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Dice Fernando Báez que”los libros no deben llegar a los niños; los niños deben llegar a los libros. Por curiosidad, por placer, por interés especial, porque sí. Y en este sentido no hay claves, no hay leyes. El placer de la lectura no se decreta: se despierta. No se determina: al igual que la vocación, es un asunto de fe (…) El afecto por los libros es un privilegio que pertenece a los dominios de la mística. Una biblioteca bien dotada en la escuela, la publicidad televisiva o radial más costosa, no tiene a menudo el poder del comentario frugal de un amigo o el encuentro directo, ocasional, inédito, con una historia maravillosa y puntual”.
Dice Emili Teixidor “la gente que no lee, que no tiene libros, no puede tener a estos personajes vivos en el cerebro, ni puede disfrutar con sus aventuras, ni reír con sus ocurrencias, ni emocionarse con sus desgracias, ni vivir sus vidas. La gente que lee libros vive más: vive su propia vida y la de los libros que lee y por ello tiene más experiencia, más emocionas, más vidas…”