Las que habitan

Muy orgullosa de participar en #Habitamoslacultura, una propuesta de Las que habitan – Cultura y Mujeres en CyL para crear redes y visibilizar a mujeres que trabajan por la cultura en Castilla y León. Gracias por este tipo de iniciativas que permiten contar proyectos, crear sinergias y compartir ilusión 🙂

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Podéis consultar aquí los nombres y el trabajo de las primeras 100 mujeres que forman parte del proyecto. Y digo primeras porque somos muchas mas, y seguro que todas tendrán su espacio.

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http://lasquehabitan.com/directorio-categorias/

Aviones de papel

Cuando yo era pequeño, conocí a una niña con unos grandes ojos negros. Íbamos juntos a clase y ella siempre me miraba, pero yo nunca le decía nada porque era muy tímido.

Un día, cuando volví del recreo, ella había dejado un avioncito de papel encima de mi pupitre. Yo la miré, ella ya me miraba y sonrió, pero no le dije nada porque era muy tímido.

Pero el segundo día había dejado dos avioncitos de papel. La volví a mirar, me volvió a sonreir, pero nada, seguí sin poder decirle nada.

¿Al tercer día? Al tercer día el pupitre estaba lleno de aviones de papel.

¿La clase? La clase estaba llena de aviones de papel.

¿El colegio? El colegio lleno de aviones de papel.

Entonces no tuve más remedio que buscarla, y la busqué y cuando la encontré le dije:

“¿Por qué? ¿Por qué me regalas tantos aviones de papel?”

Y ella me contestó:

“Porque tú, Tú eres mi cielo”.

Jairo Anibal Niño.

El Colegio de Enfermería acoge la exposición ‘Déjame que te cuente’

La muestra de Rebeca Martín podrá visitarse hasta el próximo 26 de mayo
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Del día 16 al 26 de mayo en el Colegio Oficial de Enfermería de Salamanca se puede visitar la exposición ‘Déjame que te cuente’ de Rebeca Martín. Una propuesta interactiva para público familiar en la que se proponen distintas posibilidades: una, disfrutar de los óleos; dos, descubrir las historias que se esconden en los códigos QR que acompañan a cada obra. Tecnología y creatividad se unen para ofrecer distintas lecturas del arte. Además, el día 26 se realizará un cuentacuentos especial basado en la exposición y dirigido a familiares de colegiados, a cargo de Unpuntocurioso.

Rebeca Martín es promotora de lectura en Unpuntocurioso, un novedoso espacio para público infantil y juvenil que defiende el libro como vía de comunicación imprescindible entre el niño y el adulto. Con “Déjame que te cuente” ha recorrido ya distintas bibliotecas y espacios culturales, demostrando que es posible leer también el arte.

– See more at: http://www.salamanca24horas.com/cultura/16-05-2016-el-colegio-de-enfermeria-acoge-la-exposicion-dejame-que-te-cuente#sthash.vP86cZVe.dpuf

Nada, de Jane Teller

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Barcelona, Seix Barral, 2011. 1ª ed., 1ª imp. 160 p. 23×14 cm.

Censurado, reeditado, prohibido, alabado, detestado… Desde su aparición en el año 2006 este libro de la danesa Janne Teller no ha dejado indiferente a nadie. ¿Será porque la autora ha escogido a un grupo de niños como protagonistas de una durísima fábula moderna? ¿O es que la sociedad aún no está preparada para enfrentarse a la tan temida “nada” que nos rodea y nos absorbe?

El libro cuenta la historia de Pierre Anton, que decide subirse a un árbol el mismo día en el que cae en la cuenta de que “nada importa”. A partir de ese momento sus compañeros de clase harán lo imposible por convencerle de que la vida merece la pena pero, hartos de esperar a que el protagonista entre en razón y abandone sus derrotistas argumentos filosóficos, deciden demostrarle el verdadero valor de la vida con ejemplos.

Cada uno ofrecerá algo que realmente valora contra la nada de Pierre.  Y lo que empieza como un inocente juego infantil plagado de buenas intenciones, va cobrando tintes de tragedia cuando los niños comienzan a demostrar la envidia, la codicia y el orgullo que impera en la sociedad moderna. Sus regalos se convierten en auténticos sacrificios que se exigen unos a otros. Unas zapatillas nuevas, tu diario, una de tus mascotas… Nada es suficiente.

La autora consigue reflejar magistralmente el drama de la contemporaneidad más absoluta, con un inocente cuento plagado de fanatismo, miseria, falta de valores y una importante ración de filosofía. Con esta obra ha conseguido entrar en la lista de los crossover, aquellos libros de apariencia juvenil que seducen a un lector adulto y logran romper barreras generacionales.

