17 de Daniel Sánchez Arévalo

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17 es una de esas películas sencillas que te lleva el alma de paseo para permitirte por unos minutos, sentirte en la piel de otros, confundir las ironías de la vida con tonterías, montar en una autocaravana sin destino claro, solo con la intención de disfrutar intensamente del paseo.

Héctor el protagonista tiene problemas para relacionarse socialmente y todo se complica cuando es internado en un centro de menores y pierde por completo las referencias. Allí entra en ua terapia especial con perros y cuando la arrebatan al que él ya sentía suyo, decid escapar e ir a recuperarlo, con la ayuda de un hermano huidizo con poco corazón, un perro de tres patas y una abuela moribunda que repite un mantra tranquilizador como si fuera el leit motiv de la película. Parapalo.

17 es una road movie loca por la costa de Cantabria pero a la vez es la soberbia interpretación de dos actores que se convierten en hermanos delante de nuestros ojos. Uno con Síndrome de Asperger y otro con incapacidad para comunicar sus verdaderos sentimientos, pero juntos van encontrando una manera diferente de comunicarse, sin ironías ni mentiras: el afecto.

17 es una película llena de mensajes esperanzadores (la adopción de Oveja, el amor infinito por la abuela, por la tierra) y de verdad, que a veces se echa de menos a través de la pantalla. Y a pesar de haber sido rodada en Cantabria en pleno otoño, o de que sus protagonistas se pasan gran parte del viaje “aprendiendo a perder” es por encima de todo una película luminosa.

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¡Salid a la calle!

Salid a la calle, por favor, los no violentos, salid juntos, votéis lo que votéis, sin banderas, caminad en silencio y decirle al mundo -porque esto ya no es asunto de un país- que la violencia nunca nunca es la respuesta.

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Lentejas de La Armuña a fuego lento (para gente que tiene tiempo)

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– 4 puñados de lentejas de La Armuña

– Media cebolla

– Un pimiento

– Un tomate

– Un ajo

– Un vasito de vino blanco

Este receta necesita dos ingredientes imprescindibles y complicados de encontrar: uno, lentejas de La Armuña buenas de verdad, como las que se cultivan en Villaverde de Guareña y se cosechan y se criban y se dejan en el “asfixio” hasta que te apetece comerlas. De esas. Y el otro ingrediente imprescindible es el tiempo, mucho más difícil de encontrar aún que las lentejas, porque hacer algo a fuego lento implica tener horas para cocinar, y eso en la actualidad es como una locura, una pérdida, un imposible. Pero el que lo busca, lo encuentra.

Total que con las lentejas (metidas en agua al menos un día antes de ponerse a cocinar) y el tiempo va uno a la cocina y pone una olla al fuego. Echa dentro la cebolla, el pimiento, el ajo y el tomate y sofríe hasta que considere que está en su punto y entonces echa agua y luego deja caer las lentejas, así de sencillo. Remueves, tapas y te quedas cerca. Y cuando te apetece levantas la tapa y remueves y ves cómo se van haciendo. 40, 50 minutos, 1 hora, hora y media… tú te levantas, quitas la tapa y pruebas. Y así las veces que haga falta. Cuando veas que queda poca agua, añades el vasito de vino. Tapas y esperas. Y así todo el rato. Nada más. No es complicado cocinar un plato de lentejas a fuego lento, de verdad. Tan solo necesitas una buena materia prima, y tiempo.

A disfrutar.

Unamuniana

Ayer fui a ver la película “Mientras dure la guerra” de Alejandro Amenábar y me encantó. Me parece un título maravillosamente escogido para un pedacito de la Historia de España que viene a hablar de lo mismo que se habla siempre: medias verdades, fuerza contra inteligencia, la siempre presente picaresca, el posicionamiento obligatorio (o estás conmigo o contra mi). Yo políticamente me declaro UNAMUNIANA.

No solo porque admire a Don Miguel profundamente como autor sino por su defensa del diálogo y por su ejemplo – para algunos malinterpretado- de que en esta vida por encima de todo tenemos la capacidad de equivocarnos y de cambiar de opinión. Que no tenemos que ser siempre valientes aunque nos llamen cobardes. Y que siempre siempre podemos hablarlo.

Aunque el debate se haya centrado en la veracidad de las palabras pronunciadas durante el discurso del “Día de la Raza” o Día de la Hispanidad, en su sonado enfrentamiento con Millán Astray, la película va mucho más allá. Y dura mucho más de lo que duró la guerra. Muchísimo más. Hasta hoy mismo.

