De viaje por Sicilia: 2000 kilómetros en una semana

Dicen que Sicilia está de moda, quizás por eso todo el mundo tiene a algún conocido que ha ido o irá a la isla. Vosotros me tenéis a mi, y aquí va mi crónica de una semana en tierras Sicilianas. Ya sabéis que mis rutas no son las más tradicionales del mundo pero yo las comparto, por si hay por ahí algún ser raro o curioso que quiera viajar un poco más por libre y descubrir la otra parte de la foto que todo el mundo sube pero nadie explica.

Al contrario de lo que recomiendan (dormir en distintas ciudades para poder ver la isla en ruta) nosotros reservamos un hotel cerca de Palermo, el Domina Bay Zagarella, y después de recoger el coche alquilado en el aeropuerto nos pusimos rumbo alli. Un hotelazo, nada más llegar nos colocaron la pulsera y nos tembló un poco el pulso, ¿y si nos recluíamos allí toda la semana? Piscina, acceso directo al mar, Pool Bar… Pero después de pasar allí unas horas se nos quitó el gusanillo.

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Nuestras vacaciones tenian que ser extenuantes, teníamos un coche al que hacerle el rodaje y un montón de kilómetros por delante que recorrer, de lugares bonitos por explorar y de spaguettis con almejas por disfrutar. Así que dormimos bien y así empezó el viaje.

DÍA 1: Castellamare do Golfo, Scopello y Trapani

No madrugamos mucho, para qué os vamos a engañar, pero escogimos lugares bonitos que nos permitieran conocer el Oeste de la isla y además darnos un bañito. La primera parada fue Castellamare do Golfo, llamado así por que tiene casi un castillo en el mar y está en un Golfo. Fin. Es un pueblo bonito, si, pero no tiene mucho más. Su playa es normalita y lo mejor casi las vistas desde la carretera cuando prosigues el camino.

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La siguiente parada fue Scopiello, un pueblo muy pequeño que nos enseñó la primera lección: aparcar el coche en Sicilia siempre cuestas dinero. Lo dejamos en el parking de la entrada y disfrutamos de sus cuatro callecitas antes de bajar a la playa. Comimos en el Vincent Bar en una esquina súper coqueta donde todos los turistas pedían Pani Cunzatu (un bocadillo con tomate, anchoas, queso y aceite) y de postre un Canolo (tubito de masa enrollado con ricotta dentro) que nos sirvió para todo el viaje. No más canoli. No somos de dulce. Después para bajar a la playa cogimos un atajo y llegamos a la Tonnara de Scopiello, una antigua atunera reconvertida en playa a la que puedes acceder por cuatro euros. Las vistas son muy bonitas pero… el contraste de las fotos antiguas del lugar todo lleno de pequeños barcos pesqueros y trabajadores con los yates y barcos de recreo que ocupaban ahora su lugar… da que pensar, la verdad.

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Cogimos de nuevo el coche y después de dos bañitos llegamos a Trapani a media tarde, tiempo suficiente para ver un precioso atardecer y pasear por sus dos calles centrales, Via Garibaldi con sus palacios barrocos o Via Vittorio Emanuele con su recorrido de iglesias. Después de un día intenso pusimos rumbo a Palermo y nos dimos cuenta de que habría que alternar entre ajetreo y descanso, que para eso estábamos de vacaciones.

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Consejo del día: es imposible verlo todo, así que acorta itinerarios y disfruta del viaje 🙂

Banda sonora del día:

Día 2: Agrigento, la Scala dei Turqui y Poggioreale Vecchia

Aunque nos recetamos descanso al día siguiente nos levantamos con ganas y pusimos rumbo al Sur, a descubrir las maravillas de Agrigento. Aquí me vais a permitir un inciso, y es que aunque todo el mundo diga que en Sicilia se conduce fatal y que las carreteras son malas… es todavía mucho peor que eso. A no ser que vayas por autoestrada o autovia, conducir por sus nacionales o comarcal es es un infierno, y ya ni te cuento si encima están en obras y cada dos por tres te cortan carriles, te obligan a cambiarte a al otro lado o vas en caravana con cinco camiones. La parte positiva es que te da tiempo a admirar el paisaje y que que lgente que vaya a la isla dentro de diez años va a disfrutar de unos carreterones de impresión. La negativa es el resto.

