La luz en casa de los demás

(Chiara Gamberale)

¿Qué le voy a hacer si no me parecieron revelaciones tan pasmosas?

Vivimos todos en la ignorancia de algo que nos concierne, ¿no?

Todos.

No podemos saber por qué nuestra profesora llega a clase de vez en cuando con ojeras, por ejemplo. O por qué el panadero, que siempre nos hace algún comentario divertido, algunos días no tiene la menor gana de bromear. No sabemos qué hacen (la profesora y el panadero, me refiero) los domingos por la tarde. No sabemos quién ha ido antes que nosotros a un baño público que huele que apesta. Por qué han abandonado al perro que hemos encontrado. Quién lo ha atado a un poste, con qué criterio habrá elegido precisamente ese poste: no lo sabemos. Qué dice la gente cuando habla de nosotros sin que estemos presentes: ni siquiera eso sabemos. Podemos creer que nos lo imaginamos, pero no lo sabemos. Y muchísimas otras cosas. Quién ha decidido que cuando decimos «árbol» nos referimos a un tronco con ramas y hojas, y no, qué sé yo, a una cosa resbaladiza para lavarnos a la que en cambio llamamos «jabón»: también ese nombre lo habrá decidido alguien. Pero ¿cómo? ¿Cuándo? No lo sabemos. ¿Y por qué? ¿De qué color es el reverso del cielo? ¿En qué piensa una hormiga mientras se pasea por tu brazo? No tenemos ni idea.

Pero lo que sobre todo no sabemos es cuál, de entre todas las personas con las que estamos acostumbrados a tratar, será la próxima en morir. Y entonces, si incluso pese a eso seguimos viviendo como si nada…

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