Necesito parar

He pasado unos días increíbles en Casablanca: primero trabajando con Soraya para el Instituto Cervantes en el SIEL y luego recorriendo la ciudad casi sin parar ni un momento, mientras hablábamos mucho sobre todo lo que hacemos cada día, qué significa nuestra empresa y cómo la gestionamos a nivel personal y profesional. Nos encanta nuestro trabajo pero le ponemos tanto de nosotras mismas que nos está afectando demasiado a nivel personal. Y yo necesito parar.
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Porque voy corriendo a todas partes: a la sala de embarque, al stand, a las Twins, al hotel, a leer el correo, a contestar asuntos que no sé si son prioritarios o no, a comprobar la agenda una y otra vez, a estar disponible siempre y dispuesta a dar respuestas que a veces ni tengo. Y llega la hora de dormir y me sigue durando este ritmo frenético. A nivel personal me tiene agotada ni saber qué necesito ni que parte sigo siendo yo: la que habla a veces con retranca, que disfruta tomando una copa de vino o dos con tranquilidad, que quiere vivir sin ansiedad y sin angustia. A nivel profesional no sé cómo hacerlo mejor porque no puedo dar más.

Y así compartiendo esto se nos han pasado los tres días en una ciudad de contrastes, como nosotras mismas. Que te da lo mejor y lo peor que tiene y no para nunca. Así es Casablanca.
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Yo vuelvo con ganas de parar. Y creo que el primer paso es este: reconocerlo, pedir ayuda, decir bien alto que no puedo más y que para aprender a hacer las cosas de otra manera necesito mi tiempo. Minutos para no pensar, para ir a la peluquería o simplemente dar un paseo. Horas leyendo sin más, sin tareas por hacer, sin que el libro sirva para algo -una actividad, una propuesta-, por el simple placer de leer. Pasar tiempo con la gente, cuidarla, no ser la que nunca está libre para quedar o siempre se queja por estar cansada. Quiero eso, de verdad. Lo necesito. Necesito parar. 

Lección de vida y muerte en 10 segundos

En la entrada del hospital coincide un paciente oncológico con un joven que ha intentado suicidarse al que llevan con urgencia en camilla.

Entonces el paciente le dice a la enfermera que está a su lado:

-Yo estoy aquí porque tengo miedo a la muerte. Ese chico está aquí porque tiene miedo a la vida. No, el cáncer no es lo peor que nos puede pasar…

Tremenda lección de vida y de muerte en 10 segundos.

(visto en Twitter)

Los jóvenes de Salamanca no quieren ser autónomos

Dice La Gaceta de Salamanca que “los jóvenes no quieren ser autónomos” pero no hablan con propiedad: no es que no queramos, es que no nos dejan. A ver quién se hace autónomo en una ciudad que no para de perder población y donde lo tradicional gana por goleada frente a la innovación. Quién es el listo que factura pagos a seis meses, asume los tramos de IVA correspondientes aún sin liquidez y por más ayudas que pide no para de ver cómo se congelan las subvenciones o bonificaciones o simplemente ni aparecen. Porque los autónomos de esta ciudad luchamos constantemente sin apoyo por hacernos un hueco entre las empresas grandes y nadie, absolutamente nadie, nos lo pone fácil.

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Podemos seguir, si queréis: alquileres desorbitados de locales en una ciudad hecha para “los de fuera” que nadie supervisa ni regula; ausencia de una red sólida de colaboración entre empresas o  profesionales ni siquiera de información por parte de las instituciones; una universidad con mucho nombre que se ha  quedado anclada en el pasado y sigue enseñando a memorizar, pasar apuntes, aprobar exámenes sin dotar de herramientas útiles para incentivar el emprendimiento o la creatividad.

Amigos de La Gaceta: lo nuestro no es precariedad, es un auténtico calvario… Así que si queréis un titular deberíais cambiarlo porque a los jóvenes autónomos de Salamanca no nos gusta que nos engañen, que ya lo han hecho durante años.

Sitios bonitos de la provincia de Burgos

La biblioteca de Aranda de Duero, un espacio mágico en pleno centro que permite llenar de cultura los ojos de los lectores más pequeños; el desfiladero de Yecla (al lado de Santo Domingo de Silos), claustrofóbico pero impresionante; la ruta literaria del poeta José Zorrilla en Lerma; y el pueblo medieval- castellano de Terrotorio Artlanza en Quintanilla del Agua.

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A veces no hay que ir muy lejos para descubrir rincones de cuento. Solo necesitas encontrar el tiempo para disfrutarlos. Es entonces cuando un día de trabajo se convierte también en el inicio de una aventura, y volver pronto no es una opción, la mejor es disfrutar del trayecto.

