croquetas y wasaps

Aquellas croquetas eran de la abuela. No hechas según su receta. Hechas POR la abuela. Las hizo antes de morir. Estaban en casa de la abuela, en el congelador, ese invento imposible que pretende detener el tiempo.

Yo dejé de mover la mandíbula. Sentí en el paladar esa bola cremosa de bechamel, esa textura perfecta con tropezones de sabrosísimo jamón y del ingrediente secreto del que siempre presumía la abuela: el cariño. Tenía el cariño de la abuela dentro. Sonaba una trompeta.

– Me resistía a freírlas. Era lo último que me quedaba de la abuela- dijo el abuelo-. Pero también hay que saber decir adiós. 

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