Tiempo

Estos días en casa nos reconcilian y nos enfrentan constantemente con el tiempo. A veces nos sobra y no sabemos qué hacer con él: cursos online, cocina creativa, series y películas… Y luego nos acordamos de los que ya no lo tienen y nos sentimos egoístas y agradecidos de tener tantas horas por delante. Así día tras día.

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Estamos aprendiendo a marchas forzadas que el tiempo, como muchos otros conceptos que nos rodean y nos agobian, es relativo. A veces dejamos pasar mucho tiempo sin llamar a un amigo o a alguien de la familia porque no encontramos el momento; otras luchamos contra él para poder hacer todo lo que nos hemos puesto en la lista diaria de tareas, sin diferenciar muy bien lo imprescindible de lo que hemos decidido prioritario sin realmente serlo; y muchas veces lo perdemos sin mas, frente a una pantalla, en soledad, sintiéndonos afortunados por tener al alcance de la mano la posibilidad de que mañana mismo llegue un paquete de Amazon o conocer el estado sentimental de alguien que ni siquiera es  ya amigo nuestro.

Ahora es buen momento para volver a definir nuestro tiempo. Quitarle el polvo a nuestro reloj, sin olvidarnos de quién nos lo regaló, y luchar desde casa, desde la trinchera del hospital si eres cuidador o tienes que ser cuidado, desde la soledad impuesta o el confinamiento compartido, desde donde sea luchar porque vuelva a sonar con su tic-tac acompasado y lleno de vida. 

 

Necesito parar

He pasado unos días increíbles en Casablanca: primero trabajando con Soraya para el Instituto Cervantes en el SIEL y luego recorriendo la ciudad casi sin parar ni un momento, mientras hablábamos mucho sobre todo lo que hacemos cada día, qué significa nuestra empresa y cómo la gestionamos a nivel personal y profesional. Nos encanta nuestro trabajo pero le ponemos tanto de nosotras mismas que nos está afectando demasiado a nivel personal. Y yo necesito parar.
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Porque voy corriendo a todas partes: a la sala de embarque, al stand, a las Twins, al hotel, a leer el correo, a contestar asuntos que no sé si son prioritarios o no, a comprobar la agenda una y otra vez, a estar disponible siempre y dispuesta a dar respuestas que a veces ni tengo. Y llega la hora de dormir y me sigue durando este ritmo frenético. A nivel personal me tiene agotada ni saber qué necesito ni que parte sigo siendo yo: la que habla a veces con retranca, que disfruta tomando una copa de vino o dos con tranquilidad, que quiere vivir sin ansiedad y sin angustia. A nivel profesional no sé cómo hacerlo mejor porque no puedo dar más.

Y así compartiendo esto se nos han pasado los tres días en una ciudad de contrastes, como nosotras mismas. Que te da lo mejor y lo peor que tiene y no para nunca. Así es Casablanca.
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Yo vuelvo con ganas de parar. Y creo que el primer paso es este: reconocerlo, pedir ayuda, decir bien alto que no puedo más y que para aprender a hacer las cosas de otra manera necesito mi tiempo. Minutos para no pensar, para ir a la peluquería o simplemente dar un paseo. Horas leyendo sin más, sin tareas por hacer, sin que el libro sirva para algo -una actividad, una propuesta-, por el simple placer de leer. Pasar tiempo con la gente, cuidarla, no ser la que nunca está libre para quedar o siempre se queja por estar cansada. Quiero eso, de verdad. Lo necesito. Necesito parar. 

Feliz Día de la Fotografía

“You don”t take a photograph, you make it”

(Ansel Adams)

Me gusta mucho observar todo lo que me rodea y a veces escribo sobre ello o lo fotografío. Es la mejor manera de mirar dos veces.

Es problema es que la gente ha vanalizado tanto el tema de las fotos que cree que basta con posar, poner caras sonrientes y disparar trescientas cincuenta y cinco veces hasta conseguir la imagen perfecta. Pero se equivocan. Va mucho más allá.

Hacer una fotografía es CREAR un momento único. Da lo mismo si estás viendo el estallido de un volcán o a un gato tumbado en la ventana. He visto puestas de sol increíbles en Grecia, Valparaíso y no menos bonitas en mi pueblo, Villaverde de Guareña. Por eso estoy convencida de que una fotografía no tiene nada que ver con el lugar, con la cámara o con lo bien que pose el modelo. Tiene que ver con el momento.

Ahora vamos tan rápido que la gente prefiere capturar cientos, miles de momentos para luego decidir (eliminar imagen, retocar, poner filtros) cuál de todos fue el mas perfecto. Es un intento constante de capturar el presente sin prestarle atención para luego compartirlo sin tener muy claro qué lo hizo tan especial, si fue la luz , la emoción, el ruido o el silencio. No lo entiendo.

