Mis libros para el 2017

Gracias a la magia de todos los reyes que me rodean, incluso gracias a mi misma porque a veces me trato como una reina, comienzo el año cargada de aventuras, ideas, cuentos, canciones, nanas, imágenes, secuencias, viñetas, propuestas… este año vienen en español y en inglés, en italiano y en francés, porque las buenas historias no entienden de barreras ni de idiomas.

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Esta es mi selección de lecturas para comenzarlas en Enero y no terminarlas nunca (porque sabréis que un libro nunca tiene solo una única lectura…)

Un mare de tristezza es una recomendación de una alumna de prácticas con la que tuvimos la suerte de compartir unos días esta Navidad. Mil gracias Vanessa, por sugerir esta historia que tiene doble lectura si juegas con ella. Como la vida misma.

Tree es un libro troquelado para descubrir las estaciones a través de los cambios que sufre el árbol protagonista – me encanta aprender con los árboles- y todos los seres que lo acompañan en su aventura a través de los días.

In pieces es un catálogo sobre la vida a partir de las delicadas, sugerentes y contemporáneas ilustraciones secuenciadas de mi admirada Marioan Fayolle. Una narrativa sin palabras que no dejará indiferente a ningún lector.

La colección de mini Imperdibles de Kalandraka es todo un clásico porque te permite llevar en el bolsillo a tres chivos chivones, un conejo blanco, un regalo diferente y otras historias conocidos por todos los que amamos los ilustrados y queremos sentirnos siempre acompañados (e inspirados).

Pequeño Vampir es un regalo de mis libreros favoritos, los corsarios. Creo que ellos no saben que yo devoro viñetas desde que era muy muy pequeña y acertaron de lleno con este título que me devuelve a uno de los clásicos.

Es así, un libro para hablar sobre el difícil tema de la muerte con cualquier ser de cualquier edad que necesite reflexionar con serenidad, sutileza y tiempo sobre le tema. las ilustraciones de Paloma Valdivia acompañadas del sencillo estribillo “es así”, (no puede ser de otra manera) lo convierten en un manual para situaciones complicadas que recomendaría sin dudar a todo el mundo.

The Very Hungry Caterpillar: a Pull Out Book es una nueva versión de este conocido clásico que nos ayuda a entender con sencillez el ciclo de la vida a partir de una oruga hambrienta devora todo lo que encuentra a su paso.

Hooray for Fish es un álbum ilustrado que siempre pido prestado en la Biblioteca Torrente Ballester y ahora me he decidido a comprarlo, porque cada vez me gusta mas el pequeño pez protagonista, observador curioso del rico universo marino que le rodea y tiene, como todo, muchas sorpresas por descubrir. La mejor, en la última página.

En el bosque del perezoso es una delicada aventura en pop up con un mensaje importante: el cuidado del medio ambiente. Vuelvo con él a los árboles y disfruto con las sorpresas que se escapan de todas y cada una de sus páginas.

Le Ruban es un auténtico alegato a la creatividad que se sirve del propio formato del libro para poder dar rienda suelta a todo lo que se puede imaginar con una cinta. El libro deja de ser libro y se convierte en un ser vivo que se mueve con soltura en las manos de cualquier lector.

El libro ilegible es un alegato del genio Bruno Munari a la importante del diseño también a la hora de hablar de libros para niños. Una propuesta sencilla, repleta de color pero imposible de leer, porque lo que busca es la sorpresa, la creatividad de las manos que lo sostienen y le buscan las vueltas.

Nanas con ná es un poquito de nuestras raíces y también un regalo de los Mayalde. Con estas letras y los ritmos que las acompañan – el valor fundamental reside en poderlas escuchar a través d ela voz de Laura- es imposible no soñar con los brazos de nuestros abuelos, no sentir la necesidad de dormir en la mejor de las compañías y pensar que todo es más sencillo de lo que intentamos hacernos creer a nosotros mismos en la actualidad.

L’oeuf et la poule es un pedacito de vida en imágenes, también, un recorrido por la vida a tra´ves de la figura de una gallina que antes fue pollito que antes fue huevo… Sin palabras pero con la calidez y la calidad de todas las historias de Enzo y Iela Mari.

