Lo que importa es el Camino, no el destino

Dicen que a mucha gente el Camino le cambia la vida, pero no es del todo cierto. La realidad es que la vida misma es un camino, y al recorrerla uno se va dando cuenta de lo que realmente necesita para caminar. ¿Móviles? ¿Ordenador? ¿Internet? ¿Whatsapp? No, tan solo un par de botas resistentes para aguantar las inclemencias del tiempo y un bastón al que asirse cuando las fuerzas vayan fallando.

El Camino (que es la vida) uno mismo decide si emprenderlo en soledad o en compañía. Al andar solo, es posible escoger el ritmo y la velocidad. La gente que camina sola va más rápido. Pero solo puede hablar consigo misma, así que al final la propia senda le invita a conocer a otros peregrinos. Los que caminan juntos, acaban adaptando su ritmo los unos a los otros: a veces aprietan el paso y prefieren avanzar solos, otras ayudan al que va más cansado con su conversación o con sus risas, e incluso hay momentos que se paran con ese peregrino solitario para tenderle una mano.

En el Camino no siempre funcionan los GPS ni los mapas. Hay que seguir las señales, prestar mucha atención al entorno y saber leer la naturaleza. Y aún poniendo cuidado es inevitable equivocarse y coger una senda errónea en ciertos tramos. No pasa nada. Siempre existe la posibilidad de volver y desandar lo andado para coger, esta vez, el itinerario adecuado.

Por el Camino vas dejando cosas que o bien no te hacen falta o te apetece caminar sin ellas. Te darás cuenta de cuales son esas cosas porque enseguida se olvidan y nunca se llegan a echar de menos. Camina sin móviles y sin planchas para el pelo, sin relojes ni pendientes, sin iPods ni GPS. Elige con qué y con quién caminas. Ten en cuenta respecto a este último punto que hay gente que siempre quiere ir muy rápido y otros que se cansan enseguida. Elige a los constantes. Escoge como compañeros a caminantes que se orienten bien. Que miren al sol y sepan donde están pero no tengan prisa por llegar a donde quieren ir.

Porque al final de Camino, pase lo que pase, siempre sale otra senda. Disfruta de haber llegado hasta allí, comparte tu ilusión y tu alegría, pero no te olvides de mantener la mochila bien cargada sobre los hombros, y dejar las botas (y el bastón) listos para empezar de nuevo a caminar cuando haga falta.

20120728-211818.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s