Lentejas de La Armuña a fuego lento (para gente que tiene tiempo)

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– 4 puñados de lentejas de La Armuña

– Media cebolla

– Un pimiento

– Un tomate

– Un ajo

– Un vasito de vino blanco

Este receta necesita dos ingredientes imprescindibles y complicados de encontrar: uno, lentejas de La Armuña buenas de verdad, como las que se cultivan en Villaverde de Guareña y se cosechan y se criban y se dejan en el “asfixio” hasta que te apetece comerlas. De esas. Y el otro ingrediente imprescindible es el tiempo, mucho más difícil de encontrar aún que las lentejas, porque hacer algo a fuego lento implica tener horas para cocinar, y eso en la actualidad es como una locura, una pérdida, un imposible. Pero el que lo busca, lo encuentra.

Total que con las lentejas (metidas en agua al menos un día antes de ponerse a cocinar) y el tiempo va uno a la cocina y pone una olla al fuego. Echa dentro la cebolla, el pimiento, el ajo y el tomate y sofríe hasta que considere que está en su punto y entonces echa agua y luego deja caer las lentejas, así de sencillo. Remueves, tapas y te quedas cerca. Y cuando te apetece levantas la tapa y remueves y ves cómo se van haciendo. 40, 50 minutos, 1 hora, hora y media… tú te levantas, quitas la tapa y pruebas. Y así las veces que haga falta. Cuando veas que queda poca agua, añades el vasito de vino. Tapas y esperas. Y así todo el rato. Nada más. No es complicado cocinar un plato de lentejas a fuego lento, de verdad. Tan solo necesitas una buena materia prima, y tiempo.

A disfrutar.

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Paquita Salas

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Mi amigo Jorge me había dicho un montón de veces que tenía que ver la serie, que me iba a encantar, y tenía tanta razón que me la he visto de un tirón. Ahora adoro a Paquita y a su humor macabro, a Magui -su contrapunto ideal-, a la “emprendedora” Noemí, a Lidi y su ingenuidad tan naif, a todos los que se mueven en esa broma tan poca divertida que es a veces la realidad. Por eso por encima de todo adoro a Los Javis y su discurso, su reivindicación de”ser humano” como la forma más auténtica de equivocarse y su capacidad de hacer humor con TODO. Con todo. Pero con todo.

Es un historión, el de Paquita. No una historia, sino algo más, porque el guión trasciende a lo que te van contando y tienes que jugar con lo que ya sabes y es ahí donde he visto algo que nunca había visto antes en televisión. Es una serie inteligente y burda a la vez, lo mismo te hace un cameo Julio Medem que Terelu Campos; una temporada te canta la sintonía Sergio Dalma y a la siguiente fichan a Isabel Pantoja. esa es otra, la Banda Sonora, ¡qué gran acierto! Como la vida misma, a ratos te salta el dance o el reggeaton, como te canta Rocio Jurado o Julio Iglesias. Esa, amigos, esa es la vida. Que a veces suena como “Pobre Diabla” pero otras te atrapa con “Fliyng Free” para terminar diciendo “No sé por qué te quiero”.

No sigo porque llenaría el post de spoilers y, de verdad, tenéis que verla. Si ya habéis llegado al final de la tercera temporada podéis divertiros leyendo las 34 curiosidades de Paquita Salas publicadas en Fuera de Series.

Fijaros si me ha tocado la patata la serie, que me ha dado pena que se acabase. Y eso solo pasa con las buenas historias, que cuando te las cuentan bien se convierten en algo distinto, en algo real, tan real como el elenco de mujeres supervivientes que rodea a Paquita a lo largo de todos los capítulos de las tres temporadas. Porque son mujeres como tú y como yo, que se equivocan y lo reconocen sin problemas; las que tienen ganas de llorar pero acaban riendo; y aguantan críticas descabelladas solo por ser buenas en lo que hacen o al menos por creérselo (“vosotros los llamáis haters, yo los llamo hijos de puta”); o creen que no pueden cuando llevan toda la fuerza del mundo dentro; las mismas que llegan a las siete de la mañana a casa después de decir “esta noche no salgo que no tengo ganas”.

Bravo, PS.

