Con las ganas (Zahara)

Hoy la cantan en la televisión en un programa musical, y supongo que es como vanalizar algo que te ha tocado mucho por dentro. Lo harán bien, seguro, pero tendrían que llorar mucho por dentro para ser capaces de sentir una mínima parte de su sufrimiento. No es una canción de amor, es música y letra para un lamento.

Me recuerdo a mí misma en un tren, en Londres, apoyada en la ventanilla, sin saber exactamente dónde iba, llorando, sola,  y escuchando en bucle esta canción. Estaba triste y escucharla me ponía mas triste todavía, pero así somos los humanos: frágiles, flojos, inclinados al sufrimiento gratuito. Solo al sentir los primeros acordes mi cabeza ya sabe que recordar. Y me gusta recordarlo porque sufrir nos hace más humanos.

Un día le pregunté a Zahara después de un concierto por qué nunca la cantaba en directo. Y su respuesta fue simplemente que “no podía”. Justo yo necesitaba escucharla cuando ella no podía cantarla. Y ahora ya no la escucho y ella la canta. Qué curiosas, somos las personas. Tan frágiles, tan sentidas, tan olvidadizas…

 

 

Anuncios

Escribe cada día

Desde que nos despertamos por la mañana, paramos la alarma del móvil, nos levantamos de un salto o soñamos que eso no está pasando y que aún nos queda tiempo para dormir, desde ese preciso momento comenzamos a escribir nuestro día.

10371366_10152918536993138_2439941133986092367_n.jpg

Escribir cada día es darnos cuenta de que todas y cada una de las pequeñas acciones o gestos que decidimos compartir, importan. Todas. La tostada que te quita tres minutos de cama pero está tan rica… El “buenos días” a la empleada que limpia tu portal. La sonrisa a la familia con la que te cruzas todos los días en la avenida. Enviar un mensaje de buena mañana a tu grupo de amigos (si, eso también importa, aunque sea sólo un sol radiante y una cara que sonríe). Trabajar, descansar a ratos, seguir trabajando. Pensar en qué hacer de comida. Tener a alguien con quién compartirla. Enfadarte viendo las noticias. Acordarte de tu abuelo o de tu abuela, que ya no están. Qué dirían de este mundo loco… Tomarte un café y cerrar los ojos unos minutos. Volver a trabajar. O si no tienes que trabajar, simplemente salir a pasear. Encontrarte a un conocido. Preguntarle por los niños. Pasar por alto todas las cosas – pequeñas- que te han ido sentando mal a lo largo del día y que son insignificantes. Porque si hubieran sido importantes las habrías arreglado antes. Tomarte un vino. Reírte. Acortarte de tu poeta favorito, que dijo “el mundo sigue sin gustarme, pero la vida me parece irresistible”.* Pensar si te han dado el beso o el abrazo que a todos nos hace falta a lo largo del día. Recordar antes de acostarte “no escatimar cariño” porque mañana será otra jornada distinta, y tendrás que escribir otras líneas y el cariño, esa sonrisa de primera hora, los mensajes, las risas… Eso es lo único que importa, eso es la tinta con la que escribes tu día. 

* mi poeta favorito es Karmelo C. Iribarren 🙂

13 reasons why

(esta entrada está plagada de spoilers)

4fcef888a7cbc8e4179e1d8db997ab50ae73ddfe.jpg

Powerful.

Painful.

Ayer terminé – por fin- de ver la serie de Netflix “13 reasons Why” y lo agradezco muchísimo porque llevo días debiéndole horas al sueño y así uno no puede vivir. Hacía tiempo que no me enganchaba a una serie y ya no recordaba ese autoengaño tan tonto de ver solo el comienzo de un capítulo mas, total, así me entero de que va a pasar, para terminar a las tantas de la mañana con el ordenador encendido y la sensación de que está pasando algo muy importante pero no te estás enterando de nada. Ese es otro de los fabulosos problemas que no teníamos cuando las series las ponían UN día a la semana a UNA hora en la tele y si no estabas en casa te jodías. Y punto. Al día siguiente te la contaban y tan agusto que te quedabas. Pero esa es otra historia.

195663_1_590256b683928.jpeg

Ayer antes de terminar el último capítulo pensé que la serie debería haberse llamado “Una serie de catastróficas desdichas de Hanna Baker” pero entonces llegó el fin y me quedé con dos palabras clave: POWERFUL. PAINFUL.

La vida en el instituto es eso: poder y dolor, a partes iguales. Cuando eres adolescente no tienes muy clara la intensidad de lo que estás viviendo, y te centras mucho en amigos que te ayudan a equilibrar la balanza, en miembros de la familia que te recuerdan que hay vida más allá del horario escolar y que, dentro de su sabiduría, te recuerdan constantemente que todo pasará. Todo pasa.