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No estuvimos ahí, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, ninguno de los que podemos disfrutar ahora de la recreación cinematográfica de Amenábar. Pero por las mismas calles por las que paseaba Unamuno, cabizcajo, ya mayor y apoyándose en su bastón mientras cavilaba, por esas mismas calles más de ochenta años después sigue levantando ampollas hablar del conflicto de vascos o catalanes, y la bandera sigue siendo un símbolo malinterpretado por unos y otros bandos y si, siguen existiendo bandos, y la posibilidad de que alguien se alce algún día con unos colores determinados de la mano y pegue cuatro voces para ser coreado, aun en medio de una sala de cine, existe. De hecho, ya ha pasado.

Es una película que debe verse con la amplitud de miras que nos da el sentirnos parte de un cambio, de una sociedad que crece y mira atrás para seguir escribiendo la Historia sin olvidarse de los errores que se cometieron. No para perpetuarlos.

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Como “dijo” Don Miguel de Unamuno, “…convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”. 

Retahílas populares

Ayer mi padre me sorprendió con un juego de versos que me llegó al alma, y le dije que lo iba a apuntar para que no se perdiera. Decía así:

Melimes y Melames

comieron un besugo.

Melimes la cabeza

y Melames el culo. 

Soy fan absoluta de todas estas palabras que compartimos cuando somos pequeños y que tienen dentro la Historia de un pueblo, de miles de abuelos y de miles de abuelos de abuelos. En ellas disfrutamos del puro placer de decir algo aunque no tenga sentido, ponernos a rifar ” a ver a quién le tca quedársela” mientras repetimos:

Un gato se tiró a un pozo

las tripas le hicieron gua.

Arremoto piti poto

arremoto pitipa

salvadito tú estás. 

Os prometo (creedme) que yo sigo usándolo para ver quién va a pedir a la barra de un bar cuando hay demasiada gente o quién se encarga de hacer una tarea que nade quiere. No me gustaría perder ni una sola de las palabras que me acompañaron durante muchas tardes de la infancia y me hicieron descubrir el mundo sin necesidad de que aquello que contaban fuera real.

Han puesto una librería

con los libros muy baratos

con los libros muy baratos.

Con un letrero que dice:

aqui se vende barato

aqui se vende barato. 

Muchas horas repitiendo esos ritmos mientras botabas una pelota o simplemente para pasar tiempo con amigos, para aprender a aburrirnos cuando nos tocaba quedarnos en casa.

Juan y pepinillo Cola Cao

nunca va a la escuela Cola Cao

Porque su maestra lo ha castigao

Cola Cao Cola Cao

Algunas, como está última, no las conoceréis seguro porque son invenciones de mi madre y sus hermanos. Esa es la cultura popular, la que va pasando de unos a otros convertida en juego, en emoción, en una retahíla para pasar el rato. No las perdáis nunca, ni las palabras ni la capacidad de reinventar el mundo con ellas.

Quédate

Quédate con quien te mire siempre como si te estuviera viendo por primera vez.

Quédate con el que te abraza sin que tengas que pedirlo, el que sabe qué necesitas con solo una mirada.

Quédate con el que te ve mal maquillada, despeinada, con ropa de andar por casa y aún así te dice “estás guapa” aunque no sea verdad porque él sabe que la sinceridad está sobrevalorada.

Quédate no con quien sea como tú sino con quien tenga lo que a ti te hace falta. Lo que necesitas para sentir que no sois iguales sino partes complementarias.

Quédate donde veas sonrisas, donde escuches palabras o dónde tú sientas que tienes que quedarte.

Quédate donde tú quieras, no dónde te diga nadie que lo hagas.

Un día en La Armuña

Esta mañana al levantarme fui a pasear y acabé en la selva, que resultó ser un maizal enorme.

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Después fuimos a comprar algo de comida a la tienda, que resultó ser la huerta, y nos salió todo gratis.

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Luego dormimos la siesta y llegamos a pensar que estábamos en un resort de cinco estrellas, pero era el jardín.

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Más tarde empezó a llover y parecía que se acababa el mundo. ¿Sabéis que era?  Nada más que una tormenta.

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Y después se marchó el sol y creíamos estar metidos en un catálogo de viajes a lugares paradisiacos, que resultó ser otro atardecer.

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Nos fuimos a dormir, no sin antes asegurarnos de que las sombras de unos seres extraños que aparecieron en el tejado no eran peligrosas. Eran gatos.

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Así son los días por aquí: sencillos, generosos, con muchas lecturas y poca complicación. Muy cercanos a lo que somos y no a lo que pretendemos ser. Muy de luz y emoción natural. Sin dobleces.