Concierto y carta de despedida

Esta es una carta de despedida, si. Y eso que ya hace tiempo que nos despedimos, pero hoy también me despido de Andrés Suárez, después del espectacular concierto de ayer en Vistalegre, donde se dejó la piel y la voz y el sentimiento a flor de voz y de piel. Os tengo que decir adiós a los dos. Y me elijo a mí.

Todo empezó hace cuatro años, más o menos. No sé si te acordarás, pero empezó a sonar en el coche esta canción. Y yo, que soy muy pesada, le daba una y otra vez al repeat. Así fue como te dije que por derecho tenía al lado bueno de tu espalda, que viajo mas de lo que debo y debería beber menos, pero por favor aún no te vistas, no te vayas. Hay canciones que duelen al recordarlas. Las de Andrés me dolían sola, pero cuando estaba contigo, ésta, concretamente, se convertía en una melodía maravillosa, un himno para aprovechar el tiempo, la vida, los viajes. El lado bueno de tu espalda. Repeat.

A veces pensaba, al escucharla, que me gustaría volver a los 26 porque entre nosotros luego todo se empozó a torcer. Pero luego me di cuenta de que no tiene que ver con la edad, que las cosas pasan y ya está. Nos dijimos tantas veces te quiero, ¿te acuerdas? que se me olvidó que´significaba. Te quiero a mi lado. Te quiero contar algo. Te quiero preguntar algo. Te quiero. Lo olvidamos. Y fue entonces cuando yo empecé a preguntarle a Andrés que estaba pasando. Y él tenía respuestas para las ausencias y para las dudas y para los enfados. Me las cantaba. Me las lloraba a veces. Yo lloraba con él. Entrábamos en bucles de discos rayados y sentimientos encontrados y dudas y miedos y canciones que sabían decir mejor que yo misma lo que no se puede explicar porque no se llega a entender.

Con el tiempo, Andrés siguió a mi lado, y tú no. Es la vida, como dice la canción, una vida con altos y bajos, con amor y desamor. Andrés se vino a Nueva York y al Camino de Santiago. También estuvo mucho tiempo en la radio de mi habitación. Y en muchos viajes. Algunos en coche y otros por el interior. Sus canciones me dolían pero también me enseñaron a mirarme en el espejo, a mirar en la despensa a por las lunas que me había dejado. Qué hacemos de los dos ahora que ya me quiero un poco, susurraban sus versos, maldito poeta y cantautor. Y en medio de la nostalgia y del tiempo se me pegaban al corazón. Y con más tiempo y menos nostalgia, la tranquilidad de su voz me recordó quién soy, y a quién tengo a mi lado.

Y ahora, después de mucho tiempo (demasiado) y después de un gran concierto (necesario) debo deciros adiós a los dos. Tuvimos nuestro momento, lloramos juntos, gritamos, cantamos y le pusimos acordes y palabras a nuestros sentimientos. Pero se nos ralló el disco. Ya sabemos en qué estrofa se para, hasta hacerse molesto. Así que no vamos a dejar que un disco estropee tu directo. Porque el disco no es el directo, no nos engañemos. El disco no es la vida, es un fragmento. Me lo has recordado hoy, y es cierto. Así que lo dejaré guardado en mi caja de recuerdos , como un tesoro y os digo de nuevo, antes de despedirme, GRACIAS a los dos. A ti, Andrés, por la música; pero a ti te agradezco especialmente la vida y los momentos, gracias por la fuerza y por el aprendizaje, gracias porque “te quise mucho. Todo lo que te di, lo di con ganas. Tú me diste muchísimo y lo honro. Por aquello que entre nosotros fue mal, yo asumo mi parte, y te dejo aquí la tuya, aunque te doy las gracias por ambas”.

Un beso grande. Y gracias.

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