Kioskerman

Acabo de descubrir a Kioskerman y ha pasado al instante a mi lista de ilustradores favoritos, junto con Troche, Tute y Liniers.

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Desde 2004, Kioskerman (nombre artístico del autor argentino Pablo Holmberg) publica en internet (www.kioskerman.com) sus tiras. Se le podría comparar, por su imaginario mundo, y capacidad para emocionarte y hacerte sentir parte de dicho mundo, al gran Liniers. Kioskerman nos muestra historias relacionadas con el humor, absurdo (algún retazo de Kafka) y el amor, pero desde otro punto de vista. En sus propias palabras ” me interesa la tira no humorística que lleva a un sentimiento que no es la risa o la alegría”. Su camino, destaca, es la poesía.

 

 

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Aprender a mirar para contar

Dice Luis García Montero en su libro “Lecciones de poesía para niños inquietos” que hay que aprender a mirar. A mirarse a los ojos y a mirar el mundo. Porque si no te lo pierdes todo. Un gato que se cruza y se esconde debajo de un contenedor. Ese anciano que va a cruzar en rojo y viene un coche. La niña que llora porque no quiere ir al cole. El guante que se cae del bolsillo. Tú que avisas y lo recoges.

Parece ser que hay gente que anda por la calle sin curiosidad, con los ojos cerrados, como si no le interesase lo que pasa a su alrededor. Esa gente no se da cuenta de que es muy importante mirar todo bien. No echar un vistazo ver a través sino mirarlo. Y hacerlo bien. Con curiosidad, con ánimo.

Ilustración de Luisa Uribe

Porque después de eso, lo segundo más importante es contarlo. O sea, después de mirar, sacar tus propias conclusiones y utilizar tus palabras para contarlo.  Porque la palabra es lo más humano y lo más nuestro que tenemos, es lo que nos hace diferentes de un mono o de un cerdo, lo que nos permite hablar, escribir y compartir. Cuando conoces muchas palabras y sabes también cómo y cuando utilizarlas, puedes decir con la mano en el pecho “palabra de honor” o jugar a inventar metáforas que solo tienen sentido para el que sabe esas palabras. Puedes sacar una sonrisa con una palabra, y hacer llorar. Con ellas, nos convertimos en una  conversación. Por tanto, compartir palabras es también compartir una pequeña parte de nuestra imaginación.

Os recomendamos la lectura de este imprescindible libro de Luis García Montero,  y también la película- documental “Aunque tú no lo sepas” que repasa su trayectoria y su necesaria forma de mirar el mundo. Y de compartirlo con palabras.

Artículo publicado en Salamanca RTV al Día

Leer hoy: una práctica social, educativa y cultural

En contra de lo que vaticinaban los expertos hace ya algunos años, la tecnología no ha supuesto la caída de los índices de lectura, o el repartir más tiempo entre más actividades de ocio frente a las que la lectura queda relegada. Al contrario: ahora se puede leer jugando, es posible jugar a leer, cantar la letra de una canción al escucharla, realizar cambios en lo que se lee y compartirlos, recitar textos que se convierten en videos o escribir relatos de películas que hemos visto y publicarlos como propios en nuestros perfiles sociales. La lectura se ha hecho social, y la tecnología ayuda a conseguir este fin. Pero también lo hace la calle, la actualidad y el generar nuevas estrategias para invitar al lector y al no lector a descubrir nuevas prácticas de lectura. Ha cambiado la mecánica, pero no el fin. Se lee.

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Ilustración de Rita Petruccioli

Las adaptaciones de lecturas en versión cinematográficas exploran las posibilidades de otro medio, el audiovisual, que a través de intenciones comerciales acerca grandes y pequeñas historias de la literatura al gran público, y favorece que aumente el número de lectores que, o bien vuelven al libro después de visionar la película, o se acercan a él por curiosidad, o por simple moda. Donde viven los monstruos, La invención de Hugo, Las aventuras de Tintín, Crepúsculo, Diario de Greg, Harry Potter… son versiones de libros, fundamentalmente para público infantil y juvenil, que revitalizan el acercamiento entre público y literatura, aunque sea a partir de la imagen.

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Relacionar el turismo con la lectura también es una práctica muy interesante. Los monumentos y recorridos históricos se ven complementados a la perfección con recitales poéticos, paseos teatralizados e historias legendarias que actualizan las visitas turísticas y las dotan de un interés añadido. En este ámbito, prácticas culturales como la fotografía, la literatura, el arte, e incluso el disfrute de la naturaleza se “enmadejan” creando conceptos novedosos de interés para un público que busca implicarse activamente en las prácticas culturales que realiza.

