Déjame salir

Hoy os recomiendo una película increíble para reconciliarse con el cine y pagar 7 euros sin cargo de conciencia ni miedo de estar tirándolos a la basura porque vas a ver algo que ya te han contado antes de otra forma diferente. Para nada.

Se llama “Déjame salir” y cuenta la historia de una pareja que se acerca un fin de semana a conocer a los padres de ella. A partir de ahí empiezan a entrar en juego otros factores: por ejemplo, que ella es blanca y él es negro. Que viven en una zona tranquila pero clasista. Y que tienen unos sirvientes que se comportan de una forma terriblemente extraña. A partir de aquí todo lo que os pueda contar se carga el sentido de la película.

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Porque es necesario que la veáis dudando si habla de cine social, si es un thriller, una americanada, ciencia ficción o un drama. Tenéis que empaparos con las miradas que intercambian – qué importantes son las miradas- y seguirlas y sentirlas para ir descifrando todos y cada uno de sus curiosos enigmas.

De verdad, no dejéis de verla.

10 cosas curiosas sobre Bélgica

1. Bélgica engorda. Pero mucho. Y cómo no va a engordar si su dieta consiste en Patatas fritas con salsa, cerveza y cofres con chocolate. Ellos te lo dicen de otra manera, que parece hasta que engorda menos: fritten, bier en een waffle met chocolade, alstublief. Pero engorda.

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Estación de Brussels- Nord

2. Nunca sabes en qué idioma te van a hablar. En la zona flamenca – Leuven, Gante, Amberes- hablan neendarlés; en la zona balona hablan francés; y en Bruselas lo mismo te dicen hola que dag, merci que danke, so que arre. De ahí que haya grupos de turistas hacinados en las estaciones de tren en medio del desconcierto porque quieren ir a Gante y no saben que se dice Gent, o Lovaina Leuven o Louvain y repitan en taquilla sin que ningún belga los entienda “one ticket to Amberes, one ticket to Amberes!!!!!!!

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Panorámica de una calle en Gante

3. Los belgas son muy importantes. Si, os parecerá una tontería, y pensaréis que no hay gente de Bélgica que sea ni muy famosa ni conocida pero estáis terriblemente equivocados. El asfalto de las carreteras lo inventó un belga. Otros dos, hermanos, la pintura al óleo. El plástico moderno también lo inventaron en Bélgica. Y las www que tecleamos todos los días vienen de allí. Los patines en línea son belgas, la teoría del Big Bang, Nueva York es un poco belga ¡hasta el Manifiesto Comunista, que se escribió allí!

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El auténtico Manneken Pis de Bruselas

4. Audruey Hepburn es belga, Jean Claude Van Damme, Rubens, Beethoven tiene familia flamenca, Tintín, Asterix, Hernandez y Fernández, Lucke Luke, Los Dalton, ¡todos son belgas!

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El mayor de los Dalton, Joe, localizado en el Atomium.

5. Para disfrutar del país es imprescindible que viajes en tren y con un Rail Pass. Este fabuloso bono de diez viajes en blanco te permite recorrer de punta a punta los lugares que escojas y que dentro del mismo itinerario, puedas ir visitan en el mismo dí, ¡pagando solo un billete! Me explico: tú rellenas como origen Brussels Nord y como destino Ostende y te subes a un tren que vaya primero a Gent- Gante. Luego a otro que llegue a Brugge- Brujas. Y por último al de la costa con destino Oostende- Ostende. Tres por uno. Más el de vuelta. Bueno para tus bolsillos, bonito para tus sentidos.

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Preciosa escultura de Nello y Pastrache en Amberes.

6. Qué arte tienes, Bélgica. Nunca te cansarás de disfrutar de la amplísima gama de creaciones artísticas que te ofrecen las ciudades belgas: desde el arte flamenco más clásico hasta el surrealismo pasando por apuestas contemporáneas. Y llama la atención lo mucho que cuidan el diseño ya sea de carteles en las calles, escaparates, joyas, anuncios…

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Cartel de un museo belga.

7. Puedes disfrutar de los contrastes mientras no se conviertan en extremos. Me explico, en ciudades como Bruselas conviven riqueza y miseria en el mismo entorno, neerlandés y francés, cristianos y musulmanes. Y no es ningún problema, siempre que se respete y que los contrastes no se lleven a los extremos. He visto cosas que me invitan a pensar que hay algo de racismo en territorio belga pero también he visto militares en la estación descargando maletas de señoras mayores y empleados de un quick dándole comida a un homeless. Contrastes.

