Mayalde: música y tradiciones que emocionan

No me cansará nunca de escuchar en directo a Mayalde. Nunca. Su forma de defender los valores de la familia y de la tradición, de educar con tiempo y con música, me parece lo más acetado de este mundo en el que nos ha tocado vivir, en el que casi no sabemos mirarnos a la cara sin que haya entre medias – o entre las manos- una pantalla.

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El grupo formado por Eusebio, Pilar y sus hijos Laura y Arturo, se mueve siempre sobre sencillos escenarios cargados de cucharas, calderos, sogas, panderos, zuecos, orinales, platos. Y con ellos entre las manos, utilizan siempre la voz, el recurso que nos hace más humanos que a ninguna otra especie, el habla como elemento que nos diferencia, y con ella el ritmo que nos acompaña desde que aún descansamos en la tripa de nuestra madre.

Con ellos es fácil entender que todas las canciones son infantiles porque se las cantan los viejos, que son los que las saben, a los niños, que son los que las necesitan. También es fácil entender que la tradición siempre encuentra el camino y que cuando nos reunimos, en una plaza, en un patio o en cualquier sitio, estamos nosotras y todos los que ya se fueron pero nos acompañan siempre en el recuerdo. Y ese recuerdo debería estar lleno también de palabras.

Ayer en la iglesia vieja del Arrabal éramos muchos, entre vivos y muertos, niños y viejos, recuerdos y proyectos. Y creo que puede afirmar que nos emocionamos todos, y cantamos y reímos y nos sorprendimos de todo lo que teníamos en común siendo de pueblos diferentes, de edades distintas, de otros lugares. Nunca me cansaré de escuchar a Mayalde, nunca.

Y ójala que hubiera muchas familias como la suya, que transmite de generación en generación el amor por la palabra como parte fundamental del hecho de educar, y que ríe y bebe y baila y  se propone sin dudar el seguir sembrando la semilla de la tradición para que nunca desaparezca de nuestro lado y nos siga asentando las raíces para que puedan crecer nuestras ramas.

¿Os cuento un secreto? El momento mas bonito de ayer no estuvo en el escenario, sino tres filas por delante de la mía, justo cuando Eusebio comenzaba las “panaderas” y una señora muy mayor, sentada con el bastón al lado, comenzaba a mover sus manos con sus propias panaderas, como si su recuerdo fuera más fuerte que los años y tan resisten como el bastón que la sostiene.

 

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Cachete Jack

En mi viaje a Valencia también descubrí a Cachetejack. Es un dúo de ilustradoras españolas cuyo trabajo se caracteriza por la cotidianeidad más absoluta mezclada con mucho sentido del humor e ironía. Somos tal cual ellas nos muestran, con mucho color, mucho sabor y mucha tontería encima.

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Os recomiendo que echéis un vistazo a su trabajo en http://www.cachetejack.com/

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Mayalde: música, tradición y emoción

Ayer en Gomecello tuve la suerte de disfrutar del grupo Mayalde y me fascinó. Literalmente. No esperaba tanto con tanta humildad y tanta certeza. Porque se sientan a una mesa y Eusebio, el padre, comienza a narrar sobre la vida y sobre los hombres, sobre cómo lo que éramos crea lo que somos ahora, y sobre la importancia de no olvidarlo.

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Y después la familia al completo, Eusebio, su mujer Pilar, sus hijos Arturo y Laura, comienzan a emocionar con ritmos y platos, badilas, cribas, palos, mesas y manos. Si. Porque todo lo que nos rodea esconde un ritmo que además, si es compartido, se multiplica.

En la plaza de Gomecello había abuelos y nietos, padres e hijos, campesinos y agricultores, ganaderos y viajantes, comerciantes, artesanos. Había, en definitiva, vecinos. Y al verse compartiendo los mismos cantas, las letanías que resuenan a su infancia, algunas a comida, otras a hambre, se reflejaba la emoción en todos y cada uno de los que, al principio con timidez y luego con contundencia, repetían los estribillos y las letras que nos unieron en la plaza.

Fabulosa la forma de narrar de la familia, cada uno con algo especial que les diferencia y caracteriza, de la fuerza de Eusebio a la timidez de Pilar, pasando por la energía de Arturo y la delicadeza de Laura.

Me quedo especialmente con el mensaje que transmite todo lo que cuentan, cantan o viven. Y es que somos lo somos por lo que fueron los que nos dieron la vida, y no podemos olvidarlo nunca. La única forma de que nos crezcan ramas fuertes es asentando bien nuestras raíces. es ahí donde reside lo que nos hace grandes y nos diferencia.

Os recomiendo muy mucho que los escuchéis en directo, tienen auténticos fans que les siguen por las localidades que visitan. Y no me extraña. desde ayer mismo, yo me declaro una seguidora incondicional.