¡Que viva Vitoria!

Hace mucho tiempo que no me atrevía a viajar sin haber mirado antes previamente qué ver, dónde comer, los 10 sitios más recomendables, los rincones que no te puedes perder, los mejor valorados en Internet… Y como estoy cansada de todo eso esta vez lo hice así. Llegúe el viernes a Vitoria sin nada mas que una maleta y mucha ilusión por que me sorprendiera y sí fue. ¡Que viva Vitoria!

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En realidad el viajar acompañada hace mucho, porque siempre hay alguien que tiene un amigo que le ha dicho, o tiras de Google enseguida pero yo, en mis trece, modo avión y ganas de sorprenderme.

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Por eso me encantó descubrir el Artium – Museo Vasco de Arte Contemporáneo-  y pasar una mañana muy artística descubriendo su colección permanente, que os recomiendo encarecidamente si os gusta el arte.

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Y compartir el Paseo Fray Francisco arriba y abajo cada vez que íbamos al Pabellón a ver los partidos de la Copa de la Reina, que era el motivo de nuestra visita a la capital vasca. Un itinerario de 2,5 kilómetros muy recomendable para disfrutar simplemente de una bonita caminata y respirar aire puro.

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Me gustó muchísimo el ambiente festivo que se vivía, sano y cercano, ya fuera por el Carnaval (con todo el mundo, familias, pequeños y mayores disfrazados) o por el baloncesto, con una Kalejira organizada por el Araski que recibe el apoyo de toda la ciudad y contagia entusiasmo bonito por el basket femenino. Ójala fuera así en todas las ciudades, incluido en Salamanca.

Y me gustó especialmente la compañía, que demuestra que cualquier viaje es especial cuando lo compartes, y lo mismo da estar en la Calle Cuchillería peleando por un pincho de la barra antes de que se acaben que en La Bilbaína (gran sitio) disfrutando de un tradicional y delicioso bocadillo.

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Así que viajad, amigos, poned de vez en cuando el modo avión e imaginad que el Anillo Verde es un bosque con ciervos y ardillas, que alguna vez podréis comprar una casa en el Paseo Fray Francisco porque seguro que no son tan caras o que en Vitoria nadie se disfraza. Dejad a Google por un rato, vivid aunque sea sin saber realmente si lo que estáis viviendo es real o s un poco inventado, ¡qué mas da!

(Lo que si fue real es que nos ganamos la Copa y la trajimos para Salamanca, como estaba previsto así que… ¡Que viva también el Perfumerias Avenida!)

 

 

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De viaje por Marrakech

Hace tiempo que tenía ganas de visitar Marruecos, y aunque no he estado más de tres días, han sido suficientes para llenarme de olores, sabores, imágenes y otras sensaciones que hay que vivir, porque aunque te la cuenten nunca serán iguales. Goytisolo, que pasó los últimos años de su vida viviendo en esta ciudad y completamente rendido a sus pies, hablaba de que era un eterno cine. Y ahí está la clave: una película que pasa ante tus ojos, donde no eres espectador mudo sino que participas, pero no debes creerte nunca demasiado el argumento porque cambiaras el curso de la película. Y si sabes hacer esto, el final siempre será bueno.

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¿Cómo moverte por Marrakech?

Mi recomendación es que utilicéis una aplicación para el móvil que se llama MapsMe, y permite geolocalizar sin conexión a Internet. Cuando estás dentro de la Medina, posiblemente buscaras perderte por las calles del Zoco, o vagabundear tranquilamente entre los olores y los colores, pero si quieres encontrarte sin necesidad de recurrir a un “guía” local que terminará poniéndote la mano para que le pagues por sus servicios no solicitados, lo mejor es que tengas a mano tu mapa digital y que te encuentres. Hasta que quieras volver a perderte de nuevo, claro.

¿Dónde dormir?

Tu eliges tu propia experiencia. Puedes buscar un hotel o – más recomendable- encontrar un Riad bien puntuado. Los riads son casas que tienen como espacio más representativo su patio central, en el que suele haber elementos naturales como fuentes de agua, plantas o flores. Las habitaciones en las que se alojan los huéspedes se distribuyen precisamente en torno a ese patio, o, como en el caso de la nuestra, en una bonita terraza que permite disfrutar de desayunos increíbles al aire libre. Además la relación con los dueños de los Riad suele ser más cercana, dispuestos a ayudarte, orientarte y hacer todavía más especial tu viaje.