¿Os dais cuenta? Todos los libros son un pedacito de vida, ya sea en imágenes, en viñetas o a través de textos, pero repletos de tiempo que se condensa en unas páginas y nos ayudan a entendernos mejor a nosotros mismos y por extensión a los otros que nos rodean. Qué suerte tengo, empezar este 2017 con todos ellos 🙂

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Día 14 en Chile

El miércoles no amanecimos excesivamente temprano y eso nos permitió recuperar fuerzas. Prepara os nuestra presentación y nuestro atuendo y nos dirigimos a compartir un almuerzo con todo el directorio de la Fundación Mustakis. Puede parecer una prueba de fuego pero nosotras estamos terriblemente preparadas para eso. Las presentaciones institucionales son uno de nuestros fuertes, y sabéis por qué? Porque sabemos de lo que hablamos, creemos lo que decimos y esta os firmemente convencidas de la importancia de nuestro trabajo. Asi que cuando lo comunicamos, somos pura pasión. De hecho, la presentación fue genial y nos permite soñar con una futura línea de trabajo en colaboración con la Fundación 🙂

Después del almuerzo nos fuimos a pasear con Elena, nuestra mentora, la que hizo posible que un día comenzáramos a soñar con Chile. Y compartamos una horas super agusto, hablando, poníendonos al día, abriendo puertas… Nos llevó al Barrio Italia, muy cool en Santiago, y allí a la librería de Ekaré Sur, donde nos encontramos por casualidad con el bibliotecario de Lo Barnechea, que ahora trabaja allí. Las casualidades chilenas…

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Y luego nos enamoramos de las novedades literarias en todos los formatos: cartoné, kamishibai, álbum ilustrado, recopilaciones poéticas. Salimos cada una con un libro de la mano. Después nos fuimos a cenar a su casa y fue como estar en familia, con todas sus hijas e incluso con sus padres, dos personas bellísimas con una educación exquisita. Fue muy entretenido.

Still Alice

Good morning. My name is Dr. Alice Howland. I’m not a neurologist or general practice physician, however. My doctorate is in psychology. I was a professor at Harvard University for twenty-five years. I taught courses in cognitive psychology, I did research in the field of linguistics, and I lectured all over the world.

I am not here today, however, to talk to you as an expert in psychology or language. I’m here today to talk to you as an expert in Alzheimer’s disease. I don’t treat patients, run clinical trials, study mutations in DNA, or counsel patients and their families. I am an expert in this subject because, just over a year ago, I was diagnosed with early-onset Alzheimer’s disease.

I’m honored to have this opportunity to talk with you today, to hopefully lend some insight into what it’s like to live with dementia. Soon, although I’ll still know what it is like, I’ll be unable to express it to you. And too soon after that, I’ll no longer even know I have dementia. So what I have to say today is timely.

We, in the early stages of Alzheimer’s, are not yet utterly incompetent. We are not without language or opinions that matter or extended periods of lucidity. Yet we are not competent enough to be trusted with many of the demands and responsibilities of our former lives. We feel like we are neither here nor there, like some crazy Dr. Seuss character in a bizarre land. It’s a very lonely and frustrating place to be.

I no longer work at Harvard. I no longer read and write research articles or books. My reality is completely different from what it was not long ago. And it is distorted. The neural pathways I use to try to understand what you are saying, what I am thinking, and what is happening around me are gummed up with amyloid. I struggle to find the words I want to say and often hear myself saying the wrong ones. I can’t confidently judge spatial distances, which means I drop things and fall down a lot and can get lost two blocks from my home. And my short-term memory is hanging on by a couple of frayed threads.

I’m losing my yesterdays. If you ask me what I did yesterday, what happened, what I saw and felt and heard, I’d be hard-pressed to give you details. I might guess a few things correctly. I’m an excellent guesser. But I don’t really know. I don’t remember yesterday or the yesterday before that.

And I have no control over which yesterdays I keep and which ones get deleted. This disease will not be bargained with. I can’t offer it the names of the United States presidents in exchange for the names of my children. I can’t give it the names of the state capitals and keep the memories of my husband.

I often fear tomorrow. What if I wake up and don’t know who my husband is? What if I don’t know where I am or recognize myself in the mirror? When will I no longer be me? Is the part of my brain that’s responsible for my unique ‘meness’ vulnerable to this disease? Or is my identity something that transcends neurons, proteins, and defective molecules of DNA? Is my soul and spirit immune to the ravages of Alzheimer’s? I believe it is.

Being diagnosed with Alzheimer’s is like being branded with a scarlet A. This is now who I am, someone with dementia. This was how I would, for a time, define myself and how others continue to define me. But I am not what I say or what I do or what I remember. I am fundamentally more than that.