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Nada ha conseguido numerosos premios, entre otros, Mejor libro en 2001 en Dinamarca, Premio Libbylit a la mejor novela del ámbito francófono, o Mejor libro 2010 por el periódico alemán Die Zei. Al escribirlo Janne Teller pensaba en dos cosas: en la novela que le habría gustado leer con 14 años y en huir del encorsetamiento que le sobra a la literatura juvenil. En sus propias palabras opina que “a menudo los jóvenes están más abiertos a nuevos pensamientos, estilos e ideas que los adultos”.

El globito rojo

Eloy Moreno en su libro “Lo que encontré bajo el sofá” incluye una reflexión muy acertada sobre los globos que se escapan de nuestras manos. Dice así “ Tacto e hilo se separan y, de pronto, un globo comienza a caer hacia el cielo. Es una caída lenta pero a la vez irremediable. Irremediable no porque sea imposible atraparlo, irremediable porque nosotros, los adultos, ni siquiera lo intentamos; sólo los niños lo hacen.  Ellos, a pesar de acurrucar sus dedos y no sentir ya la cuerda que sujetaba su ilusión, continúan manteniendo la esperanza. Corren, saltan, lloran, gritan…señalando ese punto que va desapareciendo entre un azul que lo ocupa todo.”

Es precisamente esta idea de esperanza e ilusión la que predomina en todos los libros de LIJ que abordan el tema de los globos, y más específicamente de globos rojos, destacando un color que se vislumbra perfectamente en ese momento en el que el hilo se separa de nuestra mano y toma rumbo al cielo.

Los libros sobre globos rojos hablan de muchas cosas a la vez. Muchísimas. Amistad, crecimiento, imaginación, pérdidas, valores… La lista de temas es tan amplia que conviene ir abarcando algunos títulos por separado para profundizar en la idea.

Iela Mari, ilustradora italiana, mujer de mirada curiosa con capacidad para indagar en la vida escondida de los objetos cotidianos, nos regaló el Globito Rojo, un alegato a la imaginación sin palabras pero adecuado para todas las edades. En este libro, nada es lo que parece y es necesario imaginar todas las posibilidades que el color y la forma proporcionan en el viaje de un globo que se escapa, como no, por la ingenuidad de un niño.

Videocuento aquí: https://www.youtube.com/watch?v=uAdhOE7PriI

Años más tarde, concretamente en 2014, el japonés Kazuaki Yamada, fue reconocido por su trabajo en My Red Balloon, una historia ilustrada sobre una niña con un globito rojo que se monta en un autobús, y lo pierde en una de sus paradas. Es un homenaje a la amistad y al viaje que realizamos todos los días de nuestra vida solo por tener la suerte de estar vivos, algo que se enfatiza en el final del libro al contemplar la preciosa puesta de sol coronada por un precioso sol rojo, que bien podía ser el mismo globo del inicio.

Booktrailer aquí: https://youtu.be/bPmg2R-nByg

Y no podemos olvidarnos de la versión cinematográfica de Albert Lamorisse, Le Ballon Rouge, llevada al papel en el año 1994 con la intención de compartir con todos los lectores, pequeños y mayores, la historia de Pascal.

Sigue leyendo en http://salamancartvaldia.es/not/112524/el-globito-rojo/ 

Déjame que te cuente estrena Facebook

Mi exposición “Déjame que te cuente” ha crecido tanto en los últimos meses que, aunque sea fácilmente transportable en una bolsa de Ikea, a nivel digital ya necesitaba un espacio propio. Por eso, coincidiendo con su último estreno, esta vez en la Biblioteca Pública Berta Pallarés de Cabrerizos (Salamanca), os presento su propio espacio virtual:

www.facebook.com/dejamequetecuentesalamanca

Os recuerdo que en esta exposición el público recibe una invitación directa para leer la imagen, el texto y también la sorpresa que acompaña a cada una de las obras. La intención es aprender a mirar a nuestro alrededor y descubrir las posibilidades que esconde cuando se le aplica creatividad e imaginación.

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Ahora además se añade una página de Facebook en la que iré subiendo las imágenes correspondientes a cada uno de los lugares en los que sea expuesta, y además añadiré entradas con noticias, lecturas y propuestas de interés que aborden el tema del arte para niños, la LIJ o la tecnología como herramienta educativa. Espero que os resulte interesante y que compartáis para llegar al máximo de público posible. Recordad, “todos tenemos mucho que contar”.  🙂

