Gandía Shore

Hace ocho meses decidí embarcarme en un nuevo proyecto y fue así como me convertí en empresaria y emprendedora. Hace cuatro meses no tenía ni para un vino a la salida del trabajo ni para un vestido de rebajas. Hace cuatro días me pude ir de vacaciones, por fin, con mi sueldo y con el orgullo de que podía permitírmelas, igual no al Ritz, pero sí a un festival en Gandía.

Después de meses de sinsabores e ilusión a partes iguales, de derrotas y victorias, proyectos, planes, algunos que no y otros que salen… Después de muchos lloros y sonrisas, al final uno, cualquiera, tiene que llegar a la conclusión de que por encima de todo debe intentar que se escuche eso, su risa. Y como dice una buena amiga “hay que sonreírle a la vida, hasta que sea ella la que te sonría”.

Así que mi crónica de Gandía, por encima de mis libros, mis gotas, mis ausencias y mis silencios, va a ser sobre la risa, la mejor medicina. Os propongo un juego: a continuación tendréis ocho momentazos de nuestras vacaciones, solo cuatro son verdad, y evidentemente los otros cuatro son mentira. Qui lo sá. Os toca decidir. O no. Al fin y al cabo, como dice el refrán “en este mundo cruel, nada es verdad ni es mentira, todo es según y por qué, el cristal con que se mira”.

1- Cuando alquilamos las sillas eléctricas modelo Sterling Elite de 3 ruedas con cesta. Fue una gran idea. La gente se sorprendía un poco al ver esa extraña procesión de vehículos motorizados primero rugiendo hacia la playa y luego hacia el festival. Pero no os olvidéis que estamos en Semana Santa y que las sillas no pasaban de 30km/h. Además las dejábamos muy bien aparcadas en los restaurantes (endereza, endereza, gira, gira, para, para).

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2- Las tres horas que disfrutamos del peliculón “María de Nazaret”, un remake de la pasión de Cristo con Paz Vega en el papelón de María Magdalena. Dicen las malas lenguas que también salía Kevin Costner pero no logramos constatarlo. Había algunos giros de interés pero en realidad la trama no sorprendía en exceso. No os cuento el final, por eso de los spoilers.

3- Las dos veces que nos encontramos a Chicote. Mira que es difícil que estén grabando Pesadilla en la Cocina en el mismo restaurante en el que decides comer, pero ya en dos… Al primero le hacía mucha falta (se llama Maimónides, por si queréis no ir) y tenía los típicos problemas de falta de comunicación, empezar a comer sin cubiertos ni platos, que te tiren el café en las gafas de sol… Chicote se desesperó y como no vio solución se marchó, con tal mala suerte de que nos lo encontramos en el restaurante en el que decidimos ir a comer al día siguiente. Allí había todavía mas tema: anunciaban un menú que no tenían, limpiaron la parrilla con nuestro calabacín, recogieron los mejillones de un río (no de una ría) y el chuletón de buey, si te acercabas mucho, maullaba. No sé que conseguiría Chicote, pero por si queréis no ir, este se llamaba Gandía.

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4- Ese momentazo en el que le pusimos cristal en el calimocho a un chico que pasaba por ahí en el Festival, y se volvió loco y al final acabamos todos haciéndonos amigos. Lo que el chico no sabía es que nosotras no consumimos droga ni mucho menos y que el cristal que le pusimos era de verdad, de una esquirla que se nos había saltado de la botella de Negrita, de ahí que él estuviera todo loco y que nosotras nos acordemos con dificultad de qué canciones tocaron los de Love of Lesbian o si de verdad aparecieron por ahí los Niños Mutantes.

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5- Los míticos 75 euros gastados en tokens: ¿que ayer nos compramos 75 tokens? Que tikens? Que 75 euros en tokens? Pero estáis locas? Pero cuánto es eso en euros? 75 euros en tokens de verdad? Y a ver… Cuántos quedan… Que cuántos quedan…. Cuántos…. Dos.

6- La excursión que se marcaron S y S al volver al apartamento el primer día. Como el camino era todo recto, decidieron que sería mas divertido callejear y dar unos cuantos rodeos, a las 4 de la mañana. Media hora después, no sabían si estaban en Gandía, en Benidorm o en Sebastopol, pero ni el GPS las dirigía. La vida les dio que pasaron dos chicas y les indicaron, amablemente, que además de estar demasiado mal para ir tan solas y perdidas por la calle, la que buscaban era la paralela. Gracias, gracias.

7- Lo bien que baila Faruq en Falkata.

8- ¿El mejor concierto del festival? El que se marcó Shakira en nuestro Nissan Qasqais prestado durante el viaje de vuelta. Decidió decantarse solo por su disco “Pies Descalzos” y me dejó hacerle los coros, más maja…

 

😉

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