falta de responsabilidad/ irresponsabilidade

Todos y cada uno de nosotros tenemos responsabilidades, ya sea de tipo civil, moral, social o como cada uno las quiera entender. Todos tenemos, y es nuestra tarea asumirlas como tal y llevarlas a cabo tal y como se espera de nosotros, incluso superando estas expectativas.

Los medios de comunicación tenían la responsabilidad ayer de informar sobre el terrible accidente de tren que sobrecogió a todo el país a la hora de cenar, y no lo hicieron. Al menos no como se esperaba de ellos, con veinte minutos de retardo (el que más rápido reaccionó, la televisión pública) y con una completa indiferencia la mayoría de los canales de televisión privados.

Los bomberos, policías, médicos, enfermeras y otros trabajadores tan necesarios en estos casos de emergencias, tenían la responsabilidad de atender a los heridos, ayudar a que salieran de los vagones accidentados, calmar los nervios, ordenar el caos y curar lo que pudiera ser sanado. Lo hicieron, y lo demostraron con creces. El número de voluntarios del sector sanitario superó todas las expectativas. Se desconvocaron huelgas, se olvidaron paros, problemas con el sistema y otros impedimentos y prevaleció la humanidad, que por encima de todo es lo importante. Decía un policía a través de las redes sociales “es imposible contener las lágrimas cuando estás sacando un cadáver y le suena el móvil”.

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Los responsables políticos del país tenían la responsabilidad de presentar también su humanidad. Y no lo hicieron. Me pregunto qué tendría que hacer el presidente del gobierno que superara en importancia a presentarse de inmediato en su tierra gallega y ayudar a sacar heridos de los vagones. ¿Qué sería que ni siquiera le permitió sentarse a escribir un breve texto que reflejara con sentimientos reales su pesar por el accidente, en lugar de mandar a un subalterno que copiara y pegara fragmentos enviados en tragedias anteriores, que ni por asomo tienen similitud con esta? No hay tragedia que se parezca a otra tragedia. No hay excusas frente a la indiferencia.

Los españoles tenían la responsabilidad de hacer llegar, por cualquier vía, que lo sentían, que estaban cerca de todos y cada uno de los que sufrían en ese momento, y que estaban dispuestos a hacer lo que hiciera falta porque sus sentimientos llegaran. Y lo hicieron. Desde los primeros gallegos que ayudaron con sus mantas, sus mesas y su presencia a los accidentados, hasta los mensajes de apoyo en Twitter provenientes de todos y cada uno de los rincones del país, pasando por los ciudadanos que se lanzaron a los hospitales a donar sangre como respuesta a la petición de las autoridades sanitarias.

 Ahora todo el mundo habla de responsabilidades y no se dan cuenta de que todos y cada uno de nosotros tenemos las nuestras. Querer ahorrar en infraestructuras públicas para poder meterse más dinero en el bolsillo, precipitar los tiempos para cumplir plazos, reducir gastos, reducir esfuerzos, reducir formación, reducir tiempos…

Tragedias como la de Santiago demuestran que el pueblo sí funciona y tiene capacidad de respuesta. No puedo decir lo mismo del gobierno ni de las infraestructuras públicas. Necesitamos un cambio ya, y lo que está claro es que lo merecemos. Lloremos ahora, porque hay que llorar, pero que no se nos olvide que somos nosotros los que tenemos la fuerza de cambiar lo que no funciona, antes de que sea tarde. Somos los únicos que asumimos nuestra responsabilidad. 

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