Cine chileno

Soy muy fan de escoger películas al azar, por lo sugerente del título, y disfrutarlas sin apenas información previa. Ayer mismo me di cuenta, al terminar la última que escogí a ciegas, de que muchas de las que elijo son chilenas. Me gusta el cine chileno. Me conquista la sencillez de sus propuestas y lo profundo de las emociones que encierran.

Comparto aqui un listado de algunas de mis escogidas, por si os apetece curiosearlas:

la_memoria_del_agua-242600648-mmedLa memoria del agua, 2015

Una historia muy dura sobre el dolor de la pérdida de un hijo, protagonizada por una pareja en la que cada uno gestiona sus emociones desde una perspectiva diferente pero con el mismo daño. El dolor es como el agua: a veces llueve, a veces nieva… Increíble Elena Anaya y Benjamín Vicuña. Mención especial a la banda sonora, que también duele.

violeta_se_fue_a_los_cielos-975448731-mmedVioleta se fue a los cielos, 2011

Fascinada por la historia de Violeta Parra, por su fuerza y su energía sin filtro ni moderación, llegué a esta película por casualidad y no sabría si volver a ella, pero me cautivó. Sin guión temporal ni cronológico, desgrana las luces y las sombras, los tonos graves y agudos, las risas y las lágrimas de la cantante chilena, inclinada al caos y al desequlibrio a través de la música, la sinfonía de su vida.

la_vida_de_los_peces-324293240-mmed-1La vida de los peces, 2010

Un protagonista joven que vuelve a su ciudad después de vivir lejos durante un tiempo. Pero está solo de paso, o eso cree. Un relato sencillo que habla de hacer las paces con el pasado para poder disfrutar de un futuro tranquilo. Y eso solo se resuelve con un presente, íntimo, que a veces da la sensación de quedarse suspendido. No en vano los peces solo tienen tres segundos de memoria

machuca-257934601-mmedMachuca, 2004

Una película sobre ser rico o pobre, y además niño, en tiempos difíciles y segmentados. Narrada con sencillez y maestría, permite conocer la situación política del Chile de los 70 y profundizar en cómo la ingenuidad de la infancia se ve contaminada por los prejuicios de los adultos, convirtiendo la vida en un continuo enfrentamiento que no es posible disfrutar.

Si os apetece disfrutar también a vosotros del cine chileno en esta web tenéis una completa recopilación de cortos, películas y documentales. Yo ya he apuntado la próxima que quiero ver: “Poesía sin fín”, de Alejandro Jodorowsky sobre Alejandro Jodorowsky:

 

 

La doble vida de las cosas: ESCONDIDO

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Escondido

María José Ferrada

Il. Rodrigo Marín

Ocholibros, 2014

Dice María José Ferrada que “imaginarse cosas a partir de las cosas es un acto de libertad”. Y ella libera nuestra imaginación con su poesía, con sus silencios, que son palabras y aire a la vez. Son cosas y son sentimientos.

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Escondido es una obra para disfrutar, de forma lenta, a través de las palabras, las imágenes y las ausencias y después, simplemente, levantar la vista y ponerse a mirar. Mirar alrededor, ver de nuevo la ventana, el sillón, la lámpara, la casa… Buscar qué esconden tras su familiar apariencia, y recordar fundamentalmente qué escondían cuando los mirábamos con los ojos de un niño de seis, ocho, diez años. Y es entonces, cuando nos ponemos de nuevo las gafas de la infancia, es entonces cuando descubrimos la doble vida de las cosas y nos damos cuenta de que siempre ha estado allí, a nuestro lado, esperando nuestro juego y nuestro tiempo. Entonces respiramos. Siempre nos queda la imaginación.

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Dice Rodrigo Marín, autor de los fotomontajes que acompañan a los microtextos de María José – y también cofundador de la siempre recomendable revista Intemperie– que esas imágenes son metáforas visuales y parten de la sencillez de los conceptos pensados desde el imaginario infantil, desde la inocencia del niño y del juego. Son propuestas sutiles pero muy acertadas. A través de ellas se deduce que, en el mundo de la imagen en el que vivimos, tan vinculado al consumismo, es posible rescatar detalles, sacaros del status comercial y pasarlo al Arte de una forma terriblemente sencilla.