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Plaza de la Bourse, lugar de encuentro para toda la población.

8. Hay que ser curioso cuando uno viaja. Por ejemplo, una de las partes que más me ha gustado de Bruselas en el Mercado de las Pulgas, en El Barrio de Marolles, que no está marcado como ruta turística. Y me fascinó sentarme en la orilla Del Río en Amberes y descubrir ¡que no hay puentes! En Brujas disfruté especialmente  con el silencio del precioso jardín del Beguinaje, frente a tanto turista..  Y esta misma mañana casi me vuelvo loca en e museo Magritte, en Bruselas!! 🙂

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Recorrido de los murales de cómic en Bruselas.

9. No os asustéis cuando escuchéis hablar en flamenco. Yo hice un curso básico y es mucho más fácil de lo que parece. Dos pistas: hay muchas palabras que se escriben de forma parecida a como suenan en inglés, y hay otras que son iguales al alemán. Si mezclas todo, ¡te sale el dutch! Gracias se dice dank-u y de nada bedanks. Por favor es alstublieft, y hola, dag. Hora es uur. Hotel es hot. Si es ja. Y no es nee. Y para todo lo demás, Google translate.

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Plaza de Amberes.

10. Y así llegamos al final. Mi recomendación es que sea cual sea vuestro destino, hagáis uso de la tecnología para hacerlo más accesible y fácil. Se supone que para eso la inventaron así que hagámoslo. Por ejemplo, cuando sales fuera normalmente no tienes datos en el móvil, porque salen muy caros, pero hay aplicaciones maravillosas como MAPS ME – y lo pongo en mayúsculas- que funcionan sin conexión, te geolocalicen, te quedan en itinerario que hayas buscado previamente, te ofrecen información adicional si está disponible y no se llevan toda la batería de un plumazo. Hiperrecomendable, de verdad. Si no la tenéis, descargarla. Es como el viejo mapa pero en tiempo real y con la magia de la geolocalización sencilla y guiada.

België verrast!

La Belgique surprend!

Belgium is surprising!

Bélgica sorprende!

La ventana

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La ventana

Sean Chuang

Barbara Fiore, 2011

En una pequeña ciudad, una niña paralítica ve transcurrir la vida desde la ventana de su habitación. Un día, por accidente, irrumpe en su reducido universo un chico de su edad que logrará sacarla de su aislamiento, hasta que esta amistad se ve interrumpida por la llegada de la guerra, que cambiará la vida de los protagonistas y sumergirá a la ciudad y al mundo entero en un caos.

“La ventana” cuenta una historia de diez años en viñetas, a imitación de las novelas gráficas europeas, salpicadas por breves textos anecdóticos. Son páginas ilustradas a todo color que transmiten visualmente los sentimientos y sus contradicciones, a través de un inteligente juego de tamaños y tonos pictóricos.

La obra describe un mundo cada vez más caótico y a una persona que basa su supervivencia en una simple creencia. Nos recuerda continuamente que el mundo en el que vivimos es un caos y el simple hecho de vivir no es nada fácil. Es inevitable que un sinfín de tribulaciones pongan a prueba a la gente y la hagan madurar, cuando todo se vuelve complicado y deja un mal sabor de boca. Al final entendemos que la realidad de la vida es que estamos absolutamente solos, pero corremos en pos del rayo de esperanza del amor, que nos muestra un rumbo claro abríéndose paso entre la oscuridad.

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Estoy hecho un poema

En un día tan especial como hoy, 21 de marzo, en el que la llegada de la primavera coincide con el Día Mundial de la Poesía, y nos recuerda que “un poema no es un pájaro, sino el vuelo de los pájaros. No es la nube, sino la canción de las nubes” (Hector Miguel Collado), me resulta imposible recomendar solo un libro. No puedo. La poesía está en todas partes, nos acompaña en cada momento, con ella despertamos la imaginación, y utilizamos el lenguaje de forma lúdica, ejercitando la memoria, la capacidad de escucha y atención. La musicalidad y sonoridad de las palabras demuestra que cualquier momento es adecuado para ponerle tono poético.

