Hace calor al sol. Pero frío.

BD151673-B3E1-4E7F-B63B-B8BDBCCA2597.jpeg

Anuncios

EL PASTOR

1462774522_480737_1462775076_noticia_normal.jpg

Y lo pongo así, en mayúsculas, porque ayer el cine estaba lleno, Miguelón en su papel estuvo inmenso y los cielos de la Armuña no pueden representar mejor la inmensidad.

Tenía muchas ganas de acudir al estreno de esta película rodada en La Armuña -que me ve pasear todos los días y que me regala las estampas más claras, sencillas e intensas que llevo en la retina-. Ayer me emocioné con las palabras de Jonathan Cenzual, el director, que afirmaba “la belleza que tiene la zona radica precisamente en el hecho de que no haya nada. Pero no solo impacta cinematográficamente , sino emocionalmente. Nunca me aburro de esa inmensidad que tiene, y eso lo hay en pocos sitios. No hay ningún sitio de presión por una montaña o por un valle. El horizonte es infinito. A la gente no le parece tan bonito porque la idea de belleza se ha ligado a veces con el paisaje bucólico de La Toscana italiana o de una playa. Esos cielos e inmensidad que ves en La Armuña no los ves en ningún otro sitio.” 

Precisamente es esa NADA que menciona la que me unía a la historia irremediablemente Ese sentimiento de estar en un lugar que no tiene nada pero es inmenso a la vez. Ese contraste entre lo que creemos que es grande y no lo es, y lo pequeño que parece algo que, en realidad, es inmenso.

“El pastor” comienza con unos minutos increíblemente buenos dedicados a la vida de Anselmo, dedicado por completo al cuidado de las ovejas, acompañado por su perro y por algunos libros que descansan en su mesilla y ya nos van rompiendo tópicos. La película se abre como se abre el cielo que acompaña estos planos, y va lenta como un día en un campo armuñés, como las propias ovejas, que no tienen nada más que hacer que seguir el camino marcado.

La vida de Anselmo tendría sentido en un mundo sin prisas ni plásticos ni embargos, pero bien sabemos que ese mundo ya no existe, y cuando la realidad comienza a llamar a su puerta, sus cielos también comienzan a ser más pequeños y más cortos sus paseos. La vida de Anselmo estaba bien para Anselmo, pero nadie permite ya que cada uno haga lo que quiera. Ni mucho menos. No somos Anselmos. Somos ovejas.

elpastor_cines_espa_a_HD.jpg

La trama aumenta la tensión y la metáfora, a veces demasiado evidente, va cobrando forma con cada diálogo, con cada enfrentamiento que se va llevando la templanza de un pastor que lee a los clásicos, bebe mucho vino y lava su ropa con extremo cuidado. De toda la película sin dudarlo me quedo con Anselmo, y con todos los Anselmos del mundo, que ven un poco más allá del dinero y de los tiempos que nos ha tocado vivir, donde el horizonte más que disfrutarse se fotografía, y se olvida uno de mirar y de fijarse, pendiente siempre de la prisa, de ir más allá sin saber ni dónde queda eso.

the_shepherd_-h_2016.jpg

¿El final? Abrupto. Duro. Seco. Pero también es seca La Armuña y duros sus inviernos.

 

Cachete Jack

En mi viaje a Valencia también descubrí a Cachetejack. Es un dúo de ilustradoras españolas cuyo trabajo se caracteriza por la cotidianeidad más absoluta mezclada con mucho sentido del humor e ironía. Somos tal cual ellas nos muestran, con mucho color, mucho sabor y mucha tontería encima.

cachetejack_cachete_jack_exhibition_madrid_spain_centrocibeles_ciudadenvinetas_siesta_5_1000

 

 

 

Os recomiendo que echéis un vistazo a su trabajo en http://www.cachetejack.com/

Gif_04

 

 

Déjame salir

Hoy os recomiendo una película increíble para reconciliarse con el cine y pagar 7 euros sin cargo de conciencia ni miedo de estar tirándolos a la basura porque vas a ver algo que ya te han contado antes de otra forma diferente. Para nada.

