Persona normal

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Sebastián tiene 12 años y podría ser una persona normal sino fuera porque perdió a sus padres en un accidente y tiene que acostumbrarse a vivir con su tío Paco, un personaje excéntrico que le ayuda a darse cuenta de lo extraordinario que llevamos todos dentro.

A lo largo de las páginas del libro, Sebastián se da cuenta, gracias a Paco y a su inmenso amor por los libros y la palabra, que ser una PERSONA NORMAL implica lucir las cicatrices con orgullo, porque cada una, pequeña o grande, cuenta una historia, tan pequeña o grande como quieras; que el libro es comida, techo, asiento, ropa que me arropa, boca que besa mi boca, lugar que contiene el universo; que dignidad y orgullo son palabras que suelen confundirse y no tienen nada que ver la una con la otra; que siempre hay dos versiones distintas de la misma historia; que uno debe preocuparse el día que le miren como si fuera una persona normal, porque todos merecemos tener una vida extraordinaria.

Este libro debería ser un imprescindible en todas las bibliotecas. No solo para jóvenes sino también para todos los que nos consideramos normales. Hay en él una sutil reflexión sobre el sentido de al vida y la importancia de utilizar las palabras adecuadas para comunicarnos, sin menospreciar conversaciones ni situaciones ni momentos. Todo cuenta. Todo. De hecho, la mayoría de las alusiones y conversaciones entre Sebastián y su tio Paco están plagadas de referencias a obras de la literatura clásica, poemas conocidos y desconocidos, propuestas para seguir tirando del hilo y que “Persona Normal” se convierta en el primer libro de la biblioteca personal de cada uno. En palabras de Benito Taibo, el autor “uno se hace hombre, se hace más humano, cuando tiene su propia biblioteca, aunque sea de un solo libro.”

La historia, protagonizada casi por completo por la relación tío y sobrino, es también la historia de la batalla de las Termópilas y de los poemas de Ángel Gónzalez. Es Neruda, Lorca, Machado, Oliverio Girondo y jugar con la poesía en un viaje en coche. Y no solo habla de palabras, también cuentan los números de Enzensberger y las derrotas de los indígenas americanos. Todo cuenta. Todo.

Por eso voy a parar aqui, antes de contarlo. Todo. Y os dejo de regalo esta interesante reflexión de su autor, Benito Taibo, en la que afirma con rotundidad y belleza algo con lo que estoy completamente de acuerdo: “leer es resistir”.

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