Estoy hecho un poema

En un día tan especial como hoy, 21 de marzo, en el que la llegada de la primavera coincide con el Día Mundial de la Poesía, y nos recuerda que “un poema no es un pájaro, sino el vuelo de los pájaros. No es la nube, sino la canción de las nubes” (Hector Miguel Collado), me resulta imposible recomendar solo un libro. No puedo. La poesía está en todas partes, nos acompaña en cada momento, con ella despertamos la imaginación, y utilizamos el lenguaje de forma lúdica, ejercitando la memoria, la capacidad de escucha y atención. La musicalidad y sonoridad de las palabras demuestra que cualquier momento es adecuado para ponerle tono poético.

Tienen poesía las bolsas de plástico gracias a Karmelo C.Iribarren en la obra Versos que el viento arrastra (El Jinete Azul, 2010), demostrando que todos soñamos con volar:

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Y también hay poesía en los barras, aunque sea de usar y tirar, porque trazar sobre una servilleta de papel o sobre un posavasos nuestros sentimientos y emociones, es uno de los modos más naturales de exhibirnos en lugares comunes, al alcance de cualquiera. Lo podéis comprobar en la obra Poesía de Barra (A Fortiori Ediciones, 2010):

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Entrevista para Crecer en Inglés

Hace unos meses descubrí el blog Crecer en Inglés y me encantó porque realiza propuestas innovadoras que le dan visibilidad a actividades para disfrutar de la lengua inglesa como vía de comunicación con los más pequeños sin caer en el academicismo ni en la enseñanza formal. Por ejemplo, desde sus perfiles sociales difunde las actividades que se realizan en inglés para familias a través de un Bilingual Map que funciona como calendario de actividades bilingües.

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Desde que nos conocimos empezamos a intercambiar recomendaciones e ideas en torno al bilingüismo. Y hace unos días me concedieron el honor de ser la protagonista de su Podcast “Aventura Bilingüe“. Durante treinta minutos Álex y yo hablamos sobre la línea de trabajo de “Leemos en inglés“, el programa que realizó con Unpuntocurioso para promover la lectura en inglés con pequeños lectores. Comentamos la importancia de compartir la sonoridad del idioma, los ritmos y las palabras con la simple intención de divertirse y descubrir a través de ellos historias, movimientos y juegos. También me dejo espacio para presentar mis “Fingerplays“, una publicación interactiva que he diseñado para cantar, contar y jugar en inglés con los más pequeños a través de nuestras propias manos y con la ayuda de un dispositivo digital. Fue una experiencia muy enriquecedora y me encantaría que todos los que pasáis por aquí escuchárais también el podcast, con la intención de que podamos “crecer en inglés” todos juntos :-))

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 Escucha”039-Entrevista a Rebeca: Un punto curioso” en Spreaker.

El cuento de los tres cerebros

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Había una vez una cabeza y dentro de esa cabeza habitaban tres cerebros. Se llaman Cerebro Racional o Neocórtex; Cerebro Emocional o Límbico; y Cerebro Reptiliano o Animal. Los tres eran bien distintos pero se complementaban muy bien. Por ejemplo, Neocórtex era el más tranquilo y reflexivo de los tres. Límbico era más emocional y Reptiliano… Pues era el más irreflexivo e impetuoso.

Cuando alguien llamaba a su casa, y llamaban un montón de veces al día, pues si les apetecía abrían la puerta de la Atención. Era la puerta de su casa y entre los tres le habían puesto nombre: Atención.

El que abría la puerta era siempre Límbico y al observar al que llamaba decidía si le dejaba pasar y le invitaba a tomar algo con Neocórtex o si no se fiaba de él y entonces llamaba corriendo a Reptiliano para que lo sacara de allí.

Si llamaba a Reptiliano era porque el desconocido no le gustaba, le parecía peligroso o amenazante. Pero si le dejaba pasar hasta el salón para tomar un café con Neocórtex entonces es que le resultaba interesante y Curioso, que quería saber más de él y pasar un rato juntos. Así echaban las horas a veces con desconocidos interesantes y otra veces con viejos conocidos que venían a contarles novedades.

Eso si, Límbico tenía que estar de buen humor para abrir la puerta porque si no… Si estaba muy cansado ni se levantaba a abrir, así que la puerta de la Atención permanecía cerrada. Si estaba malhumorado no abría porque no quería y si estaba muy triste o estresado lo mismo. Así que era muy importante que Límbico se encontrara bien para que la puerta de la Atención se abriese y tuvieran visitas.