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Juntos, María José y Rodrigo, textos e imágenes, rocas y cordilleras, ovillos y ovejas, sopas y mares, ojos y bocas, nos confirman que es posible apropiarse del mundo a través de las miradas y de las palabras.

Qué receta tan sencilla. Y qué poca escondida estaba…

P.D. A mi me recordaron que para mirar y para encontrar las palabras, hace falta siempre un poco de tiempo. Y que este tiempo a veces, hace tanta falta como el que invertimos con un montón de palabras y de miradas que no nos llevan a nada. Eres tú el que decide dónde las gastas. O las malgastas.

Yo ya lo he decidido :-))

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(creaciones fruto del taller compartido con María José Ferrada y Rodrigo Marín en La Querida, casa de Vacas y Castaño).

La literatura como una tercera orilla

Visto en Revista Intemperie

Hay un cuento inquietante y genial del brasilero João Guimarães Rosa, titulado “El tercer margen del río (o la tercera orilla del río)”. Es la historia un padre que, sin razón aparente, deja a su familia y comienza a habitar una canoa en la imprecisa ribera del río cerca de casa. No se ha marchado del pueblo, no ha muerto, lo ven moverse en su improvisada embarcación, se alimenta con la comida que le dejan. Como dice el narrador: “Nuestro padre no volvió. No se había ido a ninguna parte. Solo cumplía el deseo de habitar en aquellos espacios del río, de medio en medio, siempre dentro de la canoa, para no salir de ella, nunca más”. Es ambiguo, está y no está, lo necesitan y recuerdan a diario, lo ven a lo lejos pero no pueden contar con él ni comprender la lógica de su decisión. Pasan los años, resiste las heladas, las lluvias, la intromisión de los extraños, pero también la hija contrae matrimonio. Cuando nace el primer nieto, van al río y tienen la esperanza de que esa nueva vida le provoque una emoción, un eminente regreso, pero nada, se quedan con la criatura agitando las manos en el aire. La hija con su nueva familia se muda a otra ciudad, la madre los sigue, queda solo el hijo mayor. Luego de un tiempo, en un pacto de filiación o de culpa, el primogénito le dice en voz alta: “padre, ya estás viejo, yo te relevo, ven, es mi turno”. Es la primera vez que el hombre da señas de que escucha y rema lento hacia él pero en ese instante el miedo lo invade y escapa lejos.

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Yo siento como lectora y autora que cada vez que acepto el pacto de un libro, al leerlo o escribirlo, de algún modo consiento habitar un tercer espacio, una dimensión desconocida que supera los binarismos arriba-abajo, izquierda-derecha y tantos más. La ficción no es la realidad cotidiana ni algo meramente fantasioso: las historias y los personajes de los libros tienen espesura, son figuras que movilizan nuestras fuerzas psíquicas, se hacen concretos en el tiempo específico de la lectura y si nos “tocan” pasan a ser parte de nuestro imaginario.

Si me remonto en el tiempo creo que la primera vez que sentí que habitaba ese tercer espacio, fue en las bibliotecas públicas. De niña, cuando mis posibilidades de desplazamientos eran escasas, y las tareas escolares una rutina, me vi en la necesidad de salir a buscar las respuestas que las enciclopedias y los libros hogareños no daban. Más pronto que tarde lo que hay en casa deja de ser suficiente, y esto en un amplio sentido: salimos al mundo a recorrer otras orillas, a explorar espacios ajenos, a cruzar fronteras. Tuve la suerte de vivir al lado de una biblioteca municipal a la que iba a consultar mapamundis. Cuando terminaba mis deberes cruzaba una pequeña frontera, iba desde la sala de consulta a la sección de libros de préstamo. Este último era un recinto más amplio con varios estantes abiertos, organizados en cuatro pasillos, yo miraba con detalle libro a libro en cada sección. Tomaba los ejemplares que me atraían por su sugerente título, el diseño de su portada, la textura de su lomo, o porque el nombre del autor o autora me sonaba y los registraba en mi carné de miembro con una fecha de devolución impresa en timbre de tinta morada. Si bien la sala de la biblioteca era un espacio convencional, en mi memoria afectiva y espacial era una biblioteca como las de los dibujos de Escher: plagada de escaleras y pasadizos secretos, porque así se urdían en mi mente las nuevas lecturas. Y quizás esa sensación es la que me interesa de la literatura: la posibilidad de moverse en un terreno ambiguo, infinito, con más preguntas que respuestas.

