#SoydelOeste

Había una vez un barrio que estaba lleno de colores… y de hilos que unían a las personas, de cuentos que se escondían por todas partes, de gente bonita y amable, y de arte, MUCHO ARTE.

Un lujo poder ser parte de este barrio contando CUENTOS con Unpuntocurioso y disfrutando como espectadora de las obras de la 11 Galería Urbana

Bodas así

Qué bien lo pasamos ayer en la Boda de Fonso y Laura. Estuvimos 12 horas clavadas de celebración: desde que puse un pie fuera de mi casa hasta que volví, de 12 a 12. Y entre medias días, reencuentros, fotos bonitas, emoción, lugares especiales, comida deliciosa y baile, mucho baile. Había olvidado lo mucho que me gusta escuchar música y bailar, desde un pasadoble a Flying Free pasando por Camela y Chiquilla. En medio un montón de recuerdos y de momentos únicos vividos entre amigos. Fue uno de esos días que se te olvida que tienes móvil y que eres autónoma y que no piensas ni un segundo en el trabajo ni en preocupaciones. Uno de esos días para disfrutar. Así que millones de gracias Laura y Fonso, por hacerlo posible, por cuidar tanto los detalles, por ser tan disfrutones ¡y por casaros!!!

Las Merindades

Cuando hace unas semanas me surgió la oportunidad de trabajar unos días en Burgos, mi madre dijo que me acompañaba y así de paso conocíamos Las Merindades. Yo no había oido ese nombre nunca antes pero enseguida me puse a maquinar y nos quedó un itinerario precioso. Lo mejor del viaje, sin duda, ha sido la compañía. Lo segundo mejor, poder disfrutar del trabajo como una forma de acercarme a lugares que de otra manera igual no hubiera llegado a conocer. Y lo tercero mejor: lo que hemos conocido, el placer de explorar, descubrir entornos increíbles que están tan cerca que a veces nos olvidamos de que existen y encima tienen un valor patrimonial y natural tan grande, que merece la pena compartirlos. ¡Allá voy!

RUTA 1 POR LAS MERINDADES

Comenzamos en el Monasterio de Santa María de Rioseco, una abadía cirterciense abandonada que está siendo restaurada en la actualidad por un grupo de voluntarios. Es increíble percibir en ella el paso del tiempo y la vez, la inmensidad de lo que fue en sus inicios. Con este monasterio pasó lo que con muchos a lo largo de la Historia de España (aun tengo en la retina el estado del Monasterio de Piedra en Zaragoza): con la desamortización de Mendizabal fueron expropiados y vendidos a nobles que con el tiempo los echaron a perder. Después llegaron los vándalos, los saqueadores, los ladrones, y saquearon todo lo que estaba a su alcance, profanando incluso las tumbas. Ahora se puede visitar en un estado de recuperación pero merece la pena la reflexión paseando por sus ruinas que no debieronn serlo con el correcto cuidado.

Después llegamos hasta Puentedey, un bello pueblo enclavado sobre un puente de piedra que le da el nombre. No solo impresiona la foto sino lo caprichosa que puede ser la naturaleza o quizás la mano del hombre, uno no sabe ya bien en qué orden responsabilizar. Lo cierto es que es un escenario típicamente burgalés y que el paseo por sus calles, su Iglesia, el mirador y otras sorpresas, bien merece una hora de visita.

Luego decidimos regalarnos un poquito de turismo natural y nos pusimos tumbo hasta la Ruta de la Cascada de las Pisas, en el pequeño pueblo de Villabáscones de Valdebezana (tan pequeño que el coche hay que aparcarlo antes de atreverse a llegar). La ruta transcurre por un precioso hayedo que acompaña todo el trayecto hasta llegar a una zona de bajada que te deja justo a los pies de la cascada. Tuvimos suerte ¡tenía agua! Así que nos regalamos un ratito de relax escuchando el maravillosa sonido de la cascada.

Y terminamos el día en Espinosa de los Monteros donde, después de dar un paseo bajo la lluvia, decidimos tomar un café calentito y dejar para el próximo día el resto de sorpresas que teníamos señaladas en el itinerario.

RUTA 2 POR LAS MERINDADES

A las 10:30h estábamos puntuales en la Cueva de San Bernabé, porque intuíamos que habría bastante turismo y las bisitas guiadas masivas se disfrutan menos, asi que tuvimos suerte y llegamos al primer turno. Exploramos durante 40 minutos los secretos que el río Guareña ha ido horadando en forma de cuevas, y que los humanos hemos utilizado con diferentes finalidades a lo largo de los años: como despensa de grano, como nevero, como osario y las mas recientes generaciones como paredes para dejar grabado el típico «Marta y Alberto forever» que quedará como nuestro símbolo para futuras generaciones.

