Ya sabéis que a las primas a veces nos mandan misiones internacionales que nada tienen que envidiar a las de Tom Cruise. Hemos estado en Estambul, París, y Cangas de Onís, entre otros destinos, por eso cuando la semana pasada recibimos la llamada no dudamos en aceptar. Encima tocaba playa, ¡asi que ideal! Rumbo a Figueira.

El problema es que cuando llegamos allí nos dijeron que la misión era de alto riesgo: todos los nadadores salvadores (en cristiano, socorristas) de la playa de Figueira habían resultado intoxicados por la ingesta masiva de las mariscadas congeladas del Bar Espanhol (que nos encantan, por cierto) y teníamos que sustituirlos urgentemente.

Oh oh. No es solo que la misión fuera peligrosísima, sino que además implicaba que no habría mariscadas para celebrar el éxito. Antes de decidir si la aceptábamos o no, nos fuimos a comer unas francesinhas. Comida ligera portuguesa. Y después, como no nos decidíamos, nos metimos en el Casino y venga a echarle a la ruleta, venga a echarle a la ruleta, pues acabamos debiéndoles a unos de la mafia china que andaban por allí cientos y cientos de euros. Total, que teníamos que aceptar la misión si o si, porque no teníamos ni un duro y la gasolina en Portugal está carísima. Fue así como empezó todo.

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La mañana del sábado, ya convertidas en Cejota, Pamela, Mick Buchannon, nadadora salvadora en prácticas y monitora friki, nos repartimos los puestos en la playa. ¿Sabéis de que color estaba la bandera? Si, efectivamente. Roja.

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Así que Pamela tuvo que hacer dos salidas, que se saldaron con una mujer intrépida haciendo la croqueta, y un niño en caída libre y luego vino muy apurada, nos reunió en su puesto a todas y nos dijo con lágrimas en los ojos “chicas, no puedo continuar con la misión porque es extremadamente peligrosa, y me encanta el color morado, mi película favorita es La milla verde porque sale un ratón, y en agosto me caso”. Pero alma de cántaro, haberlo dicho antes… Las primas somos por encima de todo las primas, así que dejamos desatendidos los puestos y nos fuimos a celebrar. A tomar por culo la misión.

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A partir de ahí empezó el desenfreno: una fiesta de cocos en la playa, un desembarco pirata con dedicatoria musical incluido e incluso un intento de secuestro en la habitación del hotel por parte de los habitantes del planeta de Raticulín. Todo aderazado con bien de marisco y mucha risas.  De haberlo sabido antes… habríamos preparado algo, pero incluso improvisando somos la leche. De hecho, como colofón final (no sigáis leyendo si sois fácilmente impresionables) nos marcamos una sesión Hoponopono en el hotel, diciendo con el corazón en la mano “Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo”.

 

Posiblemente no vuelvan a encargarnos ninguna misión mas pero ¿sabéis qué? Pues que Pamela se casa y eso… Eso hace unos años si que habría sido una misión imposible así que nadie sabe qué puede pasar mañana 🙂

Ahora, de vuelta en el hogar, nos despedimos como nos enseñaron los secuestradores de Raticulín “wi wi wi” que es algo así como ”

¡sed felices, Silvia y Sara!”

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