Adiós CILIJ. Adiós Germán.

La Fundación, como la conocíamos todos hasta ahora, se cierra de verdad. Me acabo de dar cuenta. Y quiero contarlo. Porque hasta el momento he mantenido el silencio, por respeto a mis compañeros, inmersos como yo en un proceso de traslado colectivo por causas productivas. Y aún enfrentada a la realidad, que me decía que el respeto no parecía prioritario en situaciones de esta envergadura (es la vida), no dije nada.

Hoy me siento triste, rabiosa, humillada y avergonzada.

Triste porque termino el trabajo de promoción de lectura con mis niños, auténticos creadores de contenidos sorprendentes en inglés y en castellano; lectores y escritores en formato papel y digital; amigos de personajes virtuales que nacieron en el CILIJ; espectadores de cuentos y propuestas insólitas, siempre dispuestos a formar parte de ellas, y a leerlas.

Rabiosa porque eso no lo sabe quien lo tiene que saber, y si lo sabe no le importa.

Humillada porque da igual lo que haya hecho hasta ahora. No importa que los talleres en inglés con familias y niños de 3 a 6 años siempre se completen; ni que la participación en distintos congresos universitarios y otros foros para compartir mi trabajo siempre haya sido altamente satisfactoria; da igual si he contado cuentos a niños de 3 o de 15 años; los objetos digitales que he creado, no valen nada; ¿las experiencias con realidad aumentada? No valen nada; los cursos online, las guías de lectura, la participación en proyectos de centro, en el estudio de Bibliotecas Escolares, en los Cuadernos del Profesor, nada.

Avergonzada, por pensar que mi trabajo no vale nada. Mañana estaré mejor, pero hoy…

Hoy me doy cuenta de que acabo de cumplir 30 años y hasta ahora me sentía orgullosa de trabajar en el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil, la sede que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez poseía en Salamanca. Era una institución fabulosa dedicada por completo a fomentar la lectura entre niños y jóvenes, un oasis en medio de la sequía cultural y educativa que sufrimos todos en la actualidad, pero especialmente las ciudades pequeñas que no son focos económicos ni turísticos ni interesan.

Ahora ya no. Hace poco desde la dirección general nos pidieron a los trabajadores que fuéramos “capaces de ir más allá de la piedra de Villamayor”. A mí me dolió el comentario. Especialmente porque el espíritu de la Fundación nació en Salamanca, de la mano de Germán Sánchez Ruipérez. Porque el éxito de los programas que quiere trasladar fue constatado con niños y jóvenes salmantinos. Y la innovación que se ha realizado hasta ahora no ha necesitado de grandes capitales ni patrocinios, sino de personas. Personas a las que presupone un traslado fácil con las mismas prestaciones económicas, un difuso plan de incorporación profesional y, eso sí, el prestigio que asegura la capital madrileña al alcance de nuestra buena voluntad provinciana. O eso o la realidad.

Don Germán Sánchez Ruipérez falleció sin haber olvidado en ningún momento de su vida el compromiso permanente con la cultura a través del fomento de la lectura. Así nos lo transmitió a todos los que trabajamos en sus proyectos: la importancia del deseo de cultivar las ansias infinitas de saber… y de aprender a hacerlo. De creer y trabajar. Don Germán, en una de sus últimas apariciones públicas, afirmó que la suerte no existe, la suerte solo es trabajo, trabajo y más trabajo.

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Aquí en Salamanca hemos trabajado mucho y muy bien. Pero la realidad nos demuestra que esto ya no es suficiente. Y los que, como yo, cumplimos treinta años y nos asomamos al agujero negro de la crisis, comenzamos a dudar cada vez más del sentido de todo esto: ¿qué podemos hacer? Trabajamos, innovamos, creemos en los resultados, seguimos formándonos. Y nunca es suficiente. No queremos cambiar el sistema pero no podemos hacerlo mejor. No nos dejan otra opción, más que luchar por lo que hacemos. No quiero irme al paro, pero me niego a pensar que lo que me ofrecen es proporcional a lo que he trabajado.

Hoy me siento triste, rabiosa, humillada y avergonzada.

Mañana estaré mejor.

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7 comentarios en “Adiós CILIJ. Adiós Germán.

  1. Quiero compartir contigo esta reflexión tan llena de sensiblidad, de amor por el trabajo, de entrega por continuar la labor iniciada por un mecenas de la cultura, que apostó por Salamanca, ciudad de cuna en la cultura, y ahora sin un motivo que lo justifique, se cierra este Centro de referencia internacional, sin tener en cuenta el buenhacer de sus trabajadadores , el vacio que deja en Salamanca y a sus ciudadanos, sobre todo niños y jóvenes.
    Animo, vendrán tiempos mejores.

  2. Una forma de acercarse a su pensamiento sobre los objetivos, las estrategias y la realización de los proyectos de la Fundación es posible a través de sus palabras expresadas públicamente, que son el reflejo tanto de sus convicciones y puntos de vista como del modo en el que los equipos institucionales llevan adelante los proyectos y actividades en torno al libro y la lectura.

  3. Comparto tu pena y la rabia que me da ver como se desmonta, con la mentira de la crisis, una institución que funcionaba tan bien. Un oasis cultural puntero… que estaba en Salamanca. Gracias por todo lo que has dado. Eres muy grande. Un beso muy fuerte.

  4. Gracias a todos los que habéis pasado por aquí y habéis sentido que alguna de mis palabras tenía significado para vosotros. para ser un grande, hacen falta muchos pequeños, y vosotros (todos los que me leéis, me abrazáis, me animáis o me pensáis) sois los mios.

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