Feliz Día de la Fotografía

“You don”t take a photograph, you make it”

(Ansel Adams)

Me gusta mucho observar todo lo que me rodea y a veces escribo sobre ello o lo fotografío. Es la mejor manera de mirar dos veces.

Es problema es que la gente ha vanalizado tanto el tema de las fotos que cree que basta con posar, poner caras sonrientes y disparar trescientas cincuenta y cinco veces hasta conseguir la imagen perfecta. Pero se equivocan. Va mucho más allá.

Hacer una fotografía es CREAR un momento único. Da lo mismo si estás viendo el estallido de un volcán o a un gato tumbado en la ventana. He visto puestas de sol increíbles en Grecia, Valparaíso y no menos bonitas en mi pueblo, Villaverde de Guareña. Por eso estoy convencida de que una fotografía no tiene nada que ver con el lugar, con la cámara o con lo bien que pose el modelo. Tiene que ver con el momento.

Ahora vamos tan rápido que la gente prefiere capturar cientos, miles de momentos para luego decidir (eliminar imagen, retocar, poner filtros) cuál de todos fue el mas perfecto. Es un intento constante de capturar el presente sin prestarle atención para luego compartirlo sin tener muy claro qué lo hizo tan especial, si fue la luz , la emoción, el ruido o el silencio. No lo entiendo.

Por eso yo sigo a lo mío, capturando momentos únicos, jugando a recordar con imágenes instantes mágicos que viví en Rumania, en Nueva York o en mi casa de Salamanca, fotografías que hice con el móvil o con la cámara, algunas de paisajes y otras con personas que no siempre miran a la cámara, robados, posados divertidos, escenas únicas que se vuelven eternas precisamente porque pudieran ser fotografiadas.

Aquí va una humilde selección de lo que me pide mi ojo fotográfico. Disfrutadla.

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Siete días en Croacia

Este año si que hemos organizado bien las vacaciones, tan bien tan bien que merece la pena compartir el itinerario e invitar a otros viajeros -y un poco turistas- a disfrutar de la Costa Dálmata como hemos hecho nosotros. Así que aquí va nuestra crónica, llena de playas, curiosidades, buena comida y rincones bonitos de Croacia.

Día 1 y 2: DUBROVNIK

El avión  aterrizó a tiempo y aunque había colas largas en el aeropuerto enseguida estábamos recogiendo nuestro coche de alquiler en la empresa Unirent (la experiencia con ellos ha sido fabulosa). Después pusimos rumbo a la ciudad pero como llevábamos todo bien preparado decidimos hacer una parada para comer y darnos un baño en la playa de Cavtat, un pueblecito que nos pillaba de camino. Comimos nuestros primeros Cevapi – carne a la parrilla típica de los Balcanes- a la orilla del mar y no solo nos dinos un baño de escándalo sino que es una playa equipada con deportes de aventura así que alquilamos una tabla ¡e hicimos paddle surf! (Los precios eran súper baratos, media hora por 30 kunas= casi 5 euros).

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Llegamos a la ciudad después de comer y buscamos los apartamentos King, nuestro alojamiento que estaba en el Barrio de Mokosika. Fue un acierto total porque se encuentra en una zona relajada de pescadores, con playa típica de piedras enfrente, un bar ideal para cenar- Vapor Bar-, sitio para aparcar el coche y acceso directo a la parada de autobús que en media hora nos dejaba en la puerta de Pile, la entrada a la ciudad amurallada. En Dubrovnik siempre que podáis prescindir del coche y moveros en autobús mejor, porque es una locura para el tráfico.

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Por la noche dimos la primera vuelta por la ciudad amurallada y nos encantó. Tiene toda la magia de los lugares con Historia, es totalmente paseable y descubres rincones bonitos en todas las calles. Si eres fan de Juego de Tronos disfrutarás el doble porque en la actualidad todo el turismo está enfocado a disfrutar de los escenarios de la serie, comprar souvenirs… Si eres viajero entra en el Palacio Sponza, sube por la muralla, prueba con el teleférico o incluso, por qué no, reserva una ruta en Kayak por los alrededores de la ciudad amurallada que incluye la visita a unas cuevas y a la isla de Lokrum por 250 kunas.