En el instituto todo pasa por primera vez: la primera fiesta, el primer cigarro, la primera gran bronca, la primera vez que sientes de verdad la soledad o que experimentas desengaño. El primer amor, el primer dolor, la primera herida y también la cicatriz. Creo que Hanna Baker es un personaje bien logrado que todos hemos conocido en nuestra vida adolescente. Y tuvo muy mala suerte, si, pero tuvo poco valor para darle la vuelta a las cosas cuando aún estaba a tiempo de hacerlo. Hanna Baker de mayor habría seguido siendo Hanna Baker.

El resto de personajes beben de los tópicos de los “High School” americanos y completan a la perfección un cuadro muy contemporáneo: familias desestructuradas, padres que viajan mucho, figuras paternas autoritarias, madres ausentes, y de ahí en la mayoría de los casos, los peores adolescentes. Solo se libra Clay. Tener diecisiete años y no sentir miedo de ser distinto del resto, es digno de un protagonista de calidad. Creíble, tranquilo, inseguro a la vez y enamorado. Un cóctel de emociones que le hacen crecer capítulo a capítulo y le permiten conectar- espero- con el espectador joven.

Porque si están prohibiendo en algún lugar del mundo esta serie o temiendo qué pueden hacer los adolescentes después de ver los trece capítulos, es porque en el mundo real tendemos a  crear más Hannas Baker que Clays Jensen.  Y eso no es culpa de una serie.

No. Que cada uno escuche su cinta interior y piense de dónde viene todo esto. Dónde empezó a faltarle la ilusión o la fuerza para cambiar las cosas que no le gustaban. En qué momento se sintió tan poco que necesitó pertenecer a algo mucho mas grande, olvidando el tamaño de sus sueños o de sus deseos. Pulsad play.

Felices sueños.

 

Capítulo VIII

1

Bambi

Félix Salten

Las hojas empezaron a caer del roble grande situado al borde del prado, y también de todos los otros árboles. Una rama del roble se elevaba muy por encima de las  otras, extendiéndose hacia el lado de la pradera. Dos hojas pendían aún del extremo de esa rama.

—Ya nada es como fue hasta hace poco —dijo una hoja a la otra.

—No —contestó ésta—. Muchas de nosotras han caído esta noche; tú y yo somos casi las únicas que quedamos en esta rama.

—Una nunca sabe a quién le tocará caer antes —dijo la primera hoja—. Aun cuando hacía calor y brillaba el sol, una tormenta o un simple chaparrón bastó para que muchas de nosotras cayesen, a pesar de que todavía eran jóvenes. ¡Ah! Una nunca sabe cuándo le tocará caer…

—El sol ahora brilla raras veces —dijo la segunda hoja con un suspiro—. Y las pocas veces que sale no calienta. Hace falta que vuelva el calor.

—¿Será cierto —dijo la primera hoja—, será cierto que cuando nosotras nos hayamos ido vendrán otras hojas a ocupar nuestro lugar, y después de ésas, otras, y así sucesiva e indefinidamente, unas hojas irán reemplazando a otras?

—Sí, eso es cierto —murmuró la segunda hoja—. Eso es algo que nosotras no podemos siquiera imaginarlo. Está fuera del alcance de nuestra comprensión.

—El saberlo me entristece mucho —agregó la primera hoja.

Las dos permanecieron calladas un momento. Después la primera hoja se dijo en voz baja:

—¿Por qué debemos caer?…

La segunda hoja preguntó:

—¿Qué es de nosotras una vez que hemos caído?

—Nos enterramos…

—¿Qué hay debajo de nosotras?

La primera hoja contestó:

—No lo sé; algunos dicen una cosa, otros, otra. Pero nadie sabe nada, en realidad.

La segunda hoja preguntó:

—¿Sentimos algo, nos enteramos de lo que es de nosotras cuando estamos allí abajo?

La primera hoja repuso:

—¿Quién lo sabe? Ninguna de las hojas que han caído regresó jamás para decírnoslo.

Nuevamente volvieron a sumirse en el silencio. Después, la primera hoja dijo con ternura a la segunda:

—No te preocupes por eso; estás temblando.

—Sí, es verdad —replicó la segunda hoja—; estoy temblando. Pero esto no es nada; ahora tiemblo por la menor cosa. Ya no me siento tan firmemente prendida a la rama como antes.

—No hablemos más de estas cosas —sugirió la primera hoja.

La otra replicó:

—No; dejemos que sea lo que el destino quiera. Pero… ¿de qué otra cosa podemos hablar?

Permaneció callada un instante, y luego añadió:

—¿Cuál de las dos se irá primero?

—Todavía tenemos tiempo de sobra para pensar en eso —le aseguró su compañera—.  Ahora recordemos solamente cuan hermoso era, cuan maravilloso, cuando el sol salía y brillaba con tanto calor que creíamos estallar de vida. ¿Te acuerdas? Evoquemos el rocío de la mañana, las noches plácidas, espléndidas…

—Ahora las noches son tristes —se quejó la segunda hoja—; tristes e interminables.

—No deberíamos quejarnos —dijo dulcemente la primera hoja—. Piensa que hemos sobrevivido a tantas y tantas de nuestras hermanas.

—¿He cambiado mucho? —preguntó tímida pero resueltamente la segunda hoja.

