granadilla

Es un pueblo abandonado de Cacéres que se encuentra envuelto árboles y rodeado por el embalse de Gabriel y Galán. Pero, ¿cuál es su historia?

La villa fue desalojada a mediados del siglo XX al transformarse en zona inundable debido a la construcción del embalse. Posteriormente, en los ochenta, fue declarada conjunto histórico- artístico, y años después, elegida para su inclusión en el Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados. Esto significa que estudiantes universitarios y de grado medio acuden allí a realizar labores de restauración. El resultado es mágico, pero claramente insuficiente.

Según cuenta la historia, Granadilla fue fundado por los musulmanes en el siglo IX con carácter militar y defensivo, ya que se sitúa en una colina de pizarra. En su parte más vulnerable (el noroeste), los almohades levantaron la alcazaba, que más tarde sería castillo cristiano.

En 1160 el rey Fernando II de León conquistó la aldea, que entonces se llamaba Granada y hasta ese momento había pertenecido a los árabes. La rehizo y repobló dotándola de murallas. Su intención era que sirviera de muro de contención contra posibles avances de los musulmanes. La villa era una verdadera fortificación situada estratégicamente, al ser paso obligado entre la antigua Vía de la Plata y la comarca de las Hurdes. Estaba rodeada por las vegas del río Alagón. Su nombre original fue Granada aunque, tras la conquista de Granada en 1492 por parte de los Reyes católicos, pasó a denominarse Granadilla para evitar confusiones.

A la caída del Antiguo Régimen, la localidad se constituyó en municipio constitucional en la región de Extremadura, Partido Judicial de Granadilla, que en el censo de 1842 contaba con 130 hogares y 712 vecinos.

Por acuerdo del Consejo de Ministros en 1955 el Estado decretó la expropiación del terreno inundable del término municipal de Granadilla a causa de la construcción del embalse de Gabriel y Galán. En 1960, con motivo del pago de las indemnizaciones correspondientes, el representante de la Administración notificó a los propietarios que, a partir de esa fecha, las fincas se consideraban legalmente ocupadas por la Administración del Estado y que sobre ellas no podrían reclamar derecho alguno.

El éxodo masivo continuó a principios de los años sesenta, según iba creciendo el nivel del pantano. Sus últimos moradores se fueron durante el año 1964. El embalse inundó las fértiles tierras de la Vega Baja, de modo que los medios de vida de la población desaparecieron. El pueblo no se inundó, pero se vio aislado en una península con una sola vía de difícil acceso por el norte, ya que por entonces todas las carreteras también quedaron inundadas.

En los años siguientes, el pueblo quedó totalmente abandonado. Su territorio fue dividido en 1965 entre los municipios limítrofes de Mohedas y Zarza de Granadilla, pasando la capitalidad del partido a Hervás.

La rehabilitación y recuperación de Granadilla comenzó a partir del año 1980, en el que fue restaurado urgentemente el castillo debido a su lamentable estado de deterioro a causa de las lluvias. Al carecer de cubierta de protección, los sillares interiores de granito comenzaron a disgregarse peligrosamente, fenómeno que hoy día puede aún observarse al pasar los dedos por ellos. Aunque estéticamente no es muy afortunada, la rehabilitación de este castillo sirvió para frenar su progresiva ruina, además de servir de excelente atalaya desde donde se puede observar todo el pueblo y un amplio panorama con hermosas puestas de sol.

En 1984, Granadilla fue elegida para su inclusión en el Programa Interministerial de Pueblos Abandonados. Para ello, la Confederación Hidrográfica del Tajo cedió el uso de Granadilla a dichos ministerios, que podrían realizar en él obras de restauración y conservación de los edificios cedidos, con fines asistenciales, culturales o sociales. De ahí que el Programa Interministerial incluyera un Plan Experimental de Reconstrucción y Restauración de Granadilla que preveía el levantamiento de muros, la selección del material recuperado en el desescombro, la limpieza de calles y locales y la construcción y creación de jardines. Desde entonces, muchos estudiantes acuden cada año a ayudar a rehabilitar el pueblo.

A fines del siglo XX se produjo una agria polémica entre los partidarios de que el pueblo siguiera siendo utilizado por estudiantes de acuerdo al Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados o de que se abriera la posibilidad de que antiguos propietarios recuperasen sus propiedades.

Granadillanos o estudiantes, oriundos o foráneos, la realidad es que tremendo tesoro, no solo arquitectónico sino también natural e histórico, necesita una inyección mucho más cuantiosa de la que dispone ahora para poder dar a conocer al mundo el esplendor que evoca un paseo por sus calles.

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