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Llegamos a Agrigento y tardamos tanto que yo creo que en El Valle de los Templos se habían caído algunas piedras más. Aún así pagamos nuestra entrada, hicimos nuestras fotos y disfrutamos con la historia de los dioses de antes que tenían tanto ingenio y ganas de perdurar en el tiempo que sus construcciones llegan hasta nuestros días. Hagamos unos segundos de reflexión, imaginando qué estamos dejando nosotros con Historia y calidad para dentro de unos cientos de años…

 

Me lo temía. Sigamos pues, con el viaje. Nos pusimos rumbo a la Scala dei Turquía, una palYa con rocas blancas también muy mencionada en las guías. Antes hicimos una paradita  para degustar spaguetti con almejas y gnochis a la Siciliana en la Pizzería Mediterráneo, y los dos platos estaban buenísimos. Cuando llegamos a la playa volvimos a repetir el mecanismo, coche en el parking y acceder al lugar siguiente a una marabunta de turistas.

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Al llegar hicimos la foto y nos dimos un baño, planteándonos seriamente si no habría lugares en Sicilia menos transitados que los que intentábamos disfrutar. En el camino de vuelta nos negamos a sufrir la misma carretera así que decidimos dar un pequeño rodeo y fue así como llegamos a Poggioreale Vecchia.

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Este lugar es mágico y yo mandaría a todos los turistas a que pasaran por allí. Era un pueblo normal y corriente hasta que en 1968 un terremoto lo arrasó y todos sus vecinos tuvieron que abandonarlo. Desde entonces, quedó como un pueblo fantasma y aunque ahora mismo está cerrado a los visitantes siempre hay un camino por el que acceder si se quiere visitar (concretamente el que sale por detrás De la Iglesia hasta la carretera de arriba). Es increíble cómo te puede cambiar la perspectiva una historia como esta en medio de todo el turisteo y de coches por tres carriles que no existen o parkings gratuitos que se hacen de pago. Nosotros llegamos ya casi de noche pero de verdad merece la pena acudir con todo el respeto del mundo y hacer una foto que recuerde que un país, por muchas luces que tenga, también tiene sus sombras.

Consejo del día: si construyes algo utiliza buenos materiales y preocúpate bien de los cimientos.

Banda sonora del día:

Día 3: Cefalù

Amanecimos con tranquilidad y decidimos pasar la mañana en las hamacas a pie del mar del hotel. Es un tratamiento para vacaciones que recomiendo a todo el mundo 🙂

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Con las pilas cargadas decidimos comenzar la exploración del Este de la isla y fuimos hasta Cefalù, un pueblo pequeñito y muy recomendado en todas las guías. Merece la pena, la verdad, por sus calles y por la puesta de sol sobre la roca, además del Pantocrator que se esconde en su catedral, pero las playas son arena de otro costal. Al ser tan turístico o pagas tú hamaca o te arriesgas a dormirte la siesta en tu toalla y despertar abrazado al que tienes al lado. En hora punta no hay hueco ni para apoyar la sandalia. Aún así, no dudéis ni por un momento que conseguimos encontrar hueco, darnos un baño y dormir un rato 🙂 Después disfrutamos de la puesta de sol y nos sentimos muuuy afortunados.

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Consejo del día: hagas lo que hagas, ponle cabeza.

Banda sonora del día:

Día 4: Volcán Etna, Catania y Taormina

Tocaba nuevo día de conquista y decidimos madrugar y aprovecharlo para subir al Etna y visitar luego toda la Costa Este de la Isla. Llegar al Refugio Sapienza – donde se coge el funicular- desde Palermo no fue cosa fácil, el último tramo es una carretera de sierra con millones de curvas que superamos con nota. Y al alcanzar el refugio toca decidir cómo subir. No os voy a engañar, es todo una cuestión económica más que física o moral. Puedes subir completamente gratis – pagas el parking, por supuesto- y hacerte los dos tramos -el del funicular y luego el de los autobuses 4×4- andando, en bici o saltando como quieras. Pero o vas bien equipado (con bastones, calzado, agua y tiempo) o si no la aventura se convierte en el infierno. Nosotros subimos -ni lo dudéis por un momento- primero en funicular y luego en autobús cuatro por cuatro. Cada viaje de funicular y cada viaje de autobús sale más o menos a quince euros así que si le añadís el precio del parking esta foto tan bonita que os pongo a continuación cuesta 130 euros.

