Discurso de Mario Vargas Llosa al ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca

“Creo que por allí podemos responder para qué sirve la literatura. Sirve para entretener, desde luego. No hay nada más entretenido que un poema o una gran novela, pero ese entretenimiento no es efímero. Deja una marca secreta y profunda en la sensibilidad y en la imaginación.”

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Aquí podéis acceder al texto completo que pronunció en su discurso de agradecimiento al ser distinguido como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca.

Aviones

Dicen que son el medio de transporte más seguro, según las estadísticas. Pero se olvidan a veces de que aunque hablen de barcos, autobuses, coches o aviones, por encima de todo están hablando de personas. Personas que conducen a otras personas, que a su vez ponen en sus manos su vida, su viaje, su ilusión o su destino. Somos personas con anclas, con alas, con volantes, con pedales. Y por encima de todo, de nubes, carreteras o mares, por encima de todo no somos nada.

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Un elefante y yo

Hoy he estado revisando fotos antiguas, de las de verdad. Las que rescatas de álbumes que llevan el nombre de unas vacaciones o algún evento importante. Y al tenerlas entre las manos, me he encontrado a mi misma. Me he reconocido en ellas de una manera mucho más clara que en las que guardo en el ordenador, reflejos del mes o del año pasado.

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Yo sigo siendo esta. Cobardica y medio atrevida a la vez. Curiosa pero miedica. Ingenua e ilusa, y al mismo tiempo realista. Soy mi camiseta naranja, que dice “yes&no” al mismo tiempo. Cariñosa y a veces intransigente. Soy yo, y también soy el elefante.

Ideario (Francisco M. Ortega Palomares)

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.

Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.

Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.

Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.

Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.

Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.

Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.

Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.

Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

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Todo empieza con las palabras

La mayoría de expertos están de acuerdo en la importancia capital de la lectura y la escritura, no solo en sí misma, sino como llave para acceder al resto de habilidades que trata de transmitir la escuela. Sin embargo, muchos insisten en que más importante e imperioso que el cuánto es fijarse en el qué y el cómo, es decir, revisar unos contenidos que empujan hacia enseñanzas demasiado centradas en la repetición de estructuras descontextualizadas o en la memorización de teorías gramaticales.

“Se piensa con frecuencia que leer es una técnica que se aprende en uno o dos cursos; se actúa como si el gusto por leer fuera una característica que forma parte del equipo de serie de los individuos; se cree que el aprendizaje de la lectura es cuestión del área de lenguaje, o que leer es un hábito”, escribe la profesora de la Universidad de Barcelona Isabel Solé. Y añade que son esas creencias las que conducen a una enseñanza que ayuda a alcanzar unos niveles mínimos de lectura, pero que no son suficientes.

Si de lo que se trata es de que los jóvenes comprendan y puedan utilizar con habilidad lo que leen, que sean capaces de expresarse muy bien oralmente y por escrito en contextos diversos, ¿para qué tanta gramática y tanta sintaxis?, ¿para qué tanto sintagma nominal y tanto suplemento?, se preguntan muchos especialistas desde hace años. “Estamos formando un ejército de pequeños filólogos analfabetos, que distinguen la estructura morfológica de una frase pero no comprenden su significado”, decía el escritor Luis Landero.

Sin embargo, muchos estudiosos defienden que la reflexión sobre el idioma —lo que implicaría entre otras cosas la gramática—, es fundamental para adquirir un uso muy avanzado de la lengua. Tal vez la solución pasa por “la elaboración de una gramática pedagógica”, como propone Solé. Se trataría de un texto unificado que acabara con la dispersión actual (las diferentes teorías resultan en un caos de materiales didácticos) y eligiera los puntos básicos para hacer posible esa reflexión. Pero rechazando “la enseñanza centrada en la memorización de definiciones y en ejercicios de identificación de categorías gramaticales aisladas y de análisis sintáctico”, y llevando esas gramáticas escolares mucho más hacia los análisis del discurso, sus funciones, sus categorías, escribe la docente de la Universidad de Valencia Carmen Rodríguez Gonzalo.

De hecho, otra clave insistentemente señalada es la de enseñar los diferentes niveles de lectura: no es lo mismo hacer una búsqueda por Internet; leer un texto de física para estudiar; las instrucciones del horno para encenderlo o una obra literaria por placer. Ello, además de utilizar textos reales desde los primeros pasos, con ideas que tengan que ver con la vida del niño, “con un sentido, un propósito y una intención”, aseguraba la orientadora escolar Pilar Pérez Esteve. Junta a ella, la profesora de la Universidad Nacional de la Plata Mirta Castedo insistía en que quizá muchas de las dificultades de los niños de entornos desfavorecidas a la hora de aprender lengua se resolverían teniendo en cuenta sus contextos a la hora de proponerles ideas y textos para el aprendizaje.

¿Y esto lo tienen que hacer solos los profesores de Lengua y Literatura? Para muchos expertos, es una misión que compete a los docentes de todas las áreas, y por eso defienden que reforzarla va más allá de aumentar las horas. 

 Publicado en El País, hace ya más de un año (las cosas cambian despacio…)