Por eso yo sigo a lo mío, capturando momentos únicos, jugando a recordar con imágenes instantes mágicos que viví en Rumania, en Nueva York o en mi casa de Salamanca, fotografías que hice con el móvil o con la cámara, algunas de paisajes y otras con personas que no siempre miran a la cámara, robados, posados divertidos, escenas únicas que se vuelven eternas precisamente porque pudieran ser fotografiadas.

Aquí va una humilde selección de lo que me pide mi ojo fotográfico. Disfrutadla.

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Felices 36

Hoy he cumplido 36 años y aunque hubiera imaginado millones de veces mi vida jamás habría llegado a verme como soy ahora. Soy el fruto de las decisiones que he tomado, eso esta claro. No soy la suerte, no soy el destino. Soy mis decisiones, con todo lo bueno y todo lo malo que han supuesto, sin posibilidad de volver atrás no de pensar en otras opciones que no tomé. Lo dijo Milán Kundera en uno de mis libros favoritos, “La insoportable levedad del ser”, cuando afirmó que “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.

Y a mí mi boceto me gusta, con lo bueno y con lo malo, y aprendo cada día, cada minuto, de lo que hago, e intento ser mejor persona, sentirme mejor conmigo misma y con las decisiones que tomo para mi y para los demás. Porque SOLOs no somos nada. Somos familia, pareja, amigos, conocidos, compañeros,… pero solos no somos el mismo boceto.

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Por eso hoy el mío se ha llenado de color y de sorpresas bonitas, algunas empezaron dos días antes con el amor de una hermana a la que adoro y de una prima ya no tan pequeña que será una mujer extraordinaria, como casi todas ñas mujeres que tengo cerca.

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Otras fueron llegando poco a poco, escondidas en maletas, en rosas, en forma de matrioskas de papel, de cafés y cañas, de comidas caseras hechas con muchísimo cariño, vídeos y audios con canciones de cumpleaños; de ramos de flores llenos de besos y de agradecimiento, de pulseras de Pacheco y globos y mensajes y PALABRAS.

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Con los años me voy dando cuenta de que a mí boceto le gustan cada vez más las palabras y la gente que las escribe o se atrevo a decirlas en voz alta. Son las que nos hacemos únicos, las que nos diferencian del resto y por eso para mí son el mayor tesoro. Y las agradezco tanto… y hoy he tenido tantas palabras bonitas… que mi manera de agradecerlas es esta, con más palabras.

Gracias por hacer este día tan especial en mi boceto. Os quiero mucho a todos, gente bonita.

Un día de cuento

Hay veces que me doy cuenta de que centro todos mis esfuerzos en trabajar. Realmente cuando tienes tu propia empresa y nadie va a venir a solucionarte nada, te cargas a la espalda una responsabilidad tan grande que dura veinticuatro horas los  siete días de la semana. Y no es bueno, claro que no es bueno, porque pierdes perspectiva, pierdes cosas que pasan a tu alrededor, detalles que tienen que ver con VIVIR en mayúsculas independientemente de a qué te dediques. Por eso es tan importante rodearte de personas QUE SÍ para recordarte que, pase lo que pase, cada día puede ser especial y es posible dejar las preocupaciones y los “debería” aún lado para sustituirlos por los “quiero”.

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Y yo ayer quería celebrar el cumpleaños de mi hermana con mis amigas, y quería DISFRUTAR en mayúsculas y por eso desde que nos despertamos por la mañana lo hicimos así. Nos pusimos rumbo a un sitio bonito y acabamos en el Meandro Del Río Melero, el más bonito de España. Reímos, cantamos Camela, hicimos fotos y hablamos de temas escatológicos hasta que se nos hizo la hora de comer en el restaurante “Mulero” de Riomalo, muy recomendable para cualquier amante de la buena comida y más si es de la tierra.

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¿Qué luego nos apetecía darnos un baño? Pues a movernos hasta Las Mestas, que están apenas a 9 kilómetros y antes de que lleguen las hordas de turistas en julio y agosto se disfrutan como un auténtico remanso de paz con pequeñas cascadas, agua fresquita y piedras planas para dejar pasar la tarde.

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No teníamos prisa. No teníamos cobertura. Tan solo teníamos un cumpleaños que celebrar, muchas risas guardadas y poca vergüenza, la que se va perdiendo con cada año cumplido. Y es así como, sin tener nada que ver con mi trabajo…Se hacen los DÍAS DE CUENTO.

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Un consejo: regalaos uno cada poco. Poneos una excusa (que si un cumpleaños, unas mini vacaciones, una tarde libre, lo que sea) y rodearos de gente QUE SÍ, esa con la que puedes hablar de todo sin esconderte, la que hace que cualquier problema al compartirlo se haga más pequeño y que misteriosamente te ayuda hasta a reírte de tu sombra. Esa gente es la que de verdad importa.

Felicidades, hermanita.