Tienen poesía las bolsas de plástico gracias a Karmelo C.Iribarren en la obra Versos que el viento arrastra (El Jinete Azul, 2010), demostrando que todos soñamos con volar:

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Y también hay poesía en los barras, aunque sea de usar y tirar, porque trazar sobre una servilleta de papel o sobre un posavasos nuestros sentimientos y emociones, es uno de los modos más naturales de exhibirnos en lugares comunes, al alcance de cualquiera. Lo podéis comprobar en la obra Poesía de Barra (A Fortiori Ediciones, 2010):

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Bruselas para hipsters

Publicado en Vanitatis

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¿Qué hacer durante 48 horas en Bruselas? Aunque suene a lluvia, corbatas en el Parlamento Europeo o típica foto con el Manneken Pis, lo cierto es que la capital belga esconde un lado trepidante, vanguardista y bohemio que la convierte en epicentro hipster a la europea. Cuenta, además, con el atractivo de su multiculturalidad, ya que acoge nada menos que a 183 nacionalidades distintas. Según el Informe sobre la Migración Mundial 2015, Bruselas es la ciudad más cosmopolita de Europa –y la segunda del mundo detrás de Dubái–, con más eventos culturales por cabeza que Nueva York y una fusión gastronómica digna de un congreso internacional de alta cocina. Los gafapastas con barba,tatuajes y sombreros de fieltro del mundo ya no necesitan viajar al neoyorquino Williamsburg para encontrar referentes. ‘Bruselburg’ es el nuevo destino de moda para sacar la Polaroid a pasear.

1. Gymkana y novela gráfica

En apenas dos horas y media de avión llegamos al destino y si hemos madrugado, podemos aprovechar la mañana en tierras bruselenses. Una forma distinta de conocer sus calles es alquilar una bici amarilla por horas –disponibles 24 horas los siete días de la semana, previo pago en las máquinas Villo repartidas por la ciudad– y recorrer la ruta del cómic, que deja entrever la pasión del país por la novela gráfica.

La Rue de l'Étuve (no) esconde esta pintura mural de Tintín y el Capitán Haddock (Visit Brussels)
La Rue de l’Étuve (no) esconde esta pintura mural de Tintín y el Capitán Haddock (Visit Brussels)

Gigantescos trampantojos sorprenden en las fachadas, donde encontramos a Tintín y el Capitán Haddock bajando una escalera de incendios en la Rue de l’Étuve, el Escorpión en guardia en la Rue du Treurenberg, Lucky Luke y los hermanos Dalton en la Rue de la Buanderie y pocos metros más allá, en esa misma calle, una escena de Astérix y Obélix. Para localizar los 52 murales de esta gymkana gráfica se puede comprar las miniguías de las rutas del cómic, a la venta en las oficinas de turismo por un euro, o reservar una ruta guiada en el Comics Art Museum.

Además del evento internacional Brussels Comic Strip Festival que se celebra cada septiembre en el Palacio de Bellas Artes-BOZAR, los amantes de las novelas gráficas tienen una cita en la Boutique Tintín,donde encontramos figuritas, peluches, camisetas, imanes, relojes y por supuesto ediciones limitadas de las historietas de Hergé. Para comprar cómics originales, como ‘Le réseau Madou’ de los años 80, debemos dirigirnos a la Galería Champaka… con 1.200 euros en el bolsillo, por si nos encaprichamos de alguna rareza ambientada en los años 30 sobre espías y conspiraciones.

2. Arte urbano y museos noctámbulos

Después del paseo entre murales podemos dirigirnos al barrio de Molenbeek, ejemplo de gentrificación que intenta recuperar, a través del arte, una zona depauperada, multicultural y tristemente famosa tras los atentados del año pasado. El Millenium Iconoclast Museum of Arts (MINA), que fue inaugurado en 2016, aspira a convertirse en referente europeo de las artes visuales 2.0 y catedral del pop art. Se ha instalado en la antigua cervecera Bellevue a orillas del canal y se estima que atraerá a 30.000 visitantes anuales que verán cambiar la programación cada seis meses. Los dos pisos (y una recomendable azotea) del MIMA acogen exposiciones permanentes y temporales, conferencias y talleres a lo largo del año, que invitan a interaccionar con los artistas que presentan sus obras sin marchantes ni intermediarios.

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3. Mercado vintage y cervezas al sol

Cada primer domingo de mes (habría que intentar viajar en esta fecha si queremos ir de compras) se celebra el Brussels Vintage Markt, de mediodía a siete de la tarde, en el mercado cubierto de Les Halles Saint-Géry. Aquí el hipsterismo alcanza sus máximas cotas. Para la ocasión, los armarios de las abuelas son desvalijados por los vendedores de segunda mano que ofrecen desde originales prendas de ropa, calzado y bolsos a cajitas de hojalata, vinilos y radios, extravagante bisutería, vajillas de cerámica, gafas de sol, cámaras fotográficas y muebles de estética retro. En definitiva, todo lo que fue elaborado de los años 60 para atrás. Recomendación: entrar en este mercado con un presupuesto concreto o la visita se nos puede ir de las manos.

