callejero (raúl vacas)

Hoy paseo por la Plaza de la Fuente y veo que las cabinas aún están forradas con anuncios de pisos de alquiler sin contrato. Recuerdo entonces a Raquel, Angela, María y Max que siempre quisieron vivir en la calle Bientocadas y hace años rastreaban los portales de esa zona en busca de algún piso. Y recuerdo también la casa de Paqui, en la calle Traviesa, dónde hicimos más de una travesura literaria.

A mí, en cambio, me gustaría vivir en la plaza del Ahorro o en la calle Compañía. Pero me tocó en suerte vivir cerca del paseo del Rollo. Quizá algún día viva en la calle del Limón, cerca de Viki, o en la calles del Aire o Dos Encinas, o en la plaza del Jilguero, o en Zamora, junto a Elena, que me llevaba y traía por la calle de la Amargura.

A veces la vida y el callejero coinciden y uno vive en la calle de su historia. Como Déborah, que trabajó con niños en Chiapas y vivió el año pasado en la calle Guerrilleros, o Miguel, que hasta encontrar novia vivió en la calle Soledad y cuando la perdió (la novia) y cambió de piso no encontró alquiler en la calle Consuelo ni en el paseo del Desengaño.

Qué hermoso sería para un excarcelado vivir en la plaza de la Libertad; para un alumno de primer curso en la calle Licenciados; para un amante del vino en las calles Lagar, Bodegones o La Viña; para un niño en la calle Recreo; para un egoísta vivir la Calle Santa Rita; para dos novios enfadados en la calle Las Paces o la calle El Perdón.

Qué duro para un suspenso vivir en la calle de la Fe; para un balsero en la calle Cuba; para un feo en la calle Espejo; para un alcalde que pierde los papeles en la Calle Gibraltar, para un adicto al parchís en la calle Oca; para un anciano en las calles Gurruminas, Raspagatos y Sordolodo que ya no existen; para un enterrador en la calle Marmolistas y ser vecino de Pedro y Pablo; para un pescador vivir en la calle Carniceros o para un aficionado al saxofón en la Calle Silencio junto a la casa de los frailes claretianos.

Y qué escándalo sería vivir en la calle Galileo y que toda mi vida girara en torno a ti. O en la Plaza de los Gascones y ser tu Cyrano y empañar tus ojos cada noche con el vaho de mis versos. O en la calle Santa Bárbara y acordarme de ti cuando truena. O en la calle Trébol y compartir contigo la suerte de mis cuatro hojas. O en la calle Orégano, junto a un monte. Pasa la mañana. Me detengo un instante en la calle Mediodía. Miro el reloj. Me pita un coche. Será mejor que me calle.

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