La literatura como una tercera orilla

Visto en Revista Intemperie

Hay un cuento inquietante y genial del brasilero João Guimarães Rosa, titulado “El tercer margen del río (o la tercera orilla del río)”. Es la historia un padre que, sin razón aparente, deja a su familia y comienza a habitar una canoa en la imprecisa ribera del río cerca de casa. No se ha marchado del pueblo, no ha muerto, lo ven moverse en su improvisada embarcación, se alimenta con la comida que le dejan. Como dice el narrador: “Nuestro padre no volvió. No se había ido a ninguna parte. Solo cumplía el deseo de habitar en aquellos espacios del río, de medio en medio, siempre dentro de la canoa, para no salir de ella, nunca más”. Es ambiguo, está y no está, lo necesitan y recuerdan a diario, lo ven a lo lejos pero no pueden contar con él ni comprender la lógica de su decisión. Pasan los años, resiste las heladas, las lluvias, la intromisión de los extraños, pero también la hija contrae matrimonio. Cuando nace el primer nieto, van al río y tienen la esperanza de que esa nueva vida le provoque una emoción, un eminente regreso, pero nada, se quedan con la criatura agitando las manos en el aire. La hija con su nueva familia se muda a otra ciudad, la madre los sigue, queda solo el hijo mayor. Luego de un tiempo, en un pacto de filiación o de culpa, el primogénito le dice en voz alta: “padre, ya estás viejo, yo te relevo, ven, es mi turno”. Es la primera vez que el hombre da señas de que escucha y rema lento hacia él pero en ese instante el miedo lo invade y escapa lejos.

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Yo siento como lectora y autora que cada vez que acepto el pacto de un libro, al leerlo o escribirlo, de algún modo consiento habitar un tercer espacio, una dimensión desconocida que supera los binarismos arriba-abajo, izquierda-derecha y tantos más. La ficción no es la realidad cotidiana ni algo meramente fantasioso: las historias y los personajes de los libros tienen espesura, son figuras que movilizan nuestras fuerzas psíquicas, se hacen concretos en el tiempo específico de la lectura y si nos “tocan” pasan a ser parte de nuestro imaginario.

Si me remonto en el tiempo creo que la primera vez que sentí que habitaba ese tercer espacio, fue en las bibliotecas públicas. De niña, cuando mis posibilidades de desplazamientos eran escasas, y las tareas escolares una rutina, me vi en la necesidad de salir a buscar las respuestas que las enciclopedias y los libros hogareños no daban. Más pronto que tarde lo que hay en casa deja de ser suficiente, y esto en un amplio sentido: salimos al mundo a recorrer otras orillas, a explorar espacios ajenos, a cruzar fronteras. Tuve la suerte de vivir al lado de una biblioteca municipal a la que iba a consultar mapamundis. Cuando terminaba mis deberes cruzaba una pequeña frontera, iba desde la sala de consulta a la sección de libros de préstamo. Este último era un recinto más amplio con varios estantes abiertos, organizados en cuatro pasillos, yo miraba con detalle libro a libro en cada sección. Tomaba los ejemplares que me atraían por su sugerente título, el diseño de su portada, la textura de su lomo, o porque el nombre del autor o autora me sonaba y los registraba en mi carné de miembro con una fecha de devolución impresa en timbre de tinta morada. Si bien la sala de la biblioteca era un espacio convencional, en mi memoria afectiva y espacial era una biblioteca como las de los dibujos de Escher: plagada de escaleras y pasadizos secretos, porque así se urdían en mi mente las nuevas lecturas. Y quizás esa sensación es la que me interesa de la literatura: la posibilidad de moverse en un terreno ambiguo, infinito, con más preguntas que respuestas.

¿Qué puede ser o representar el tercer margen del río que ese padre del cuento de Guimarães Rosa decide habitar?: ¿la muerte, la soledad, el egoísmo, la locura, el fin del mundo, la resignación, el ostracismo, el nihilismo, la vejez, la perpetuidad, la prueba del amor filial, el padre desaparecido, la orfandad? Todas estas posibilidades y tantas más. Leer y escribir nos enfrenta a esas dimensiones misteriosas que componen la existencia. Y al mismo tiempo, los libros nos señalan límites que felizmente no necesitamos cruzar en la vida real: las fronteras del crimen, del dolor, de la muerte, de la pérdida, del absurdo, del horror colectivo, de la desolación, del desamor. La literatura con sus zonas oscuras y claras es una rebelión a la simplificación de la existencia en la que insisten los medios de comunicación y el sentido común. Los personajes parecen llevarnos a esa tercera orilla, nos seducen a que habitemos sus lugares, y cuando estamos a punto de cruzar el límite y relevarlos, como el hijo del relato, y padecer lo que ellos padecen, pasamos la página o cerramos el libro y retornamos a lo nuestro. En ese instante pareciera que la ficción salva o nos permite hacer un corte e inaugurar otra historia.

Leer y escribir desde “la tercera orilla del río” se convierten en una de forma de resistir la necesidad de certezas y aceptar de buena gana vivir en la ambigüedad.