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Pero es preciosa:-) y puedes pasear entre los cráteres anteriores a la cima y freír un huevo si te has acordado de llevarlo.

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Después de la aventura de Etna (que fuera de bromas es imprescindible) pusimos rumbo a Catania. Como ciudad nos gustó mucho, tiene aires de Cultura y decadencia a partes iguales. Paseamos por  el centro, llegamos al mercado del Pescado por el olor y nos dio pena no tener más tiempo para disfrutarla.

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Solo nos quedaba Taormina, y tuvimos la malísima suerte de llegar hasta la Isola Bella y que estuviera tan llena que no pudimos ni aparcar, o intentar ver el Anfiteatro romano y que estuviera cerrado por un concierto. Aún así, para mí Taormina es y será siempre una de las ciudades más bonitas del mundo porque por encima de lo que vemos, hay otras cosas, y la que pasó allí no la olvidaré jamás.

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Consejo del día: Taormina resume en sí todo lo que hay en la Tierra capaz de atraer la vista, la imaginación y el espíritu.

Banda sonora del día:

Día 5: Palermo

Después del Etna si que conviene tomarse un descanso y nosotros volvimos a nuestro plan original de tumbona frente al mar. Con la energía del sol y del agua, decidimos pasar la tarde en Palermo, y haya allí que nos fuimos. De todas las ciudades posiblemente es la que más me ha desencantado, porque exceptuando la zona del centro turístico – Cuatro Canti, la Fontana Pretoria, la catedral o el Teatro Masimo, todo casi en la misma calle- el resto es desastroso e incluso sucio. No visitamos las famosas catacumbas, es cierto, pero tampoco nos quedamos con ganas porque esperábamos una ciudad con más luz, con otra vida.

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Consejo del día: no pierdas el tiempo.

Banda sonora del día:

Día 6: Capo Plaia y Capo d’Orlando

Aquí si que ya nos planteamos y desde por la mañana decidimos apostar por una playa que nos permitiera disfrutar de la isla como tal, sin agobios de turistas ni tiendas de souvenirs. Y la encontramos. Justo antes de Cefalu, paramos en Capo Plaia y disfrutamos de unas playas de más de uno y dos kilómetros de longitud con aguas cristalinas para disfrutar del amar Tirreno. No massagio, no ochiali, no coco bello, solo algunos bañistas y nosotros. Impagable.

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Por la tarde decidimos seguir apostando por esta costa y nos acercamos hasta el Capo d’Orlando, donde encontramo otra playa muy similar que, aunque cambió la arena por piedras, nos regaló uno de los atardeceres más tranquilos y bonitos que yo he visto en mi vida.

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Consejo de día: “Las vacaciones consisten en no tener nada que hacer y disponer de todo el día para hacerlo”. Robert Orben

Banda sonora del día:

Día 7: Monreale y vuelta

Como solo podíamos disfrutar de la mañana, decidimos acercarnos hasta Monreale y dar un paseo por sus callejuelas. Su catedral es uno de los ejemplos más representativos del arte de Sicilia, tan repleto de conquistas y asaltos que uno nunca sabe ya de dónde vino lo que está viendo.

Cuando nos montamos en el avión fuimos conscientes de todo lo que habíamos hecho en solo una semana, casi dos mil kilómetros y muchos rincones increíbles, pero también nos hemos dado cuenta de que las vacaciones no son solo viajes de descubrimientos de lugares sino también de momentos únicos, y que por encima de todo con el tiempo, todos los viajes terminan en el mismo lugar, en casa 🙂

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MADEIRA, una isla para aventureros

 

Siempre he querido ir a Madeira, esa isla perdida en el Atlántico repleta de posibilidades y de sorpresas. Viajar allí es caminar por sus bordes escarpados, disfrutar de baños en el Atlántico, descubrir parajes naturales paradisíacos, caminar por antiguas rutas de agua, respirar aire puro y tomar sol tropical, escalar, descansar, nadar, pasear…