CONCEPTOS CLAVES: cerebro racional, neocórtex, cerebro límbico, emociones, cerebro reptiliano, instinto, atención, aprendizaje, curiosidad.

 

 

 

La luna llena en la LIJ

Dicen que “soñar en las noches de luna trae fortuna” por eso esta noche de LUNA LLENA es un momento perfecto para compartir una selección de bellísimas ilustraciones en obras paradigmáticas de literatura infantil para deleitarse y asomarse a la ventana de las páginas de un libro. Aquí os dejo un adelanto pero en este enlace tenéis toda la selección.

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Moonday de Adam Rex

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The Moon Jumpers de Maurice Sendak

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Duerme Negrito de Paloma Valdivia

 

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Il cane e la luna de Alice Barberini

¡Enhorabuena, Letras Corsarias y Ana Tarambana!

Los que nos dedicamos al mundo de la literatura infantil por vocación tenemos algunos lugares de culto, físicos y virtuales, a los que siempre recurrimos en busca de inspiración, consejo, ayuda, tranquilidad… La lectura sirve para tantas cosas que recurrimos a ella por infinidad de razones.

Alguien que me ha ayudado a descubrirlas y curiosear en todas estas razones es Ana Garralón, más conocida como Ana Tarambana gracias a un blog que se ha convertido en punto de referencia para todos los interesados en LIJ. Su papel en el universo online es fundamental para todos los que buscamos criterios de calidad y libros aptos para curiosos. Sus recomendaciones son un referente y se ha convertido en tal nexo de unión entre libros y profesionales que también dirige desde hace un tiempo su propia escuela online. Ana Garralón es la “recomendadora” por excelencia de todos aquellos que buscamos lecturas antiguas y nuevas, fáciles y no tan fáciles, controvertidas y sencillas, informativas y no tan informativas. Pero ¿dónde encontrarlas?

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Yo soy de Salamanca y desde que nació Letras Corsarias, un buque insignia de los libros en el centro de la ciudad, encontré mi lugar- brújula. Allí puedo navegar entre la poesía de Ajo y la fotografía de Chema Madoz, descubrir un tesoro de  llamado Album(es) que pensé que no iba a llegar tan lejos y comprar un libro que no es un libro de Jean Jullien. Pero además la librería fue el escenario de uno de los talleres más bonitos que he realizado junto a Soraya como Unpuntocurioso: ÁRBOLES, una propuesta de mi padre, que es el que me enseñó todo lo que sé de los árboles, llevada a cabo gracias a la naturaleza, que es la que nos prestó las hojas y las formas; y complementada a la perfección con todos los libros que nos prestaron los corsarios: Mi árbol de los secretos de Oliver Ka y Martine Perrin, Inventario ilustrado de los árboles de Virginie Aladjidi, o Árboles de Mario Benedetti. Decía Miguel de Unamuno que “hubo árboles antes que hubiera libros, y acaso cuando acaben los libros continúen los árboles. Y tal vez llegue la humanidad a un grado de cultura tal que no necesite ya de libros, pero siempre necesitará de árboles, y entonces abonará los árboles con libros.”

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Ana Garralón desde el espacio virtual y Letras Corsarias desde el espacio físico son, para mi, el tándem ideal de la literatura para niños. Y por eso, cuando hace unos días les otorgaron el Premio Nacional al Fomento de Lectura 2016 no me extrañó en absoluto. A ella por la labor constante y necesaria que realiza desde la red. A ellas, las Letras, por su “Conspiración de la Pólvora”, una alianza entre tres librerías de Segovia, Plasencia y, por supuesto, Salamanca, en la que demuestran que la cultura literaria se escapa también de las grandes capitales y coloniza con su magia otros espacios que merece la pena conocer y premiar. Así que, ENHORABUENA Ana, Rafa, Mercedes, y otro ENHORABUENA muy grande a todos los lectores, cada vez mas, que hacen posible que estos espacios crezcan y crezcan hasta quién sabe… dónde llegarán 🙂

«La escuela no necesita una asignatura de educación emocional o de felicidad, sino cultura y conocimiento»

Alberto Royo

Guitarrista clásico. Musicólogo. Profesor de Instituto. Así se define en su perfil de Twitter Alberto Royo, autor del libro «Contra la nueva educación», donde hace una ácida crítica a las nuevas corrientes que inundan el sector de la enseñanza. Página tras página, el autor repasa de forma mordaz los principales dogmas pedagógicos posmodernos, y elabora una defensa apasionada, pero no pasional, de una instrucción pública «dotada de una efectiva función de palanca para la mejora personal de las personas, y alejada de supercherías y propuestas excéntricas mejor o peor intencionadas».

