Barcelona, única

“Pues bien, Arnau, no sé si será el mejor templo del mundo. Lo que te aseguro es que será único, y lo único no es ni mejor ni peor, es simplemente eso: único.”

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Calla. No existe el pasado. No hay nada que perdonar. Empecemos a vivir desde hoy. Mira, el mar. El mar no sabe nada del pasado. Ahí está. Nunca nos pedirá explicaciones. Las estrellas, la luna, ahí están y siguen iluminándonos, brillan para nosotros. ¿Qué les importa a ellas lo que haya podido suceder? Nos acompañan y son felices por ello; ¿las ves brillar?. Titilan en el cielo; ¿lo harían si les importara?

La Catedral del mar. Ildefonso Falcones.

Exposición de Binomios Fantásticos

Próximamente…

Un Binomio Fantástico surge cuando dos conceptos son tan lejanos uno al otro, que para lograr establecer una relación entre ellos tenemos que poner a trabajar todo nuestro ingenio. Imagen y texto pueden ser binomios fantásticos. La distancia es necesaria para que la aproximación resulte insólita, la lejanía hace que la imaginación deba trabajar para generar un ligamento que construya una relación entre ambos, un conjunto fantástico donde pueden convivir. Las mejores historias surgen de binomios fantásticos, porque algo solo no “actúa” hasta que no se la pone en relación con otro que lo hace reaccionar, que lo obliga a salir de su camino habitual, a formar nuevos significados.

el beso

Nadie puede pensar de un modo abstracto sin imaginar las palabras; nadie puede imaginar las palabras sin que éstas resuenen en el interior del cerebro. Así funciona el pensamiento, como una música hermética cuya clave a muchos les está vedada. La prosa antes fue verso; el verso antes fue canto; el canto antes fue grito. El grito partió de aquel gruñido o espasmo de la garganta mediante el cual cierta estirpe de simios trataba de imitar los sonidos que la naturaleza producía: el gorgoteo del agua, el chasquido de los cuerpos, el fragor de las fieras. Cada uno de aquellos gruñidos ahora se ha transformado en una palabra dulce o profunda, de igual forma que alguno de los salvajes mordiscos del primer hombre ha terminado siendo un beso.

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Manuel Vicent