La primera de muchas

Este fin de semana hemos celebrado la boda de Silvia y me encanta utilizar el plural porque, de verdad, ha sido una verdadera celebración. Desde la ceremonia, que tuve el honor de dirigir junto con una amiga de Sara, la otra novia, hasta el baile, la comida del día siguiente o el rato de sobremesa. Todo fue una fiesta.

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Así que no es de extrañar, como bien dijo Roskis en un momento de debilidad, que todas queramos que esta sea solo “la primera de muchas”, y que podamos seguir encontrando la manera de juntarnos para celebrar de todo: la vida, la fortaleza, el afán se superación, la valentía, la madurez, las risas y el amor.

Yo, personalmente, cada vez valoro mas a la gente DE VERDAD, aquellos con los que puedo ser yo misma y que también lo son conmigo, sin dobleces, sin imposturas. Los que lloran si tienen que llorar, los que saben pedir perdón y dar las gracias, los que te iluminan la cara cuando te sorprenden con un comentario o con un detalle que no te esperabas. A ellos y mas concretamente a ellas, mis amigas, les dedico esta historia.

¡Os quiero!

Sed felices, Sara y Silvia 🙂

 

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Con las ganas (Zahara)

Hoy la cantan en la televisión en un programa musical, y supongo que es como vanalizar algo que te ha tocado mucho por dentro. Lo harán bien, seguro, pero tendrían que llorar mucho por dentro para ser capaces de sentir una mínima parte de su sufrimiento. No es una canción de amor, es música y letra para un lamento.

Me recuerdo a mí misma en un tren, en Londres, apoyada en la ventanilla, sin saber exactamente dónde iba, llorando, sola,  y escuchando en bucle esta canción. Estaba triste y escucharla me ponía mas triste todavía, pero así somos los humanos: frágiles, flojos, inclinados al sufrimiento gratuito. Solo al sentir los primeros acordes mi cabeza ya sabe que recordar. Y me gusta recordarlo porque sufrir nos hace más humanos.

Un día le pregunté a Zahara después de un concierto por qué nunca la cantaba en directo. Y su respuesta fue simplemente que “no podía”. Justo yo necesitaba escucharla cuando ella no podía cantarla. Y ahora ya no la escucho y ella la canta. Qué curiosas, somos las personas. Tan frágiles, tan sentidas, tan olvidadizas…

 

 

Post – it

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Perdón por el amor que a veces no se darte y se evapora.
Perdón por recordarte que el silencio existe,
que la mentira es un artículo de moda,
que tus lágrimas son lluvia destilada.
Perdón por enredarme en el ovillo del orgullo
y descuidar la calma y la ternura.
Perdón por no encontrar la frase exacta
que nos salve del frío y la tristeza.
Perdón por destapar el tarro de los miedos
y dejar que aleteen en tus ojos.
Perdón por no creer en el mercurio y en los puzzles,
por los condicionales simples y compuestos,
por el amor de encargo,
por el miedo al presente y al futuro,
por no traer el pan esta mañana,
por olvidar el día de tu cumpleaños,
por soñar a escondidas.
Perdón por no llamar a tiempo.
Perdón por levantar el tono.
Perdón por mi descuido y mi torpeza.
Perdón por no decir perdón.

Raúl Vacas

¿el corazón perfecto?

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar .

De pronto un anciano se acercó y dijo: “Perdona mi atrevimiento, pero, ¿por qué dices eso?, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío, o el de tantas otras personas”.

Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.

La mirada de la gente se sobrecogió ¿cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron …

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. “Debes estar bromeando”, dijo.

Compara tu corazón con el mío… El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor”

“Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo…

Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor.

Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.”

“Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos, dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón. “¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?”

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección.

Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Sí, en verdad ahora, puedo ver lo hermoso que es tu corazón.

Autor desconocido

los amorosos

gracias, S

( y gracias a Jaime Sabines, que receta tiempo, abstinencia, soledad y poesía)

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Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre  -¡que bueno!-  han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

 

el amor…

para todos aquellos que lo celebran como si no existiera otra fecha más digna en el mundo, como si no fuera una palabra taaaaaaan diaria como agua, sed o sueño… para ellos el secreto: no existe el amor, al menos no existe solo, es un parásito que crece al lado de otros términos y se alimenta de ellos hasta que consigue tener una raíz fuerte como la de un bambú o la de un verbo.

¿que queréis saber cuáles son? ¿queréis aprenderlo?

Con el uno la dedicación, porque no hay amor que sobreviva sin tiempo ni esmero. Hay que dedicarse el uno al otro. darse minutos (y no de teléfono). verse sin prisas. mirarse quietos.

Con el dos la comunicación (y no de teléfono), porque hay que contarse mucho, tantas veces como haga falta hasta que os deis cuenta de que, aunque parezca obvio, uno y uno, siempre son dos. no dos gritos ni dos silencios.

Con el tres los proyectos, porque hay que planear como lo hacen los aviones, dedicarse y comunicarse los planes. soñar con una casa y con tener un perro. o dos perros. contarse mucho los proyectos: los dos proyectos.

Con el cuatro el presente porque mañana ya es muy tarde muchas veces, y hoy he dormido mal y mañana tendré sueño y tengo sed y no sé si el vaso está medio vacío pero ¿no lo lleno? el tiempo que no se dedica ni se comunica no es presente, ni es futuro, es silencio.

HOWGETBABBE

feliz día de san valentín