¿Qué puede ser o representar el tercer margen del río que ese padre del cuento de Guimarães Rosa decide habitar?: ¿la muerte, la soledad, el egoísmo, la locura, el fin del mundo, la resignación, el ostracismo, el nihilismo, la vejez, la perpetuidad, la prueba del amor filial, el padre desaparecido, la orfandad? Todas estas posibilidades y tantas más. Leer y escribir nos enfrenta a esas dimensiones misteriosas que componen la existencia. Y al mismo tiempo, los libros nos señalan límites que felizmente no necesitamos cruzar en la vida real: las fronteras del crimen, del dolor, de la muerte, de la pérdida, del absurdo, del horror colectivo, de la desolación, del desamor. La literatura con sus zonas oscuras y claras es una rebelión a la simplificación de la existencia en la que insisten los medios de comunicación y el sentido común. Los personajes parecen llevarnos a esa tercera orilla, nos seducen a que habitemos sus lugares, y cuando estamos a punto de cruzar el límite y relevarlos, como el hijo del relato, y padecer lo que ellos padecen, pasamos la página o cerramos el libro y retornamos a lo nuestro. En ese instante pareciera que la ficción salva o nos permite hacer un corte e inaugurar otra historia.

Leer y escribir desde “la tercera orilla del río” se convierten en una de forma de resistir la necesidad de certezas y aceptar de buena gana vivir en la ambigüedad.

Unpuntocurioso traspasa fronteras

Hoy El Norte de Castilla, un periódico que siempre ha mostrado interés por la cultura y la innovación en Salamanca, se hace eco de nuestro viaje a Chile y con él, de la internacionalización de un producto cultural salmantino que sigue creciendo al abrigo de la ilusión y el trabajo de Unpuntocurioso, o lo que es lo mismo, de Soraya Herráez y Rebeca Martín, dos jóvenes, mujeres, emprendedoras y salmantinas.

NORTE

Es un auténtico orgullo ocupar media página de un periódico regional, pero por encima de todo, es un placer leer las palabras que nos dedican, cargadas de argumentos a los que cualquier interesado por la cultura y la lectura debería prestar atención: la internacionalización de un modelo local, entender el libro como vehículo de comunicación, presentar motivación e ideas innovadoras, y por encima de todo seguir dando pasos para crear caminos que mejoren el ámbito educativo y cultural de los más pequeños, nuestro futuro.

Día 17 en Chile

El sábado, como no sabemos desconectar del todo, decidimos ir a una Feria de Editoriales Cartoneras en el Café Literario del Parque Bustamante. Descubrimos un formato de libros m cómodo y fácil de hacer, que exportaremos a España, seguro. Y luego quedamos con Carlos y con su amigo Vicente, para entregarles un paquete que enviaba su padre desde España. Y descubrimos a dos amigos nuevos, divertidos, cada uno a su manera, emprendedores como nosotras, despiertos, conectados, no sé, fue una tarde muy entretenida, nos llevaron a comer a sitio rico (Liguria) y después hasta su oficina, donde han montado una pequeña editorial ques e llama PuPa Press. Descubrimos que Vicente además de editor era ilustrador, y que terminaba de ilustrar un libro juvenil, Al Sur de la Alameda, del que ya nos habían hablado en España y que habíamos redescubierto en Ekaré. De nuevo la conexión mágica.

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Día 16 en Chile

El viernes volvimos a madrugar para llegar temprano al Bosque y disfrutamos de una jornada muy enriquecedora para todos, que se cerró con múltiples agradecimientos y muchas ganas de seguir colaborando. Nos fuimos a descansar a casa y dormimos la primera siesta en quince días. Muy reconfortante.

Después a las 20h pusimos rumbo a la casa de Manuel Peña, donde nos esperaba nuestro amigo acompañado de Constanza Mekis, directora de bibliotecas CRA. Y compartimos una delicada cena en una ambiente complemente mágico, rodeados de detalles que ilustran la personalidad y la curiosidad de conocer de Manuel.

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En Constanza descubrimos una persona increiblemente culta y conocedora de culturas, con la que también conectamos a la perfección. Y después de cenar, decidimos premiar nuestro trabajo de toda la semana con una cerveza en la Plaza Ñuñoa, zona de carrete de Santiago.