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‘Salamanca, dulce nombre te dieron’, una particular versión de La Celestina por las calles de Salamanca a cargo de Edulogic Producciones

A los lectores les gusta implicarse. Por eso todos los eventos letrados realizados por y para el libro terminan convirtiéndose en un éxito de público: los encuentros con autor humanizan la figura del que escribe acercándolo hasta los que lo leen; las ferias del libro de ocasión permiten adquirir ejemplares interesantes y dar a conocer títulos de interés para el público a un precio asequible; los salones y encuentros profesionales facilitan que profesionales del sector discutan y pongan pautas para actuaciones encaminadas a mejorar la calidad de lo que se lee y a aumentar el número de las personas que lo hacen; cursos online, presentaciones editoriales, cuentacuentos en pequeñas librerías…Un amplio abanico de posibilidades para convertir la lectura y la escritura (por extensión) en una práctica de actualidad.

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Sesión de cuentos “Mujer y Ciencia” en librería Letras Corsarias a cargo de Unpuntocurioso

Lo importante es mantener la voluntad de querer leer, de seguir leyendo a través de los nuevos espacios, distintos contextos y estrategias: puede ser un joven que construye su propio escenario literario al terminar un libro que le impacta; puede ser una chica que compra el libro de Crepúsculo después de ver la película; un grupo de jubilados que se abre un blog para continuar las tertulias literarias que les quedan cortas en las sesiones de su club de lectura de los jueves; o un alumno aplicado que crea sus propios materiales de lectura multimedia para estudiar a través de la pantalla.

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Es imprescindible poner la creatividad al servicio de la actualidad para difundir la cultura y ponerle letras, es decir, para favorecer la difusión de la cultura letrada. Sabemos que crear ambientes letrados es ir más allá de los ambientes de lectura convencionales o donde haya muchos libros. Y es que los ambientes de lectura y escritura no dependen de los aparatos, los soportes, la calidad sólo del mediador o de la comunidad, tomada aisladamente, sino de las interacciones.

Hay que crear dinamismo.

Hay que promover nuevas prácticas, espacios e itinerarios de lectura.

 

 

EL PASTOR

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Y lo pongo así, en mayúsculas, porque ayer el cine estaba lleno, Miguelón en su papel estuvo inmenso y los cielos de la Armuña no pueden representar mejor la inmensidad.

Tenía muchas ganas de acudir al estreno de esta película rodada en La Armuña -que me ve pasear todos los días y que me regala las estampas más claras, sencillas e intensas que llevo en la retina-. Ayer me emocioné con las palabras de Jonathan Cenzual, el director, que afirmaba “la belleza que tiene la zona radica precisamente en el hecho de que no haya nada. Pero no solo impacta cinematográficamente , sino emocionalmente. Nunca me aburro de esa inmensidad que tiene, y eso lo hay en pocos sitios. No hay ningún sitio de presión por una montaña o por un valle. El horizonte es infinito. A la gente no le parece tan bonito porque la idea de belleza se ha ligado a veces con el paisaje bucólico de La Toscana italiana o de una playa. Esos cielos e inmensidad que ves en La Armuña no los ves en ningún otro sitio.” 

Precisamente es esa NADA que menciona la que me unía a la historia irremediablemente Ese sentimiento de estar en un lugar que no tiene nada pero es inmenso a la vez. Ese contraste entre lo que creemos que es grande y no lo es, y lo pequeño que parece algo que, en realidad, es inmenso.

“El pastor” comienza con unos minutos increíblemente buenos dedicados a la vida de Anselmo, dedicado por completo al cuidado de las ovejas, acompañado por su perro y por algunos libros que descansan en su mesilla y ya nos van rompiendo tópicos. La película se abre como se abre el cielo que acompaña estos planos, y va lenta como un día en un campo armuñés, como las propias ovejas, que no tienen nada más que hacer que seguir el camino marcado.

La vida de Anselmo tendría sentido en un mundo sin prisas ni plásticos ni embargos, pero bien sabemos que ese mundo ya no existe, y cuando la realidad comienza a llamar a su puerta, sus cielos también comienzan a ser más pequeños y más cortos sus paseos. La vida de Anselmo estaba bien para Anselmo, pero nadie permite ya que cada uno haga lo que quiera. Ni mucho menos. No somos Anselmos. Somos ovejas.

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La trama aumenta la tensión y la metáfora, a veces demasiado evidente, va cobrando forma con cada diálogo, con cada enfrentamiento que se va llevando la templanza de un pastor que lee a los clásicos, bebe mucho vino y lava su ropa con extremo cuidado. De toda la película sin dudarlo me quedo con Anselmo, y con todos los Anselmos del mundo, que ven un poco más allá del dinero y de los tiempos que nos ha tocado vivir, donde el horizonte más que disfrutarse se fotografía, y se olvida uno de mirar y de fijarse, pendiente siempre de la prisa, de ir más allá sin saber ni dónde queda eso.

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¿El final? Abrupto. Duro. Seco. Pero también es seca La Armuña y duros sus inviernos.