Lectura, idiomas y juego como paradigma de una nueva educación

La narración de historias constituye una estupenda forma de ejercitar la memoria de trabajo del niño porque focaliza la atención durante periodos de tiempo prolongados y necesita recordar todo lo que va sucediendo -como la identidad de los distintos personajes o detalles concretos de la historia- e integrar la nueva información en lo ya sucedido. Y como una muestra más de la naturaleza social del ser humano, se ha comprobado que cuando se le narra una historia al niño mejora más su vocabulario y el recuerdo de detalles de la misma que cuando la lee simplemente, siendo muy importante la interacción entre el adulto que cuenta la historia y el niño (Gallets, 2005). Asimismo, cuando el niño cuenta una historia al compañero que previamente ha escuchado, intenta memorizar la letra de una canción en la que interviene o participa en un juego que consiste en realizar movimientos concretos asociados a imágenes aparecidas, también ejercita su memoria de trabajo.

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Nuestro cerebro tiene una enorme capacidad para aprender varias lenguas en la infancia temprana y ello confiere diversas ventajas. Las personas bilingües muestran una mejor atención ejecutiva y obtienen mejores resultados en tareas que requieren control inhibitorio, memoria de trabajo visuoespacial o flexibilidad cognitiva. En el caso de niños de 5 años ya se han identificado los patrones de actividad electrofisiológica que diferencian a los cerebros bilingües respecto a los monolingües y que les permiten un mejor desempeño ejecutivo (Barac, Moreno y Bialystoc, 2016). Incluso, cuando bebés de 7 meses aprenden a identificar una señal auditiva o visual que anticipa la aparición de un objeto en una pantalla, aquellos que son educados en un entorno bilingüe son capaces de reorientar la atención cuando el objeto aparece de forma sorpresiva en otra posición, a diferencia de los monolingües que siguen esperando que el objeto aparezca en la misma situación (Kovacs y Mehler, 2009; ver figura 4).

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Si para un buen funcionamiento ejecutivo lo más importante es fomentar el bienestar emocional, social o físico, el aprendizaje del niño tiene que estar vinculado al juego, el movimiento, las artes o la cooperación. O si se quiere, nada mejor para facilitar un aprendizaje eficiente y real que promover la educación física, el juego, la educación artística y la educación socioemocional. Todo ello en consonancia con el proceso natural de maduración del cerebro humano porque en cualquier cultura los niños aprenden a descubrir el mundo que les envuelve bailando, cantando, dibujando, jugando, compartiendo, resolviendo retos… todas ellas tareas que colman las necesidades sociales que tenemos los seres humanos. Seguramente, el entrenamiento puramente cognitivo no es la mejor forma de mejorar la cognición. El éxito académico y personal requiere atender las necesidades sociales, emocionales y físicas de los niños. Una nueva educación es posible. Nuestro cerebro plástico y social agradecerá el nuevo cambio de paradigma.

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Visto en Escuela con Cerebro

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Rollin Wild

Rollin Wild es un divertido proyecto audiovisual creado por Kyra Buschor y Constantin Paeplow con el que, a través de sorprendentes animaciones, le dan respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué ocurriría si todos los animales se hicieran redondos de la noche a la mañana?

A través de un argumento tan sorprendente como este cada clip nos ayuda a entender lo importante que es el hecho de ser diferente y el por qué existen esas diferencias, además de hacernos reír a través de la desbordante imaginación de sus dos locos creadores. se me ocurren mil y una aplicaciones didácticas de estas animaciones, desde trabajar los hábitos alimenticios, conocimiento del medio, biología, dibujo, y por encima de todo, la creatividad.

Podéis seguirles a través de su perfil en Facebook o Youtube, ¡muy recomendables!

¡Hablan de Fingerplays en el blog de SIMO Educación!

Si hay un evento de referencia para todos los que estamos interesados en explorar las interesantes relaciones que se establecen entre le campo de la educación y de la tecnología, ese es SIMO Educación, un encuentro anual para reflexionar, descubrir, compartir y disfrutar con la innovación tecnológica educativa.

