Querer leer es implicarse y emprender

A los lectores les gusta implicarse. Por eso todos los eventos letrados realizados por y para el libro terminan convirtiéndose en un éxito de público y son de los mejores ejemplos como prácticas emprendedoras: los encuentros con autor humanizan la figura del que escribe acercándolo hasta los que lo leen; las ferias del libro de ocasión permiten adquirir ejemplares interesantes y dar a conocer títulos de interés para el público a un precio asequible; los salones y encuentros profesionales facilitan que profesionales del sector discutan y pongan pautas para actuaciones encaminadas a mejorar la calidad de lo que se lee y a aumentar el número de las personas que lo hacen; cursos online, presentaciones editoriales, cuentacuentos en pequeñas librerías…Un amplio abanico de posibilidades para convertir la lectura y la escritura (por extensión) en una práctica de actualidad.

Lo importante es mantener la voluntad de querer leer, de seguir leyendo a través de los nuevos espacios, distintos contextos y paradigmas. De la intención, llegaremos al emprendimiento. Manejamos conceptos nuevos con terminologías desconocidas para muchos (lectores polivalentes, fan- fiction, paracosmos, gestión cultural, tertulias dialógicas) pero todos se basan en ese querer leer en el que insisto: puede ser un joven que construye su propio escenario literario al terminar un libro que le impacta; puede ser una chica que compra el libro de Crepúsculo después de ver la película; un grupo de jubilados que se abre un blog para continuar las tertulias literarias que les quedan cortas en las sesiones de su club de lectura de los jueves; o un alumno aplicado que crea sus propios materiales de lectura multimedia para estudiar a través de la pantalla.

Las posibilidades en la actualidad se han multiplicado, por tanto emprender en el terreno de la lectura va más allá de hacer una selección de libros acertada u organizar un cuentacuentos semanal. Es imprescindible poner la creatividad al servicio de las tecnologías disponibles para difundir la cultura y ponerle letras, es decir, para favorecer la difusión de la cultura letrada. Sabemos que crear ambientes letrados es ir más allá de los ambientes de lectura convencionales o donde haya muchos libros. Y es que los ambientes de lectura y escritura no dependen de los aparatos, los soportes, la calidad sólo del mediador o de la comunidad, tomada aisladamente, sino de las interacciones. Hay que crear dinamismo. Hay que promover nuevas prácticas, espacios e itinerarios de lectura. Y para ello hay que recurrir a estímulos multisensoriales, movilizando a la comunidad a compartir ideas, mapas mentales, visualización, cuadros, música, gráficos, dibujos, dramatizaciones, juegos, metáforas/analogías (esto es un barco), fantasías e instrumentos colaborativos que permitan incentivar la motivación para realizar nuevos proyectos.

La tecnología no ha supuesto la caída de los índices de lectura, o el repartir más tiempo entre más actividades de ocio frente a las que la lectura queda relegada. Al contrario: ahora se puede leer jugando, es posible jugar a leer, cantar la letra de una canción al escucharla, realizar cambios en lo que se lee y compartirlos, recitar textos que se convierten en vídeos o escribir relatos de películas que hemos visto y publicarlos como propios en nuestros perfiles sociales. Ha cambiado la mecánica, pero no el fin. Se lee.

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