La lectura como fuente de vocabulario para aprender un idioma

Publicado en Boolino

Por Rebeca Martín García, de Unpuntocurioso.com

En el aprendizaje de cualquier idioma se debe tener muy en cuenta el uso del vocabulario. Aprender una lengua extranjera y ser capaces de utilizarla para comunicarse implica el conocimiento de una gran cantidad de palabras. La comunicación sólo se puede realizar cuando se tiene la palabra adecuada y en el momento preciso, es por ello que el uso del vocabulario debe ser constante.

La lectura es una fuente inagotable de palabras. La interpretación correcta del significado de los términos de un texto nos cuenta el sentido exacto de cada palabra en el contexto en que se utiliza. Cuando un niño lee está representando mentalmente ideas a través de la comprensión del vocabulario.

Para facilitar esta tarea cuando la lectura se realiza en otras lenguas, es importante escoger los materiales adecuados a la edad y el nivel del que lee. Los primeros lectores disfrutarán especialmente con la práctica del idioma a través de…

Aplicaciones de lectura digitales, que son cada vez más interactivas y permiten integrar al lector como parte activa de la historia.  Por ejemplo, si un niño quiere aprender una palabra, puede tocar la pantalla y escucha la palabra repetida hasta aprenderla; es posible escuchar historias en otros idiomas para familiarizarse con la entonación y la pronunciación; e incluso algunas aplicaciones literarias permiten grabar el audio del que lee la obra convirtiéndose este en narrador.

Álbumes ilustrados, en los que las palabras se ven complementadas con imágenes. Son un excelente recurso porque combinan el atractivo de la ilustración con su poder para facilitar la comprensión del texto. Para destacar el valor de este género literario, basta con hacer un repaso por alguno de los títulos destacados de grandes autores como Maurice Sendak, Dave McKee o Anthony Browne. El libro ilustrado es también el principal vehículo para introducir a los niños en el mundo del arte.

Libros-juego que fomentan un aprendizaje más lúdico. Son creaciones que permiten al pequeño lector interactuar con el contenido del libro a través de pestañas, juegos visuales o sencillas propuestas de manipulación. Facilitan la manipulación del libro como herramienta para aprender y divertirse a la vez.

Libros informativos en los que practican vocabulario a través de situaciones de aprendizaje y descubren a la vez el mundo que les rodea. En palabras de Mónica Baró, especialista en el ámbito de las bibliotecas escolares, “El libro de conocimientos es, en realidad, una puerta abierta al mundo y a las realizaciones humanas y, por tanto, un elemento de culturización incuestionable que, además, puede contribuir a la consolidación del hábito lector en aquellos niños y jóvenes que no se sienten atraídos por los libros de ficción y que, en cambio, sienten más curiosidad por el mundo que les rodea”.

Un correcto acercamiento a la lengua de destino a través del vocabulario que se incluye fundamentalmente en algunos de los formatos mencionados anteriormente, posibilitará que los primeros lectores realicen un contacto altamente satisfactorio tanto con la lectura como con el idioma, y estarán motivados para seguir profundizando en el mismo a través de álbumes narrativos, sencillas tiras cómicas, poemas y cuentos tradicionales.

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