Hoy tengo el honor de anunciaros que desde el blog de SIMO Educación se hacen eco de mi libro “Fingerplays” como “una interesante y dinámica iniciativa de Rebeca Martín, especialista en promoción de lectura para primeras edades en lengua inglesa. Después de trabajar durante casi diez años en el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez fundó su propia empresa de promoción de lectura y creatividad junto a Soraya Herráez, y con ella exploran estrategias, actividades y programas que van de lo oral a lo digital. ¡Este ha sido el resultado de su trabajo!”

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Os recuerdo que Fingerplays es un libro interactivo para compartir canciones, poemas, historias y juegos de dedos en inglés y surge ante la demanda tanto de padres como de profesores y otros profesionales del ámbito de la educación de contar con materiales innovadores y originales para promover la lectura en inglés desde las primeras edades.

En Fingerplays se recogen más de 15 composiciones para practicar la lengua inglesa: todas se presentan con el texto correspondiente y se acompañan de un código QR que da acceso directo a una versión animada de la canción, música o historia, protagonizada por la autora de la obra, de manera que los lectores pueden repetir los movimientos, seguir la letra o simplemente disfrutar al escucharla.
Estoy orgullosa de llegar hasta un lugar de referencia para mi, y espero que esto sirva para multiplicar el alcance de una metodología de trabajo que no solo funciona respecto al acercamiento a la lengua inglesa de una forma placentera y eficiente sino que también hace disfrutar a los más pequeños mientras aprenden, uno de los objetivos principales de la educación.

El cuento de los tres cerebros

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Había una vez una cabeza y dentro de esa cabeza habitaban tres cerebros. Se llaman Cerebro Racional o Neocórtex; Cerebro Emocional o Límbico; y Cerebro Reptiliano o Animal. Los tres eran bien distintos pero se complementaban muy bien. Por ejemplo, Neocórtex era el más tranquilo y reflexivo de los tres. Límbico era más emocional y Reptiliano… Pues era el más irreflexivo e impetuoso.

Cuando alguien llamaba a su casa, y llamaban un montón de veces al día, pues si les apetecía abrían la puerta de la Atención. Era la puerta de su casa y entre los tres le habían puesto nombre: Atención.

El que abría la puerta era siempre Límbico y al observar al que llamaba decidía si le dejaba pasar y le invitaba a tomar algo con Neocórtex o si no se fiaba de él y entonces llamaba corriendo a Reptiliano para que lo sacara de allí.

Si llamaba a Reptiliano era porque el desconocido no le gustaba, le parecía peligroso o amenazante. Pero si le dejaba pasar hasta el salón para tomar un café con Neocórtex entonces es que le resultaba interesante y Curioso, que quería saber más de él y pasar un rato juntos. Así echaban las horas a veces con desconocidos interesantes y otra veces con viejos conocidos que venían a contarles novedades.

Eso si, Límbico tenía que estar de buen humor para abrir la puerta porque si no… Si estaba muy cansado ni se levantaba a abrir, así que la puerta de la Atención permanecía cerrada. Si estaba malhumorado no abría porque no quería y si estaba muy triste o estresado lo mismo. Así que era muy importante que Límbico se encontrara bien para que la puerta de la Atención se abriese y tuvieran visitas.

CONCEPTOS CLAVES: cerebro racional, neocórtex, cerebro límbico, emociones, cerebro reptiliano, instinto, atención, aprendizaje, curiosidad.

 

 

 

La reválida de 6º

¿Quieres probar? En La Gaceta de Salamanca han colgado diez preguntas para que pongas a pruebas tus conocimientos, como si fueras un simpático niño de sexto:

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Mi hermana y yo hemos puesto a Miguel música para que se tranquilizase, con una reacción alérgica de caballo. Teníamos cerca a elefantes que mugían, niños con sida por una mala alimentación.Hemos oxidado magdalenas.  Por nuestra sala de espera han pasado al menos quinientas cuarenta y tres personas y nos hemos gastado casi diez mil euros en equipamiento para esquiar con nueve niños. Es ilegal que la reválida de sexto tenga diez preguntas y que con más de treinta años, dos carreras y varios postgrados haya necesitado media hora y conexión a Internet para sacar un diez. 

