Jean Jullien

Jean Jullien es un artista gráfico francés que vive en Londres en la actualidad. Trabaja desde ilustración hasta fotografía pasando por video creaciones, animaciones, libros, prendas de ropa…

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En 2011, fundó Jullien Brothers, un dúo especializado en imagen en movimiento con el que ha creado videos tan interesantes como Statues o Adieu. Además trabaja en estrecha colaboración con el músico Coward.

Me ha conquistado la sencillez de sus ilustraciones y el gran fondo que esconden, traten el tema que traten. Los papeles de Panamá, la pereza de los lunes, el abuso tecnológico… Todos los argumentos que aborda nos rodean y preocupan en la actualidad pero desde su punto de vista además nos invitan a pensar.l artista es famoso por burlarse de nuestra obsesión, que nos separa de la vida real, dejándonos solitarios. Además de su sátira también utiliza las redes sociales como una plataforma política, es ampliamente conocido por la creación de la “Paz para París” símbolo que se ha convertido en un signo de solidaridad en todo el mundo con Francia después de los atentados de París.

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Nada, de Jane Teller

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Barcelona, Seix Barral, 2011. 1ª ed., 1ª imp. 160 p. 23×14 cm.

Censurado, reeditado, prohibido, alabado, detestado… Desde su aparición en el año 2006 este libro de la danesa Janne Teller no ha dejado indiferente a nadie. ¿Será porque la autora ha escogido a un grupo de niños como protagonistas de una durísima fábula moderna? ¿O es que la sociedad aún no está preparada para enfrentarse a la tan temida “nada” que nos rodea y nos absorbe?

El libro cuenta la historia de Pierre Anton, que decide subirse a un árbol el mismo día en el que cae en la cuenta de que “nada importa”. A partir de ese momento sus compañeros de clase harán lo imposible por convencerle de que la vida merece la pena pero, hartos de esperar a que el protagonista entre en razón y abandone sus derrotistas argumentos filosóficos, deciden demostrarle el verdadero valor de la vida con ejemplos.

Cada uno ofrecerá algo que realmente valora contra la nada de Pierre.  Y lo que empieza como un inocente juego infantil plagado de buenas intenciones, va cobrando tintes de tragedia cuando los niños comienzan a demostrar la envidia, la codicia y el orgullo que impera en la sociedad moderna. Sus regalos se convierten en auténticos sacrificios que se exigen unos a otros. Unas zapatillas nuevas, tu diario, una de tus mascotas… Nada es suficiente.

La autora consigue reflejar magistralmente el drama de la contemporaneidad más absoluta, con un inocente cuento plagado de fanatismo, miseria, falta de valores y una importante ración de filosofía. Con esta obra ha conseguido entrar en la lista de los crossover, aquellos libros de apariencia juvenil que seducen a un lector adulto y logran romper barreras generacionales.

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Nada ha conseguido numerosos premios, entre otros, Mejor libro en 2001 en Dinamarca, Premio Libbylit a la mejor novela del ámbito francófono, o Mejor libro 2010 por el periódico alemán Die Zei. Al escribirlo Janne Teller pensaba en dos cosas: en la novela que le habría gustado leer con 14 años y en huir del encorsetamiento que le sobra a la literatura juvenil. En sus propias palabras opina que “a menudo los jóvenes están más abiertos a nuevos pensamientos, estilos e ideas que los adultos”.

Anomalisa

Cuando estoy en casa – raro- y me apetece ver una película casi siempre paso un rato largo intentando localizar una portada que me cuente algo, un título que me llame la atención y despierte mi curiosidad.

Hoy la elegida ha sido Anomalisa, de Charlie Kaufman. La primera escena ya me ha sorprendido gratamente, porque es una película de animación. Pero en contra del tono infantil y ligero que adquieren algunos títulos animados, Anomalisa es lenta y mas bien oscura. Yo os recomendaría encarecidamente que la vieseis en versión original, porque la voz tiene un papel importantísima en la historia.

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Anomalisa está protagonizada por un auténtico gurú de la comunicación que se dedica a dar charlas motivacionales para los trabajadores de las secciones de Atención al Cliente. El problema es que al bajarse del estrado se convierte en un hombre monótono, gris, al que todo lo que le rodea le parece igual y no lo motiva en absoluto. Vaya redundancia… Ni su familia, ni su entorno, ni nada consigue sacar de su letargo a este personaje aparentemente sin identidad, hastiado y algo insufrible. Hasta que se cruza en su camino Lisa, y el simple detalle de descubrir en ella un tono de voz distinto, despierta algo en él que le hace recobrar la esperanza. ¿Será suficiente Lisa? ¿O será solo una anomalía en su rutina?

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Me he encantado la película porque habla de tantas cosas sin nombrarlas… Habla de un mundo superfluo y poco motivado en el que nos hemos convertido casi en marionetas, seres anodinos sin nada que contar. O a lo mejor habla de seres anodinos en un mundo cambiante y activo que ya no quieren cooperar al cambio. O a la mejor habla de un mundo sin identidad con montones de personas que quieren cambiarlo pero no saben ni por dónde empezar.