Nuestro siguiente punto en ruta era el pueblo de Frías y hay ya nos encontramos con una masa turística característica de las épocas vacaciones y de los lugares más conocidos. Aun así os recomiendo la visita a este pueblo tan singular, con un castillo casi en el aire, casas colgantes y una iglesia a la que se le cayó la torre. Un paseo para los sentidos.

Y después otro poquito de naturaleza: la cascada de Pedrosa de Tobalina. NO hay que caminar mas que los pasos imprescindibles desde que dejas el coche aparcado en la carretera hasta que bajas un sendero y ¡voila! Un pedacito del Niágara en la provincia burgalesa.

Después decidimos acercarnos hasta Oña, también muy recomendado en todas las guías, pero antes la curiosidad nos trajo un bonito regalo. Por el desfiladero de la Horadada un cartel nos anunció las Cuevas de los Portugueses. Paramos el coche en el arcén y descubrimos una «mini ciudad» en cuevas que data de la época visigoda y que permite trasladarse perfectamente a otra época. El nombre que recibe este conjunto escondido tiene que ver con el uso que unos trabajadores portugueses hicieron del entorno cuando en el siglo XX acudieron a la zona a realizar unos trabajos. De repente, las cuevas pasaron a ser su hogar y la Historia volvió a repetirse. Me encantó.

Oña nos gustó, pero no mucho mas que lo que habíamos visto unas horas antes, y nos permitimos descansar un poco allí, en su Jardín Secreto, en el que puedes disfrutar de la naturaleza acompañada por algunas piezas de arte contemporáneo.

Nos dejamos la última visita de la ruta, Medina de Pomar, para el día siguiente, y disfrutamos asi como broche de oro de una de las poblaciones más grandes de las Merindades con construcciones como el Castillo de los Velasco o el Monasterio de las Claras, de donde nos llevamos nuestro laurel bendecido, un detalle imprescindible para pasar un buen Domingo de Ramos.

Termina aquí nuestra visita por una región que aúna naturaleza y patrimonio, y que yo recomiendo visitar sin prisa, dejándose sorprender por los rincones ocultos menos accesibles al turismo y que permiten trasladarse a otra época, entender el origen de Castilla como «la tierra de los castillos» y disfrutar de unos días de tranquilidad y buena gastronomía por la provincia de Burgos.

Isabelino y Encarna

Isabelino y Encarna salían siempre a pasear, juntos. Antes elegían el camino largo, el de los pinares; después Encarna cambió el bastón por el andador y tuvieron que acortar el recorrido. Aún así, siempre paseaban juntos.

Un día decidí hacerles una fotografía para recordar ese instante y esa sensación. Y año tras año, una vez solo, les robaba ese momento tan bonito porque hacer fotos es capturar instantes y emociones. Me gustaba pensar al ver la foto que la vida era eso: un camino y una mano a la que agarrarse para poder recorrerlo.

Hoy hemos despedido a Encarna y en lugar de pena he sentido un orgullo increíble por haber podido compartir con ellos esos momentos robados. Ahora, serán bonitos recuerdos ♥️

El 🌊

Yo, que soy de La Armuña y adoro el inmenso amarillo del trigo y de la cebada, siento una conexión brutal con la orilla de cualquier mar. Decía Karen Blixen que ”la cura para todo tiene que ver con el agua salada: sudor, lágrimas o el mar” y lo siento así. Trabajo mucho muchísimo para que las cosas salgan bien. Muy pocas cosas me resultan fáciles y sé que la suerte no existe, solo es trabajo, trabajo y trabajo. Cuando después de esforzarme no lo consigo, lloro. Porque es la única manera que tengo de dejarme caer, abrir todo lo que llevo dentro y no sé sacar hasta que se convierte en lágrimas. Y después siempre encuentro la manera de curarme cerca del mar. Respirar la brisa y dejar que las olas mezcan lo que llevo en la cabeza hasta que quede ordenado de nuevo. Y luego vuelvo a empezar. Siempre.

(Costa Quebrada, Cantabria)

Leones en el jardín

Cualquiera que vea un cuadro de Isabel Villar lo reconocerá al instante. Y es muy difícil en un mundo como el que vivimos ser capaz de mantener un estilo propio, pero ella lo he conseguido por una sencilla razón: pinta lo que quiere y lo hace como quiere.


Algunos dicen que es naif, otros la reconocen como feminista y lo cierto es que pinta con un estilo tan personal, tan onírico y tan propio que no merece la pena encuadrarlo, solo disfrutarlo.