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Y encima para que me quede con la duda de que Internet dice que los peces rémora no son parásitos, sino comensales de los tiburones. Una vergüenza tan grande como el verde de las hojas, que son de dicho color porque es le preferido de los insectos. Ya no sé ni lo que digo. Probad, malditos, probad.

¿Está preparado Magisterio para formar a los profesores del futuro?

Visto en El País

La herencia teórica en la forma de enseñar y la falta de innovación por parte de las facultades son algunos de los frenos.

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Ya existe un boceto de cómo será la escuela en el año 2030. Los conocimientos académicos ya no serán tan importantes y se valorarán mucho más las habilidades personales, la capacidad de empatizar con los demás o de tomar decisiones. El rol del profesor ya no será el de transmitir sus conocimientos al alumno, sino el de actuar como guía para que el propio estudiante construya los contenidos a partir de diferentes fuentes. Los métodos de enseñanza tendrán como base la creatividad y la metodología será cada vez más personalizada. Cada niño aprenderá según sus necesidades.

“El problema somos nosotros, que no tenemos competencias para formar a los docentes del futuro”, asegura Nines Gutiérrez, coordinadora del grado en Educación Primaria de la Universidad Autónoma de Madrid. “Vamos siempre detrás de lo que dicta la industria en lugar de fijar las reglas desde las universidades. Empresas como LEGO lanzan un robot y en los colegios se crea la asignatura de robótica para enseñar a los niños a programarlos”. Está claro que la programación fomenta la creatividad y ayuda a estructurar la mente, sostiene Gutiérrez, pero la reflexión de qué tipo de profesor y enseñanza se quiere debería nacer en la Universidad. “La Administración elaborarankings de las mejores universidades, pero ¿qué se hace con esos resultados? No se analizan los errores para intentar mejorar”.

La clave es involucrar a docentes en investigaciones ligadas a la innovación y llevar los resultados a las aulas para que los alumnos participen en el cambio de paradigma educativo. En septiembre de 2015, el porfesor de la URJC Jesús Paz-Albo inició junto a investigadores de la Universidad de Washington un estudio para mejorar el rendimiento de los estudiantes en el aprendizaje de matemátcas. Sus alumnos del grado en Educación Primaria e Infantil están a punto de conocer las técnicas para conseguir que los niños se motiven al aprender con números. “Estamos trabajando con colegios en Estados Unidos y esa experiencia nos hace tomar conciencia de lo que pasa en las aulas. Hay que modificar la forma de enseñar, si no seguiremos teniendo los mismos resultados”. El primer paso es, según este equipo de investigadores, conseguir un cambio de actitud en el profesorado.

«La escuela no necesita una asignatura de educación emocional o de felicidad, sino cultura y conocimiento»

Alberto Royo

Guitarrista clásico. Musicólogo. Profesor de Instituto. Así se define en su perfil de Twitter Alberto Royo, autor del libro «Contra la nueva educación», donde hace una ácida crítica a las nuevas corrientes que inundan el sector de la enseñanza. Página tras página, el autor repasa de forma mordaz los principales dogmas pedagógicos posmodernos, y elabora una defensa apasionada, pero no pasional, de una instrucción pública «dotada de una efectiva función de palanca para la mejora personal de las personas, y alejada de supercherías y propuestas excéntricas mejor o peor intencionadas».

—Reforma educativa, tras reforma educativa, los resultados parecen ser siempre los mismos. Igual tasa de abandono, igual de malos resultados en PISA. ¿Es que dan igual las leyes educativas?

—No se puede esperar un vuelco en los resultados con leyes que son conceptualmente similares. La LOE es la LOGSE y la LOMCE es las anteriores pero con diferente vestimenta. En el fondo, ninguna de ellas sitúa el conocimiento en un lugar preferente. Por otra parte, si bien no todo ha de estar condicionado por PISA, los informes sí nos indican que las cosas no se están haciendo bien.

—Usted asegura que entre los más graves errores cometidos quizá esté el de rebajar el nivel de exigencia: el igualitarismo hacia la mediocridad, el desprecio del conocimiento, la desconsideración hacia el esfuerzo y la aversión al mérito. ¿Esto sería con lo primero que hay que acabar? ¿Cómo?