—En absoluto —le aseguró la primera—. Tú sólo piensas que has cambiado, al ver que yo me he puesto tan amarilla y fea. Pero en tu caso no ha ocurrido así.

—Me estás engañando —dijo la segunda hoja.

—No, créeme —exclamó enfáticamente la primera—. Créeme; estás tan bonita como el día en que naciste. Es verdad que se te ve una que otra manchita amarilla aquí y allá, pero apenas se notan; y, por otra parte, esas manchitas no hacen sino aumentar tu hermosura: te lo digo de veras.

—Gracias —murmuró la segunda hoja, muy emocionada—. No te creo, no te creo en absoluto; pero lo mismo te quedo agradecida, porque eres muy buena; siempre lo has sido para conmigo. Creo que es ahora cuando empiezo a darme realmente cuenta de lo bondadosa que eres.

—Cállate —dijo la otra hoja; y se calló ella, porque se sentía demasiado emocionada para poder decir algo más.

Las dos permanecieron silenciosas. Pasaron horas. Después, un viento húmedo sopló, frío y hostil, a través de las copas de los árboles.

—Ah, ahora —dijo la segunda hoja—; yo…

Y su voz se quebró. Arrancada de la rama, cayó dando vueltas. Había llegado el invierno.

Lectura, idiomas y juego como paradigma de una nueva educación

La narración de historias constituye una estupenda forma de ejercitar la memoria de trabajo del niño porque focaliza la atención durante periodos de tiempo prolongados y necesita recordar todo lo que va sucediendo -como la identidad de los distintos personajes o detalles concretos de la historia- e integrar la nueva información en lo ya sucedido. Y como una muestra más de la naturaleza social del ser humano, se ha comprobado que cuando se le narra una historia al niño mejora más su vocabulario y el recuerdo de detalles de la misma que cuando la lee simplemente, siendo muy importante la interacción entre el adulto que cuenta la historia y el niño (Gallets, 2005). Asimismo, cuando el niño cuenta una historia al compañero que previamente ha escuchado, intenta memorizar la letra de una canción en la que interviene o participa en un juego que consiste en realizar movimientos concretos asociados a imágenes aparecidas, también ejercita su memoria de trabajo.

_90619087_thinkstockphotos-537464704

Nuestro cerebro tiene una enorme capacidad para aprender varias lenguas en la infancia temprana y ello confiere diversas ventajas. Las personas bilingües muestran una mejor atención ejecutiva y obtienen mejores resultados en tareas que requieren control inhibitorio, memoria de trabajo visuoespacial o flexibilidad cognitiva. En el caso de niños de 5 años ya se han identificado los patrones de actividad electrofisiológica que diferencian a los cerebros bilingües respecto a los monolingües y que les permiten un mejor desempeño ejecutivo (Barac, Moreno y Bialystoc, 2016). Incluso, cuando bebés de 7 meses aprenden a identificar una señal auditiva o visual que anticipa la aparición de un objeto en una pantalla, aquellos que son educados en un entorno bilingüe son capaces de reorientar la atención cuando el objeto aparece de forma sorpresiva en otra posición, a diferencia de los monolingües que siguen esperando que el objeto aparezca en la misma situación (Kovacs y Mehler, 2009; ver figura 4).

1150477048_0.gif

Si para un buen funcionamiento ejecutivo lo más importante es fomentar el bienestar emocional, social o físico, el aprendizaje del niño tiene que estar vinculado al juego, el movimiento, las artes o la cooperación. O si se quiere, nada mejor para facilitar un aprendizaje eficiente y real que promover la educación física, el juego, la educación artística y la educación socioemocional. Todo ello en consonancia con el proceso natural de maduración del cerebro humano porque en cualquier cultura los niños aprenden a descubrir el mundo que les envuelve bailando, cantando, dibujando, jugando, compartiendo, resolviendo retos… todas ellas tareas que colman las necesidades sociales que tenemos los seres humanos. Seguramente, el entrenamiento puramente cognitivo no es la mejor forma de mejorar la cognición. El éxito académico y personal requiere atender las necesidades sociales, emocionales y físicas de los niños. Una nueva educación es posible. Nuestro cerebro plástico y social agradecerá el nuevo cambio de paradigma.

procrastination1-def-web

Visto en Escuela con Cerebro

Rollin Wild

Rollin Wild es un divertido proyecto audiovisual creado por Kyra Buschor y Constantin Paeplow con el que, a través de sorprendentes animaciones, le dan respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué ocurriría si todos los animales se hicieran redondos de la noche a la mañana?

A través de un argumento tan sorprendente como este cada clip nos ayuda a entender lo importante que es el hecho de ser diferente y el por qué existen esas diferencias, además de hacernos reír a través de la desbordante imaginación de sus dos locos creadores. se me ocurren mil y una aplicaciones didácticas de estas animaciones, desde trabajar los hábitos alimenticios, conocimiento del medio, biología, dibujo, y por encima de todo, la creatividad.

Podéis seguirles a través de su perfil en Facebook o Youtube, ¡muy recomendables!