—Reforma educativa, tras reforma educativa, los resultados parecen ser siempre los mismos. Igual tasa de abandono, igual de malos resultados en PISA. ¿Es que dan igual las leyes educativas?

—No se puede esperar un vuelco en los resultados con leyes que son conceptualmente similares. La LOE es la LOGSE y la LOMCE es las anteriores pero con diferente vestimenta. En el fondo, ninguna de ellas sitúa el conocimiento en un lugar preferente. Por otra parte, si bien no todo ha de estar condicionado por PISA, los informes sí nos indican que las cosas no se están haciendo bien.

—Usted asegura que entre los más graves errores cometidos quizá esté el de rebajar el nivel de exigencia: el igualitarismo hacia la mediocridad, el desprecio del conocimiento, la desconsideración hacia el esfuerzo y la aversión al mérito. ¿Esto sería con lo primero que hay que acabar? ¿Cómo?

—Recuperando el valor del conocimiento, asumiendo que no es posible aprender sin esfuerzo, reivindicando la meritocracia (que los mejores lleguen más lejos, no solo los que tengan mayor capacidad, sino los más perseverantes y, claro, los más honrados, los que más lo merezcan en definitiva, procedan de una situación mejor o peor), siendo ambiciosos y no conformándonos con un nivel medio para todos sino apostando por la excelencia (lo que no va en detrimento, faltaría más, del apoyo a los alumnos con mayores dificultades). Y, por último, aclarándonos sobre qué queremos que sea la escuela: un lugar en el que se aprenden conocimientos y valores o un centro de entretenimiento y sociabilización, que «guarde niños» y evite problemas porque no están en la calle.

—¿Es prudente que un país que se encuentra a la cola de la OCDE en educación, y tiene tal tasa de abandono, centre casi todos sus esfuerzos en imponer la lengua de Shakespeare?

—Cuento en el libro cómo el actor argentino Ricardo Darín explicaba en una entrevista por qué no ha querido trabajar en Hollywood: porque pensar en otro idioma es muy difícil y porque estaría renunciando a una herramienta muy valiosa. Este mismo razonamiento sirve para la enseñanza. Un profesor ha de dominar la herramienta más importante que tiene: la palabra. Y hacer que sus alumnos la dominen. Va a ser su mejor medio laboral y profesional. Sin que eso suponga despreciar el conocimiento de otros idiomas. La enseñanza del inglés (o del francés, alemán o chino…) debe suponer un plus, no una sustitución. No puede ser que la finalidad de una enseñanza secundaria sea hacer que nuestros alumnos chapurreen un idioma extranjero y ya.

—Hay una corriente de pedagogos que insiste en acabar con la enseñanza tradicional. Pero usted apunta en su libro que, al final, el único sistema cuyos resultados están demostrados es el del aprendizaje a través de la lección tradicional, la clase magistral, los exámenes, los programas por objetivos… ¿Cierto?

—No es que sea el único sistema válido. Lo que pienso es que un buen docente puede serlo utilizando una metodología tradicional o innovadora. Lo que defiendo es que se deje de presionar al profesor insistiendo en la necesidad de la innovación sin tener en cuenta si esta va a mejorar o no el aprendizaje de nuestros alumnos. Hoy tenemos congresos de innovación, cursos de innovación, premios de innovación… el profesor que no innova es tachado de inmovilista, mientras se premian metodologías extravagantes. Déjennos a los profesores que hagamos uso de nuestra libertad de cátedra y enseñemos como mejor consideremos, según nuestra forma de concebir la educación. De lo que se trata no es de enseñar a lo antiguo o a lo moderno sino de enseñar bien.

En cuanto a la clase magistral, es ridículo estar en contra de ella porque no es más que una clase excelente. La palabra magistral se ha llenado de connotaciones negativas absolutamente injustas. En todos los ámbitos (artísticos, laborales, deportivos, empresariales…) se busca a un «maestro» que pueda explicar cómo mejorar en conocimientos, técnicas o proyectos. ¿Por qué no en educación? Cuando he impartido clases magistrales como intérprete (o cuando las he recibido) a nadie se la ha ocurrido pensar que iban a ser soporíferas o perjudiciales. Al contrario, en el mundo de la música una clase magistral es una oportunidad de aprender, un disfrute, un lujo.

