La casa de Fernando Pessoa

Hace una semana estrené una nueva sesión de narración dedicada a la figura de Fernando Pessoa, como parte de la programación de “Punto Capaz” con el Colegio de Educación especial de “El Camino” en la Biblioteca de Villamayor. Y se nos acaban las palabras.

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Ha sido una preparación muy cuidada, muchas jornadas de trabajo dedicadas a explorar la obra del poeta, a extraer las palabras más curiosas de sus versos y a pensar cómo darle vida desde el respeto y teniendo en cuenta que, para él, como para Unpuntocurioso, lo mejor del mundo son los niños.

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El resultado han sido dos sesiones fantásticas, un público increíble en ambas que ha disfrutado de los pequeños detalles, de las canciones, los versos, los secretos que escondía su mágico baúl.

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Gracias, de verdad, a todo el Colegio de Educación Especial “El Camino” de ASPACE, un espacio mágico donde la imaginación crecer libre y donde la creatividad se genera a través de las historias que todos llevamos dentro (ójala nadie pusiera en duda la vital importancia de centros como este); gracias a La Biblioteca de Villamayor y especialmente a Manuel por seguir espoleando nuestra curiosidad e invitarnos a crear y a creer que se puede. Y a Magda, alumna de prácticas del Máster de Educación Global de la USAL que ayudó en la realización de la casa y que ha apoyado desde el inicio el proyecto.

Hay veces que faltan las palabras pero hoy Fernando Pessoa me presta las suyas:

“Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas”. 

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Tratado de Botánica

Totalmente fascinada con este poema de Carmen Conde para el SlamPoetry de Lavapiés. Podéis disfrutar de una amplia selección en http://www.poesia.tv, seguirla a ella a través de http://www.la-poesia.es y recitar, escribir, sentir poesía. Que nos hace mucha falta, coño.

…Soy un pensamiento… soy un diente de león…

“Gloria” de Teatro del Barrio

Ayer disfruté de la obra de teatro “Gloria”, un monólogo conducido de forma impecable por la actriz Ana Rayo en el que el público tiene la oportunidad de descubrir a la verdadera Gloria Fuertes: excesiva, malhablada, cansada de su papel, ácida pero sensible a la vez, tremendamente culta y amante de las palabras, de todas, incluso de los tacos.

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Me gustó mucho Ana Rayo porque vi todo el tiempo en ella a Gloria. Me fascinó su diálogo con el globo, el único compañero de escenario, al igual que los niños, siempre presentes en la vida de la poeta y representados en este caso por nosotros, su público. Me emocioné de nuevo con sus poemas y con su voz rota por el tabaco y por el whisky. Qué frágil, Gloria, envuelta en sus corbatas y sus palabrotas.

 

Qué frágil, Gloria.

 

Mamá

(César Brandon)

Hola, esta carta debía haberla escrito hace dos años,

Así que por esta vez permitirme hablar en primera persona y os prometo que ya acabo.

Mamá, me encanta escribir a ordenador,

aunque detesto todo lo que trae el Word 2016 como predeterminado.

Sonará extraño, pero es como si la existencia me hubiese concedido la habilidad de leer entre opciones de interlineado

y la verdad es que detesto el cuerpo del Calibrí,

los once puntos y el 1,0 de espaciado.

Mamá, me enseñaste que la vida resumía en pedir disculpas, dar las gracias y decir por favor

y también en guardar cada cinco minutos los archivos de Word

porque en cualquier momento podía producirse un apagón y nos quedábamos unos días sin luz.

Mamá, gracias por tu gratitud,

por todo lo bueno y por preocuparte del cuándo, del cómo, del dónde y con quién salía.

Yo y mi juventud.

A veces contestándote con mala actitud hasta que tú y tus collejas me recordabas que pa’mala tú.

Mamá, lo siento por entender demasiado tarde que por más veloz que sea el amor a primera vista siempre quedará segundo si se enfrenta al amor de madre.

Por enseñarme que padre no sólo es aquel que tiene un hijo,

padres son todos aquellos a los que los sueños les quedan pequeños,

a lo poco que duermen para cumplirlos y aparte.

Lo siento por buscar lo extraordinario en otros planetas, por contestarte con mensajes cuando ya había encontrado la vida para llamarte.

Mamá, ahora, ahora el mundo se detiene cuando hablo mamá,

porque tú te casaste con la felicidad y no firmaste la separación de bienes.

Y ahora… jamás volverá a pasar por mi cabeza la idea de quitarme la vida,

porque la felicidad me debe la mitad de todo lo que tiene.

Mamá, tal vez yo sólo sea un instante,

como una de esas faltas de ortografía que en el Word 2016 se corrigen solas o se borra.

Mamá, tal vez yo sea eso,

pero yo te quiero recta, a doble espacio

y en Times New Roman…

Gracias”.

La luna de Jaime Sabines

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La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

Salamanca y te miro

Me gusta el punto de vista de Salamanca que cuenta Raúl Vacas y muestra Victorino García en este libro, “Salamanca y te miro” , presentado hoy mismo en la Feria del Libro de esta ciudad, blanca y negra a la vez, con una tendencia a quedarse un poco gris.

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Dice en él Raúl Vacas cosas tan bonitas como esta:

“Tal vez una mañana inesperada nos detendrá nos detendrá un instante en el olvido para aprender el precio de las cosas. Tal vez no es poco que amanezca. Que la ciudad donde prendió nuestra raíz se nos antoje eterna. Que el amor estrenado en los apuntes pase con nota las convocatorias. Que conquistemos cada territorio. Que murmuremos a los cuatro vientos: ¡Yo aprendí en Salamanca!”

Yo también me fijo, como ellos, en las historias que ocultan los que pasean, en los secretos que esconden los vuelos de las cigüeñas o los años de las piedras. Las palabras y las imágenes de este libro nos invitan a curiosear, a descubrir otra historia dentro de la Historia que todos cuentan y ya nos sabemos de memoria.

De verdad, salmantinos. Merece la pena.

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