Con las ganas (Zahara)

Hoy la cantan en la televisión en un programa musical, y supongo que es como vanalizar algo que te ha tocado mucho por dentro. Lo harán bien, seguro, pero tendrían que llorar mucho por dentro para ser capaces de sentir una mínima parte de su sufrimiento. No es una canción de amor, es música y letra para un lamento.

Me recuerdo a mí misma en un tren, en Londres, apoyada en la ventanilla, sin saber exactamente dónde iba, llorando, sola,  y escuchando en bucle esta canción. Estaba triste y escucharla me ponía mas triste todavía, pero así somos los humanos: frágiles, flojos, inclinados al sufrimiento gratuito. Solo al sentir los primeros acordes mi cabeza ya sabe que recordar. Y me gusta recordarlo porque sufrir nos hace más humanos.

Un día le pregunté a Zahara después de un concierto por qué nunca la cantaba en directo. Y su respuesta fue simplemente que “no podía”. Justo yo necesitaba escucharla cuando ella no podía cantarla. Y ahora ya no la escucho y ella la canta. Qué curiosas, somos las personas. Tan frágiles, tan sentidas, tan olvidadizas…

 

 

Mi estantería

Hace poco me he cambiado de casa y después de un tiempo, mirando estos meses con perspectiva, me da la sensación de que mis años de vida se van convirtiendo en libros, cajas, juegos y tecnología. Por este orden.

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Los libros porque me han acompañado desde muy pequeña, yo crezco con ellos, y ellos crecen conmigo. Son mi tesoro particular, hay algunos que tengo desde que era niña, otros, para niños también, los he comprado hace unos días. Leo literatura juvenil, narrativa actual, poesía… Me encanta leer, y con ellos es muy difícil sentirse sola o perdida.

Las cajas porque creo que son la forma más útil de almacenar recuerdos o proyectos. Los dos igual de importantes. Tengo una caja para coser los descosidos, otra llena de materiales para hacer mis propios libros. Otra en la que guarda cables que no utilizo pero seguro que algún día necesito. Y otras que simplemente se van vacías, de momento, a la espera de otra idea o proyecto.

Los juegos porque tenemos que seguir jugando siempre, solos o con amigos. Nos mantienen despierto y son divertidos, ¿qué mas se puede pedir? Algunos están hechos a mano, otros también son libros. Hay de mil tipos, nuevos y antiguos, pero todos necesarios.

La tecnología porque no queda otro remedio. Siempre he dicho que aunque no se pueda tocar, aunque ocupe poco espacio, la necesitamos para estar al día, para facilitar un montón de cosas de nuestra rutina. Aún asi, rodeados de móviles, portátiles y tabletas, siempre me viene a la mente una frase que dice “la tecnología nos ha hecho más prácticos pero nos ha robado al ilusión”.

En los huecos que quedan pongo cosas que me gustan porque si. Un despertador viejo que encontré en casa mi abuela; el álbum de fotos de todo lo bonito; la cámara y el tiempo para inmortalizar momentos; documentos importantes, porque nunca se sabe.

Y entre todos ellos aire. Mucho aire.

 

Germano Zullo & Albertine

Germano Zullo es autor. Albertine es ilustradora. A su vez, son marido y mujer. Y esta complementariedad personal se ve tan bien reflejada en sus libros ilustrados que para mi son auténticas obras de arte. Sus creaciones, que abordan desde un día en la playa hasta la construcción de un rascacielos pasando por los ratos sinsentido que pasamos delante de la televisión o el vuelo de los pájaros, son auténticos catálogos de sensaciones y crecimientos que de una u otra manera las personas abordamos, sufrimos, y superamos.

En esta interesante entrevista recogida en Picturebook Makers, Germano afirma que desde que él y Albertine se conocieron en 1992 han intentado plasmar en todo lo que hacen el diálogo. Y tienen razón, estamos tan consumidos por el ego y los monólogos que nos rodean que una apuesta por el diálogo es también un alegato a la imaginación, a la conversación que mantienen el texto y la imagen en un libro; el autor y la ilustradora que lo idean, y el lector y la obra que la disfruta y la recrea al leerla.

Os recomiendo encarecidamente que los localicéis en alguna librería o biblioteca y que dialoguéis con lo que os quieren contar. Además, ejemplificando a la perfección el papel que la tecnología tiene actualmente en nuestras vidas- un recurso complementario- podéis disfrutar de dos de sus obras: Los pájaros y Rascacielos, ambas editadas por Libros del Zorro Rojo, en formato digital a través de Vimeo y Youtube.

 

La historia que no vais a poder encontrar, y es una pena, es “Mi pequeño”, en versión original ” Mon tout petit”, una obra maestra que encantará a pequeños y mayores por su delicadez, la sencillez del trazo y los sentimientos desbordantes que despierta su manera de explicar el proceso del crecimiento, del amor, de la vida, de lo que el lector que la disfruta quiera dialogar con ella. Una auténtica delicia de la que , al menos, podemos disfrutar un pedacito gracias a esta sencilla animación:

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Gracias, Germano Zullo y Albertine.

E o resto que venha se vier, ou tiver que vir, ou não venha

30 años dan para mucho pero como dice Pessoa “quiero mirar al frente y solo lo necesario hacia atrás (…) sin tristeza” así que ahora es el momento de volver a empezar y aceptar los cambios con valentía. Queremos “más” de todo, y aunque sea en distintas partes del mundo, lo vamos a tener: más alegría, más conciertos, más baloncesto, más libros, más exposiciones, más cafés, más fiestas, más trabajo, más viajes,más días de playa, más fuegos artificiales, más amor, más sol, más días de campo, más risas y sonrisas… ¡Y el resto que venga si tiene que venir, o no!

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GRACIAS MM:-)

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los hospitales me hacen vulnerable. supongo que le pasa a todo el mundo, pero hay veces que se te juntan muchas cosas: los recuerdos de una operación que no fue nada, el apoyo incondicional de una persona que acababa de conocer, el cambio obligado de planes con condicionantes de futuro…

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y hoy, cuando se preveía marejada por el aluvión de recuerdos sumado a un tenso motín fundacional previo, hoy le han dado una bata a  mi padre que le quedaba tres tallas pequeñas; más tarde el hermano del alcalde, su compañero de habitación, me ha robado la coure; luego, cuando bajaba hasta la planta de quirófano, he tenido que enseñarle a una señora gitana cómo funcionaba el ascensor (purqueyo estosaparatosmodernosnilosentiendo, guapa); y por último, después de saber que todo había salido bien, he escapado a la caza y captura de Balbina, la madre de los de h70, una anónima convecina de Villaverde ingresada en la 624.

hay que darle vueltas a la vida,

intentado no sacarle lágrimas,

sino sonrisas. 

lo que quiero ahora

(hace tiempo mi madre me trajo a casa este artículo impreso. desde entonces lleva vagando por las estanterías, mesas bajas y revisteros, siendo releído con cada cambio de situación. unos días atrás mi hermana descubrió las mismas palabras en Internet, por un asunto personal, y creo que es momento de dejarlas aquí plasmadas para ue os rodeen también a vosotros)

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Ángeles Caso