En el Brussels Vintage Markt es posible encontrar originales (y antiquísimas) prendas de ropa, entre otras cosas (Facebook)
En el Brussels Vintage Markt es posible encontrar originales (y antiquísimas) prendas de ropa, entre otras cosas (Facebook)

En mayo, el evento se convierte en el Flashback Vintage Festival, que, como su propio nombre indica, es un viaje al pasado con ambiente y ventas ‘old style’, puestos de ecogastronomía, guiños cinematográficos y música en directo. El fin de semana del 18 y 19 de marzo se celebra otro encuentro para los sibaritas del diseño: el Brussels Design Market, dedicado a objetos de decoración y mobiliario del siglo XX, con expositores escandinavos, franceses, italianos y americanos que venden lo último del diseño vintage. Solo para bolsillos desahogados.

Si nuestro viaje no coincide con ninguno de estos eventos, no pasa nada. Podemos controlar el arrebato consumista y abandonarnos a la cerveza tostada en la plaza de Saint-Géry, epicentro de locales y terrazas donde ver y dejarse ver a cualquier hora del día y de la noche. Entre los pubs de referencia encontramos el evocador Mappa Mundo y sus conciertos en directo o el Café Des Halles, que además de coctelería y tableros de ajedrez para pasar la noche, también ofrece una amplia programación cinéfila y sesiones DJ.

10 curiosidades para disfrutar de Sevilla

Todo el mundo sabe que Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende, que me sigue oliendo a azahar, me gusta estar con su gente. Esto no lo digo yo, lo dicen los del Río pero está claro que todo el mundo lo sabe. Igual que sabe que viajar a Sevilla es una Ma- ra- vi – lla. En España somos así, de pareados sencillos 🙂

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Después de un fin de semana en la capital hispalense me atrevo a compartir con todos vosotros 10 curiosidades que os pueden sorprender, divertir o alimentar el cuerpo y la mente en un viaje de dos días a Sevilla. Aquí van:

1. En el parque de María Luisa, un lugar precioso, verde, lleno de naranjos y de vida, donde te puedes tumbar en la hierba, dar de comer a las palomas o sentarte en un banquito, también puedes montar en el Cocherito Lerén.

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2. No puedes ir a Sevilla si no te gusta la cerveza. En Sevilla tienes que tomar cerveza, si o si. De hecho, al vaso ancho de cachi lleno de cerveza lo llaman “un sevillano”. No te digo mas.

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3. De lo más famoso de la ciudad son sus setas, las Setas de Sevilla. Es un espacio precioso construido en la Plaza de la Encarnación que constituye la estructura de madera más grande del mundo y permite disfrutar desde su mirador de una de las panorámicas más bonitas de la capital andaluza.

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4. Pasear por Sevilla, da igual por donde vayas, es una maravilla. Del Barrio de Santa Cruz a la Plaza de España, de la calle Betis al Mercado de Triana. Cálzate unas zapatillas cómodas y a callejear por todas partes.

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5. Pero no te pongas cualquier cosa. En Sevilla la gente va muy elegante.

6. Si tienes hambre pero no te gustan los platos ni los cubiertos, ¡no te preocupes! Allí han recuperado el Papelón, o lo que es lo mismo, te sirven embutidos, jamón o queso en papel de estraza y tan ricamente que te sabe. Que viva lo tradicional 🙂

7. Hay unas fotos muy bonitas que puedes hacer mientras curioseas: desde la panorámica de la calle Betis de frente en la otra orilla del río hasta los típicos patios andaluces escondidos o las callejuelas estrechitas de la Judería.

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8. Si te gusta el flamenco tienes que ir a La Carbonería. Pero tienes que ir como fui yo, sin tener ni idea de a dónde vas, encontrándote de repente en una callejuela con una entrada oscura y en la que se intuye un zapateáo, hasta que atraviesas una cortina y estás en medio de una sesión flamenca, flamenca, con público de todas partes del mundo (curiosos hay en todos los lados) ¡y sin tener que pagar entrada!

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9. Te costará elegir dónde comer pero una vez que empiezas a fijarte la carta no resulta tan variada. Lánzate a por un cazón con adobo, pincho de pollo marroquí y solomillo al whisky, en cualquier terracita y eso si… aderézalo con bien de cerveza. Y con mucho sentido del humor.

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10. Y vuelve. Porque siempre queda algo por probar, como los helados de La Abuela, o sitios a dónde ir, como el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Habrá próxima vez, ¡seguro!