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El segundo día en Dubroknik teníamos que decidir que hacer entre todo el abanico de propuestas: el kayak, coger un barco hasta la Isla de Lokrum o a Kórkula,  reservar alguna de las excursiones de Civitatis… pero decidimos apostar por algo que se olvida mucho durante las vacaciones: disfrutar. Así que pasamos la mañana en nuestra playita de pescadores, bajamos en autobús a comer al Kamenice unos mejillones con ajo deliciosos y arroz negro con calamares, y luego por la tarde nos quedamos en la playa de Banje, en la propia ciudad, con vistas a la isla de Lokrum y unas aguas claritas muy tentadoras. Cenamos en el bar Vapor y nos preparamos para emprender viaje al día siguiente.

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Día 3: BRELA

La idea inicial era llegar a Split pero descubrimos una playa preciosa de camino y teniendo en cuenta que teníamos por delante 3 horas de viaje decidimos parar allí en lugar de llegar a la ciudad. El cruce de la frontera con Bosnia- Herzegovina sin problemas ni colas, enseñas el pasaporte y sigues ruta. Llegamos a la playa de Brela justo para comer y descubrimos un lugar muy bonito, con unas vistas típicas croatas a las que ya nos estábamos acostumbrando: bañarse en aguas cristalinas mientras ves las montañas al fondo. Comimos en un puesto de la playa un plato típico de carne rellena con queso y una ensalada también muy de los Balcanes  con tomate, pepino, aceitunas y queso feta. Lo mejor de Brela es sin duda el atardecer, uno de los más bonitos que he visto en mi vida. Y de lo mejor de Croacia, como íbamos descubriendo, la comida, con un amplio abanico de posibilidades que iba desde los rissottos con marisco a los cevapi pasando por los calamares frescos a la parrilla, muy recomendable todo. Incluso nuestro alojamiento , el Bed and Breakfast Rib, con un dueño súper amable que nos ofreció la posibilidad de desayunar en la habitación disfrutando de las vistas al mar.  Encantador 🙂

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Día 4: SPLIT, KASTELA y SiBENIK

Por la mañana llegamos a la ciudad de Split, también amurallada y con mucho encanto, pero llena hasta atrás de turismo, lo que supone buscar un parking, atravesar cientos de tiendas con bolsitas de lavanda y aceite o camisetas de “Pirates of Croatia” antes de llegar a la zona de las ruinas del Palacio de Diocleciano o el Templo de Júpiter. Es una ciudad bonita para pasear, callejear y bueno, de nuevo si eres fan de Juego de Tronos harás el Agosto, sino, a lo mejor te pasa como a nosotros y te empieza a picar la curiosidad sobre la Historia de Los Balcanes, los orígenes de la terrible guerra que vivieron hace menos de treinta años y las consecuencias. Nos pasamos todo el viaje en coche buscando información sobre el conflicto y ordenando un poco nuestra propia opinión sobre todo esto tan triste pero tan contemporáneo.

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Llegamos en modo turista hasta Kastela, un conjunto de cinco pueblecitos pesqueros con castillo – de ahí el nombre- y con playa para darse un refrescante baño, pero después no alcanzamos a visitar Trogir, aunque nos hubiera encantado porque debe ser una ciudad medieval con mucho encanto.

Hicimos noche en Sibenik, con la intención de visitar la ciudad al día siguiente, y reservamos un alojamiento también muy recomendable a las afueras de la ciudad, Apartment Kata, donde nos recibió un matrimonio alemán muy pintoresco que había reformado una enorme casa como espacio turístico pero con encanto. Además tenían piscina y nos dimos otro baño nocturno ideal. Luego para comer justo frente al mar hay un montón de restaurantes con platos típicos y esa noche apostamos por la pizza en horno de leña. Deliciosa.

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Día 5: PARQUE KRKA, SiBENIK y ZADAR.

