el sábado salí de fiesta con una china.
me obligó a ir a su supermercado, uno que tiene en la avenida de portugal, y allí me confesó que debajo de la barra escondía alcohol cervezas y tabaco, aunque es ilegal. yo le dije que no se lo diría a nadie. encima de mi silencio, me vi obligada a comprarle unas golosinas que debieron importar en el siglo catorce, y me dejaorn durante toda la noche las mansíbulas destrozadas. la china decía que eran buenas porque al estar tan duras, en lugar de diez me comía una y así me duraban más.
la china me llevó de fiesta a un sitio muy extraño. se llamaba underground y estaba bajo tierra. ese bar no ha visto una escoba lo menos en toda mi existencia. pero me gustó. cantaban rap porque había un festival de esos de micro abierto. yo iba a cantar pero entre que no sé y que no llevaba gorra no me decidía. al final optamos por la clásica cerveza que te permite otear a sorbos, y listo.
luego yo iba a llevarla a ella a un bar de poperos pero sólo había tios, y miraban fijamente a un punto donde estaba cantado que tenía que haber una tele, aunque no había ninguna. asi que fuimos donde siempre.
más tarde la china me llevó a otro de sus sitios, que estaba un poco vacio, pero oye, la gente fumaba los cigarritos esos de la risa tan cargados que me estaba entrando una modorra sólo del humo que no te quiero ni contar.
nos despejamos en otro bar de los de siempre. allí sumado al sentido de la vista (que lo perdimos por el humo de los canutillos), al del gusto (que lo perdimos por las golosinas del cretácico), al del tacto (que yo personalmente lo perdi con mis sandalias matadoras), pues allí perdimos el del oído (no sé si es que estábamos sensibles o es que tienen alguna clase de acuerdo con los de gaes, pero la música estaba excesivamente alta)

y cómo solo nos quedaba ya el sentido del olfato, pues la china y yo nos fuimos al sitio donde mejor huele de toda salamanca. si, a ese. y vaya rabia porque no había nadie y misteriosamente olía bien. asi que tomamos nuestra cuarta o quinta cerveza, ya no recuerdo bien, le agradecimos a los cajeros y a los límites de las tarjetas de crédito el que nos obligaran a pasar una noche de ocio tan barata y nos subimos para casita.
ole, ole y ole.



la historia del rap es un ejemplo clarificador de esta evolución. más medios para cantar, más golpes sobre los que protestar.

