Un pájaro raro en el Bosque

Allá en el bosque, en lo alto del árbol más alto, hay un pájaro que nunca había visto antes. Yo no entiendo mucho de bosques, ni de pájaros ni de árboles, pero este es distinto. Primero, porque es de color rojo, morado y amarillo; y después por su plumaje, que parece áspero y suave a la vez; tupido y escaso; alegre y apagado. Es un pájaro raro.

bosque

Lo más extraño de todo es que en la rama más alta del árbol más alto del bosque, donde tiene el nido este pájaro, allí se acercan a piar el resto de los pájaros. Van el pájaro grande, el pájaro fuerte, el pájaro pequeño y el pájaro alto.[1] Algunos como si fueran judías, se pasan allí el día; otros, como los castaños, disfrutan de mucho muchos años[2] en el árbol.

Lo que está claro es que yo no sabía ni de bosques, ni de pájaros ni de árboles, pero quería llegar a escuchar qué se decían así que empecé a dar saltos, para llegar alto alto alto hasta su rama. Y después pensé “si doy saltos, solo soy alta a ratitos muy breves”[3], así que decidí dejarlo.

Y me senté arrodillada al pie del árbol. Tendré que esperar. Quizás convertirme en pájaro. O  leer mientras tanto. Descubrir más historias como la de Las tres naranjas del amor, Una casa de palabras, La cocina de noche, Rompetacones… Quizás plantar un árbol. Pero entonces recordé que “hubo árboles antes de que hubiera libros, y acaso cuando acaben los libros continúen los árboles. Y tal vez llegue la humanidad a un grado de cultura tal que no necesite ya de libros, pero siempre necesitará de árboles, y entonces abonará los árboles con libros”[4].

Al final he decidido que además de los libros y los árboles es importante escuchar al resto de los pájaros. Uno me contó, que al principio del todo el pájaro raro les dijo en su rama “venid hasta el borde” y ellos le contestaron “tenemos miedo, podríamos caer, pero él insistió “venid hasta el borde”. Al final le hicieron caso, les empujó, y volaron[5].

Así que es lo que he decidido.

Y cuando ya me salía del bosque, vi a los árboles mirarme.

Se daban cuenta de todo y me apenaba dejarles.[6]

piz

 [1] Como el Pájaro Feliz de Alberto Sobrino (Colectivo Satélite, 2010)

[2] Así lo explica Antonio Rubio en sus Versos Vegetales ( Anaya, 2001)

[3] Esto de los saltos lo aprendí de El señor Valéry (Gonzalo Tavares)

[4] Pensamiento de Miguel de Unamuno.

[5] Lo dijo en realidad Guillermo Apollinaire

[6] Poema de Juan Ramón Jiménez.

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