I am a wife, mother, and friend, and soon to be grandmother. I still feel, understand, and am worthy of the love and joy in those relationships. I am still an active participant in society. My brain no longer works well, but I use my ears for unconditional listening, my shoulders for crying on, and my arms for hugging others with dementia. Through an early-stage support group, through the Dementia Advocacy and Support Network International, by talking to you today, I am helping others with dementia live better with dementia. I am not someone dying. I am someone living with Alzheimer’s. I want to do that as well as I possibly can.

I’d like to encourage earlier diagnosis, for physicians not to assume that people in their forties and fifties experiencing memory and cognition problems are depressed or stressed or menopausal. The earlier we are properly diagnosed, the earlier we can go on medication, with the hope of delaying progression and maintaining a footing on a plateau long enough to reap the benefits of a better treatment or cure soon. I still have hope for a cure, for me, for my friends with dementia, for my daughter who carries the same mutated gene. I may never be able to retrieve what I’ve already lost, but I can sustain what I have. I still have a lot.

Please don’t look at our scarlet A’s and write us off. Look us in the eye, talk directly to us. Don’t panic or take it personally if we make mistakes, because we will. We will repeat ourselves, we will misplace things, and we will get lost. We will forget your name and what you said two minutes ago. We will also try our hardest to compensate for and overcome our cognitive losses. I encourage you to empower us, not limit us. If someone has a spinal cord injury, if someone has lost a limb or has a functional disability from a stroke, families and professionals work hard to rehabilitate that person, to find ways to cope and manage despite these losses. Work with us. Help us develop tools to function around our losses in memory, language, and cognition. Encourage involvement in support groups. We can help each other, both people with dementia and their caregivers, navigate through this Dr. Seuss land of neither here nor there.

My yesterdays are disappearing, and my tomorrows are uncertain, so what do I live for? I live for each day. I live in the moment. Some tomorrow soon, I’ll forget that I stood before you and gave this speech. But just because I’ll forget it some tomorrow doesn’t mean that I didn’t live every second of it today. I will forget today, but that doesn’t mean that today didn’t matter.

I’m no longer asked to lecture about language at universities and psychology conferences all over the world. But here I am before you today, giving what I hope is the most influential talk of my life. And I have Alzheimer’s disease.

Thank you.

Karmelo C. Iribarren

Karmelo C. Iribarren nace en San Sebastián el 19 de septiembre de 1959. «Tuve una infancia de lo más normal», confiesa el propio autor, «en aquel ambiente gris, bastante triste —entonces lo notaba menos, ahora sé que era en efecto triste— de las postrimerías del franquismo». En 1967 muere su padre, «y ahí cambiaron las cosas para siempre». En el poema titulado «Tu padre se ha ido de viaje» dice:

«Mi padre fue un buen

 tipo,

un buen tipo

sin suerte.

Y ni siquiera

 tuve tiempo

de quererle».

Los años posteriores no debieron de ser fáciles. Iribarren no va a la universidad, y éste es un hecho importante. Como en el caso de cualquier otro escritor, su trabajo (camarero) y su formación (autodidacta) marcan profundamente su obra. En palabras de Jordi Gracia, «detrás de un poema, […] hay una idea de la poesía, pero hay también algo que nutre esa misma idea, nociones generales y particulares sobre el mundo en el que el poeta vive y el papel que la poesía pueda desempeñar en él».En este sentido, el caso de Iribarren tal vez sea ejemplar por lo precoz y extremo. «Eso sí, me he leído la Biblia en verso. Miles de libros. Mi afición a la lectura se remonta a los ocho o diez años. Leía sobre todo novelitas de aventuras». Pasada la infancia lee mucha novela negra, sobre todo anglosajona. Las novelas de Raymond Chandler son para Iribarren algo más que importantes. Esta pasión por el género negro (novela y cine) es un hecho a tener en cuenta por el poso estilístico que supone en su obra. Como también lo es su afición al alcohol, que empezó casi a la par que su vida profesional. Otros autores en prosa con los que se siente en deuda son Baroja, Bukowski, Carver, Fante y Shepard. Los poetas en los que se forma y de los que bebe vienen a ser los siguientes: «Espronceda, Rubén Darío, los Machado (más Manuel, creo), el Dámaso Alonso de Poemillas de la ciudad, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Félix Grande, Antonio Martínez Sarrión, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares, Javier Salvago y Roger Wolfe».

