Querido Teo:

he cumplido 32 años. Y hace mucho que no nos vemos, hace al menos 22 que te marchaste, un día caluroso de Agosto mientras el mundo giraba, de noche, y ni por asomo yo podía imaginar que iba a perder un abuelo. Desde entonces, fíjate, ya nunca le dijimos a nadie al irnos a la cama que le íbamos a morder una oreja, o que nos había tocado un perrito piloto. Desde ese día no te exagero si confieso que vi sonreir a mi abuela tan pocas veces que las puedo contar con los dedos de una mano. Pero seguro que te lo ha dicho ella, que está a tu lado.

Yo de pequeña nunca me imaginé, Teo, que iba a cumplir 32 años asi, como los cumplo ahora. Siempre me supuse la vida como un camino marcado, una senda con paradas, descansos y a continuar el itinerario. Nada mas lejos de la realidad. Ahora cuento cuentos, que en el fondo es lo que todos hacemos, y miro al horizonte con el miedo de pensar si de verdad puedo vivir contando cuentos, si la vida es un puro cuento o si contar lo que cuento, es vivir. No sé. A veces no sé ni lo que cuento.

Sabes Teo, que ayer en el concierto de Andrés Suárez, mientras él le dedicaba una canción preciosa a sus abuelos (que deben estar allí con vosotros), me acordé de cómo nos apagabas la tele mientras hacíamos los deberes y refunfuñabas por lo bajo maldiciendo para qué nos haría falta esa caja tonta que no hacía más que distraer. Ahora la mayoría de la gente, casi ya cualquiera, lleva una tele pequeña y plana entre las manos, para no hacer nada, y a la vez para estar siempre comunicado, contarles a los demás lo que está haciendo, leer lo que hacen el resto, compartir una imagen, una mirada… qué se yo, Teo. Yo ya ni lo entiendo.

Serías menos feliz, si vivieras ahora, pensando en cómo se perdió el contacto directo, pero estarías vivo para un abrazo e incluso para un te quiero. No recuerdo que nunca te dijera te quiero, pero recuerdo a la perfección las arrugas de tu cara y el fruncir del ceño. La gorra que te ponías para salir al campo y cómo siempre te acompañaba tu perro. Recuerdo tu olor. Y el blanco de tu pelo. Tu sonrisa, Teo.

Supongo que allá arriba me lees y te sonries. Que te da igual si es un blog o el muro del Facebook. Aquí abajo estamos tan perdidos que a veces no nos damos cuenta de eso. Yo solo sé que fue mi cumpleaños y que no quería subir ninguna foto o agradecimiento. Que solo me apetecía escribirte esto. Me gusta pensar que de alguna manera lo estás leyendo. Que te recuerdo. Que te quiero. Y que te mando un beso.

Para Teo.

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