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El día de llegada aterrizamos en una pista en la que parece imposible aterrizar, a medio camino entre el océano y la montaña, con una precisión que solo da la experiencia y con las maletas llenas de ganas de disfrutar. Madeira y todo el encanto de la isla nos esperaba. Después de recoger nuestro coche alquilado -algo imprescindible para disfrutar del viaje-

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pusimos rumbo a Funchal, donde teníamos el hotel. Allí descubrimos una ciudad dispersa a distintas alturas pero acogedora. Nuestro primer paseo de reconocimiento nos llevó a un restaurante en el que descubrimos las primeras delicias gastronómicas de la isla que ya nos acompañarían durante todo el viaje: el BOLO DE CACO (un pan redondo untado con mantequilla de ajo) y las LAPAS GRELHADAS (lapas a la plancha).

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Más tarde otro paseo de reconocimiento nos llevó hasta dos de los rincones más especiales de la ciudad- al menos para mi. Uno, la playa de Barreirinha, un escondite reconvertido en zona chill y alternativa para tomar un aperitivo, escuchar música en directo, disfrutar de un rato de relax con las olas de fondo. Y dos, la calle Santa María en la zona vieja, en la que casi todas sus puertas han sido decoradas con pinturas y poemas gracias al proyecto ARTE DE PORTAS ABERTAS. Imprescindible.

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Al día siguiente nos pusimos en marcha hasta la zona de la Punta de San Lorenzo, donde queríamos hacer nuestra primera ruta. Lo cierto es que confiamos demasiado en que sería una ruta sencilla y nuestro espíritu aventurero nos traicionó, porque decidimos empezarla un mirador antes del señalado como inicio de trayecto y eso nos llevó al medio de las montañas a buscar senderos de otros intrépidos como nosotros con ganas de aventuras. La ruta es exigente, no os voy a engañar, y más cuando la haces a las 13h de la tarde y con dos litros escasos de agua que se te van volatilizando a medida que se escarpa el paisaje. Merece la pena, eso si, porque el espectáculo es precioso y después de 4 horas caminando te queda la sensación de que estás vivo porque lo has conseguido.

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Por la tarde nos regalamos un rato de playa en Caniçal. Eso si, las playas de Madeira no son lo que estáis pensando. Son todas de piedras y para poder disfrutarlas es necesario llevar un palé y claro, nosotros con Iberia no lo pudimos facturar. Así que disfrutamos de la opción B, que son piscinas naturales a pie de océano en las que uno se baña, se tira al mar si quiere, salta, vuelve y descansa en una cómoda hamaca por el módico precio de 1,50 euros. Y tan a gusto, oye.

Al día siguiente decidimos explorar el Oeste de la isla. Así que con nuestro coche y un buen itinerario, íbamos parando en los rincones que nos parecían de interés. El Cabo Guirao, con unas vistas espectaculares; el pueblo de Ponta de Sol, que tenía una peculiar cabina de lectura y preparaba sus fiestas; o la Punta de Pargo, un faro con una panorámica de casi 200 grados de oceáno frente a frente. Nuestro destino era Porto Moniz y sus LAVA POOL, unas piscinas naturales de lava a pie de mar que son hiperrecomendables. Aparte de las vistas, por la comodidad, por el sonido de las olas y porque están muy cuidadas, la verdad.

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El día siguiente decidimos explorar el centro de la isla y las alturas. Cada día al escoger un itinerario distinto también nos estábamos trasladando a paisajes completamente diferentes, a juegos entre el océano y la montaña que nos dejaban con la boca abierta. Llegamos a un pequeño pueblo, Ribeiro Seco, y allí nos atrevimos con una pequeño ruta que discurría a lo largo de una LEVADA, que es como se llaman los senderos por los que baja el agua o acequia, y en la isla son destinos de senderismo en su mayoría. La levada nos llevó hasta el mirador de los BALçOES por un bosque de Laurisilva, una vegetación característica del Atlántico con un olor intenso y embriagador. Al llegar arriba nos vimos de repente envueltos en una nube, algo muy característico de la isla, y disfrutamos de unas maravillosas vistas a las que las fotos no hacen justicia.

