y es un mundo aparte. fijate si será distinto, que en la plaza conserje se escribe con “g” y no con “j”.

en serio, me gustan los toros porque creo que en este mundo hay muy poquitas cosas que no me gusten (entre ellas los boquerones, las colas – o filas), estar de pie en un concierto y desde hace poco el chocolate con churros) no voy a entrar aquí en disquisiciones sobre la crueldad hacia los animales, el arte o no arte del toreo y el origen de la especie humana. tengo muchas opiniones sobre eso, pero solo dejaré una: los toros se llaman de lidia como los pollos se llaman de corral, y no puedes coger de un día para otro y manifestarte contra las piscifactorías, criaderos, mejilloneras y un largo etcétera de formas de criar animales para un fin que no es precisamente el de respetar su ciclo vital. y es que los peces pequeños se comen el placton, los peces grandes se comen a los peces pequeños y así sucesivamente. pero no. que no voy a entrar…
estaba hablando de las corridas de toros. que ya he ido a alguna que otra pero esta vez me he fijado mucho. a los toros va mayoritariamente gente de dos tipos. o gafas de sol, camisas metidas por dentro de los pontalones y pelos engominados para atrás, o provincia – que conste que esto en ningun momento es despectivo porque a mi la gente de provincias me cae genial y yo soy más de pueblo que las lentejas-. bueno, pues una vez sentados en sus sitios los de uno y otro tipo, empieza la corrida. y la corrida no empieza hasta que se sienta TODO el mundo, que me lo dijo el de la boina roja cuyo cargo desconozco.
cuando estamos todos sentados, sale a la plaza el caballero de Olmedo. es que este me hace muchísima gracia. los que alguna vez hayais ido a los toros, sabréis quien os digo; los que no, seguro que sois enemigos de estos eventos y me estáis poniendo verde, asi que no os lo explico. El caballero de Olmedo va en caballo, un caballo precioso por cierto.
después sale uno, el cartelista se llamará, informando del peso del astado, la ganadería y el nombre. no esperéis juan ni manolo, sino más bien templadito, perrilojo, lentejero, etc.
y luego ya sale el torero. o ya está allí pero no se le ve, esta parte todavía me tiene un poco confusa. al principio el torero no se mueve mucho porque el bicho sale con una fuerza que cualquiera se le pone delante (perera si, porque perera tiene dos cojones). luego enseguida le pican unos jinetes sevillanos y ya está el toro más tranquilo y el torero más aliviado.
entonces empieza el recital de chicuelinas, lopetinas, pases de pecho, en profundidad (ahi ya pensé que me había metido en un partido de fútbol sin querer), medias verónicas y faroles. todo esto lo sé porque me lo iban explicando al lado:-) pero de todas maneras me habría enterado igual porque lo que está clarísimo es que a la gente en los toros le encanta hablar sola. el señor de adelante me tenía completamente confundida y en tensión, hasta que me di cuenta de que dejaba sus comentarios en el aire para ver si encontraban interlocutor, sin más. también hubo otros que montaron trifulcas tremendas, como una señora que se puso histérica porque no le gustaba que picaran al morlaco; u otro que tuvo la osadía de meterse con jose tomás y la que estaba detrás de mi se cagó en tantas cosas y en tantos familiares que me tenía asustada; luego estaba el de “múuuuuuuusica” desde el tendido 8 a voz en grito; o el típico con prisa que siempre está “pero mátalo ya” “pero mátalo ya”.
total, que el torero realiza la faena y es allí donde se deja ver el verdadero carácter. a mi me tiene enamorada Perera, y tampoco sé exactamente por qué, pero hubo momentos en la plaza en que era realmente evidente que no toreaba para nosotros: toreaba para sí mismo, se olvidaba de lo que tenía alrededor y en la plaza estaban él y el toro, solo. que poético.



luego llega el momento supremo que es como se llama a la última parte de la faena en la que el torero mata, creo. y por mucho rato que se haya pasado el susodicho chicuelina pa arriba, verónica pa abajo, si mata mal, no tiene nada que hacer. es como estudiar toda la eso y el bachillerato y suspender selectividad. una putada.
cuando el toro ya ha pasado a mejor vida (nunca he dicho que no me de pena) empieza la euforia y el jolgorio. y tenemos permiso para levantarnos, la gente agita pañuelos y revistas y clinex si hace falta, para pedir la oreja. el presidente es un estirado y tarda horrores en sacar el pañuelo, pero al menos ayer por la tarde lo sacó muchas veces (tres para mi perera). la gente le pone verde porque nunca está completamente de acuerdo, y yo sigo con la duda de si le pagarán por eso o no.
el torero si le dan triunfo se pone hasta más tieso si cabe y se pasea por la plaza dando lo que comunmente se llama la vuelta al ruedo. éste es el momento de mayor locura porque la gente le tira ¡su ropa! y él o sus subalternos se tienen que agachar a recogerla y luego en teoría se la devuelven. ya sé porque se dice que los toros son caros, coño, si además de la entrada pagas cazadora por corrida, no sale a cuenta. total que estaba observando eso cuando de repente me veo a perera, ¡tirando orejas! yo no me lo creía, ¿y si te cae a tí? ¿te la tienes que llevar a casa y la metes en cloroformo? porque comérsela para los aficionados debe ser un sacrilegio. no sé.
después de los seis toros nos levantamos todos, aplaudimos mucho y unos señores entrados en carne cogieron a los tres toreros, se los subieron en los hombros y los sacaron fuera de la plaza. eso es bueno.
yo me lo pasé muy bien. y después nos zampamos una ración de cruceta que no se la saltaba un gitano.
si señor, un auténtico mundo aparte.
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