hacerse el muerto (andrés neuman)

¿Por qué nos fascina de niños, y seguimos siendo niños,
quedarnos deliberadamente inmóviles como momias de nuestro propio
futuro? ¿De dónde sale ese placer ácido que sentimos asistiendo al
cadáver que todavía no somos? La explicación es sencilla, y por tanto
misteriosa. Al ver mientras no miramos, al respirar cuando nada hacemos
para seguir respirando, al notar en nosotros, con poderosa certeza, la
selva de las arterias y la montaña rusa de los nervios, no sólo
confirmamos que estamos vivos sino algo incluso más impresionante:
experimentamos nuestra única, pequeña, modesta forma de
trascendencia. Sobrevivimos a nosotros mismos. Derrotamos a la muerte
jugando.

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