La mañana la decidimos a visitar el parque Krka por recomendación de un gran amigo y fue todo un acierto. Esta a menos de veinte kilómetros de Sibenik, y puedes elegir entre varias entradas por distintas ciudades. Nosotros apostamos por Lozovak porque estaba muy cerca de la ruta senderista que te permite bajar a la gran cascada sin autobús ni barcos. Cogimos las entradas en la taquilla – 200 kunas cada uno- sin grandes colas y tardamos diez minutos en llegar al inicio de la ruta más sencilla que te permite disfrutar del entorno del parque en tres- cuatro kilómetros hasta llegar a la gran cascada. Allí puedes bañarte mientras disfrutas de las vistas. De hecho, debes bañarte porque es una experiencia increíble. Lleva escarpines porque si no la entrada al agua será demasiado resbaladiza y regálate un ratito de relax impagable. Bueno, impagable no porque cuesta casi treinta euros pero con la cantidad de gente que hay pagando esos precios (y lo poca respetuosa que es a veces con el viajero) si fuera gratis sería más parecido a la cascada del Infierno que al paraíso que es en realidad 🙂

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Después nos fuimos a comer a Sibenik, otra ciudad con mucho encanto (y mucho turismo). Encontramos un restaurante que nos encantó, el Bistro Luce and Brigitta y comimos los mejores mejillones con espagueti y ajo que he probado en mi vida. Después de la visita pusimos rumbo a Zadar donde llegamos ya de noche.

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Día 6 y 7: ZADAR, LAGOS PLITVICE y ZABREB

Zadar es una ciudad pequeña pero con un encanto irresistible. Pasear por sus calles, darse un baño en mar abierto bajando las escaleras del paseo marítimo, descansar en el impresionante Órgano del Mar o disfrutar por la noche del Saludo al Sol son solo algunas de las cosas más recomendables que cualquier que visite la ciudad debe experimentar.

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Pero también es interesante ser curioso por eso nosotros visitamos el Museo de la Ilusión y pasamos un rato muy divertido experimentando con nuestra imaginación. Luego pateamos la ciudad por las murallas, curioseamos el Mercado de Pescado y verduras, nos dimos un baño relajante, visitamos San Donato, comimos unos platos de pescado fresco riquísimos y nos empapamos de la cultura croata. Si os gusta el arte además de los rincones históricos de la ciudad os recomiendo descubrir el trabajo de Ana Kolega y Marijana Jakelic, dos artistas croatas que presentan un punto de vista muy curioso de sus ciudades 🙂

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Por la tarde visitamos el pueblo de Nin, que tiene una de las playas de arena más largas del país y por la noche descubrimos un sitio fabuloso para cenar, el 4kantuna, en pleno centro de la ciudad pero con una terraza interior y unos sabores de escándalo.

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A la mañana siguiente pusimos rumbo a los Lagos Plitvice, un lugar de imprescindible visita en Croacia, pero como no teníamos prisa ni habíamos reservado entrada previamente (hacedlo con dos días de antelación en su web si queréis evitar una cola larguísima) pues paramos en el pueblecito de Posedarje y nos dimos un baño para coger fuerzas. Llegamos al entorno de los Lagos a las 15h, escogimos el aparcamiento 1 que es el que está más cerca de los Lagos inferiores e hicimos una hora de cola para conseguir entradas para las 16h, que como ya son solo de media día cuesta  150 kunas en lugar de 250 kunas por persona. Y elegimos la ruta A, la más sencilla, para disfrutar de la cascada Veliki Slap y del entorno del parque durante 2 horas. Tenéis infinidad de rutas y posibilidades para elegir, algunas conectadas por barco y autobuses, así que planificar bien antes si queréis pasar seis horas caminando, cuatro o dos días enteros. A nosotros nos resultó más que suficiente con la ruta A para disfrutar de los Lagos 🙂

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Por la noche llegamos a Zagreb y ojalá hubiésemos tenido un día más porque es la típica ciudad que, si te gusta más viajar que hacer turismo, te enamora. Se acaba el poso artificial que tienen las ciudades de costa, enfocadas tanto a la venta, y llegas a calles y callejones llenos de grafittis, músicos tocando en las plazas, la iluminación justa en los lugares para sentirte un poco como en casa. Todo esto pudimos descubrirlo en solo dos horas gracias al personal del hostel donde nos alojábamos, Swanky Mint, el mejor de todo el viaje. No solo por las habitaciones o el destino continental sino por la bienvenida, el jardín de la piscina, los chupitos de jager y las recomendaciones para una visita express. Gracias a ellos cenamos extraordinariamente bien en el Nokturno – una lasaña de queso deliciosa- y vimos rincones preciosos de la ciudad.

