Hay una grieta en todo, así es como entra la luz (Leonard Cohen) 

Quiza es más como has dicho antes, que todos estamos agrietados. Cada uno de nosotros empieza siendo un recipiente hermético. Y pasan cosas. Personas que nos dejan, o que no nos quieren, o que no nos entienden, o que no las entendemos, y nos perdemos, nos fallamos y nos hacemos daño. Y el recipiente empieza a agrietarse por algunos sitios. Y, si, en cuanto el recipiente se agrieta el final es inevitable.

  

Pero está todo ese tiempo desde que las grietas empiezan a abrirse hasta que por fin nos desmoronamos. Y solo en ese tiempo podemos vernos unos a otros, porque vemos lo que hay fuera a través de nuestras grietas, y lo que hay dentro de nos ve también a través de ellas. Pero cuando el recipiente se rompe, la luz puede entrar. Y puede salir. 

Ciudades de papel 

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