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¿Qué ver en Marrakech? 

Todo. Si te digo que empieces por el Palacio de Bahía o por las tumbas Saadíes te encontrarás como un turista, visitando las maravillas del arte musulmán y sus inacabables detalles. Si te sugiero que comiences en el Zoco recibirás una bofetada de gente y calles y pasadizos y colores y sabores y palabras que no entiendes y más calles y más gentes. Si te animo a que tu punto de partida sea la Plaza Jemaa El Fna, posiblemente te abrume su griterío, su reino de locos y charlatanes, pero disfrutarás con el punto más álgido de tu película. Porque, lo mires por donde lo mires, esa plaza condensa toda la esencia del espíritu de la ciudad, sus amenazas y sus bondades, su guión mejor orquestado para el turista.

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Si después de descubrir su esencia, necesitas un poco de tranquilidad, busca la Plaza des Ferblantiers. Está muy cerca de todo el griterío pero lo suficientemente alejada como para que puedas respirar, comer y descansar. Hay restaurantes en la zona para todos los gustos: La Tanjia, de comida marroquí: el KosyBar, fusión de comida japonesa y marroquí y un poco más escondido, pero con toda la esencia de las ensaladas de Marruecos y los platos más tradicionales, servidos con todos los detalles y con cercanía, está el Café Palace El Badia, con una terraza impresionante (los tres) para disfrutar de una cena sosegada mientras la ciudad alrededor se apaga.

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Y si aún necesitas más tranquilidad, poca gente resalta la paz de los jardines de la ciudad. Y no hablo precisamente de los Jardines Majorelle, un lugar paradisíaco y lleno de color que se encuentra a apenas dos kilómetros de La Medina, sino de los jardines de la Koutubia, un oasis a apenas doscientos metros de la Plaza L-fna, o del Cyber Parc, seguido del Jardín de las Estatuas. Sitios que merece la pena visitar cuando te canses del regateo y de encontrarte continuamente con gente que viene y bah! Para luego volver, claro.

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¿Qué hay más allá de la Medina?

Hay un montón de posibilidades que te permiten disfrutar del país a unos pocos kilómetros de Marruecos. Yo te recomiendo que eches un vistazo a las propuestas que te hacen desde Civitatis, una web que organiza excursiones y planes para disfrutar del entorno  y permite reservas sin necesidad de regateos si comisiones ni sorpresas. Desde pasear en camello por El Palmeral a disfrutar de tres días en el desierto o reservar un masaje y un tratamiento en un Hamman. Muy recomendable.

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Y ahora… ¿volver?

No sé si volvería, o digo la verdad. La experiencia me parece intensa pero también agotadora. Un ritmo frenético y cautivador pero a la vez que te obliga a estar en guardia. Disfruté mucho, muchísimo con todas las imágenes que se me han quedado grabadas en la retina. Algunas hasta he conseguido convertirlas en fotografías. Pero, recuperando de nuevo unas palabras de Goytisolo…

“Pasear lentamente sin la esclavitud del horario siguiendo la mudable inspiración del gentío: viajero en un mundo móvil y errático adaptado al ritmo de los demás en gracioso y feraz nomadismo: aguja sutil en medio del pajar: perdido en un maremágnum de olores, sensaciones, imágenes, múltiples vibraciones acústicas: corte esplendente de un reino de locos y charlatanes: utopía paupérrima de igualdad y licencia absolutas: trashumar de corro en corro como quien cambia de pasto: en el espacio neutral de caótica, delirante estereofonía: panderetas, guitarras, tambores, rabeles, pregones, discursos, azoras, chillidos, colectividad fraterna que ignora el asilo, el gueto, la marginación.”

Shukraan, Marakech

Me hacía falta un fin de semana

Si os digo que ha sido un fin de semana cojonudo, así con estas palabras, me quedo corta. Y es que ya me hacía falta: necesitaba tiempo para mi, para no pensar en lo que me queda por preparar o por hacer en el trabajo, para no organizar nada y simplemente dejarme llevar. Me hacía muchísima falta.