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Ahora ya en el avión de vuelta queda recordar todo lo que hemos disfrutado, agradecer los consejos de otros viajeros como nosotros y compartir lo que hemos descubierto para que pueda seguir funcionando este engranaje tan importante que es conocer otras culturas, otros lugares, llenarse de palabras nuevas, de gestos, rincones y costumbres para descubrir qué diferentes y qué iguales somos todos, en el fondo.

Hvala, Croacia!

 

 

 

 

Bok, Croacia!

El día 1 de agosto empezaron mis vacaciones y me dispuse a cumplir uno de mis objetivos de este año: hacer Paddle surf. Cualquier que me conozca sabe que siempre he querido hacer paddle surf, incluso antes de que le pusieran ese nombre yo sabía que habría una manera divertida de subirse en una tabla de surf sin necesidad de pelearse contra las olas, en plan tranqui.

Como están dejando Salamanca muy bonita con un montón de carril bici y parques y reformas me supuse que en este tema también habrían metido mano, y efectivamente. Llegué a la pesquera de Tejares y había instalado un puesto de deportes acuáticos de aventura con hayan, motos de agua, surf, bananas y otras propuestas. Y además de gestión pública y todo gratis, se llamaba Sal-al- agua- Manca y me encantó. Así que esperé pacientemente mi cola de tres horas (todos los que sois de Salamanca sabéis que las cosas gratis generan cierta demanda y largas colas, esta era algo menor de lo habitual porque algunas actividades tenían límite de edad por arriba). Cogí mi tabla, y a navegar.

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Claro, yo nunca ha hecho paddle surf y siempre me ha parecido que tenía que ser por fuerza facilísimo pero una vez que estás en la tabla, de rodillas, la cosa se complica. Mucho. Yo remaba y remaba y todo bien. Pero luego dejaba el remo, ponía un pie delante del otro, la rodilla arriba (como en el saludo al sol), la otra arriba también enseguida y… me entraba el tembleque de piernas y el miedo- que ya verás que me hundo y vete tú a saber que hay en el fondo del Tormes, que si luego me pasa como el día de Huerta y me da un ataque de risa y no puedo subirme de nuevo a la tabla-… total, que me vi desembocando en Fermoselle en el río Duero, y de ahí de rodillas hasta el Atlántico en Oporto, y luego me lié y venga a irme a la izquierda y de rodillas por todo al Atlántico hasta que acabé en el Mar Adriático. Y allí sí que me dije: tienes que levantarte Rebeca.

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Asi que hice lo que todo el mundo sabe que tiene que hacer cuando no sabe hacer algo: preguntarle a Google. Que no os parezca extraño que llevara el móvil conmigo porque todo el mundo que practique o haya practicado deportes acuáticos de aventura sabe que te dan un cubilete hermético para que lleves todo tu lastre: las zapatillas, crema solar, el sombrero, ropa de cambio, un libro. las llaves del coche y el móvil, por supuesto. Así que enseguida – con esto del roaming no os preocupéis por la cobertura que hay datos suficientes para estar conectados todos en todas partes, como siempre hemos deseado-, pues enseguida encontré la respuesta en un foro. Decía así:

  • Colocamos un primer pie a un lado del asa de la tabla, procurando apoyar la mayor parte de la planta posible.
  • Colocamos el segundo pie al otro lado del asa y seguidamente nos levantamos.
  • En el momento en el que nos levantamos ponemos el remo en el agua lo antes posible.
  • Nos levantamos dejando nuestras rodillas flexionadas, la mirada al horizonte y la espalda recta.

Y recordad no dejéis de repetiros cuando estéis sobre la tabla:

PIERNAS FLEXIONADAS, ESPALDA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE, PIERNAS FLEXIONADAS, ESPLADA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE, PIERNAS FLEXIONADAS, ESPALDA RECTA, MIRADA AL HORIZONTE,……

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Y eso es lo que hice. Y lo conseguí. Me pareció hasta un buen consejo para la vida. Duré un minuto, el tiempo suficiente para pensar que todo merecía la pena y que siempre hay que intentarlo, aunque parezca lo más difícil y acabes en el culo del mundo.