—Recuperando el valor del conocimiento, asumiendo que no es posible aprender sin esfuerzo, reivindicando la meritocracia (que los mejores lleguen más lejos, no solo los que tengan mayor capacidad, sino los más perseverantes y, claro, los más honrados, los que más lo merezcan en definitiva, procedan de una situación mejor o peor), siendo ambiciosos y no conformándonos con un nivel medio para todos sino apostando por la excelencia (lo que no va en detrimento, faltaría más, del apoyo a los alumnos con mayores dificultades). Y, por último, aclarándonos sobre qué queremos que sea la escuela: un lugar en el que se aprenden conocimientos y valores o un centro de entretenimiento y sociabilización, que «guarde niños» y evite problemas porque no están en la calle.

—¿Es prudente que un país que se encuentra a la cola de la OCDE en educación, y tiene tal tasa de abandono, centre casi todos sus esfuerzos en imponer la lengua de Shakespeare?

—Cuento en el libro cómo el actor argentino Ricardo Darín explicaba en una entrevista por qué no ha querido trabajar en Hollywood: porque pensar en otro idioma es muy difícil y porque estaría renunciando a una herramienta muy valiosa. Este mismo razonamiento sirve para la enseñanza. Un profesor ha de dominar la herramienta más importante que tiene: la palabra. Y hacer que sus alumnos la dominen. Va a ser su mejor medio laboral y profesional. Sin que eso suponga despreciar el conocimiento de otros idiomas. La enseñanza del inglés (o del francés, alemán o chino…) debe suponer un plus, no una sustitución. No puede ser que la finalidad de una enseñanza secundaria sea hacer que nuestros alumnos chapurreen un idioma extranjero y ya.

—Hay una corriente de pedagogos que insiste en acabar con la enseñanza tradicional. Pero usted apunta en su libro que, al final, el único sistema cuyos resultados están demostrados es el del aprendizaje a través de la lección tradicional, la clase magistral, los exámenes, los programas por objetivos… ¿Cierto?

—No es que sea el único sistema válido. Lo que pienso es que un buen docente puede serlo utilizando una metodología tradicional o innovadora. Lo que defiendo es que se deje de presionar al profesor insistiendo en la necesidad de la innovación sin tener en cuenta si esta va a mejorar o no el aprendizaje de nuestros alumnos. Hoy tenemos congresos de innovación, cursos de innovación, premios de innovación… el profesor que no innova es tachado de inmovilista, mientras se premian metodologías extravagantes. Déjennos a los profesores que hagamos uso de nuestra libertad de cátedra y enseñemos como mejor consideremos, según nuestra forma de concebir la educación. De lo que se trata no es de enseñar a lo antiguo o a lo moderno sino de enseñar bien.

En cuanto a la clase magistral, es ridículo estar en contra de ella porque no es más que una clase excelente. La palabra magistral se ha llenado de connotaciones negativas absolutamente injustas. En todos los ámbitos (artísticos, laborales, deportivos, empresariales…) se busca a un «maestro» que pueda explicar cómo mejorar en conocimientos, técnicas o proyectos. ¿Por qué no en educación? Cuando he impartido clases magistrales como intérprete (o cuando las he recibido) a nadie se la ha ocurrido pensar que iban a ser soporíferas o perjudiciales. Al contrario, en el mundo de la música una clase magistral es una oportunidad de aprender, un disfrute, un lujo.

Una clase, en el contexto que sea (un curso de interpretación musical, un instituto, una universidad) no puede ser magistral si es aburrida, monótona, plana… denostar la clase magistral es un ejercicio de anti intelectualismo. Estoy seguro de que solo desprecia la clase magistral, entendida, insisto, como una clase extraordinaria, quien no es capaz siquiera de dar una buena clase. Para aspirar a impartir una clase magistral (y digo aspirar porque no es sencillo) hay que estar muy preparado.

