenen del bullicio del parque y de los niños, hablamos sobre lo difícil que es ser empresario, sobre la responsabilidad de sacar adelante algo por lo que luchas toda tu vida y a la vez ser capaz de disfrutarlo. Nos despedimos siempre con una cariñoso “hasta mañana” sabiendo que solo compartimos el mes de Julio, pero nos da igual, porque sabemos que Julio tarde o temprano volverá.

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Gonzalo y Julio pasan las mañanas entre el futbol y los libros. Siempre están dispuestos a ayudar. Y a aprender algo nuevo. Son seres curiosos por naturaleza. Este año me pidieron que les enseñara a contar cuentos y fue uno de esos momentos mágicos en los que uno piensa “algo bueno estamos haciendo”

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La tribu viene los martes y los jueves. Viajan en autobús y para esos pequeños de no mas de 3 años, es toda una aventura. pero merece la pena por ver cómo disfrutan de los libros incluso teniendo al lado el parque.

Patricia y Gema se sientan con su “familia” (porque son algo más que un campamento urbano) y disfrutan de sus mañanas entre el arenero, los columpios, los talleres y los cuentos. ¿Y sabéis qué nos les falta tampoco? El cariño. Y eso se nota.

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La señora María es de Chillán (Chile) pero fue la primera que se acercó al rincón de historias sobre Salamanca y me preguntó “señorita, ¿puedo coger un libro?” Desde entonces nos hicimos amigas y hablábamos todas las mañanas de rincones curiosos de nuestra ciudad, de la suya y de lo importante que es encontrar a personas que sepan preguntar, a otras que sepan responder y que ambas sepan escuchar. Nos despedimos con un abrazo y muchas palabras.

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Y Luna que ya ha cumplido un año sonríe cuando se acerca a la biblioteca del parque. Tiene ya sus favoritos pero adora que su mamá, su papá, sus abuelos o sus primos compartan con ella cuentos nuevos. Escucha cada vez con más atención las historias que ya le suenan y disfruta en familia de todas las sorpresas del verano que se abre ante sus ojos. .

Jose Antonio tiene 92 años y lo primero que hace al llegar al parque es montarse en la bicicleta estática y después de diez minuto tomarse un Actimel. Después se sienta a leer el periódico del día, y si es martes y jueves, aunque no se sienta en primera fila y prefiere quedarse atrás, yo sé que escucha los cuentos. Y los disfruta igual que cualquiera de los pequeños.

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Se quedan muchos nombres en el tintero: Inma y su paciencia; Mario, Victor, y todos los pequeños de Cinco y más; Rocio y Alba, lectoras empedernidas; Alejandro, Mari Mar y su hermana Lupe, Josefina, Michel, las dos Isabeles, Teresa, Jara, Noe, Jimena, Andrea y sus historias; Sonia, Juan, Leo y el resto de la familia; Fátima, Andrés, Ana, Inés… Todos ellos hacen que la biblioteca del parque se convierta en un lugar especial que se llena de vida durante el mes de Julio gracias a Fundación Ciudad de Saberes, pero de historias gracias a su compañía y a su presencia.

Volveremos el año que viene, ¡y nos veremos de nuevo!

Mi abuela

Mi abuela no sabía que iba a utilizar las potas donde escondía las rosquillas (para que no las comiéramos todas a la vez) o donde dejaba reposar el arroz con leche para contar cuentos; tampoco imaginaba que la criba de las lentejas me iba a servir para escuchar el océano sin necesidad de viajar hasta la costa; o que su caja de costura iba a ser el hilo conductor de una sesión de narración para celebrar el Día de los Abuelos;  Seguro que nunca se le pasó por la cabeza que su barreño viejo de latón escondería tantas palabras para lavar, tender y contar.

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Mi abuela no sabía que yo de mayor iba a compartir con sus cosas y con sus recuerdos las historias que aprendí en el pueblo o en las noches de verano.

O igual mi abuela lo sabe.