Se llama “Déjame salir” y cuenta la historia de una pareja que se acerca un fin de semana a conocer a los padres de ella. A partir de ahí empiezan a entrar en juego otros factores: por ejemplo, que ella es blanca y él es negro. Que viven en una zona tranquila pero clasista. Y que tienen unos sirvientes que se comportan de una forma terriblemente extraña. A partir de aquí todo lo que os pueda contar se carga el sentido de la película.

Trailer-en-espanol-de-Dejame-salir-la-pelicula-de-terror-del-ano_reference.png

Porque es necesario que la veáis dudando si habla de cine social, si es un thriller, una americanada, ciencia ficción o un drama. Tenéis que empaparos con las miradas que intercambian – qué importantes son las miradas- y seguirlas y sentirlas para ir descifrando todos y cada uno de sus curiosos enigmas.

De verdad, no dejéis de verla.

13 reasons why

(esta entrada está plagada de spoilers)

4fcef888a7cbc8e4179e1d8db997ab50ae73ddfe.jpg

Powerful.

Painful.

Ayer terminé – por fin- de ver la serie de Netflix “13 reasons Why” y lo agradezco muchísimo porque llevo días debiéndole horas al sueño y así uno no puede vivir. Hacía tiempo que no me enganchaba a una serie y ya no recordaba ese autoengaño tan tonto de ver solo el comienzo de un capítulo mas, total, así me entero de que va a pasar, para terminar a las tantas de la mañana con el ordenador encendido y la sensación de que está pasando algo muy importante pero no te estás enterando de nada. Ese es otro de los fabulosos problemas que no teníamos cuando las series las ponían UN día a la semana a UNA hora en la tele y si no estabas en casa te jodías. Y punto. Al día siguiente te la contaban y tan agusto que te quedabas. Pero esa es otra historia.

195663_1_590256b683928.jpeg

Ayer antes de terminar el último capítulo pensé que la serie debería haberse llamado “Una serie de catastróficas desdichas de Hanna Baker” pero entonces llegó el fin y me quedé con dos palabras clave: POWERFUL. PAINFUL.

La vida en el instituto es eso: poder y dolor, a partes iguales. Cuando eres adolescente no tienes muy clara la intensidad de lo que estás viviendo, y te centras mucho en amigos que te ayudan a equilibrar la balanza, en miembros de la familia que te recuerdan que hay vida más allá del horario escolar y que, dentro de su sabiduría, te recuerdan constantemente que todo pasará. Todo pasa.

En el instituto todo pasa por primera vez: la primera fiesta, el primer cigarro, la primera gran bronca, la primera vez que sientes de verdad la soledad o que experimentas desengaño. El primer amor, el primer dolor, la primera herida y también la cicatriz. Creo que Hanna Baker es un personaje bien logrado que todos hemos conocido en nuestra vida adolescente. Y tuvo muy mala suerte, si, pero tuvo poco valor para darle la vuelta a las cosas cuando aún estaba a tiempo de hacerlo. Hanna Baker de mayor habría seguido siendo Hanna Baker.

El resto de personajes beben de los tópicos de los “High School” americanos y completan a la perfección un cuadro muy contemporáneo: familias desestructuradas, padres que viajan mucho, figuras paternas autoritarias, madres ausentes, y de ahí en la mayoría de los casos, los peores adolescentes. Solo se libra Clay. Tener diecisiete años y no sentir miedo de ser distinto del resto, es digno de un protagonista de calidad. Creíble, tranquilo, inseguro a la vez y enamorado. Un cóctel de emociones que le hacen crecer capítulo a capítulo y le permiten conectar- espero- con el espectador joven.

Porque si están prohibiendo en algún lugar del mundo esta serie o temiendo qué pueden hacer los adolescentes después de ver los trece capítulos, es porque en el mundo real tendemos a  crear más Hannas Baker que Clays Jensen.  Y eso no es culpa de una serie.

No. Que cada uno escuche su cinta interior y piense de dónde viene todo esto. Dónde empezó a faltarle la ilusión o la fuerza para cambiar las cosas que no le gustaban. En qué momento se sintió tan poco que necesitó pertenecer a algo mucho mas grande, olvidando el tamaño de sus sueños o de sus deseos. Pulsad play.

Felices sueños.