Por eso el viernes cuatro intrépidas nos fuimos a hacer una Escape Room en la iglesia de San Millán, así a pelo, con toda la gente del museo preguntándose qué estábamos haciendo y nosotras abarradas contando tumbas y escudos heráldicos, poniendo a prueba a la guía y silenciando el cronómetro para que no se diera cuenta de que se nos había acabado el tiempo. Al final lo conseguimos pero entre los nervios y las risas tampoco recurso muy bien cómo pudimos hacerlo y rescatar el valiosísiml tesoro de la Universidad de Salamanca.

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Después nos marchamos a ver la obra “Gloria” de Teatro de Barrio en el Juan del Enzina. Y nos encantó. La actriz, Ana Rayo, construye un monólogo impecable sobre la vida de la poeta desde una parte de su biografía que no muchos conocen: malhablada, irónica, crítica y tremendamente sensible, nos conquistó y nos la creímos de principio a fin. Qué frágil era Gloria. Qué frágil.

El sábado cogimos el coche y nos marchamos al INTROMUsIC. Cualquiera que me conozca sabe que no soy nada de conciertos, pero siempre acabo yendo. Me reconcilié con la música gracias a Andres Suarez y a partir de ahí con IzAL o Sidonie sé que me puedo arriesgar porque va a ser éxito asegurado. Y así fue: primero Sidecars con su pedazo de directo y su emoción, seguidos de IzAL y sus temazos – aunque menos impresionantes que otras veces- y para terminar el broche de Sidonie y su locura, con historias como “Estáis aquí” o “Nuestro baile del viernes” que deberían ser himnos de nuestra generación 🙂 acabamos reventados, pero mereció la pena.

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Y el domingo, creado para descansar, pusimos rumbo a La Alberca para disfrutar de dos horas de spa en la Abadía de Los Templarios. Es uno de los mejores spas que tenemos en la provincia de Salamanca y merece la pena la hora de viaje si, ademas, después de disfrutar del rato de relax, te homenajeas como hemos hecho nosotras con unas patatas meneas en un restaurante en el pueblo y luego paseas y paseas y paseas hasta que te llenas de todo el otoño del mundo y te sientas preparado para volver.

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Porque si, fines de semana así son pura energía para afrontar una nueva semana con toda la ilusión del mundo y con la mejor compañía. Porque nada de esto hubiera sido posible sino es por la gente bonita con la que comparto mis días.

A todos,  ¡os quiero!

Misión en Aveiro

El otro día me llegó una notificación oficial ¡y no era de Hacienda! De nuevo desde el Ministerio de Curiosidad nos convocaban al equipo de investigación altamente cualificado, Las Primas, a una misión de riesgo como otras que ya hemos realizado en París o Estambul. Esta vez, el destino era Aveiro, muy cerquita, en el país vecino. Y allá que nos fuimos.

Hacía tanto tiempo que no nos juntábamos las cinco… Habíamos echado tanto de menos el vocalismo, el tocahuevismo, el tontismo y todos los ismos que nos caracterizan que fue pisar tierras lusas y mandamos a tomar por culo la misión. El verano está hecho para disfrutar 🙂 ni siquiera preguntamos qué teníamos que hacer, nos limitamos a trotar hasta la playa, montar la sombrilla, desplegar el cortavientos recién comprado y montar la otra sombrilla robada; echarnos bien de crema; bañarnos en el Atlántico con una cuerda -está tipificado como deporte de riesgo y en el Decathlon te venden la soga como instrumento de acompañamiento-; echarnos otro bien de crema; y ponernos hasta arriba de marisco y vinho verde en el restaurante Costa Nova; después de comer, nos echamos otro bien de crema, nos bañamos de nuevo con cuerda y nos echamos otro bien de crema.

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Enseguida se nos hizo la hora de cenar, y pusimos rumbo a Aveiro ciudad a buscar un Prego no prato. Podéis pensar que la misión indirectamente estaría relacionada con la gastronomía o con el bronceador, porque en todo el día no hicimos otra cosa, pero erráis el tiro.

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Al día siguiente, Domingo, después de un buen desayuno y bien de crema, descubrimos la misión secreta: nos habían mandado para testar el modelo de cortavientos de los chinos y enseñar al resto de la Humanidad a plegarlo después de un entrenamiento sutil pero complejo. Todo el sábado lo habíamos montado y desmontado con aparente normalidad pero el domingo… el domingo media playa se puso en fila para reírse mientras intentábamos por turnos que se hiciera redondo como al principio y que cupiera en su mochila. No había manera, oye, algún paso nos habíamos saltado del entrenamiento mientras comíamos quisquillas o volábamos el avión de papel.

