Trenza tu cabello

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Estas dos que están en la imagen me han regalado un fin de semana tranquilo, relajado, lleno de momentos para respirar, compartir, reírnos, improvisar, no hacer nada y a la vez no parar. Y las tres, si os fijaos bien, llevamos trenzas. Con ellas, la melancolía, si es que nos ronda, nunca llega hasta el cuerpo, se queda atrapada en el pelo. Pero esto no lo digo yo, lo hice una preciosa historia de Paola Klug que descubrí hace tiempo. Aquí os la dejo:

“Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.

Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza. Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole. Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo.

Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.”

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Mamá

(César Brandon)

Hola, esta carta debía haberla escrito hace dos años,

Así que por esta vez permitirme hablar en primera persona y os prometo que ya acabo.

Mamá, me encanta escribir a ordenador,

aunque detesto todo lo que trae el Word 2016 como predeterminado.

Sonará extraño, pero es como si la existencia me hubiese concedido la habilidad de leer entre opciones de interlineado

y la verdad es que detesto el cuerpo del Calibrí,

los once puntos y el 1,0 de espaciado.

Mamá, me enseñaste que la vida resumía en pedir disculpas, dar las gracias y decir por favor

y también en guardar cada cinco minutos los archivos de Word

porque en cualquier momento podía producirse un apagón y nos quedábamos unos días sin luz.

Mamá, gracias por tu gratitud,

por todo lo bueno y por preocuparte del cuándo, del cómo, del dónde y con quién salía.

Yo y mi juventud.

A veces contestándote con mala actitud hasta que tú y tus collejas me recordabas que pa’mala tú.

Mamá, lo siento por entender demasiado tarde que por más veloz que sea el amor a primera vista siempre quedará segundo si se enfrenta al amor de madre.

Por enseñarme que padre no sólo es aquel que tiene un hijo,

padres son todos aquellos a los que los sueños les quedan pequeños,

a lo poco que duermen para cumplirlos y aparte.

Lo siento por buscar lo extraordinario en otros planetas, por contestarte con mensajes cuando ya había encontrado la vida para llamarte.

Mamá, ahora, ahora el mundo se detiene cuando hablo mamá,

porque tú te casaste con la felicidad y no firmaste la separación de bienes.

Y ahora… jamás volverá a pasar por mi cabeza la idea de quitarme la vida,

porque la felicidad me debe la mitad de todo lo que tiene.

Mamá, tal vez yo sólo sea un instante,

como una de esas faltas de ortografía que en el Word 2016 se corrigen solas o se borra.

Mamá, tal vez yo sea eso,

pero yo te quiero recta, a doble espacio

y en Times New Roman…

Gracias”.

Mayalde: música y tradiciones que emocionan

No me cansará nunca de escuchar en directo a Mayalde. Nunca. Su forma de defender los valores de la familia y de la tradición, de educar con tiempo y con música, me parece lo más acetado de este mundo en el que nos ha tocado vivir, en el que casi no sabemos mirarnos a la cara sin que haya entre medias – o entre las manos- una pantalla.

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El grupo formado por Eusebio, Pilar y sus hijos Laura y Arturo, se mueve siempre sobre sencillos escenarios cargados de cucharas, calderos, sogas, panderos, zuecos, orinales, platos. Y con ellos entre las manos, utilizan siempre la voz, el recurso que nos hace más humanos que a ninguna otra especie, el habla como elemento que nos diferencia, y con ella el ritmo que nos acompaña desde que aún descansamos en la tripa de nuestra madre.

Con ellos es fácil entender que todas las canciones son infantiles porque se las cantan los viejos, que son los que las saben, a los niños, que son los que las necesitan. También es fácil entender que la tradición siempre encuentra el camino y que cuando nos reunimos, en una plaza, en un patio o en cualquier sitio, estamos nosotras y todos los que ya se fueron pero nos acompañan siempre en el recuerdo. Y ese recuerdo debería estar lleno también de palabras.

Ayer en la iglesia vieja del Arrabal éramos muchos, entre vivos y muertos, niños y viejos, recuerdos y proyectos. Y creo que puede afirmar que nos emocionamos todos, y cantamos y reímos y nos sorprendimos de todo lo que teníamos en común siendo de pueblos diferentes, de edades distintas, de otros lugares. Nunca me cansaré de escuchar a Mayalde, nunca.

Y ójala que hubiera muchas familias como la suya, que transmite de generación en generación el amor por la palabra como parte fundamental del hecho de educar, y que ríe y bebe y baila y  se propone sin dudar el seguir sembrando la semilla de la tradición para que nunca desaparezca de nuestro lado y nos siga asentando las raíces para que puedan crecer nuestras ramas.

¿Os cuento un secreto? El momento mas bonito de ayer no estuvo en el escenario, sino tres filas por delante de la mía, justo cuando Eusebio comenzaba las “panaderas” y una señora muy mayor, sentada con el bastón al lado, comenzaba a mover sus manos con sus propias panaderas, como si su recuerdo fuera más fuerte que los años y tan resisten como el bastón que la sostiene.

 

13 reasons why

(esta entrada está plagada de spoilers)

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Powerful.

Painful.