Una clase, en el contexto que sea (un curso de interpretación musical, un instituto, una universidad) no puede ser magistral si es aburrida, monótona, plana… denostar la clase magistral es un ejercicio de anti intelectualismo. Estoy seguro de que solo desprecia la clase magistral, entendida, insisto, como una clase extraordinaria, quien no es capaz siquiera de dar una buena clase. Para aspirar a impartir una clase magistral (y digo aspirar porque no es sencillo) hay que estar muy preparado.

—Su libro Contra la Nueva Educación insiste en que lo nuevo vende, lo viejo no, y que lo peor de estas corrientes es que sobrevaloran lo emocional, la empatía, lo original e infravaloran el esfuerzo, la constancia o el rigor.

—Sería urgente cambiar esto restableciendo algunas certezas, algunas convicciones. ¿Cómo? Recurriendo a la razón y a la experiencia. Entendiendo que nada hay más reaccionario que un sistema público de enseñanza que iguale a todos en la vulgaridad. La cultura y el conocimiento se devalúan si se regalan, si no se pide a cambio interés y voluntad. Pero demostramos desconfiar de su valor cuando lo edulcoramos y lo aligeramos para facilitar su adquisición. Además es profundamente injusto socialmente hablando. Los alumnos que viven en un ambiente familiar donde hay cultura, conocimientos, absorben estos de manera habitual: leen en casa, escuchan música, visitan un museo, aprenden un vocabulario culto, leen la prensa, comentan y escuchan comentarios de distintos temas… Mientras que los alumnos que se mueven en ámbitos social y económicamente difíciles solo pueden llegar a «aprender», a conocer estos saberes en la escuela. Si no se los dan allí, carecerán de ellos siempre y partirán con una desventaja notable.

—Una de esas corrientes aboga por la introducción de la educación emocional en todas las escuelas. ¿Esto sucede a costa de tiempo para las Matemáticas?

—Es posible porque nuestros dirigentes, con intención o no de idiotizar a la sociedad, no confían en el valor del conocimiento, así que, si el conocimiento no es importante y la escuela no es el lugar en el que transmitirlo ni el profesor quien lo atesora, toca buscar otras metas: una de ellas es la educación emocional, como si fuera posible separar la emoción de cualquier actividad que uno haga. Soy músico, ¿le parece que es posible enseñar mi asignatura sin emoción? Hay más emoción en el aria de las Variaciones Goldberg que en treinta congresos de educación emocional. No necesitamos una asignatura de educación emocional. Necesitamos educación, conocimiento y cultura. Y esto en sí mismo ya es emocionante. Apasionante.

—También hay quien aboga por enseñar en la escuela a ser felices a los hijos.

—Cuando me dicen que los chicos tienen que ser felices en la escuela, me pongo enseguida en guardia. Yo también quiero que mis alumnos sean felices, claro. Mis alumnos, mi familia, usted, el mundo… pero la escuela no es ni debe ser un centro de psicología positiva, autoayuda y terapias alternativas y la felicidad no puede ser el fin de la escuela. Es absurdo. Cuando preparé mi oposición no estudié nada sobre felicidad y sí mucho sobre música. Porque ese es mi cometido: enseñar música. A mí la música me apasiona y sin duda contribuye a mi felicidad, como estoy convencido de que es importante para la formación de mis alumnos y que puede proporcionarles cualidades valiosas que les podrán procurar disfrute en el futuro: el desarrollo de la sensibilidad artística, el cultivo del paladar musical y del gusto estético… o, al menos, una cierta cultura que, pese a que para algunos parece que estorba o que no es «útil», nunca está de más. Pero esto es algo que se alcanza con el tiempo y no de forma inmediata y en cuyo proceso no siempre lo pasa uno en grande. Supeditar todo aprendizaje a la comodidad, al bienestar y al placer es una irresponsabilidad que puede convertir a nuestros alumnos en ignorantes narcisistas.

—Usted advierte en su obra que hay cierta ofuscación con la innovación, la tecnología y lo digital.

—Parece que es una buena forma de ganar dinero y fomentar el consumo. Voy a ponerle un ejemplo, ahora que se empieza a criticar también la escritura a mano y todo debe hacerse con el ordenador: cuando uno toma apuntes en el ordenador, la propia rapidez de la pulsación hace que anote cuanto escucha sin apenas darle importancia. Sin embargo, tomar apuntes a mano, dada la menor rapidez con que la mano puede escribir, te obliga a pensar y seleccionar lo más importante. Ya estás haciendo un trabajo importante de cada al estudio que no puedes hacer con un portátil. La tecnología es una herramienta que, como todas, debe utilizarse cuando mejore el desempeño de una actividad, pero no por imposición.

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