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Al final, admitiendo el fracaso de nuestro misión tuvimos que recurrir al gran jefe de todas las operaciones. Google. Y con un sencillo tutorial de treinta segundos nos confirmó lo mal que lo estábamos haciendo y lo fácil que resultaba cuando seguías los pasos del vídeo.

La sensación de desazón nos duró como dos segundos. Ja, el gran jefe siempre estaría ahí y de vez en cuando lo más importante no es resolver sino DISFRUTAR. Y nosotras habíamos disfrutado, vaya que si habíamos disfrutado.

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Así que la próxima misión que se prepare. Porque lo mismo la resolvemos… o no:-)

Camino Lebaniego. Segunda Etapa.

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Esta mañana nos levantamos puntuales a las 7 para desayunar como reyes y ponernos en marcha pronto. Nos gusta el tema de la gastronomía tanto como el del senderismo, está claro 🙂
La segunda etapa discurre entre Cades y Cabañes pero como somos gente fuera de lo normal la acortamos hasta Cicera, porque nos habían avisado que de Cicera a Lebeña el tramo es muy empinado y costoso, y porque habíamos reservado un cocido Lebaniego en Cicera y a ver quién camina después con eso en el cuerpo, para que nos vamos a engañar…

La mañana nos recibió con lluvia y la primera parte la hicimos con chubasquero, paraguas y asfalto pero sin perder la sonrisa. No teníamos la senda del día anterior pero si manteníamos unas vistas privilegiadas. Vi un ciervo y una cabra o rebeco, ¿qué más se puede pedir? 🙂

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Hicimos parada técnica y necesario enLa Fuente, en esa iglesia románica tan honra que tuvimos la suerte de ver por dentro ya que otros peregrinos que estaban en el mismo lugar habían pedido la llave. Ya nos conocimos, hablamos un rato y nos acompañamos el resto de la jornada. Cogimos agua de la “fuente” y reanudamos el camino.

Al salir de La Fuente, con nubes pero sin lluvia, viendo el itinerario ya empezamos a comentar “parece que hay una subidita” pero a medida que subíamos la frase cambiaba “menuda subidita”, “vaya con la subidita” o “este pueblo no debería llamarse Burió sino Subió y ya no bajó”. Menuda subidita. Menos mal que el tiempo nos ha acompañado, y además del tiempo la ilusión por el cocido Lebaniego que habíamos reservado al llegar a Cicera, en el Mesón de Marcelo. ¡Qué rico! ¡Qué garbanzos! ¡Qué tocino! Salimos de allí casi rodando y decidimos pasar la tarde tranquilamente en la playa de La Franca.

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Y es que amigos, parece ser que caminar tiene también algo que ver con parar y disfrutar de cada momento, en movimiento o sin movimiento. Esto implica ser paciente, conseguir no darle importancia a las cosas que no lo merecen y pase lo que pase, seguir caminando cuando corresponde.

Banda sonora del día:

Camino Lebaniego. Primera etapa.

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Cuando nos montamos esta mañana en el autobús para ponernos en marcha hacia el Camino Lebaniego, dentro íbamos nueve, pero todos sabíamos que en realidad éramos alguno más. Es lo bonito de caminar, que lo puedes hacer físicamente mientras llevas a alguien más en la cabeza, y lo piensas con mucha fuerza para que sienta que está ahí, también, caminando. Y por si acaso no os llegan bien nuestros pasos, no os preocupéis, que siempre nos quedan las palabras. Y este año, las mías son todas para vosotros 🙂

Llegamos a San Vicente de la Barquera a las 12 con la intención de recoger las credenciales en la parroquia, pero aprovechamos el paseo y visitamos por dentro la Iglesia, vimos el dedo de un Santo e hicimos pis en el Ayuntamiento. Este grupo es así, y todo lo que es cuento es tan cierto como que os lo estoy contando.

Total, que con credenciales llegamos a Muñorodero a comenzar el Camino. La gente normal lo comienza en San Vicente de la Barquera pero nosotros somos gente fuera de la normal y por eso nos quitamos de un plumazo quince kilómetros y decidimos empezar más abajo, porque entre el viaje desde Salamanca y la comida sino no alcanzábamos a terminarlo.