Ayer terminé – por fin- de ver la serie de Netflix “13 reasons Why” y lo agradezco muchísimo porque llevo días debiéndole horas al sueño y así uno no puede vivir. Hacía tiempo que no me enganchaba a una serie y ya no recordaba ese autoengaño tan tonto de ver solo el comienzo de un capítulo mas, total, así me entero de que va a pasar, para terminar a las tantas de la mañana con el ordenador encendido y la sensación de que está pasando algo muy importante pero no te estás enterando de nada. Ese es otro de los fabulosos problemas que no teníamos cuando las series las ponían UN día a la semana a UNA hora en la tele y si no estabas en casa te jodías. Y punto. Al día siguiente te la contaban y tan agusto que te quedabas. Pero esa es otra historia.

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Ayer antes de terminar el último capítulo pensé que la serie debería haberse llamado “Una serie de catastróficas desdichas de Hanna Baker” pero entonces llegó el fin y me quedé con dos palabras clave: POWERFUL. PAINFUL.

La vida en el instituto es eso: poder y dolor, a partes iguales. Cuando eres adolescente no tienes muy clara la intensidad de lo que estás viviendo, y te centras mucho en amigos que te ayudan a equilibrar la balanza, en miembros de la familia que te recuerdan que hay vida más allá del horario escolar y que, dentro de su sabiduría, te recuerdan constantemente que todo pasará. Todo pasa.

En el instituto todo pasa por primera vez: la primera fiesta, el primer cigarro, la primera gran bronca, la primera vez que sientes de verdad la soledad o que experimentas desengaño. El primer amor, el primer dolor, la primera herida y también la cicatriz. Creo que Hanna Baker es un personaje bien logrado que todos hemos conocido en nuestra vida adolescente. Y tuvo muy mala suerte, si, pero tuvo poco valor para darle la vuelta a las cosas cuando aún estaba a tiempo de hacerlo. Hanna Baker de mayor habría seguido siendo Hanna Baker.

El resto de personajes beben de los tópicos de los “High School” americanos y completan a la perfección un cuadro muy contemporáneo: familias desestructuradas, padres que viajan mucho, figuras paternas autoritarias, madres ausentes, y de ahí en la mayoría de los casos, los peores adolescentes. Solo se libra Clay. Tener diecisiete años y no sentir miedo de ser distinto del resto, es digno de un protagonista de calidad. Creíble, tranquilo, inseguro a la vez y enamorado. Un cóctel de emociones que le hacen crecer capítulo a capítulo y le permiten conectar- espero- con el espectador joven.

Porque si están prohibiendo en algún lugar del mundo esta serie o temiendo qué pueden hacer los adolescentes después de ver los trece capítulos, es porque en el mundo real tendemos a  crear más Hannas Baker que Clays Jensen.  Y eso no es culpa de una serie.

No. Que cada uno escuche su cinta interior y piense de dónde viene todo esto. Dónde empezó a faltarle la ilusión o la fuerza para cambiar las cosas que no le gustaban. En qué momento se sintió tan poco que necesitó pertenecer a algo mucho mas grande, olvidando el tamaño de sus sueños o de sus deseos. Pulsad play.

Felices sueños.

 

Entrevista para Crecer en Inglés

Hace unos meses descubrí el blog Crecer en Inglés y me encantó porque realiza propuestas innovadoras que le dan visibilidad a actividades para disfrutar de la lengua inglesa como vía de comunicación con los más pequeños sin caer en el academicismo ni en la enseñanza formal. Por ejemplo, desde sus perfiles sociales difunde las actividades que se realizan en inglés para familias a través de un Bilingual Map que funciona como calendario de actividades bilingües.

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Desde que nos conocimos empezamos a intercambiar recomendaciones e ideas en torno al bilingüismo. Y hace unos días me concedieron el honor de ser la protagonista de su Podcast “Aventura Bilingüe“. Durante treinta minutos Álex y yo hablamos sobre la línea de trabajo de “Leemos en inglés“, el programa que realizó con Unpuntocurioso para promover la lectura en inglés con pequeños lectores. Comentamos la importancia de compartir la sonoridad del idioma, los ritmos y las palabras con la simple intención de divertirse y descubrir a través de ellos historias, movimientos y juegos. También me dejo espacio para presentar mis “Fingerplays“, una publicación interactiva que he diseñado para cantar, contar y jugar en inglés con los más pequeños a través de nuestras propias manos y con la ayuda de un dispositivo digital. Fue una experiencia muy enriquecedora y me encantaría que todos los que pasáis por aquí escuchárais también el podcast, con la intención de que podamos “crecer en inglés” todos juntos :-))

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 Escucha”039-Entrevista a Rebeca: Un punto curioso” en Spreaker.

¿Conoces ya FINGERPLAYS?

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Comienza el curso y con él un montón de posibilidades por explorar. ¿Conoces ya FINGERPLAYS? Es una publicación interactiva para disfrutar de canciones, poemas y juegos en inglés con los más pequeños. Si te gusta compartir tiempo de calidad con los lectores más pequeños, disfrutas con las propuestas creativas y dispones de un teléfono móvil o tablet… ¡Te va a encantar!

Más info aquí https://mycharmschool.wordpress.com/fingerplays/