A finales de los ochenta se casa y tiene una hija. Sus primeros poemas fueron publicados a finales de los setenta en fanzines y en los ochenta siguió publicando con cierta regularidad en este tipo de publicaciones. Iribarren es lo que la crítica suele llamar un poeta tardío, ya que no vio publicado su primer libro de poemas, La condición urbana, hasta 1995, cumplidos ya los treinta y cinco años. Lo que el pie de imprenta no revela es que parte de ese primer libro llevaba escrita una década, ni tampoco que su autor llevaba tres lustros empeñado en dar con su voz. Visto así, no estamos ante un poeta que empiece tarde a escribir, sino ante uno que empieza a publicar con retraso, teniendo en cuenta que la mayoría de los poetas dan a la imprenta sus primeras obras durante la veintena. El que Iribarren se decidiera a publicar con cierta demora se debe principalmente a dos motivos. El primero es su aislamiento respecto a todo circuito literario, su total carencia de «vida literaria», de contacto con otros escritores. El segundo motivo es su falta de ambición —y sobre esto volveremos a hablar más adelante— y el creer que la poesía que él estaba haciendo a finales de los ochenta no encajaba en el panorama literario; en otras palabras: que sus poemas eraninaceptables. Esta creencia es discutible, pero lo cierto es que a su autor lo mantuvo inédito durante muchos años. No será hasta 1992, año de publicación de Días perdidos en los transportes públicos, segundo poemario de Roger Wolfe, cuando Iribarren descubra que no está solo, que hay alguien más en el panorama literario español empeñado en escribir el tipo de poesía que él quiere escribir y que ya está escribiendo. Un año más tarde Iribarren se pone en contacto con Wolfe y por fin publica en 1993 la plaquette Noches y bares. Es entonces cuando Iribarren deja atrás todos sus complejos y se dirige a la editorial Renacimiento, que en 1995 da a la luz La condición urbana, su primer libro. Después llegan Serie BDesde el fondo de la barraLa ciudad (Antología 1985-2001) y Seguro que esta historia te suena, que recoge una amplia selección de los libros anteriores junto con dieciséis inéditos.

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Suena el teléfono de pronto

y tú desapareces. Más tarde,

mientras fumo un cigarro

o leo una novela, vuelves.

Y te vas otra vez porque

ha llegado alguien. Así vivimos

estos últimos meses. Así

sufrimos. Siempre conmigo

tú, contigo yo, siempre

escondidos. Unidos sólo

por este raro amor impronunciable.

Mas info aquí.

Sturnus Vulgaris

 

Entre un estornino cualquiera, llamémoslo A, y otro calificado como B, siempre hay seis pájaros de separación. Los investigadores han descubierto que cada ave está ligada a otras seis, a las que nunca pierde de vista, ya que se mantiene como mucho a un metro de distancia de ellas; y cada una de esas aves está, a su vez, vinculada a otras seis. Gracias a la suma de estas interrelaciones es como los estorninos construyen sus formaciones, cuya cohesión no parece romperse nunca.la foto (6)

Sin embargo, volar en formación no es un mero capricho estético, sino una cuestión de supervivencia. Porque cuanto mayor es el grupo, menos probabilidad tiene cada individuo de ser capturado por un depredador. La zona más segura es el corazón de la bandada, un área exclusiva que solo ocupan los más privilegiados: los machos de más edad. Por el contrario, las hembras y los machos jóvenes son desplazados a los bordes de la formación, que es la zona más expuesta a las incursiones de las rapaces. Esta aparente injusticia queda parcialmente compensada por el hecho de que la mayor acumulación de individuos en la parte exterior crea un efecto muro que, en ocasiones (pocas, todo hay que decirlo), disuade a los depredadores de lanzarse al ataque.

el futuro es atómico!

dalí no creía en la estaticidad de la materia sino en el continuo movimiento del caos. caótico fue el hecho de que sus padres le pusieran el mismo nombre que a un hermano mayor muerto por una infección, condicionando así que salvador se considerara en ocasiones como la copia de otro salvador muerto; caótica fue también la temprana muerte de su madre, la única persona capaz de “hacer invisibles las inevitables manchas de su alma.”

del caos surgió el surrealismo y con él los huevos, elefantes, hormigas y relojes deshechos como metáfora de la volubilidad del tiempo. de dalí salió el salvador artista, narcisista y megalómono que todos llevamos dentro pero no sabemos cómo dejar salir. él si supo. encontró lo imprescindible. se llama talento.