INCERTIDUMBRE

Ante la muerte como respuesta cuando no hay pregunta previa, ¿qué hacer? ¿Preguntar o responder? A mi no se me ocurren respuestas desde la masacre y el terror de ayer. Solo me hago preguntas, una y otra vez:

¿Por qué ese restaurante y esa sala de fiestas y no otras? ¿Es tan fácil tener un kalashnikov por las calles de París? ¿De verdad alguien infravalora su vida hasta tal punto que solo aspira a la “vida eterna”? ¿Y cómo vive cada día de una vida que no es eterna? ¿Habrá tranquilidad ante tanta venganza y tanta soberbia? ¿Cómo es posible que las redes sociales sean una de las herramientas más usadas para reclutar nuevos yihadistas? ¿Esto no es ya una guerra? ¿Qué importa el número de muertos o la procedencia, no es lo importante que cada día hay más gente muerta? ¿Pararán de matar por unas ideas? ¿Estamos seguros? ¿Estamos a salvo? ¿Tenemos nosotros alguna respuesta?

Me asaltan mil preguntas sin respuesta y mientras sigo leyendo noticias, tuits, opiniones y otras informaciones que nos “bombardean” hay algunas que por encima del resto se me clavan y me dan un hilo de esperanza frente a tanto terror e incertidumbre. Algunas como esta:

“INSISTO. CONTRA EL FUNDAMENTALISMO, EDUCACIÓN. ARMA DE CONSTRUCCIÓN MASIVA”.

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@xavieraldekoa

Grecia: un pasado siempre presente

Durante siete días he caminado cámara en mano por Grecia. De la capital a las islas, de calles grandes y turísticas a callejuelas estrechas. De rincones conocidos solo a través de redes sociales hasta el Partenón. Un amplio recorrido actual que me ha permitido llegar a una conclusión determinante: Grecia es el país del eterno pasado en el presente. Ni la abandonarán nunca lo heroico de su historia ni tampoco el caos de sus propuestas dionisiacas. Los griegos son Sísifo, Tsipras, Platón, Apolo, Seferis, Varoufakis, Atenea, Elytis y Theodoraki a la vez. Una mezcla explosiva para un mundo que pide realidades por encima de leyendas o diatribas. Un sueño para los que no ven más allá de las sumas y las restas.

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Perdonadme que no profundice en el epicentro económico de la crisis griega, pero lo mío no son los números, y creo que muy pocas veces éstos son la respuesta. Si alguien se hace preguntas, que respire las calles griegas, que pasee y sienta la humillación de la población, que se empape de humanidad en lugar de hacerlo de cuentas. Y piense por un momento en el orgullo de un pueblo al que se le ha preguntado por su futuro, en un intento de escapar de su pasado que siempre se presenta, y ha visto como no vale de nada y se le humilla y se le recuerda que no va a salir con vida de si historia. Porque es eterna.

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En siete días en Grecia no he percibido las emociones más fuertes en la Plaza Syntagma o en cualquier calle de Atenas. De hecho, he visto mas gente rebuscando en la basura en cualquier calle de Madrid que en la capital griega. No había cola en los cajeros. Apenas huelgas. La gente aguanta heroica y se prepara para mas recortes, mas ajustes, que no van a conseguir sacarles de la quiebra. No he visto esperanza en Grecia, tan solo nostalgia.

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Ayer en el Odeón de Herodes Ático, a los pies de la Acrópolis se celebraba un homenaje a Mikis Theodorakis con motivo de su 90 cumpleaños. Y fue allí precisamente, entre casi mil griegos, en un escenario incomparable rebosante de años y de ruinas, fue allí donde por momento sentí la emoción más fuerte de mi viaje. De repente me sentí parte de su Historia, pude notar con una fuerza abrumadora el sentimiento compartido por los asistentes, la nostalgia y las luchas de sus abuelos o padres, el cariño de las letras, la fuerte de sus palmadas, las lágrimas de sus vivencias. Respiré Grecia.

Y eso solo se consigue a través de la cultura. Saber nos hace libres. Ójala alguien, algún día, se pare a pensar en esa máxima, pasee por La Academia, por una biblioteca o por el Ágora y recuerde que allí se gestaron y se gestan muchas respuestas. Que siempre nos hemos hecho muchas preguntas pero lo importante es no tenerle miedo a las respuestas, y mucho menos de dónde vengan. Ójala, Grecia.

despìdos

las primeras reformas laborales del gobierno están levantando polémica. a nadie le gusta nada.

los españoles solo quieren puestos de trabajo nuevos pero no quieren saber de dónde salen. no quieren mini jobs porque no son estables. no quieren despidos más baratos ni facilidades para cambiar condiciones laborales.no quieren que se pueda rebajar el sueldo por razones de competitividad o productividad, sin necesidad de alcanzar un acuerdo.

