Mamá

(César Brandon)

Hola, esta carta debía haberla escrito hace dos años,

Así que por esta vez permitirme hablar en primera persona y os prometo que ya acabo.

Mamá, me encanta escribir a ordenador,

aunque detesto todo lo que trae el Word 2016 como predeterminado.

Sonará extraño, pero es como si la existencia me hubiese concedido la habilidad de leer entre opciones de interlineado

y la verdad es que detesto el cuerpo del Calibrí,

los once puntos y el 1,0 de espaciado.

Mamá, me enseñaste que la vida resumía en pedir disculpas, dar las gracias y decir por favor

y también en guardar cada cinco minutos los archivos de Word

porque en cualquier momento podía producirse un apagón y nos quedábamos unos días sin luz.

Mamá, gracias por tu gratitud,

por todo lo bueno y por preocuparte del cuándo, del cómo, del dónde y con quién salía.

Yo y mi juventud.

A veces contestándote con mala actitud hasta que tú y tus collejas me recordabas que pa’mala tú.

Mamá, lo siento por entender demasiado tarde que por más veloz que sea el amor a primera vista siempre quedará segundo si se enfrenta al amor de madre.

Por enseñarme que padre no sólo es aquel que tiene un hijo,

padres son todos aquellos a los que los sueños les quedan pequeños,

a lo poco que duermen para cumplirlos y aparte.

Lo siento por buscar lo extraordinario en otros planetas, por contestarte con mensajes cuando ya había encontrado la vida para llamarte.

Mamá, ahora, ahora el mundo se detiene cuando hablo mamá,

porque tú te casaste con la felicidad y no firmaste la separación de bienes.

Y ahora… jamás volverá a pasar por mi cabeza la idea de quitarme la vida,

porque la felicidad me debe la mitad de todo lo que tiene.

Mamá, tal vez yo sólo sea un instante,

como una de esas faltas de ortografía que en el Word 2016 se corrigen solas o se borra.

Mamá, tal vez yo sea eso,

pero yo te quiero recta, a doble espacio

y en Times New Roman…

Gracias”.

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La luna de Jaime Sabines

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La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

La palabra

Pablo Neruda

… Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tiene sombra, trasparencia, peso, plumas, pelos, tiene de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaban arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Estoy hecho un poema

En un día tan especial como hoy, 21 de marzo, en el que la llegada de la primavera coincide con el Día Mundial de la Poesía, y nos recuerda que “un poema no es un pájaro, sino el vuelo de los pájaros. No es la nube, sino la canción de las nubes” (Hector Miguel Collado), me resulta imposible recomendar solo un libro. No puedo. La poesía está en todas partes, nos acompaña en cada momento, con ella despertamos la imaginación, y utilizamos el lenguaje de forma lúdica, ejercitando la memoria, la capacidad de escucha y atención. La musicalidad y sonoridad de las palabras demuestra que cualquier momento es adecuado para ponerle tono poético.

Tienen poesía las bolsas de plástico gracias a Karmelo C.Iribarren en la obra Versos que el viento arrastra (El Jinete Azul, 2010), demostrando que todos soñamos con volar:

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Y también hay poesía en los barras, aunque sea de usar y tirar, porque trazar sobre una servilleta de papel o sobre un posavasos nuestros sentimientos y emociones, es uno de los modos más naturales de exhibirnos en lugares comunes, al alcance de cualquiera. Lo podéis comprobar en la obra Poesía de Barra (A Fortiori Ediciones, 2010):

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Nochevieja literaria

¡Qué bonito imaginar una Nochevieja Universitaria para Salamanca así, como lo hace Raúl Vacas en esta estupenda reflexión para el periódico digital SalamancaRTValDía! Os dejo con el comienzo, si queréis seguir leyendo, (que vais a querer) tenéis que hacer clic al final del párrafo:

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Cae la tarde en la ciudad del Tormes y con ella la niebla que de forma amable desdibuja los paisajes de la piedra. Cientos, miles de jóvenes se acercan a la Plaza Mayor. Se oye música de jazz. Un speaker prueba su voz con un poema de Neruda. Algo va a suceder. Una fiesta cultural que reunirá a jóvenes amantes de la poesía de varios países y que enhechizará las voluntades de los medios de comunicación de todo el mundo: la Nochevieja Literaria.

Aún es pronto. Muchos estudiantes muestran sus carnés en bibliotecas céntricas para buscar y y repasar los versos que más tarde gritarán frente al reloj. Otros consultan en sus móviles el repertorio. Una app descargable contiene una guía completa del evento.

La seguridad es máxima en los ríos de calles que van a dar a la Plaza, que es el vivir.

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El cielo de Salamanca

por Charo Ruano

El cielo de Salamanca tiene una bruja;
Se llama celestina,
vieja y oscura.
Tiene una niña blanca
y enamorada;
Un huerto, un jardín
y una ventana.
Melibea feliz,
aguarda, aguarda
a que llegue Calisto
para robarla.

El cielo de Salamanca
tiene una luna
alumbrando el camino
hacia la locura;
tiene un ciego en la orilla
clara del río,
espiado de cerca
por Lazarillo.
Y el Tormes que susurra
sueños de agua,
de catedrales viejas
piedras doradas.

El cielo de Salamanca
tiene la estela
de la belleza toda,
que hiere y hiela.
Y los niños que juegan
juegos ajenos,
a este sueño de piedra
historia y cuentos.

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Contribución a la estadística

Wislawa Szymborska

 

“De cada cien personas,/ las que todo lo saben mejor:/ cincuenta y dos,/ las inseguras de cada paso:/ casi todo el resto”.

“Las prontas a ayudar,/ siempre que no dure mucho:/ hasta cuarenta y nueve, las buenas siempre,/ porque no pueden de otra forma:/ cuatro, o quizá cinco”.

“Las dispuestas a admirar sin envidia:/ dieciocho,/ las que viven continuamente angustiadas/ por algo o por alguien:/ setenta y siete”.

“Las capaces de ser felices:/ como mucho, veintitantas,/ las inofensivas de una en una,/ pero salvajes en grupo:/ más de la mitad seguro”. “Las crueles/ cuando las circunstancias obligan:/ eso mejor no saberlo/ ni siquiera aproximadamente”.

“Las sabias a posteriori:/ no muchas más/ que las sabias a priori,/ las que de la vida/ no quieren nada más que cosas:/ cuarenta,/ aunque quisiera equivocarme”.

“Las encorvadas, doloridas/ y sin linterna en lo oscuro:/ ochenta y tres,/ tarde o temprano,/ las dignas de compasión:/ noventa y nueve,/ las mortales:/ cien de cien./ Cifra que por ahora no sufre ningún cambio”.