Es tan tarde, mademoiselle, que ya empieza a ser temprano

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Hay una hora del día muy curiosa en la que el atardecer se parece tanto al momento en el que amanece, que si no fuera porque ponemos bien los pies en el suelo y recordamos dónde está el norte, nos llevaría de cabeza sin llegar a saber si estamos dormidos o despiertos.

Por eso todos necesitamos un Norte.

Tener los pies en el suelo.

Y los ojos bien abiertos.

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