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Luego me hundí. Pero… estaba en Croacia, al lado de la “Ciudad de Juego de Tronos” aka Dubrovnik, concretamente, y me pareció mal volverme sin explorar la Costa Dálmata. Así que estaré por aquí unos días, comiendo mejillones con ajo, explorando playas de piedras preciosas y desconectando en buena compañía.

Bok, Croacia!

 

PD. Os recuerdo que en mi blog cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia 🙂

 

 

 

 

 

Todo es como se cuenta

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A veces me resulta difícil salir ilesa de un libro, y con “El eco de la piel”, de Elia Barceló, publicado en Roca Editorial, me ha pasado. Comencé sin grandes pretensiones, y de repente me vi involucrada en los secretos de sus protagonistas, con una sensación profunda de haberme colado en su historia y ser espectadora muda de todas las cosas que no querían contar pero que son las que de verdad configuran sus vidas, las que uno tiene que saber para entender por qué hicieron esto o aquello, por qué tanto dolor, tanto miedo, tanto orgullo.

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Y llegas a la última página y te das cuenta de que todo eso que sabes de ellos lo vas a seguir guardando en secreto. Incluso que vas a hacer como que lo olvidas porque, como dijo George Orwell en su novela 1984, “si quieres guardar un secreto, tienes que ocultártelo también a ti mismo”.

Shhhhhhhh

Sigue leyendo.

Y no se lo digas a nadie.

Misión en Cádiz (2)

Esta Semana Santa el colectivo hiperespecializado en la resolución de conflictos internacionales “las primas” fue enviado de nuevo hasta Gades (ciudad más conocida como Cádiz) para evitar la destrucción del mundo y conseguir alcanzar Maralto, un destino idílico que solo existe en mentes superdotadas de frikadas como nosotras.

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Y allá que fuimos, esta vez con el refuerzo de “la rubia”, hiperespecializada en manualidades y en comunicación. Y allá que nos volvió a pasar lo mismo que la otra vez: las procesiones eternas en intersectores imposibles de descifrar; los mensajes secretos cifrados en 7,45 (cuánto es?) o con traducciones imposibles (Aseos en P2); las pipas y el ansía por comer a cada segundo, como si el mundo se nos fuera detrás de cada puntillita…

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Esta vez no siquiera la sabiduría de Agustín Fernández Mallo nos podía ayudar y, aunque yo me hice muy amiga de Manuel el de “Los asquerosos”, se negó a venir a Gades con la excusa de que estaba lleno de mochufa y de que todas las deudas son con la gente. No hay gente, no hay deudas. Solo las que tiene uno consigo mismo.

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Asi que como no encontrábamos por dónde empezar para salvar el mundo nos pasábamos el día en la playa cogiendo olas, tomando cazón en adobo y haciendo fotos, que es algo tan postmoderno que ya se ha quedado antiguo.

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En estas estábamos cuando se nos apareció una noche Alejandro Albalá en sueños tomando una infusión de hierbaluisa con helado de kinderbueno y nos dijo dos cosas: una, que en Gades no hay café a partir de las 10 de la noche, y dos, que cogiéramos el autobús 1 hasta la calle Balbo y  allí encontraríamos la respuesta.

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Así que el día siguiente nos plantamos allí y descubrimos una sala que se hacía llamar “Escape Room” pero era seguro seguro nuestro centro de operaciones. Al menos así lo entendimos nosotras, que nos dejamos encerrar en un espacio a oscuras con la intención de salvar el mundo mientras la rubia y la prima organizadora entraban por el armario, cual visita a Narnia. Una vez allí pusimos nuestras mentes a funcionar y entre las runas, los sudokus falsos, los sms y muchos nervios, pues salvamos al mundo. Si, como lo oís. Si estáis aquí, es por nosotras. Bueno, lo cierto es que hemos superado la Fase 1 pero volveremos a completar el proceso porque la playa, el mundo, José Luis el vecino, Alejandro Albalá y el resto de la humanidad se lo merecen.

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