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El penúltimo día decidimos volver a las alturas e intentarlo con otra ruta muy recomendable, la de las 25 FONTES. El problema es que decidimos apostar por un atajo, allí por las cumbres de la isla, y de repente nos vimos envueltos en un sendero estrechísimo y muy húmedo, con una bajada más vertical que horizontal y muchas dudas de que llegara a algún sitio. Así que pudo la prudencia y decidimos darnos la vuelta, además de apuntar la ruta para la siguiente ve que visitemos la isla. Porque volveremos. La tarde ya nos dedicamos a un plan más tranquilo y acabamos en una de las pocas playas de arena de la isla, la playa de CALHETA, disfrutando de sol y tranquilidad, que a veces es también el mejor plan.

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Y el último día volvimos a las calles de Funchal, a recorrerlas en teleférico y a pie, para despedirnos como se merece de una isla que nos ha dado lo mejor que tiene. Porque si a estos itinerarios que os he contado le sumas su espada con banana, las lapas grelhadas, el bolo de caco, el prego no prato, la bica, la poncha, el fado y la SAUDADE, eterna saudade portuguesa, tienes un plan inmejorable para unas vacaciones.

IN-ME-JO-RA-BLE.

 

De vacaciones sin Internet

Este año decidí que mis vacaciones estarían libres de Whatsapp, Facebook y Twitter. Libres de conexión y de Internet. A cambio, un destino paradisíaco, la isla de Madeira, y una compañía preciosa.

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Ya estoy de vuelta y solo puedo recomendaros muy mucho la experiencia. No solo la de visitar la isla, un lugar mágico con miles de posibilidades para explorar la naturaleza, la montaña, el mar y disfrutar de todo lo que te ofrece. También la experiencia de desconectar, de vez en cuando. De mirarse a los ojos al cenar sin el móvil sobre la mesa. Charlar de mil cosas en el coche. Hacer fotos para ti. Para verlas. Una y otra vez. Y luego ya decides si las quieres compartir. Mas adelante.

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La vida tiene muchos puntos curiosos si nos paramos a disfrutarlos. Infinidad de sorpresas que necesitan tiempo y atención para ser descubiertas. La gente es el mejor Google que existe; los ojos, la cámara más perfecta; perderse es el mejor mapa; hablar y hablar y hablar, la red social más completa.

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Parece difícil, en el mundo en el que vivimos en el que todo va tan rápido que nos da la impresión de que estar desconectado es perderse algo. Pero da igual que lo sepas o no, estés dónde estés recuerda que el mundo sigue girando. El paisaje y la conversación en tus oídos te recordarán con más intensidad que ningún dispositivo que estás vivo. VIVO.

Vivos.

 

 

Un fin de semana de libro en Madrid

El viernes volví a tomar un autobús rumbo a Madrid en un viaje que ya se está convirtiendo en rutina. La espera en la estación, la suerte del asiento individual, mi cerebro que se acostumbra a no marearse para poder trabajar,… De repente las dos horas y media ya han pasado y estoy de nuevo en Méndez Álvaro, tomando un café en una estación anodina y gris que ya va adquiriendo otros matices de color.

La primera sesión de trabajo fue en Casa del Lector y volvía a exportar el programa Leemos en Inglés a todas las familias interesadas en compartir una metodología de trabajo activa, participativa e innovadora donde la lengua inglesa nos invita a divertirnos y a conocer lecturas de calidad. Después de trabajar, Soraya y yo, unas enamoradas de la literatura infantil y juvenil, no podíamos evitar dirigirnos a nuestro destino: la Feria del Libro de Madrid. Allí pudimos disfrutar de apenas una hora entre libros y mas libros y mas libros y mas libros… Una delicia. Después compartimos una cena muy divertido con un amigo de Soraya que nos enseñó que los números son la abstracción del concepto de cantidad, que había visto el video de la máscara de Chewbacca y que se reía mucho. Si os apetece reiros con él pertenece a Big Van, científicos sobre ruedas.