sale a la calle a expresar su miedo de “quedarse en la calle con más facilidad”. pero ¿y los que ya están en el paro? ¿y los que a los veintitantos todavía no han encontrado ni siquiera su primer trabajo? ¿y los que tienen un puesto público de ocho horas de las que cumplen en activo la mitad? ¿quienes son los que salen a la calle y claman contra el “despido libre”? pensar en que te despidan cuando estás trabajando es como vivir y cumplir años obsesionado con el momento de la muerte; pensar en que te despidan cuando aún no tienes trabajo es como ser un feto de siete meses que no quiere que llegue el momento del parto por lo que le pueda esperar fuera; pensar en que te despidan cuando tienes un trabajo precario es andar en la cuerda floja (te caes, vuelvas a levantarte y a tirar para adelante). pensar en que te despidan… pensar en que te despidan… pensar en que te despidan… ¿PERO LA CUESTIÓN NO ERA PENSAR EN EL TRABAJO?

cuando se es joven de verdad, se es joven para toda la vida

de todos los documentos gráficos que voy conociendo del 15M, este es, sin duda, el que más me ha emocionado. porque habla de gente que fue joven y protagonista en la transición, de abuelos que un día hace tiempo lucharon por la democracía. y hoy, con sus achaques y sus nietos, vuelven a salir a la calle a apoyar a los que tenemos que luchar ahora. aprendamos de su sabiduría,escuchemos siempre a los mayores, intentemos que sean sus valores y no las ansias de cambiar el mundo las que nos muevan. a cambio, ellos solo piden, al final, que no nos olvidemos de darles lo más importante: UN ABRAZO.

59 segundos para no responder una simple pregunta

P: entonces afirma usted que no sé presentará como candidata a las próximas elecciones?

E: que ya lo he dicho mil veces

P: pero lo afirma, o no lo afirma

E: que ya he respondido a esto

P: entonces, votará a mariano rajoy

E: claro que si

P: y votará a mariano rajoy y usted no se presentará a los próximas elecciones

E: votaré a mariano rajoy

P: y no se presentará a las próximas elecciones

E: que no

P: y esta es una decisión inamovible

E: hombre, inamovible inamovible, no hay nada en este mundo

P: entonces, se presentará

E: que ya lo he dicho…

P: y es inamovible

E: inamovible no.

P: bien, pues cerramos el debate con su afirmación de que no se presentará a las próximas elecciones.

E: como diría el señor rajoy ” o no”…

mira, si esto no es un ejemplo clarísimo de fallo en el feedback comunicativo que baje Laswell y lo vea. Una cosas es que sean políticos, y otra que sean sordos. O tontos. O no.

Aquí va el ejemplo práctico de comunicación eficaz.

P: entonces ¿se va a presentar a las próximas elecciones?

E: si me da la gana, oye.

Así, el acto comunicativo es puesto en marcha por un emisor que crea un mensaje y, a través de un canal, lo hace llegar a un receptor o audiencia, para lograr sobre ésta un efecto determinado, que responde a sus intereses ideológicos, económicos …..

 

quién me pone la pierna encima…

me siento parte de España. ¿Y eso? Porque ayer vi el debate (parte) y me gustó.

Empezó Rajoy, porque lo dictó el azar (y luego dicen del azar y la política, en fin). Se remontó a un análisis de los últimos cuatro años sobre la gestión de Zapatero. Luego le tocó a Zapatero que por su parte se remontó a ocho años atrás, la época en la que gobernaba Aznar y Rajoy era ministro de Interior. Después le volvió el turno a Rajoy que decidió remontarse hasta los tiempos de Felipe González. Luego me pareció oír a Zapatero mencionando algo de Franco. Y ya no estoy muy segura de si de verdad dijeron algo de Godoy, Carlos IV, Fernando el Católico y la dinastia de los Omeya, o me lo estaba imaginando.

Rajoy estaba empeñado en que ” el señor Zapatero no quiere hablar de inmigración” y se le debió de atascar el teleprompter al de la cámara porque lo repetió muchas veces. Zapatero al fin decidió ceder a sus ruegos y dijo algo de legalizar a extranjeros con un bonobus. Oye, una buena propuesta. Luego lo explicó y no quedó tan gracioso.

Zapatero debe haber tomado algun curso de Excel porque estaba empeñadísimo en enseñar sus gráficos, sus barritas y las flechas de señalización. Rajoy los veía y se le ponía en la cara una media sonrisa que le daba cierto atractivo. Luego hablaba y ya no.

A veces hablaban de cosas en las que tenían razón los dos pero no se la habrían dado ni aunque hubieran tenido que ponerse de acuerdo en que el “chiki chiki” no tiene que ir a Eurovisión.  Dijeron varias veces la palabra “mentira” y deberían saber que no se puede decir, que queda muy mal en la tele. Eso lo enseñan en el curso de Orange: los “problemas” son inconvenientes y que no existen las “mentiras” sino los “no es cierto”.

Rajoy se ganó a Galicia cuando repitió alrededor de cuatro veces seguida en bajo “lo sé, soy gallego”. Y Zapatero a los artistas, porque mencionó a Javier Bardem. Claro, ya se sabe…Por aqui un spot, por aquí una canción, por allí el canon.

En fin, un deleite para todos los españoles y extranjeros que estábamos viendo la tele. Como dicen en El Mundo, el debate más vibrante e igualado de la historia de la democracia en España.

Lo único malo que le veo es que ninguno de los dos iba a ganarlo, sino a demostrar quien iba a perderlo más.