La luna de Jaime Sabines

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La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

Salamanca y te miro

Me gusta el punto de vista de Salamanca que cuenta Raúl Vacas y muestra Victorino García en este libro, “Salamanca y te miro” , presentado hoy mismo en la Feria del Libro de esta ciudad, blanca y negra a la vez, con una tendencia a quedarse un poco gris.

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Dice en él Raúl Vacas cosas tan bonitas como esta:

“Tal vez una mañana inesperada nos detendrá nos detendrá un instante en el olvido para aprender el precio de las cosas. Tal vez no es poco que amanezca. Que la ciudad donde prendió nuestra raíz se nos antoje eterna. Que el amor estrenado en los apuntes pase con nota las convocatorias. Que conquistemos cada territorio. Que murmuremos a los cuatro vientos: ¡Yo aprendí en Salamanca!”

Yo también me fijo, como ellos, en las historias que ocultan los que pasean, en los secretos que esconden los vuelos de las cigüeñas o los años de las piedras. Las palabras y las imágenes de este libro nos invitan a curiosear, a descubrir otra historia dentro de la Historia que todos cuentan y ya nos sabemos de memoria.

De verdad, salmantinos. Merece la pena.

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La palabra

Pablo Neruda

… Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tiene sombra, trasparencia, peso, plumas, pelos, tiene de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaban arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Estoy hecho un poema

En un día tan especial como hoy, 21 de marzo, en el que la llegada de la primavera coincide con el Día Mundial de la Poesía, y nos recuerda que “un poema no es un pájaro, sino el vuelo de los pájaros. No es la nube, sino la canción de las nubes” (Hector Miguel Collado), me resulta imposible recomendar solo un libro. No puedo. La poesía está en todas partes, nos acompaña en cada momento, con ella despertamos la imaginación, y utilizamos el lenguaje de forma lúdica, ejercitando la memoria, la capacidad de escucha y atención. La musicalidad y sonoridad de las palabras demuestra que cualquier momento es adecuado para ponerle tono poético.

Tienen poesía las bolsas de plástico gracias a Karmelo C.Iribarren en la obra Versos que el viento arrastra (El Jinete Azul, 2010), demostrando que todos soñamos con volar:

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Y también hay poesía en los barras, aunque sea de usar y tirar, porque trazar sobre una servilleta de papel o sobre un posavasos nuestros sentimientos y emociones, es uno de los modos más naturales de exhibirnos en lugares comunes, al alcance de cualquiera. Lo podéis comprobar en la obra Poesía de Barra (A Fortiori Ediciones, 2010):

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Los poetas de Internet

Gustavo Adolfo Bécquer era un poeta. Rafael Alberti también. Gloria Fuertes, Rosalía de Castro, Antonio Machado, Gabriela Mistral, Miguel Hérnandez. Y ahora conviven en las estanterías de las librerías con Defreds, Carlos Salem Sola, MARWAN,Elvira Sastre, Loreto Sesma, Roy Galán, LUIS RAMIRO, Rayden,Vanesa Martín Oficial, Pablo Benavente, Miguel Gane, Anne Invierns,Saray Alonso Cuando tú ya no, Sara Búho Y a algunos les horroriza la idea de que jóvenes anónimos que se dieron a conocer por sus tweets en Internet o por las letras de sus canciones, publiquen en editoriales y convivan con los clásicos. Pero lo cierto es que los jóvenes han vuelto a abrir la puerta de librerías y bibliotecas y se han reconciliado con la sección de poesía. Y allí descubren a los contemporáneos y, con suerte, a su lado a los atemporales.

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La gente tiene miedo de que en la actualidad todo se desvirtúe: el invierno ya no es lo que era. Las rebajas ya no son lo que eran. La literatura ya no es lo que era. Y la poesía tampoco. Nos empeñamos en ponernos negativos ante los cambios y resistirnos antes de integrarlos como parte de un proceso y  adaptarnos a ellos. No es malo que Roy Galán se lea en los institutos  porque anima a los jóvenes a escribir sus propios textos, a comunicarse a través de escritos mas o menos poéticos donde descubren el poder de las palabras para permitirles gestionar algunos sentimientos. O simplemente por el puro placer de dejar que les invadan. Y disfrutarlas. De ahí a Miguel Hernández, Oliverio Girondo o Ángel González hay un paso.

No son los nuevos poetas de Internet los que deberían darnos miedo. Ellos son el reflejo claro de su tiempo. Lo que debería darnos miedo es la incapacidad de encontrar una idea para crear lectores con ellos.

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Nochevieja literaria

¡Qué bonito imaginar una Nochevieja Universitaria para Salamanca así, como lo hace Raúl Vacas en esta estupenda reflexión para el periódico digital SalamancaRTValDía! Os dejo con el comienzo, si queréis seguir leyendo, (que vais a querer) tenéis que hacer clic al final del párrafo:

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Cae la tarde en la ciudad del Tormes y con ella la niebla que de forma amable desdibuja los paisajes de la piedra. Cientos, miles de jóvenes se acercan a la Plaza Mayor. Se oye música de jazz. Un speaker prueba su voz con un poema de Neruda. Algo va a suceder. Una fiesta cultural que reunirá a jóvenes amantes de la poesía de varios países y que enhechizará las voluntades de los medios de comunicación de todo el mundo: la Nochevieja Literaria.

Aún es pronto. Muchos estudiantes muestran sus carnés en bibliotecas céntricas para buscar y y repasar los versos que más tarde gritarán frente al reloj. Otros consultan en sus móviles el repertorio. Una app descargable contiene una guía completa del evento.

La seguridad es máxima en los ríos de calles que van a dar a la Plaza, que es el vivir.

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Arte de Portas Abertas: la galería urbana de Madeira

Con la atención de abrir las puertas de la ciudad de Funchal (Madeira) al arte y la cultura, en la calle Santa María y aledaños se puede disfrutar de un proyecto común de artistas y poetas que convierten un paseo por la zona antigua de la ciudad en una experiencia muy contemporánea. Este texto abre la primera puerta de la calle:

Desta porta da cidade

por onde passa o universo

vou registando memórias

seja em prosa ou em verso

Y a partir de ahí podemos ir curioseando para descubrir puertas grandes y pequeñas, pintadas o esculpidas, poemas largos y cortos, sorpresas escondidas… Una auténtica GALERÍA URBANA hermana de la de la Plaza del oeste que podemos disfrutar en Salamanca que demuestra que los miles de kilómetros que nos separan no condicionan que disfrutemos juntos de nuestra creatividad. Disfrutad algunas pinceladas 🙂