Las redes sociales como capital en el campo de la lectura

Si entendemos el capital social “como el conjunto de normas de confianza, valores, actitudes y redes entre personas e instituciones en una sociedad, que define el grado de asociatividad entre los diferentes actores sociales y facilita acciones colectivas y de cooperación” , al situarnos en el presente e incluso el futuro más inmediato, no podemos dejar pasar la obligación de hablar de las REDES SOCIALES.

Históricamente la relación entre capital social y desarrollo, aunque velada, deja patente la importancia y la fuerza de la sociedad como agente dinamizadora de cambio. Al fin y al cabo, la Historia es, en conjunto, miles de historias diminutas protagonizadas por agentes sociales concretos. Y dentro de un análisis del capital social se hallan múltiples elementos de la cultura, entre ellos, la lectura.

Año 2015. Nos encontramos inmersos en la Sociedad de la Información, nos relacionamos mediante la lectura de flujos informativos cada vez más virtuales que admiten retroalimentación. Configuramos la Historia a megabytes y conectamos con distancias de miles de kilómetros en segundos. El capital social ya no está determinado por una cuestión de espacio físico. Si tuviéramos que hablar, entonces, de un factor determinante que favorezca este capital, deberíamos unir términos como tecnología, asociatividad, identidad, amistad para acabar obteniendo un resultado: las REDES SOCIALES.

Se han convertido en la forma preferida de comunicación entre los jóvenes; favorecen la movilización de grupos sociales; ayudan a conseguir miembros para causas compartidas, a informar sobre estas causas; facilitan el uso del espacio virtual y como tal la comodidad de participar en algo grande, pero desde el lugar escogido (la casa, el instituto, un parque, una plaza).

Si confiamos en la fuerza de estas redes como agentes dinamizadoras de la cultura, podemos fácilmente aplicar esta conclusión al campo de la lectura. Leer nunca estuvo más de moda que ahora. Los adolescentes reconocen que leen, y no sólo eso, sino que no tienen ningún reparo en incluir información detallado sobre sus lecturas favoritas en sus perfiles públicos. Actúan, casi sin saberlo, como recomendadores de lecturas, agentes literarios de promoción.

Ilustración de Daniel Montero Galán

Ilustración de Daniel Montero Galán

Como promotores de la lectura tenemos que luchar por aprovechar este capital. Es nuestra labor el reconocer que la historia se va reescribieendo, y ahora la fuerza del cambio no se encuentra en reuniones clandestinas, manifestaciones públicas, etc, sino en la Red. Las nuevas generaciones se refugian en el espacio virtual, inician movimientos desde el ciberespacio, y tienen más fuerza de la que podemos imaginar, si nos quedamos fuera. Sus eventos reenviados son auténticas manifestaciones de opinión, un ejemplo de la fuerza social que reside detrás de cada pantalla. La Red es un espacio de intercambio de preocupaciones, inquietudes, recomendaciones… Comencemos a estudiar las posibilidades que nos ofrece para conectar con las nuevas generaciones y utilizar el mismo idioma que ellos usan, para transmitirles valores culturales y hacerles ver la importancia que tiene cada una de sus singulares propuestas u opiniones, de forma gratuita, libre y necesaria.

Es la hora de movilizar el capital de la cultura.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s