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El sábado por la mañana la cita era en la librería Liberespacio en la que presentaba mi libro FINGERPLAYS. Allí durante un ratito tranquilo y cargado de sorpresas compartí mi forma de trabajar con las casi diez familias que se acercaron a descubrir las historias que se esconden entre sus dedos y a compartirlas con sus pequeños. Después, contagiadas por el virus de la lectura, volvimos a la FLM16 a seguir espirando libros y mas libros y mas libros… hasta que la tormenta nos sorprendió devolviéndonos a la realidad y recordándonos que la tarde era exclusivamente para trabajar.

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Volvimos a Casa del Lector y fue el turno de Soraya con el programa Punto de Cuento, en el que familias de 0 a 3 años disfrutan de historias, canciones y poemas que les demuestran que la lectura es una vía de comunicación imprescindible con sus pequeños. Después, juntas preparamos una sesión de cuentos muy especial dirigida a familias con niños de 4 a 5 años, en la que descubrimos que ¡ES UN LIBRO! Si, muchas de las cosas que nos rodean tienen historias escondidas y no nos damos cuenta. Después de una tarde agotadora, y con una sonrisa fruto del trabajo bien hecho, pusimos rumbo a Fuenlabrada,  donde teníamos que pasar la noche para poder participar en su Feria del Libro al día siguiente. Llegamos justo a tiempo para ver ganar al Real Madrid. Si señor.

Y el domingo, el séptimo día de la semana, el que todo el mundo dedica a no madrugar y holgazanear en la cama o al menos decidir qué quiere hacer con él, pues nosotras nos encaminamos a la Feria del Libro de Fuenlabrada a compartir con todos los pequeños interesado un taller en el que NADA ES LO QUE PARECE y se descubren los secretos del papel a partir de sencillas dobleces, historias escondidas y mucha imaginación.

A las 15h. volvíamos a casa, después de un intenso fin de semana de trabajo y un preciado botín. No son libros, no os equivoquéis, ¡son historias de vida!

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Querido Platón:

me alegro de que hayáis decidido salir de la caverna. A veces no nos damos ni cuenta, pero estamos todos un poco atados frente a una pared en la que solo hay sombras, y no podemos ni girar la cabeza. Tomamos como verdad esas sombras y no son ciertas.

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Asi que ya es hora de ir soltando cadenas y de respirar aire nuevo, el aire de fuera de la caverna. De hecho, te escribo porque voy a ir a verte. A Atenas. No sé si tendremos oportunidad de dialogar, pero sino no te preocupes: puedo hablar hasta con las piedras. Y más si son piedras griegas.

Te mando un beso. Uno de verdad,no de los que se reflejan en la hoguera.

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Te cambio el aplauso por un fin de semana en Cádiz

cadiz5Lo dice Andrés Suárez en su canción Luz de pregonda,y no encuentro frase que defina mejor lo que supone para mi marcharme a Cádiz, viajar cientos de kilómetros para pasear por La Victoria, leer un buen libro en la playa, beber blancos en La Viña y comer fritos,  como si no hubiera mañana ni más tarde ni nubes ni horarios ni incertidumbre ni preocupaciones ni nada.

Yo quiero ser siempre esa, que se lanza al mar aunque haya olas, sonríe a la cámara aunque quede fea (qué más da) y te invita a acompañarla. Porque sola… Sola en esta vida no se puede hacer nada.

Gracias, chicas!

Os quiero mucho pero no lo suficiente para invitaros al hotel:-)

A lo mejor algún día….

 

Día 16 en Chile

El viernes volvimos a madrugar para llegar temprano al Bosque y disfrutamos de una jornada muy enriquecedora para todos, que se cerró con múltiples agradecimientos y muchas ganas de seguir colaborando. Nos fuimos a descansar a casa y dormimos la primera siesta en quince días. Muy reconfortante.

Después a las 20h pusimos rumbo a la casa de Manuel Peña, donde nos esperaba nuestro amigo acompañado de Constanza Mekis, directora de bibliotecas CRA. Y compartimos una delicada cena en una ambiente complemente mágico, rodeados de detalles que ilustran la personalidad y la curiosidad de conocer de Manuel.

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En Constanza descubrimos una persona increiblemente culta y conocedora de culturas, con la que también conectamos a la perfección. Y después de cenar, decidimos premiar nuestro trabajo de toda la semana con una cerveza en la Plaza Ñuñoa, zona de carrete de Santiago.