Queridos Reyes Magos:

es la trigésimo tercera vez que os escribo y espero, si bien puedo parecer algo abusona, sigáis teniendo en cuenta mis peticiones, porque pensadlo, si yo sigo creyendo en vosotros, ¿por qué vosotros no vais a creer en mi?

Tengo que decir que año tras año, con la excepción de Humberto, mi perro largo, y alguna que otra chorrada material que ni recuerdo, os habéis portado muy bien, tan bien tan bien que sigo creyendo en vosotros como creo que en el karma, en Amazon Premium, en la importancia de decir las cosas antes de convertirlas en silencios, en la eficacia del Somatoline cuando se realiza el tratamiento completo y en el poder curativo de los abrazos cuando se dan desde dentro.

Y ahora, después de esta introducción tan larga, aquí va mi carta:

  1. Sigo queriendo tiempo, mucho tiempo, porque sea bueno o sea malo, aprovechado o no, con él aprendo, y crezco, con él me reconozco y me consuelo.
  2. También quiero una caja grande, de nuevo, y vacía. Es esa caja que necesito para poner dentro todas las cosas que no se lo dicen a la gente que tienes cerca para no perderla;  los reproches que no se hacen en alto para no reñir; las verdades que uno se calla para no sufrir, ni hacer sufrir; los temores que no se cuentan para no asustar; los gritos que se silencian para no gritar.Quiero que sea una caja grande y vacía para que en un año se pueda llenar.
  3. Y quiero ilusión, como la que veo en los ojos de los niñ@s que tenía alrededor en la Cabalgata. Esa que se tiene ante las cosas bonitas que no sabes por qué pasan, pero pasan. Una ilusión grande como un rinoceronte, sin envolver, no pasa nada. La del año pasado la gasté toda, entre nuevos planes para la empresa, apoyos que no llegaban, viajes que se quedaron cortos y otras chorradas.
  4. Quiero un paquete de fuerza de voluntad para levantarme pronto por las mañanas cuando no tengo que madrugar (imposible de regalar, está visto);
  5. Y barriles llenos de salud, también para mi familia (eso lo seguiré pidiendo toda mi vida, cueste lo que cueste).

Con esto me despido atentamente y deseando que os lleguen a tiempo mis humildes pero recurrentes peticiones. Ya he aprendido que las mejores cosas no son cosas, y sigo creyendo en vosotros, por si no os habíais dado cuenta.

Un abrazo, de los de verdad:

Rebeca

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