El tesorero

Pongamos que os llaman un día desde el Ayuntamiento de una ciudad ficticia, llamémosla Zalamanca. Os llaman un día y al descolgar el teléfono una voz profunda y oscura os dice (silencio tenso):

– Soy el TESORERO.

Echaos a temblar porque no va a traer nada nuevo esa llamada. Voy más allá: imaginaos que el tesorero del Ayuntamiento de Zalamanca insiste en que no quiere pagaros una factura porque, según sus palabras:

– Esto no está bien. Usted ha sido contratada para realizar una actividad profesional y no es una profesional.

Y tú piensas que te está insultando hasta que caes en la cuenta de que no se refiere a ti como persona sino a tu epígrafe del IAE. Y te calmas un poco pero el tesorero amenaza con no pagarte y entonces como no sabes por dónde salir por más que te explicas y te explicas acabas diciendo absurdeces:

– Pero si los cuentos eran buenos! Además que había mucha gente! Lo hice porque lo dijo mi gestor!

Y él que no entiende lo que dices ni quiere escuchar nada se defiende donde duele:

– Pues voy a llamar a Hacienda a ver qué opina.

Y tú te enfadas y le dices amablemente que llame a quien quiera – en serio- y que te cuente pero por dentro estás temblando porque oyes ese nombre y te caes para atrás.

Total que llamas a tu gestor y te dice que no te preocupes y que tú has hecho las cosas bien y que qué le pasa a ese hombre y estás más tranquila cuando te llama por la otra línea y al descolgar pues te cuenta que Hacienda piensa lo mismito que él y que no te va a pagar.

Y cuando estás a punto de saltar se te ocurre decirle:

– Mire, si no le importa me dice su nombre y un teléfono al que le puedan llamar mis gestores porque creo que se va a entender mejor con ellos.

Y entonces te suelta:

– Que me llamen a este teléfono, y pregunten por mi, por el Tesorero.

Y ahí ya no sabes qué pensar, joder, le tienes que caer fatal porque no es capaz de decirte ni el nombre, si los cuentos eran buenos, tan poco profesional le ha parecido esto al Tesorero? Tan enfadado está porque no encuentra suficientemente serio tú epígrafe de Hacienda? Tan difícil es entender que contar cuentos es también trabajar? 

La historia termina bien.

Termina bien porque cuando te cansas del sistema tienes que ir contra él y ponerle mucho humor así que al día siguiente te plantas en el Ayuntamiento y preguntas por el “Tesorero” con mayúsculas y descubres que tiene nombre y que se queda blanco cuando pasas a su despacho y le sonríes y le dices con mucha tranquilidad que has ido personalmente a visitarle porque no entendías bien sus argumentos y has dormido mal y cada uno de estos pequeños contratiempos para un pequeño emprendedor como tú, a la vez empresario y a la vez profesional, son un gran impedimento para poder seguir hacia adelante. Y ya no sabes si es por el rollo que le estás soltando con una sonrisa en la boca o porque no tiene tiempo para perderlo escuchando tus incongruencias o quizás porque no te esperaba y menos en persona cuando todo el mundo grita por teléfono o insulta por correo y vas tú allí a su despacho y le sonríes mucho, muchísimo, y le dices que te lo explique con calma porque quieres hacer las cosas bien, siempre bien.

Y es entonces cuando te dice que está todo arreglado y que no habrá más malos entendidos y sales de ahí como si fueras una auténtica… profesional.

Sábado de vueltas

La vida da muchas vueltas. Y tú también con ellas, a no ser que te quedes parado, entonces no vuelve nada. Porque no hay posibilidad alguna de que si no te mueves algo vuelva.

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Y si lo que necesitas es recuperar algo de energía el mejor plan es moverte y dejar que te contagie. Por eso hoy sin ningún plan nos subimos a un coche, mi hermana y yo, con la idea de pasar una tarde bonita. Terminamos comiendo un menú delicioso en el restaurante de “El molino de Tiedra” (muy recomendable) y visitando el castillo del pueblo.

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Después nos acercamos hasta Urueña, la Villa del Libro. Y allí me di cuenta de que la vida da vueltas porque yo ya había estado allí, y cada vez fui una persona distinta. No que fuera con una persona distinta sino que cada vez que vuelvo no soy la misma. Y me gusta pensar que este cambio es la vida. Pura vida.
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Hoy he disfrutado un montón haber vuelto con mi hermana, con su tranquilidad y su compañía. He regresado con una sonrisa y también con seis libros nuevos, pero es que en ciertos aspectos seguiré siendo siempre la misma:-)