A las 14:30 nos pusimos en marcha y enseguida todos coincidimos en que la Senda Fluvial del Nansa, donde comenzamos la etapa, era tremendamente bonita. Muy bonita. Preciosa. No os exagero si os digo que todos, aleatoriamente y sin tardar más de diez minutos, hemos ido repitiendo a lo largo de la etapa lo bonita que es la Senda y el regalo que es hacerla.

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Marcada con dificultad media por los pasos resbaladizos de madera o los senderos serpenteantes con piedras muy paralelos al río, merece la pena recorrerlo, sin duda: en qué otro sitio puedes caminar y ver barbos, descubrir ranas enanas, asomarte a una cueva con murciélagos, comer moras directamente de la morera, descubrir un árbol que abraza a otro árbol o varear un nogal para conseguir las primeras nueces…Es un regalo de camino, de verdad.

Al terminar después de casi cinco horas (lo cierto es que hemos caminado muuuuuuy tranquilos) llegamos a Cades y sellamos en el albergue, para luego marcharnos en dirección Buelna, donde dormimos. No nos ha dado tiempo ni a ver la playa, entre que nos hemos organizado para cenar y para instalarnos, así que mañana nos levantaremos para la segunda etapa, que se prevee más dura y a ver si nos podemos regalar una tarde en la playa después del cocido Lebaniego que ya tenemos reservado:-)

Banda sonora:

Hasta mañana!

10 curiosidades para disfrutar de Sevilla

Todo el mundo sabe que Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende, que me sigue oliendo a azahar, me gusta estar con su gente. Esto no lo digo yo, lo dicen los del Río pero está claro que todo el mundo lo sabe. Igual que sabe que viajar a Sevilla es una Ma- ra- vi – lla. En España somos así, de pareados sencillos 🙂

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Después de un fin de semana en la capital hispalense me atrevo a compartir con todos vosotros 10 curiosidades que os pueden sorprender, divertir o alimentar el cuerpo y la mente en un viaje de dos días a Sevilla. Aquí van:

1. En el parque de María Luisa, un lugar precioso, verde, lleno de naranjos y de vida, donde te puedes tumbar en la hierba, dar de comer a las palomas o sentarte en un banquito, también puedes montar en el Cocherito Lerén.

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2. No puedes ir a Sevilla si no te gusta la cerveza. En Sevilla tienes que tomar cerveza, si o si. De hecho, al vaso ancho de cachi lleno de cerveza lo llaman “un sevillano”. No te digo mas.

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3. De lo más famoso de la ciudad son sus setas, las Setas de Sevilla. Es un espacio precioso construido en la Plaza de la Encarnación que constituye la estructura de madera más grande del mundo y permite disfrutar desde su mirador de una de las panorámicas más bonitas de la capital andaluza.

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4. Pasear por Sevilla, da igual por donde vayas, es una maravilla. Del Barrio de Santa Cruz a la Plaza de España, de la calle Betis al Mercado de Triana. Cálzate unas zapatillas cómodas y a callejear por todas partes.

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5. Pero no te pongas cualquier cosa. En Sevilla la gente va muy elegante.

6. Si tienes hambre pero no te gustan los platos ni los cubiertos, ¡no te preocupes! Allí han recuperado el Papelón, o lo que es lo mismo, te sirven embutidos, jamón o queso en papel de estraza y tan ricamente que te sabe. Que viva lo tradicional 🙂

7. Hay unas fotos muy bonitas que puedes hacer mientras curioseas: desde la panorámica de la calle Betis de frente en la otra orilla del río hasta los típicos patios andaluces escondidos o las callejuelas estrechitas de la Judería.

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8. Si te gusta el flamenco tienes que ir a La Carbonería. Pero tienes que ir como fui yo, sin tener ni idea de a dónde vas, encontrándote de repente en una callejuela con una entrada oscura y en la que se intuye un zapateáo, hasta que atraviesas una cortina y estás en medio de una sesión flamenca, flamenca, con público de todas partes del mundo (curiosos hay en todos los lados) ¡y sin tener que pagar entrada!

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9. Te costará elegir dónde comer pero una vez que empiezas a fijarte la carta no resulta tan variada. Lánzate a por un cazón con adobo, pincho de pollo marroquí y solomillo al whisky, en cualquier terracita y eso si… aderézalo con bien de cerveza. Y con mucho sentido del humor.

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10. Y vuelve. Porque siempre queda algo por probar, como los helados de La Abuela, o sitios a dónde ir, como el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Habrá próxima vez, ¡seguro!