de optimismo también se muere

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El mundo está cambiando y con él la manera en que rebautizamos los problemas. Ahora no hay despidos sino etapas de transición, no hay bajadas de sueldos sino ajustes y tu pareja ya no te deja sino que te da la oportunidad de tener una nueva vida.

De un tiempo a esta parte, al que llama a las cosas por su nombre se le tilda de cenizo, de ser un tipo negativo o de no tener perfil de triunfador.El optimismo barato empapa todo a su paso y el que no es como Pepe Sonrisas se queda fuera de juego. Ahora la vida es marketing.

En el actual contexto de crisis muchas personas atraviesan momentos muy difíciles, como quedarse sin trabajo, sin ingresos e incluso sin casa. Si a los problemas económicos se suman una enfermedad, un divorcio o la pérdida de un familiar, mantener el rumbo se convierte en un acto heroico. Máxime cuando en el mundo de los ultra motivados no está permitido ‘estar mal’.

Esta situación de crisis social ha hecho proliferar infinidad de libros de autoayuda y ‘coaching’ que inciden en la idea de que “tu pensamiento crea tu propia realidad”. De esta forma, al individuo, ya sobrecargado de problemas, se le culpabiliza además de ser el artífice de su situación vital ya que, según esa teoría, él y sólo él es el responsable de su propia desgracia.

Si bien es cierto que hay circunstancias que dependen del optimismo y talante con que se afronten, existen muchas situaciones que son objetivamente malas y que escapan a nuestra voluntad.

La trampa del optimismo irracional

El positivismo falso hace el mismo daño que el exceso de negatividad. Es el extremo opuesto e impide que el individuo conecte con sus emociones y problemas, lo que evita el cambio y la superación”, afirma el psicólogo Juan Cruz.

«El efecto perverso de este exceso de motivación desmedida es la frustración que se genera en el individuo cuando no se cumplen las expectativas. Es entonces cuando cunde el desánimo», explica Cruz, experto en terapias y programas para afrontar estas situaciones desde principios de psicología positiva y neurocognición.

Aceptar el miedo

Cruz sabe bien de lo que habla. Hace tres años, al tener más tiempo libre debido a la crisis, decidió crear un grupo de optimismo y capacidades de superación. La idea surgió a raíz de su contacto y experiencia con personas que padecían enfermedades graves y ahora se ha extendido a todo el mundo.

Frente al “todo depende de cómo lo enfoques”, Cruz pone como ejemplo los efectos de la pérdida del empleo. “El paro es un problema real ysentir miedo es la emoción normal, es una reacción neurofisiológica y bioquímica que permite dar una respuesta adecuada para afrontar la situación con realismo y así adaptarse”, argumenta. Dicho de otro modo, vivimos la realidad a partir de las expectativas y la interpretación que hacemos de ella.

Aceptar los aspectos positivos y negativos de una situación adversa es clave para interpretarla

La situación de crisis económica genera mucha angustia, lo que supone una disminución del rendimiento y desmotivación, porque los despidos y la inseguridad, unidos a pensamientos de miedo e indefensión, activan un potente mecanismo de alerta neuronal. ¡Para el cerebro es como si un dinosaurio estuviera a punto de atacar!“, explica.

A su juicio, es muy desconcertante para la persona que vive una situación difícil recibir en paralelo mensajes contradictorios a través de los medios de comunicación que “te bombardean con la crisis y a la vez te dicen que serás feliz si compras un coche”. “Estas noticias ciclotímicas, donde el falso positivismo y el optimismo no realista se alternan con un pesimismo culpabilizante, generan un tremendo estrés psicológico de efecto anestesiante”, explica.

Este experto, que tiene hasta un grupo de optimismo en Facebook y en Twitter, recomienda conectar primero con la realidad por dura y dolorosa que sea y comprender cómo funciona nuestro cerebro a nivel neurocognitivo. Esto permitirá aceptar que en la vida hay aspectos positivos y negativos que son complementarios, algo necesario para poder modificar nuestra forma de procesar e interpretar una situación adversa.

“Estoy convencido de que a través del optimismo emocionalmente inteligente conseguiremos que esta crisis nos una y dejar como herencia un crecimiento sostenible”, sostiene Cruz. «En la escuela de optimismo no negamos que haya un problema o una desgracia. El trabajo es convertir el excremento en abono. Pero siempre hay quien prefiere camuflar los detritus“, remata.

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