—Su libro Contra la Nueva Educación insiste en que lo nuevo vende, lo viejo no, y que lo peor de estas corrientes es que sobrevaloran lo emocional, la empatía, lo original e infravaloran el esfuerzo, la constancia o el rigor.

—Sería urgente cambiar esto restableciendo algunas certezas, algunas convicciones. ¿Cómo? Recurriendo a la razón y a la experiencia. Entendiendo que nada hay más reaccionario que un sistema público de enseñanza que iguale a todos en la vulgaridad. La cultura y el conocimiento se devalúan si se regalan, si no se pide a cambio interés y voluntad. Pero demostramos desconfiar de su valor cuando lo edulcoramos y lo aligeramos para facilitar su adquisición. Además es profundamente injusto socialmente hablando. Los alumnos que viven en un ambiente familiar donde hay cultura, conocimientos, absorben estos de manera habitual: leen en casa, escuchan música, visitan un museo, aprenden un vocabulario culto, leen la prensa, comentan y escuchan comentarios de distintos temas… Mientras que los alumnos que se mueven en ámbitos social y económicamente difíciles solo pueden llegar a «aprender», a conocer estos saberes en la escuela. Si no se los dan allí, carecerán de ellos siempre y partirán con una desventaja notable.

—Una de esas corrientes aboga por la introducción de la educación emocional en todas las escuelas. ¿Esto sucede a costa de tiempo para las Matemáticas?

—Es posible porque nuestros dirigentes, con intención o no de idiotizar a la sociedad, no confían en el valor del conocimiento, así que, si el conocimiento no es importante y la escuela no es el lugar en el que transmitirlo ni el profesor quien lo atesora, toca buscar otras metas: una de ellas es la educación emocional, como si fuera posible separar la emoción de cualquier actividad que uno haga. Soy músico, ¿le parece que es posible enseñar mi asignatura sin emoción? Hay más emoción en el aria de las Variaciones Goldberg que en treinta congresos de educación emocional. No necesitamos una asignatura de educación emocional. Necesitamos educación, conocimiento y cultura. Y esto en sí mismo ya es emocionante. Apasionante.

—También hay quien aboga por enseñar en la escuela a ser felices a los hijos.

—Cuando me dicen que los chicos tienen que ser felices en la escuela, me pongo enseguida en guardia. Yo también quiero que mis alumnos sean felices, claro. Mis alumnos, mi familia, usted, el mundo… pero la escuela no es ni debe ser un centro de psicología positiva, autoayuda y terapias alternativas y la felicidad no puede ser el fin de la escuela. Es absurdo. Cuando preparé mi oposición no estudié nada sobre felicidad y sí mucho sobre música. Porque ese es mi cometido: enseñar música. A mí la música me apasiona y sin duda contribuye a mi felicidad, como estoy convencido de que es importante para la formación de mis alumnos y que puede proporcionarles cualidades valiosas que les podrán procurar disfrute en el futuro: el desarrollo de la sensibilidad artística, el cultivo del paladar musical y del gusto estético… o, al menos, una cierta cultura que, pese a que para algunos parece que estorba o que no es «útil», nunca está de más. Pero esto es algo que se alcanza con el tiempo y no de forma inmediata y en cuyo proceso no siempre lo pasa uno en grande. Supeditar todo aprendizaje a la comodidad, al bienestar y al placer es una irresponsabilidad que puede convertir a nuestros alumnos en ignorantes narcisistas.

—Usted advierte en su obra que hay cierta ofuscación con la innovación, la tecnología y lo digital.

—Parece que es una buena forma de ganar dinero y fomentar el consumo. Voy a ponerle un ejemplo, ahora que se empieza a criticar también la escritura a mano y todo debe hacerse con el ordenador: cuando uno toma apuntes en el ordenador, la propia rapidez de la pulsación hace que anote cuanto escucha sin apenas darle importancia. Sin embargo, tomar apuntes a mano, dada la menor rapidez con que la mano puede escribir, te obliga a pensar y seleccionar lo más importante. Ya estás haciendo un trabajo importante de cada al estudio que no puedes hacer con un portátil. La tecnología es una herramienta que, como todas, debe utilizarse cuando mejore el desempeño de una actividad, pero no por imposición.

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