Cosas que se necesitan en la vida

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Cosas que se necesitan en la vida:

un poquito de sol,

un poquito de viento.

Un poquito de ciudad,

un poquito de pueblo.

Un poquito de salud,

un poquito de locura.

Unos poquitos de amigos,

otros tantos de familia.

Un poquito de noche,

y un poquito de día.

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Verano 2018

Igual no ha sido mi mejor verano. A lo mejor la culpa la he tenido yo, que no he sabido ver lo bueno de todo lo que me rodeaba y me centraba en lo que no andaba bien. Puede ser que cada rechazo fuera compensado por tres abrazos y paseos por lugares especiales, pero no lo supe ver. Y aún así, creo que es una de los veranos mas necesarios de mi vida, uno de esos que te llevan abajo del todo para, al final, dejar caer una cuerda y decirte “¿sabes quién te metió aquí? Fuiste tu misma, así que ¿a qué esperas para salir?” 

Y he cogido la cuerda y aquí estoy, de nuevo, recordando solo los momentos buenos: el último día de la biblioteca del Campo de San Francisco y esa avalancha de abrazos y palabras bonitas; las tardes de rummy en familia; la Despedida de Silvia en Figueira; y luego una boda bonita y sentida; ver atardecer al lado de Andrés en El Algarve; los paseos en bici con mi prima y las sesiones de fotos nada “random”; merendar en Fuentelateja, como todos los años; salir con la bici por los mismos caminos y acabar descubriendo alguno nuevo; mi disfraz de criada, más elaborado que la primera vez; ver crecer a mi gato después de pensar que se nos iba, y recuperarlo; cenar en el Rivas; y ayer mismo, notar el cariño de tanta gente bonita que me quiere, y también está a mi lado: María, Carmen, Soraya en la distancia, mis padres, Cruci, Rosa, Andrés; pero el mejor momento… shhhhh, no se lo digáis a nadie… el mejor momento fue un baile improvisado a la puerta de la peña, mientras empezaba a llover, cuando comenzó a sonar una bachata y nos dio igual la lluvia y que fuera Domingo y que hubieran pasado tantas cosas… Ese fue, sin duda, el mejor momento de mi verano.

 

Día Internacional del gato

Yo nunca he tenido gato, bueno, solo una vez, al principio del todo, cuando aún vivía mi abuela y le metimos en casa a Gati, que ronroneaba por las noches y así toda la casa descubría que dormía escondida entre las mantas.

Después llegó Piper pero se fue mi abuela y también se acabó marchando él, y con él los saltos en los sillones orejeros que te daban unos sustos terribles en las cenas.

Pasó el tiempo y nunca más tuvimos gatos, pero llegaron gatos nuevos. Los felinos son así: aparecen cuando menos te lo esperas y te adoptan, ellos, mientras deciden cuando vienen y cuando van con total libertad. El gato que mejor nos adoptó fue Rayitas, y le cogimos tanto cariño que sufrimos mucho cada una de las siete vidas que casi perdió la vida. Pero era popular y resistió. Hasta que una primavera nos fue abandonando lentamente, ronroneando entre nuestras piernas mientras se despedía con mucha pena. Con Rayitas aprendimos que los gatos, si van a morir, se alejen mucho del lugar donde les quieren, para no sufrir y hacer sufrir.

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Después de su marcha nos enteremos de que había dejado familia, y fue así como nos adoptó Doro, un gato pelirrojo con rayas digno hijo de su padre. Antes de comer ya casi sabía ronronear, y las jeringuillas con leche que le daba mi hermana cada ocho horas sirvieron para demostrarle que siempre que necesitará algo de comer o de achuchar, allí íbamos a estar.

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Un día a Doro le salieron dos hijas, preciosas, siamesas y morriñosas. Las llamamos Nata y Nube y, si bien a la primera la costaba un poco más socializar, a la segunda le gustaba hasta jugar al rummy, dormir en la hamaca, comer pâté… Habíamos decidido casi adoptarlas cuando empezaron a desaparecer. Primero fue Nata y a los dos meses Nube. Y nunca volvimos a saber nada de ellas.

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Este año ha llegado a casa Modi, de Modogliani. No sabemos si es un gato o es un artista porque salta y ronronea y maúlla y vuelve a saltar y luego lo hace todo a la vez. Le estamos cogiendo cariño, aunque nos usurpe el sofá y no nos deje dormir. Pero estamos pensando en adoptarlo.

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Y eso que nosotros nunca nunca hemos tenido gato.

Nueva gama de colores Armuña Pantone

La primavera nos permite disfrutar de colores especialmente intensos y gracias a la tecnología, ¡podemos hasta ponerles nombre|Os invito a disfrutar del buscador de colores de PANTONE disponible en este enlace y a jugar con la naturaleza. Aquí están los mios 🙂

Amarillo Colza Pantone 107 C

Amarillo Colza Pantone 107 C

Azul Cielo Primavera Pantone 2173 C

Azul Cielo Primavera Pantone 2173 C

Camino Pantone 2011 U

Camino Pantone 2011 U

Verde Cebada Pantone 10308 C

Verde Cebada Pantone 10308 C