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Os animo a convertiros por un rato en anomalías también, digo, en Anomalisa.

Gandía Shore

Hace ocho meses decidí embarcarme en un nuevo proyecto y fue así como me convertí en empresaria y emprendedora. Hace cuatro meses no tenía ni para un vino a la salida del trabajo ni para un vestido de rebajas. Hace cuatro días me pude ir de vacaciones, por fin, con mi sueldo y con el orgullo de que podía permitírmelas, igual no al Ritz, pero sí a un festival en Gandía.

Después de meses de sinsabores e ilusión a partes iguales, de derrotas y victorias, proyectos, planes, algunos que no y otros que salen… Después de muchos lloros y sonrisas, al final uno, cualquiera, tiene que llegar a la conclusión de que por encima de todo debe intentar que se escuche eso, su risa. Y como dice una buena amiga “hay que sonreírle a la vida, hasta que sea ella la que te sonría”.

Así que mi crónica de Gandía, por encima de mis libros, mis gotas, mis ausencias y mis silencios, va a ser sobre la risa, la mejor medicina. Os propongo un juego: a continuación tendréis ocho momentazos de nuestras vacaciones, solo cuatro son verdad, y evidentemente los otros cuatro son mentira. Qui lo sá. Os toca decidir. O no. Al fin y al cabo, como dice el refrán “en este mundo cruel, nada es verdad ni es mentira, todo es según y por qué, el cristal con que se mira”.

1- Cuando alquilamos las sillas eléctricas modelo Sterling Elite de 3 ruedas con cesta. Fue una gran idea. La gente se sorprendía un poco al ver esa extraña procesión de vehículos motorizados primero rugiendo hacia la playa y luego hacia el festival. Pero no os olvidéis que estamos en Semana Santa y que las sillas no pasaban de 30km/h. Además las dejábamos muy bien aparcadas en los restaurantes (endereza, endereza, gira, gira, para, para).

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2- Las tres horas que disfrutamos del peliculón “María de Nazaret”, un remake de la pasión de Cristo con Paz Vega en el papelón de María Magdalena. Dicen las malas lenguas que también salía Kevin Costner pero no logramos constatarlo. Había algunos giros de interés pero en realidad la trama no sorprendía en exceso. No os cuento el final, por eso de los spoilers.

3- Las dos veces que nos encontramos a Chicote. Mira que es difícil que estén grabando Pesadilla en la Cocina en el mismo restaurante en el que decides comer, pero ya en dos… Al primero le hacía mucha falta (se llama Maimónides, por si queréis no ir) y tenía los típicos problemas de falta de comunicación, empezar a comer sin cubiertos ni platos, que te tiren el café en las gafas de sol… Chicote se desesperó y como no vio solución se marchó, con tal mala suerte de que nos lo encontramos en el restaurante en el que decidimos ir a comer al día siguiente. Allí había todavía mas tema: anunciaban un menú que no tenían, limpiaron la parrilla con nuestro calabacín, recogieron los mejillones de un río (no de una ría) y el chuletón de buey, si te acercabas mucho, maullaba. No sé que conseguiría Chicote, pero por si queréis no ir, este se llamaba Gandía.

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4- Ese momentazo en el que le pusimos cristal en el calimocho a un chico que pasaba por ahí en el Festival, y se volvió loco y al final acabamos todos haciéndonos amigos. Lo que el chico no sabía es que nosotras no consumimos droga ni mucho menos y que el cristal que le pusimos era de verdad, de una esquirla que se nos había saltado de la botella de Negrita, de ahí que él estuviera todo loco y que nosotras nos acordemos con dificultad de qué canciones tocaron los de Love of Lesbian o si de verdad aparecieron por ahí los Niños Mutantes.

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5- Los míticos 75 euros gastados en tokens: ¿que ayer nos compramos 75 tokens? Que tikens? Que 75 euros en tokens? Pero estáis locas? Pero cuánto es eso en euros? 75 euros en tokens de verdad? Y a ver… Cuántos quedan… Que cuántos quedan…. Cuántos…. Dos.

6- La excursión que se marcaron S y S al volver al apartamento el primer día. Como el camino era todo recto, decidieron que sería mas divertido callejear y dar unos cuantos rodeos, a las 4 de la mañana. Media hora después, no sabían si estaban en Gandía, en Benidorm o en Sebastopol, pero ni el GPS las dirigía. La vida les dio que pasaron dos chicas y les indicaron, amablemente, que además de estar demasiado mal para ir tan solas y perdidas por la calle, la que buscaban era la paralela. Gracias, gracias.

7- Lo bien que baila Faruq en Falkata.

8- ¿El mejor concierto del festival? El que se marcó Shakira en nuestro Nissan Qasqais prestado durante el viaje de vuelta. Decidió decantarse solo por su disco “Pies Descalzos” y me dejó hacerle los coros, más maja…

 

😉