Si queréis saber de lo que hablo antes de acercaros a ver su exposición en el Domus Artium en Salamanca, podéis pararos delante de alguna de las marquesinas con el cartel que la anuncia, y dejaros atrapar por la fuerza de la mujer desnuda que lo protagoniza, sentada al lado de un manso león y ambos dándole la vuelta desde su quietud a todo lo que nos rodea. Una utopia tranquila y llena de color donde no hay amenaza ni conflicto. Solo millones de posibilidades.

Creo que nos hace mucha falta Isabel Villar ahora, y me alegro de que esta exposición haya podido inaugurarla ella, a sus 87 años, y así disfrutar del reconocimiento de su propia tierra de la que es referencia artística imprescindible.

No dejéis a acercaros a ver ”Leones en el jardín”, de verdad, para descubrir un arte ingenuo, puro, tranquilo y a la vez tan lleno de color y de fuerza que no os dejará indiferente.

Qué bonito, Andrés

Que alguien se atreva a cantarnos y a contarnos lo bonito que es esto, el solo hecho de estar, aunque sea con mascarilla; de encender el teléfono movil para dar luz a una canción; de recordar lo malo que nos pasó para no olvidar que fue real y que tenemos que cuidarnos; de seguir; de poder vernos y emocionarnos; de mirarnos a los ojos y llorar y reírnos contigo y con tus canciones.

Qué bonito, Andrés Suarez, siempre
Y qué importante, hermanita ♥️

Brindemos por lo que sí conseguimos

Son momentos para celebrar, en la medida de la posible, los logros que hemos conquistado. Algunos pensarán en la vacuna; otros en el momento en el que pudieron reabrir sus negocios; algunos en la forma en la que la vida les obligó a organizar sus prioridades; muchos aprendieron a cuidarse mucho para poder cuidar a sus seres queridos.

Lo cierto es que todos hemos conseguido algo. Y estamos aquí para poder seguir celebrándolo. Decía Saramago que «somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos» y, para todos los que sentimos que lo estamos haciendo bien, vaya este humilde homenaje en forma de palabras. 

Gracias, gracias por seguir adelante en tiempos complicados. Por brindar por lo que sí conseguimos y no por todo (aunque fuera mucho) lo que perdimos en el camino. Gracias por pedirle al año nuevo más tiempo para seguir pidiendo deseos. El mundo ha cambiado. Nosotros cambiamos con él pero no perdemos nada solo necesitamos adaptarnos y seguir ganando. Creatividad, ilusión, empatía, resiliencia, confianza, cuidado, brindemos juntos por todas estas palabras que nos ayudarán sin duda a seguir cumpliendo sueños.

¿Has visto alguna vez una ineptitud?

 —¿Has visto alguna vez una Ineptitud? —preguntó el Gato de Cheshire con la brusquedad que lo caracterizaba.
    —Una de verdad nunca —dijo Alicia—. ¿Tenéis alguna por aquí?
    —Algunas —respondió el Gato lacónicamente—. Ahí está, por ejemplo, el ejemplar más perfecto que tenemos —añadió contrayendo las pupilas para fijar la mirada a la distancia adecuada.
    Alicia siguió la dirección de su mirada y entonces reparó en una figura sentada en una postura bastante incomoda sobre nada en concreto. No tuvo tiempo de preguntarse cómo lo lograba, porque se entretuvo examinando el aspecto de la criatura, una mezcla de signo de interrogación y algo semejante a un alca, y que parecía haber intentado mejorar su descuidado plumaje dandole una capa de cal.
    —¡Menudo desastre está hecha! —observó Alicia tras contemplarla durante unos instantes en silencio—. ¿Qué es? ¿Y por qué está ahí?
    —No significa nada —contestó el gato—, sólo es.
    —¿Habla? —preguntó Alicia con expectación.
    —No sabe hacer otra cosa —soltó el gato con una risita.
    —¿Podrías decirme qué hace aquí? —preguntó Alicia de forma educada.
    La Ineptitud sacudió la cabeza con un ademán de disculpa y dijo arrastrando las palabras:
    —No tengo ni idea.
    —Nunca tiene ninguna —interrumpió groseramente el Gato de Cheshire—, aunque en sus momentos de ocio —y Alicia pensó que seguramente disponía de muchos—, cuando no está jugando con una pelota de gutapercha, desentraña los fundamentos de aquello en lo que la gente cree… o de aquello en lo que no cree, ya no me acuerdo.
    —La verdad es que no importa —dijo la Ineptitud con lánguido interés.